martes, 27 de enero de 2009

Cáncer

Estoy triste. Acabamos de venir del tanatorio. Un amigo de Luis murió ayer por la tarde. Un amigo entrañable. No era íntimo, de esos que cuentas con un dedo; era una relación que maduró con el tiempo y el roce, y alguna pasión común sin que llegaran a compartirse los miedos o los deseos más callados y reservados. Tras el verano pasado se sintió mal y con cada visita al médico se iba comprometiendo su futuro. La enfermedad le iba acorralando como un torturador eficaz e incansable. No susceptible de trasplante. No reactivo a la medicación. Quimioterapia catastrófica. Cada liana que enganchaba, se desanudaba de la copa de los árboles nada más asirla, haciéndole caer. Las médicas se deshilacharon enseguida; las esperanzas, las incredulidades empezaron poco más tarde a menguar para llenar el espacio de meditaciones, milagros y supersticiones que la realidad, día a día, arrinconaba y mermaba su predicamento.

Quedan Manuela de 17, Gabriela de 15 y Luisa de 11. La última vez estaban cantando a la guitarra canciones que ellas mismas componían en inglés y ellas mismas acompañaban a la guitarra. La casta y el galgo que ustedes conocen. Una larga familia musical. Ningún gran relumbrón, pero casi todos se dedicaban al canto o trabajaban como instrumentistas; gente con oficio. Él no. Luis le conoció en una multinacional de servicios profesionales. Así, tan explícito y tan ignoto. Luis le llevó por el jazz y la vanguardia a cambio de pasear por el country y el folk sureño. Ambos se encontraron en el preciso barroco y los juegos polifónicos. Juntos buscaron el placer de la reproducción sonora, aquel triángulo central, esas cuerdas densas a la derecha.

Despiadadamente sola queda Ana, asomándose al horizonte quebrado e incierto. La pequeña Luisa reclamaba enfadada, que su padre aún no se lo había explicado todo, de forma que hacía absolutamente inexplicables algunas preocupaciones que tenemos cada día. Esta tarde, minutos antes de quemarle, recibirán el consuelo de la Iglesia que abrazan. Espero que busquen y encuentren la ventanilla de reclamaciones exigiendo esos veinte o veinticinco años que en buena ley estadística les deben. Años de padre, de marido, de soporte y compañía.

Después ya no habrá nada salvo cenizas que previsiblemente esparcirán en Marbella, en la Marbella que nada tenía que ver con el arquetipo de ciudad sumidero de dineros opacos, mejunjes financieros y escaparate de vicios y abusos. La Marbella de sus padres y su refugio cuando Madrid se le hacía insoportable. Dejará sus millares de discos sin estuche, dejará su moto antigua y solidaria, el olor pertinaz de sus puros baratos y el desconsuelo perpetuo en los que le conocieron. Ojalá pudiera pensar que estará entre banjos y violines, ojalá le viera encandilado por nuevas voces femeninas, ojalá pudiera comportarme como sus hijas mayores o demostrar la entereza de Ana. Pero sé que se acabó y solo se me ocurre llorar.

Juan Manuel Hens Atienza murió ayer, 26 de enero de 2009, a los 51 años de edad de un maldito cáncer hepático.

6 comentarios:

derribandomuros dijo...

Somos capaces de mandar cohertes a la luna, de destruirnos.. pero incapaces de curarnos. El mas sincero de mis pesames y el mas calido de mis abrazos para los dos.

anuska dijo...

Una putada...a pesar de que el vacío nos aceche siempre con cada muerte de un ser querido, del grado que sea, todos forman parte de nuestro corazón, de nuestra vida y en ella continuarán hasta que definitivamente no les recordemos...
En mi tierra se canta mucho al compás de sevillanas: "algo se muere en el alma...cuando un amigo se vá" así, ritmo alegre para acompañar la pena.
¿qué te puedo decir que tu n sepas?

ernesto51 dijo...

Un abrazo en tu dolor.

Ernesto

Anónimo dijo...

Juanma fue durante mucho tiempo gerente mio en la multinacional que mencionas y parece mentira que una persona tan sana, tan fuerte, con tanta vida haya acabado así en tan pocos meses. Pasar por su despacho vacio se hace terriblemente doloroso. Siempre le recordaremos

Melusina dijo...

intente entrar eel otro dia para compañarte un poco y no pude hacerlo. Que hermosa es esta cronica qye has hecho. Esta necrológica. Y nos has acercado a tu amigo que despues de leerte es un poco amigo de todos los que te leemos.

Conocia tu sentido del humor, la profundidad de los pensamientos que a veces manejas, tu transparencia pero hoy he conocido tu sensibilidad , tan rica y tan a flor de piel.

Te acompaño y te envio un abrazo grande grande

Leandro María dijo...

Gracias a todos en nombre de Juanma.