sábado, 19 de marzo de 2011

La segunda opinión

Josefina Rodríguez ha muerto. La mayor parte de las noticias hablan de Josefina Aldecoa, pero para mí es imposible pensar en ella, recordarla y honrarla por su nombre artístico. Porque era Josefina Rodríguez la que firmaba mis notas cada mes. Notas que yo debía llevar a mis padres para que estamparan sus rúbricas y devolverlas posteriormente al nicho común de humillaciones hasta el siguiente mes en que el ciclo se reiniciaba. Muchas veces las notas se perdían porque ninguno de nosotros pasaba por ser Domingo Malagón. Hubo muchos hijos de comunistas en aquel colegio, pero ninguno era vástago de Malagón, lo que hubiera resuelto más de un problema ante la falsificación forzada de la firma paterna. Así que se tenían que perder y ello conllevaba pasar al Despacho, con mayúscula, y explicar el desaguisado. La ordalía era inevitable, pero aquel avanzado colegio no archivaba copias de respaldo por lo que se zanjaba la cuestión con un enorme aviso de este niño es tonto y pierde las cosas.

El Despacho es tal como lo describe Victoria Prego en un sentimental artículo en El Mundo. Lo que pasa es que ella era madre. Para nosotros por el contrario el Despacho era la solución final, no crean que ponía en el pórtico "Arbeit macht frei", no, simplemente es que era el último recurso, como la electricidad hoy en día, de profesores y cuidadores. Antes estaba la bronca, algún insulto –no pasa nada, nos prepararon para el mundo real-, el pasillo y lo siguiente ya era: vete al despacho de Josefina; para que los de la ESO se enteren –ya, ya, se medio enteren- pueden imaginarse la metáfora de Pere Navarro cuando desplegó los coches camuflados que como pavos reales se adornaban con un Alto, la Guardia Civil y uno debía pensar la he cagado, ¿se acuerdan? Pues en aquellos años sesenta y primeros setenta ese era el momento: al Despacho.


Es cierto también lo que cuenta la Prego de mantener a chavales que no podían pagar. Porque el Estilo era un colegio privado sui generis. En primer lugar entraba en esa categoría casi amoral de colegio no reconocido. Debía darlo la época en la que casi todo era clandestino. Así que los exámenes se realizaban en el Ramiro de Maeztu o en el Beatriz Galindo según la posteriormente llamada perspectiva de género que en aquel momento era simplemente pelo corto o pelo largo y no otra cosa.

Y en aquel colegio donde algunos no podían pagar, las cocineras, como en Cheers, conocían los nombres de los niños y nosotros los de las cocineras y Nunci era la mejor. Es enternecedor que el hijo de Victoria Prego creyera que Josefina lo invitara a comer todos los días, pero Prego quizá ignora que también hubo un tiempo en que algunos niños se llevaban la comida en cestas de mimbre para ser recalentada y servida junto al resto de sus compañeros, que comíamos en un semisótano por debajo del nivel del patio de recreo, con vasos de Duralex y jarras metálicas de agua. Era una forma de aminorar la factura de familias numerosas.

Dice Ruth Toledano en El País que nos educaron en contacto con la naturaleza. Vamos a ver, el colegio Estilo estaba en un chalé del Viso, jugábamos al fútbol entre árboles, a balón prisionero o a vacas y ganaderos en un patio de tierra muy pequeño. Lo que pasa es que nosotros éramos también muy pequeños, pero no éramos veganos como parece querer indicar su artículo entre égloga y elegía. Era un colegio que molaba y mola, pero en Serrano 182, la naturaleza, digamos que está tamizada.

