viernes, 1 de mayo de 2009

Morrito, Morro, Morrazo

Después de un tiempo en el que el pelma me ha suplantado -él piensa lo contrario- y después de leer el periódico les voy a recordar un chiste.Cuentan que un ministro de obras públicas acude a una reunión internacional en Berlín con sus colegas del ramo. Como el ministro alemán veraneaba en Mallorca, hace buenas migas con él y le invita a su casa. Cuando el coche de la embajada se acerca al destino, nuestro ministro ve con envidia, una entrada espectacular con fuentes y jardines y a lo lejos una enorme mansión donde le esperaba su amigo con dos gigantescos perros. Tras la cena y degustando unos snaps empiezan a hablar de sus cosas, del futuro, del retiro y, en tono de confidencialidad, le pregunta:
- Esta casa es magnífica, ¿cuánto es el sueldo de un ministro aquí? Porque a mi me resultaría imposible. Vivo en un piso de 90 m2.
El teutón sonríe y coge de la cintura al español, mientras le lleva junto a un ventanal.
- ¿Tú ves aquella autopista iluminada entre los árboles?
- Sí, claro, fantástica. He venido por ella hasta tu casa.
- Pues el 10% para mi, mientras ahuecaba la mano en silueta egipcia dominando el lenguaje internacional de los signos financieros.
Se despidieron amigablemente y al día siguiente nuestro ministro de obras públicas regresó meditabundo a España.
Por gracia de los turnos rotatorios y el mérito de la cadencia, al cabo de cierto tiempo, a España le toca ser anfitriona de esa cumbre. Y, como sucedió en Berlín, tras la reunión, nuestro ministro devuelve la invitación a su homólogo.
El alemán, después de cruzar la cancela de seguridad, miraba desde su Mercedes anonadado. A un lado, a otro, el ministro extranjero giraba la cabeza para sorprenderse de los saltos de agua artificiales, del zoológico con diferentes hábitats, una plaza de toros, una piscina con isla y un delfinario. Al bajar ve a su amigo hispano en lo alto de la escalera de un rotundo edificio con dos leopardos custodiándole.
- Pero… tu casa es espectacular, dijo intentando mantener los ojos en sus órbitas.
- No, este es el pabellón de caza, la casa está un poco más allá. Ahora nos recogen.
- Guau, es impresionante. Realmente inconcebible. No sé cómo has podido lograrlo.
Nuestro ínclito ministro de obras públicas dibuja una hamaca con su sonrisa y cogiendo por el bracete al germano, señala unos prismáticos.
- ¿Ves alguna autopista de aquí al horizonte?
- No, responde desasosegado después de unos minutos de escrutinio.
- Pues eso, dice el nuestro mostrando todos los implantes.

Seguro que lo conocían, pero acercárselo de nuevo me sirve para recordarles a su vez que la naturaleza no imita al arte. A pesar de la SGAE y de Eduardo Bautista (Teddy), la naturaleza no imita al arte, la fotocopia, como un calco perfecto.

Agustín Hernández es el nuevo consejero de Medio Ambiente, Territorio e Infraestructuras de Feijóo, la esperanza mulata tras Gallardón de la derecha española, facción no ultramontana. Este señorito gallego, cuando era responsable de Infraestructuras de la Diputación de Pontevedra, certificó el final de obra de una carretera a Lira, un pueblín de allí. La carretera acaba de empezar a construirse ahora mismo. La empresa adjudicataria fue Sercoysa. Adivinen quién fue anteriormente su apoderado y director de Construcción. Exactamente, cómo se nota que es fiesta y están descansados. Fue Don Agustín. El clímax antes de la primera cita. Es de bien nacidos…


Hoy se celebra el día del Trabajo, y ya conocen la contradicción, es festivo, pero es obligado mencionar esas sonrisas sinceras de Camps en la foto que les traigo. Han debido costar tanto esfuerzo, tanto ensayo, tanto método, que se publican el primero de mayo como metáfora de la dura faena. Y tan orgullosos están en ese PP valenciano hediondo, que por detrás se ve a Ricardo Costa diciendo ¡tachaaán! ¡Lo ha vuelto a hacer! ¡Sin red, sin arneses! Dice el Camps más taumaturgo, que está loco por explicarlo todo, pero se reprime las ganas. Debe tener el cilicio al máximo con ese deseo que le consume. Contención, Paco, contención.


Y a la izquierda se ve a su Calabacillas mirándole con arrobamiento, esperando que le cuente qué le regaló el Bigotes a su mujer para pasarse veinte pueblos. Un GPS no sería, son bastante precisos esos chismes para tanto despropósito.
Claro que eso de Tom Tom puede ser Tomás, Tomás, dicho de otro modo, sastre, sastre. Quién lo sabe.

Pero no quiero que pase este día sin recomendarles otra foto. Es una foto ciertamente curiosa.Esa mirada humana, inteligente, se percibe más allá de saber que su objetivo es ayudar al desvalido, se percibe esa capacidad de empatía, de entendernos, de cuidarnos, sin duda le echamos de menos, aún cuando no fue, no es nuestro, y a pesar de esa postura forzada, incómoda. Lo que no entiendo bien es por qué le está sujetando la cabeza por el cuello ese tipo desabrido, adusto, que cree que la seriedad y la inteligencia están en el ceño que tiende a condensar, preguntándonos con matonismo ¡Sí, te engañé! ¿Y qué?

Seguramente le sujeta por el cuello para estrangular cualquier otra idea, alguna otra emoción, o, quizá, para palpar los pulsos de libertad que el collar domeña. El labrador nos mira pidiéndonos indulgencia y comprensión, al gran amo no le han puesto todavía la antirrábica, ni la antibélica, ni le han instalado el chip de la concordia, sean ustedes comprensivos.

Pero la foto acredita, definitivamente, quien es el peor enemigo del hombre.

1 comentario:

ernesto51 dijo...

El chiste genial y siempre de actualidad, de los "trincapeperos" no digo ni pío que las bilis se me revolucionan del todo, así que me quedo con la foto, y compruebo que el único inteligente de los dos, además es sensible ya que si se le mira atentamente a los ojos se le ve el pánico, la mirada de terror que le produce el animal que le acompaña en la imagen (no es para menos) quien, ademas, posa en postura de defecación pronta, semiacuclillado y con lamirada torva, adusta y desafiante del: "si soy yo, el adalid, el ex-todo y ahora al acecho". La verdad es que no me asombro del pavor del noble aprisionado.

Y Trillo, tan tranquilo.

Un abrazo Luis.