domingo, 14 de junio de 2009

Transporte cúlico

Soy un copión, lo reconozco. No se crean que me he estado examinando. Qué va. Es que el otro día leí en un blog amigo una entrada sobre espacios ocultos en este Madrid de nuestros desvelos y hoy, con la que estaba cayendo en la capital que hasta derretía el Apiretal, voy y me hago una de recintos ignotos. Copión y usurpador.

Lo malo de la tarea es que si son ignotos, no sabes donde están y por tanto no puedes ir en ninguna dirección prefijada. Así que a vagar por las calles de Madrid. Me había dejado el Peeping Tom Tom en casa, así que utilicé como postrer sustituto las posaderas de cualquier zagala que llevara mi paso para teletransportarme. No se asusten, es la metáfora de la Cruz del Sur, de la más próxima Estrella Polar, de la brújula –como nínfula pero en malvado- que te guía pero en formato antifonario, que dirige tus pasos sin el esfuerzo de calibrar tu decisión cada minuto. Se preguntarán qué pasa si el pandero se encamina por arrabales indeseados. Sería fácil responderles que el camino está en el proceso, que uno es viajero y no turista y demás pamplinas que la gente repite sin parar. El dictamen es más prosaico, ¿va el culo por la sombra? ¿hay una cuesta inaceptable? Si la respuesta es afirmativa cambia uno de ancas, que en esta época están todas en sazón, respingonas, prietas, abultadas; uno se queda meditando apoyado en el árbol de decisión y ve cómo sus antiguas guías se alejan, pero presiente unas nuevas que se acercan nerviosas, dispuestas a servir de trasero alfa y precederte en tu viaje.

Con el ritmo de unas nuevas nalgas irredentas como hemisferios cerebrales de un elector de izquierdas, me encaminé por el viaducto hasta que a los pocos minutos surgió delante de mi un recinto ignoto: la Dalieda de San Francisco (40º24’36’’ N 3º42’52’’ O). Ahora se lo explico, déjenme antes que les diga que es una pequeña zona verde que ocupa un solar abandonado junto a la iglesia de San Francisco el Grande que mira al parque de la Cornisa. El jardín mantiene el trazado del antiguo convento de San Francisco destruido en la Guerra Civil. Se pretende que cada parterre tenga diferentes especies de dalias, de ahí lo de dalieda.

Las dalias vienen de México y florecen ahora, al principio del verano, en el lenguaje de las flores –sí, ese idioma que no existe- significa tus ojos abrazan, lo que no deja de ser turbador y a la vez paranoico si son también tus brazos los que miran. Son de la familia de las margaritas, por lo que deben resolver satisfactoriamente las dudas del amor: lo dejo o me largo. Lo han deducido correctamente, existen las dalias trucadas, las que mienten más que Johnny Guitar.

Dalieda de San Francisco. Ya me imagino que de rosaleda, dalieda, pero nominator no hizo esta vez uno de sus mejores trabajos. Quizá bastaba algo como jardín de dalias, o paseo de las dalias, para lo que no hace falta pensar mucho, siempre se podría haber puesto uno castizo y proponer dalias a porrillo o dalias a tutiplén o quizá buscar un nombre extranjerizante de esos que tanto les gustan a los munícipes, Dahlias’ terrace por ejemplo, aunque a mi la que más me hubiera gustado, la que claramente hubiera sugerido la exquisitez de la flor, sin duda hubiera sido Daliacatessen. Qué malo es pasar hambre.

Como quiera que sea, el jardín limita con una tapia que limita la santidad de lo terrenal, lo celestial y lo mundano, como si por un lado se orase y por el otro cayeran los cuerpos fusilados, como si en el haz estuviera puesta la mirada absorta del penitente y en el envés la espalda trémula del dispuesto a morir, desentendiéndose ambos, el uno del otro.

Y la rusticidad del ladrillo macizo visto extramuros contrasta con las formas cuidadas del templo, con sus fachadas en albero lavado, en goloso mantecado y esa tapia con sus arcos cegados, que en algún momento negaron la entrada a otra forma de ver el mundo, confirma esa imposibilidad de entendimiento.

Las dalias todavía seguían allí, desperezándose con dinosaurios, pero el enorme calor las estaba agostando y tuve que buscar un tafanario de vuelta, más maduro, de andar más quedo que me regresara a casa. De camino pensativo confundí mi guía con las témporas y me dí cuenta que paseaba perdido por los sitios en los que fui feliz, como si regresara al lugar del crimen, el delito del deleite, la ventura que alguna vez llenó, aunque fuera parcialmente, mi vida y que estaba eternamente vinculada a esos barrios y callejuelas.

Con el sudor escarchándome las gafas fui incapaz de no toparme con una manifestación en bicicleta. La brújula de mis resabios se volvió loca, había culos por todas partes, masculinos y peludos, femeninos e inquietantes, desnudos todos de solemnidad. En un alarde de verticalidad capicúa textil, solo llevaban gorras y zapatillas, unos paréntesis de pudor que acotaban pechos enhiestos, barrigas prominentes, pubis revoltosos y mingas morenas. Reclamaban más respeto a su medio de transporte, dicen sentirse desnudos ante el tráfico. Para ello uno paseó en patín con un tricornio, mostrando su timón de cola.

El sábado no fue mal día para pasear en pelota por Madrid. Pero se han cargado mi sistema de orientación. Ya soy en mi ciudad como una ballena desorientada que no distingue la proa de la popa. Quizá afortunadamente.

4 comentarios:

ernesto51 dijo...

Pues mi impresión es que el culi-gps te dirigió la mar de bien, y encima es mucho más agradable que la voz metálica de la señorita encerrada en el aparatillo que con voz metálica te dice: "en la sigiente intersección, gire a la derecha...". Aunque ya se pede girar poco más a la derecha.

Por cierto, creo que cuando cae la noche, entre las dalias srgen rumanos pobres, eso me han dicho al menos.

Buen paseo, y traca final culibiciclista, o mejor dicho, cuerosbiciclista. No estvo mal t sábado.

Un abrazo

Tesa dijo...

Olvídate de GPSs, Madrid es un buen sitio para perderse.

(Conozco S.Francisco el Grande sólo por el otro lado, la fachada principal)

Leandro María dijo...

Poco más se puede, Ernesto, girar a la derecha como bien dices. Vamos de cabeza hacia una Italia actual. ¿Os acordais cuando Berlinguer sacaba un treinta y tantos por ciento mordiéndole los hábitos a la democracia cristiana? ¿Dónde están aquellos comunistas y los socialistas de Craxi? No se pueden haber ido todos de misiones.

Leandro María dijo...

Si sigues un poco hacia la Puerta de Toledo verás la Daliacatessen en lo alto. No es nada del otro mundo, pero surgió de la nada. Hace muchos años yo vivía enfrente.

Por cierto, me encanta como revuelves a la tropa con dos pinceladas.

Ahora Luis