Coincido con Jorge Berlanga, mi compañero de clase de aquellos años, en que con la muerte de Josefina se muere una parte de nosotros, en la medida en que Josefina simboliza nuestra infancia, troquelando con su persona aquellos años que la memoria y sus secuaces han contribuido a mitificar sobremanera. Es imposible no recordar las enajenadas carreras de Josefina con grandes zancadas, abriendo puertas correderas de diferentes aulas de par en par hasta llegar a la nuestra en la que algo no estábamos haciendo bien, para obligarnos con ese kleiniano pecho perseguidor y con su emblemático muy graciosos, muy simpáticos … y muy estúpidos, último adjetivo este que pronunciaba arrastrando las sílabas, enfatizando los acentos y arremolinando el aire en su azufre. Era un big bang al que asistíamos de vez en cuando. Fue ella la que nos enseñó, de esta forma, a sobrevivir a los holocaustos personales y quizá también, con Jorge, a crearlos por falta de empatía con el otro mundo. Pero sería excesivo, todas las hagiografías los son, conceder el único mérito a Josefina Rodríguez a los resultados del Colegio Estilo. Personalmente no creo que hubiera ese plan de recoger la antorcha de la Institución Libre de Enseñanza, esa misma que algún otro colegio de fonética similar se arroga. Las consideraciones ex post facto sofistican los propósitos más allá de los intentos iniciales. Pero en cualquier caso, aquello fue producto de la concurrencia de otros factores no menos importantes que la propia impronta de Josefina. Por un lado están los profesores. Nada he leído estos días sobre ellos, pero su contribución fue nuclear al desarrollo del colegio. A nosotros Josefina nos dio clase de una cosa que se llamaba Formación del Espíritu Nacional, una especie de Educación para la Ciudadanía pero con más banderas flamígeras y más procuradores, y no recuerdo que su maestría docente calara especialmente en nosotros. Ella era la jefa y eso tenía una dimensión diferente al profesor. No era Antoñita, ni Isabel, Tere, Juana, Noemí o Celia, que sí preformaron nuestro carácter y nuestro coco, llenándolo de cosas que casi nadie sabe, pero que son nuestro principal fondo de armario. Hubo muchos otros profesores, como Pilar Bravo, a la sazón miembro de la Ejecutiva del Partido Comunista que fumaba Bisonte en clase –O tempora, o mores!- y se echaba la ceniza en la mano o Carmen Sarabia, una de las voces solistas de Aguaviva que aún sigue asistiendo a nuestras reuniones. Todos ellos contribuyeron a ser lo que somos, como Gaba, Nati o Blanca. Pero todos esos homenajes escritos se olvidan, con Heisenberg, que nosotros, los alumnos, también pusimos lo nuestro, en la medida que traíamos con nosotros una experiencia familiar infrecuente. Y era infrecuente que en una misma clase de dieciséis sujetos concurran en el tiempo y en el espacio tres hijos de directores de cine, cuando apenas eran LOS tres directores de cine en aquella España. O que la madre de algún compañero tuviera dos carreras universitarias cuando no se estilaba ni siquiera una en las mujeres. O que el padre de alguna compañera acumulara más años de cárcel en sus huesos que cumpleaños tenía la niña en cuestión. Y hablo de mi clase, si miro en derredor el Estilo parecía la versión infantil del Café Gijón de los padres. Actores, camarógrafos, escritores, ceramistas, pintores, industriales, profesionales liberales llevaron allí a sus hijos. La revista Diez Minutos nos sacó bajo el título El colegio de los hijos de los famosos. La clase media también existía y asistía divertida a sus compañeros de campanillas que no siempre eran tan brillantes como sus progenitores, incluso aún hoy el apellido les precede y les anuncia más que el propio genio.

No creo que exista un modo de hacer de los chicos del Estilo como Berlanga afirma, y juzgo que afortunadamente, si algo no era Josefina era fabricadora de sectas. Josefina y el colegio Estilo ayudaron a construirnos. No más, y nada menos. De hecho las diferentes generaciones fueron muy diferentes entre sí, algo fácilmente analizable con la inestimable colaboración de los hermanos en tiempos de proles enjundiosas. Afortunadamente en aquellos años los padres no delegaban su responsabilidad de educadores en los maestros de sus hijos, por eso Josefina represento siempre una segunda opinión. Y es el busilis de la cuestión. El colegio Estilo nos permitió el sustrato para dar rienda suelta a todo lo que nos iba llegando, que no era poco. No olvidemos que todo ello sucedió, al menos en mi caso, antes de que Franco muriera y ese bienio fue lujurioso en acontecimientos. Josefina permitió dentro de una disciplina férrea en lo personal, un estilo dominatrix, que nuestras raíces fueran aéreas, porque su gran acierto fue el consentir que fuéramos como éramos dentro del respeto a los demás y a las normas elementales, eso que parece imposible hoy en día. No creo que se pueda hablar de un revolucionario proyecto pedagógico, no creo que hubiera una predeterminación o unas metas establecidas, ni un experimento de la doctora Josefina Moreau. Aquello salió muy a la española, con la obligada improvisación por la carencia de medios, y con las derivas que aquellos tiempos procuraron a todos, y se logró una enorme disparidad porque las camadas eran terriblemente diversas y Josefina supo dejarlas crecer y, en lugar de ofrecer un estándar de educación y comportamiento, cultivó la lateralidad de la producción artística, por más que aquel muchacho hiciera Caminos y Puertos, la divergencia en las consideraciones y la duda en los análisis. Eso nos dio criterio, nos permitió no creer casi nada porque sí y ser muy críticos, excesivamente, con todos y con uno mismo, y quizá ahí se le fue la mano. Pero seguro que se trató a sí misma de la misma manera. Y para quien comparte lo que tiene, y lo que es, no hay demanda posible.

sábado, 12 de marzo de 2011

Responsabilidades

En este país que habitamos parece que no hay forma de que a los electores nos acepten las decisiones tomadas. Después de tantos años bajo la Chiruca franquista, después de más de treinta años de democracia seguimos pensando que los presidentes surgen del error, quizá del azar, quizá de la necesidad. Si en su momento Zapatero fue el llamado presidente por accidente, que fue la forma de explicar aquella conjura delirante que aún colea, ahora se entiende que Rajoy es el heredero de la crisis como una forma de desvalorizar a Rajoy y dejar indemnes a los socialistas.

