miércoles, 11 de noviembre de 2009

En defensa del comunismo

Recordarán amigos, febriles lectores de las historias de Asterix y Obelix, cuando estos dos héroes visitan Bretaña y se encuentran allí con un pariente. Obelix toca la chaquetilla del bretón, interesándose por el tejido del que estaba hecho. Es tweed, dice el primo de Asterix. ¿Es caro? pregunta Obelix. Mi sastre es rico, replica el inglés.

Como pueden ver en la foto, la historia se repite, ya no sabemos si como tragedia o como farsa. Pero ya supondrán que no se puede citar a Marx. Menos mal que mi caída de la moto puede servir como coartada. Hacerlo es como jugar a la güija para hablar con el mismísimo diablo. De hecho, una de las intelectuales de nuestros días, Carmen Lomana, casi lo prohíbe. El otro día en la televisión pública -dónde si no- le hacían un reportaje y le preguntaban por la acumulación de riqueza. Con desparpajo alegó que eso era hablar en términos marxistas y que eso no lo permitía. Defínanme soberbia.

No me extraña, la verdad, cuando nos hemos pasado toda la semana diciendo que el derrumbamiento del muro fue el triunfo de la libertad contra el comunismo, en un alarde de desconocimiento histórico, político y filosófico de primer nivel.

Bien es verdad que defender el comunismo es similar a defender la pedofilia o pegar a los padres, o incluso peor porque en los niños y en los progenitores siempre hay un merecimiento o una incitación. Los mismos comunistas españoles no se lo han sabido currar. Habrán oído a José Luis Centella, el flamante secretario general del PCE, con voz atiplada, apellido de galán de cómic y desconocido en la política, diciendo tres tópicos de redacción de COU.

Cómo es posible que se nos haga el culo Pepsicola –bonita y moderna expresión- hablando de la monarquía y su contribución a la libertad y la democracia, con la historia que tenemos en España. Desde los Reyes Católicos, su nieto alemán, su severo biznieto hasta el abuelo, alto traidor, del actual monarca; es la historia cruda y secular de barbarie, genocidio y felonía. Se estudia en bachiller, no crean. Y con la muerte de Sabino Fernández Campos parece que se ha ido el adalid de la libertad. Seguramente tuvo todo el derecho a rectificar después y seguramente también contribuyó a hacer que Juan Carlos hiciera lo que dicen que hizo, pero no está bien olvidar que fue un militar que se alzó en armas contra el legítimo Gobierno de la República. Se llama sedición.

¡Cómo los americanos pueden hablar de los asesinatos comunistas! cuando han sido responsables directos de derrocamientos de gobiernos, de desapariciones, de la total insurgencia de gran parte del mundo contra la otra media. Vietnam, Corea, Chile, Irak por no mencionar la exterminación de sus primeros pobladores indígenas.

Ya saben ustedes que el repaso sería largo, pero no se puede negar que la URSS cometió crímenes, que montó un sistema dictatorial que le costó la vida a millares de personas. Y Camboya. Y China. También lo saben ustedes de sobra.

Y aunque todo ello es terrible, la pregunta, en mi opinión, es qué hubiera pasado en el mundo sin los comunistas. Sin la ideología y sin aquellos que la defendieron, en su versión más compleja y en su cariz más inmediato: la lucha contra la explotación. Porque al final el genocidio nazi pudo asustar finalmente, pero no debió sorprender a nadie porque lo anunciaban por escrito y con letras de molde. Había un afán explícito de exterminio. Acojonamientos franceses e ingleses les ayudaron y una alta burguesía alemana nacionalista que les apoyó. Los comunistas estuvieron en contra y ya saben ustedes cómo lo pagaron. Y los Estados Unidos poco deberían decir. Lo de que el mejor indio es el indio muerto de Sheridan –mal atribuida a Custer- no les deja en buen lugar. O la doctrina Monroe –nada que ver con Marilyn- que dice América para los americanos pero en la que subyace el mundo y sus recursos para los americanos ricos, blancos y protestantes, que son los únicos que importan. Si quieren hablamos de McCarthy que despuntó persiguiendo comunistas. O de Henry Kissinger que consiguió el Nobel de la Paz por su contribución al rodaje de Missing de Costa-Gavras sobre los desaparecidos chilenos.

Mi competencia historicista es nula, así que no puedo desarrollar un discurso compacto y erudito, pero al menos sí esbozar la idea de qué sería hoy el mundo, las historias de muchos países sin los principios comunistas. Quizá haya alguno que piense que las fuerzas reaccionarias se hubieran dado cuenta de las jornadas laborales inhumanas, del trabajo infantil, de la seguridad laboral precaria, a lo mejor hay quienes creen que el voto universal fue una concesión, la sanidad universal, las vacaciones pagadas. Quizá el capitalismo, en un acto de contrición, se hubiera persignado con la mano invisible de Smith y hubiera manumitido a los esclavos, y les hubiera ofrecido todas las conquistas sociales conseguidas. Quizá, puede decir usted si es más inocente que el día de la madre, pero lo más probable es que nada de eso hubiera sucedido sin la presión organizada, sistemática de los comunistas.

