domingo, 10 de mayo de 2009

La memoria perdida

Si nos preguntaran a cada uno de nosotros daríamos, casi con seguridad, la misma respuesta: es una mierda. En parte porque es un automatismo cultural, en parte porque es cierto y, sobre todo, porque somos superficiales y no nos paramos a pensar, quedándonos en la metonimia del primer impulso. Dirán que esto de la respuesta está muy bien, pero ¿cuál es la pregunta? De nuevo el grito quejoso de la revolución del desengaño: ahora que sabemos las respuestas, nos cambian las preguntas.

La cuestión es sencilla: ¿qué piensa usted de la televisión? ¡A qué he acertado! Pero en la televisión está todo lo que podemos pedir culturalmente salvo el silencio íntimo de la lectura de un libro. La televisión es música, es cine, es información, es teatro, es Internet y sus recovecos de circunvoluciones. La televisión es inmediatez, es realismo y engaño, dirección y propaganda. Es la herramienta más poderosa de atracción de almas y de inoculación de ideas.

La actual tecnología permite que sea de ida y vuelta, el espectador se hace agente y el actor deviene receptor en un parpadeo hertziano imperceptible. Es compañera de viajes, guata de soledades, run-run de coitos y mordaza de miserias. Es el vehículo por excelencia y destino en sí misma. Es la afrenta y la recompensa.

Y con los videos, los discos duros, tratamos de congelar el presente, la vida que pasa por nuestros ojos, guardándola en mazmorras digitales para liberarla, tras el commute diario a Ítaca, como una hidra de cientos de canales.

En uno de esos raptos de Sabinas, el pelma recluyó hace un par de semana una pieza que ayer liberamos entre toses y moqueos de un resfriado común. No es que no sea porcino, por común quiero decir que lo compartimos.


Es un documental de ochenta minutos que dirige Albert Solé sobre la enfermedad de su padre Jordi Solé Tura. La metáfora de un exiliado con una vida muy complicada que tras su vuelta y una enorme actividad política como ustedes recordarán, se adentra en el exilio interior, la despersonalización máxima, la pérdida de identidad, el Alzheimer. El hijo lo vive como un catarsis y tu ves las imágenes con el pavor de la proximidad.

Tras el documental Bucarest. La memoria perdida hay un entretenido coloquio con Albert Solé, dirigido sin intrusión por Mara Torres, al que se incorporan las hijas de Claudín y Carlos París y el hijo de Vázquez Montalbán.

No voy a glosar lo que se puede ver fácilmente. La perspectiva de un hijo que en su madurez retrata la vida compleja de un padre que trasmitió el estatus de clandestinidad y de vidas paralelas. Un chaval que descubrió de adulto donde había nacido y que creció entre la dialéctica teórica y la praxis carcelaria.

Habla de cosas que conocemos bien y las diferentes generaciones se mezclan más tarde en el coloquio, aportando matices y vivencias que algunos de ustedes podrán hacer suyas aunque sea con los diferentes grados del compromiso y de la implicación. Ya saben, en un plato de huevos con bacon la gallina está implicada, pero el cerdo está comprometido. Así es la vida. Que lo saboreen.

4 comentarios:

ernesto51 dijo...

Tienes razón amigo Luis, yo personalmente he ido acumulando prejuicios sobre la televisión en general y, actuado drásticamente (de forma intransigente, que dice mi santa, y ahora que no nos oye tiene razón) y ello me hace perderme los benos espacios que pueda haber.

Y por lo que cuentas, éste lo es, así que rectificaré y voy a verlo en cuanto pueda; he visto que son unos 80 minutos el docmental. Ya te contaré.

Gracias y un abrazo

Leandro María dijo...

A ti te gustará especialmente. Si puedes échale un vistazo al coloquio, debe durar unos 45 minutos. Eso sí, es para gente rara como nosotros, nada de cervezas y panchitos para los amigos.
Abrazos,

Melusina dijo...

Pero realmente es imagen sobre todo y ahi esta su gran poder como lenguaje. A mi me encocora mucho porque te deja parada como haya algo bueno, y a veces porque si. De modo que me acuerdo de cuando era pequeña que mis padres solo permitian que fueramos una vez al cine a la semana porque nos disipaba en un mundo irreal. Y Lo mismo pasaba con amigas y amigos. no era extraordinario este punto de vista.
Es pura imagen aunque tienes razon en que es perfecto para manipular. Hay mucha gente que solo se informa tomando por base TV y de ella copian sus modelos fisicos y mentales .Hay muchos sitios en que esta encendida siempre.
Pero bueno , queria hablarte de otra cosa. He oido el dialogo . buenisimo. Es de los que te quedas colgada con todos los sentidos . Hasta rememoras olores. Pero no he conseguido el documental. Voy a ver si lo encuentro (no se donde) pero es que me interesa muchisimo porque he estado cerca de una persona enferma de A. durante 6 años y he reflexionado a fondo sobre el tema.
Ya te conaré cuando lo vea-
Gracias por esta informacion y por esa TV nueva que se anuncia y que seguro que me dejara muchas veces mano sobe mano.
Un gran beso Luis

Leandro María dijo...

El documental lo puedes encontrar pinchando en Bucarest. La memoria perdida. Si acaso lo hubieran quitado los de RTVE házmelo saber porque yo lo tengo grabado. Son ochenta minutos y ocupa bastante, así que por correo no es posible. Del coloquio me hizo reir eso de cuando le pedíamos consejo a papá nos daba bibliografía. Es una lástima que no lo hayáis visto todos porque daría para una velada perfecta.

Besos gordos