Es cierto que bajo ese manto se cobijan individuos luchadores que no eran comunistas, eran anarquistas, socialistas, independientes compañeros de viaje que luchaban codo con codo defendiendo la libertad. También es verdad que los adjetivos cambian y Largo Caballero se sorprendería del PSOE actual. No es crítica, los tiempos cambian, las condiciones varían y asimismo las reivindicaciones. El arte de la política es cada vez más artesanía. Aunque lo cierto es que únicamente los comunistas actuaban de forma monolítica en las fábricas, en la universidad, en el exterior. En España, en Italia, en Chile, en Vietnam. Otros reorganizaban sus vidas de forma más templada. Pero entiendan comunistas en sentido amplio.

Así que quizá la lucha por derribar el muro sea una lucha por la libertad, pero lo más parecido a la Stasi alemana era la brigada político social española, que algunos quieren olvidar, aunque queden tantos directamente relacionados con ella en condiciones aún vitales para explicar sus desaguisados. Esos que viendo La vida de los otros se llevan las manos a la cabeza, se acicalaban mientras se torturaba en la DGS o caían detenidos esposados por las ventanas de las comisarías.

Plantear el comunismo como lo hizo Lenin para destripaterrones analfabetos, sin calzado y hambrientos en las tierras heladas rusas, no tendría hoy mucho sentido. Ni Fidel sin Batista lo hubiera tenido. Ni Mandela sin los supremacistas. Ni las sufragistas sin hombres y leyes miopes.

Muchos de los que pregonan ese delirio libertario cuando cayó el muro –y por extensión durante toda la primera transición-, estaban cómodamente disfrutando de una vida obtenida por prebendas franquistas, directamente adquiridas o hereditariamente adjudicadas. No es que tuvieran que haber padecido cárcel o ser detenidos, ni siquiera correr delante de los grises, repartir propaganda o pintar Madrid –que hubiera venido muy bien- pero que no pongan en su pedigrí perro de presa demócrata, cuando lo único que acreditaron fue actuar como gallinas ponedoras. Y además de huevos pequeños.

4 comentarios:

jordim dijo...

jojo, la foto es impagable. creo que no hay sistema politico factible para que el ser humano comience a comportarse..

Julius Lawick dijo...

En estos tiempos en los que arrecia el temporal, pocas son las cosas que nos dejan a los pobres en nuestras enjutas reservas. Incluso la palabra, tantos años amordazada, puede entenderse desde ciertas esferas -las que cortan el bacalao- como una sublimación de la congénita ingenuidad social. Y es que la palabra, y no sólo la poética sino aquella que duele cuando reaviva los resquemores nunca ha sido del agrado del bastón de mando, sobremanera si no milita en el reblandecido territorio de "la voz de su amo", esto es, cuando deja de ser palabra revulsiva, centelleante y necesaria -como es la tuya- para convertirse en estupro y falsificación del presente. La palabra que enuncia y denuncia, que nos recuerda nuestra condición de opinantes; la palabra, cuya protección y defensa es a la vez riesgo y vocación de no amedrentarse ante los malos modos del mequetrefe y las imposiciones bastardas de la amenaza y la querella judicial. Palabra y bozal, o libertad y coacción, son vocablos inconjugables. Con la palabra, los pobres aún mantenemos a raya las dentelladas lobeznas del Poder. O al menos lo intentamos.
¿Qué tal esa pierna, Luis?
Te envío un abrazo.
J.

Ernesto dijo...

Interesante entrada y estupendo montaje fotográfico. Tres aportaciones a los temas, que imagino ya conoces sobradamente; la desverguenza de hoy mismo del encausado Camps, diciéndole al parlamentario del PSOE que a él lo que le gustarçia sería darle el paseo (meterle en una furgoneta al anochecer sacándole de su casa, y tirarle al día siguiente en una cuneta muerto). Y los peperos apludiendlo...

La monarquía, muy parlamentaria le gusta definirse, pero aparte de tener origen dictatorial, las pelas no se las controla nadie, ni dios, que para eso es el baranda y le puso el tirano dictador.

El muro. Todo fiesta, celebraciones y cantos a la libertad por su derribo (del mismo ZP entre otros glosadores), pewro los que quedan ni tocarlos. Y el que hemos levantado nosotros para que no se nis cuelen mo
arroquies, subsaharianos y otros necesitados, que no es muro, es valla. Me voy a vomitar un rato.

Un abrazo

Leandro María dijo...

Realmente eso que glosáis es lo que quise, más torpemente , decir. El papanatismo del poder, aunque sea legítimo, crea esas castas de aceptación de compartimentos sobrevenidos. Pero siempre nos queda algo más, como dice Ernesto, sobre la vergüenza de Camps y sus acólitos acríticos aplaudidores (agilipollados también empieza por A) y los indudables muros que la sociedad ha renovado, muchos físicos, pero también muchos otros, que no por intangibles sean menos reales.
La pierna progresa adecuadamente directa hacia el fracaso escolar, pidiendo a gritos que le dan un par de años más a ver si de pezuña alcanza la categoría de zarpa.
Abrazos a todos,

Luis