Si recuerdan, durante los meses subsiguientes a la elección de Zapatero, fueron subiendo sus méritos en las encuestas, aumentaba su prestigio político por el recambio que ZP representaba ante el desbarajuste sociata de secretarios generales por un día y suponía además el cambio a la cruzada medieval en la que nos había sumido Aznar. Quizá aquella ilusión informe no hubiera sido suficiente para romper la terrible mayoría absoluta que ostentaban, quizá el atroz 11M actuó como catalizador, quizá; sobre todo por el uso que el gobierno de Aznar quiso hacer de él y que esta misma semana se recuerda su séptimo aniversario. También Felipe González dijo que con una semana más de campaña no hubiera perdido en 1996. El caso es que el PSOE de Zapatero ganó en 2004 y volvió a ganar en 2008 sin catástrofes mediantes igual que Aznar ganó por poco en 1996 y por mayoría absoluta en 2000.

Sin duda es cierto que Rajoy no levanta el ánimo ni a sus seguidores. Si vence, que vencerá, se deberá sin duda, a pesar del hastío de mosca cojonera que causa, a que habrá más gente que le otorgue su voto que al desconocido hasta ahora candidato del PSOE. Y esa regla es sagrada en democracia: el gobierno de la mayoría.

Si hay un culpable de que el PP actual tenga el partido ganado sin jugarlo es el PSOE, como principal responsable, pero la realidad, la única verdad del asunto es que ganará porque los votantes progresistas se quedarán en casa o votarán las listas conservadoras en un acto de autopunición, más allá de cualquier otra posibilidad de elección de fantasía, que, al menos en mi ciudad que es Madrid, resulta cada vez más extravagante.

Porque la democracia no es algo que les sucede a otros un domingo cada cuatro años. Podemos hacer una lista, larga, de las bobadas de los socialistas en estos últimos tiempos. La última es la de Sebastián subvencionando ruedas que no existen. No quedaría atrás la lista de despropósitos de los Populares en el mismo lapso. Impagables las alharacas de la bancada popular en la Comunidad de Madrid cuando el consejero de Transportes dijo que no existía el Metrobús o la peluquería de Ana Botella con dos coches oficiales. Indudablemente es más fácil cagarla mandando que mirando al balcón a verlas venir. Pero tendremos que convenir que este gobierno ha ido perdiendo fuelle ideológico, ardor intelectual, seriedad y objetivos. Y seguramente a las ocho de la tarde de ese domingo de dentro de un año en nuestro fuero interno nos digamos balanceando la cabeza ¡qué desastre de legislatura y de gobierno! que nos justifique la ausencia del colegio electoral o el voto disciplinario con el que encumbraremos a Rajoy. Pero a partir de ese momento desaparecerán los chivos expiatorios con los que nos hemos ido excusando, conformando, aceptando estos últimos años. Ya no valdrá recurrir a la Aído, ni a Maleni, no valdrá rememorar las ocurrencias de nuestro ex presidente optimista, se acabaron los Vogues, las Pepiñadas y tantas muletillas mojadas en el café con leche de la mañana en el bar junto con el arranque de Cristiano y el sombrerazo de Messi que nos aleje de nuestra responsabilidad de tener como presidente a Rajoy, lo cual es frustrante, pero aún peor tener al Partido Popular gobernándonos durante los siguientes cuatro años, lo que sin duda puede resultar cuando menos amenazador.


Así que debemos hacer confluir el hartazgo de este PSOE de tuna de FP, con la provocación liberal de un gobierno del PP. Como poco habrá que saber por qué se va a echar a Zapatero. Si echamos un vistazo por Europa, veremos que es irrelevante el color del Gobierno. Todos los que han estado al mando durante esta crisis lo van a pasar mal en su reelección. Sarkozy por los suelos, el partido de Merkel vapuleado en la última confrontación electoral, a Brown ya le dieron lo suyo, por no hablar del delicado equilibrio de Obama con un Congreso ultramontano atándole corto. ¿Nos consuela? Poco, la verdad.

Ya hemos tratado en alguna ocasión como la crisis ha servido para justificar la caída de empresas que aplicaron durante años el criterio contra el cliente de esto es lo que hay, con precios abusivos, con servicios deficientes, con atropellos constantes, amparados por esa libertad de mercado de lo tomas o lo dejas. Esas empresas se creyeron excelentes y cuando las cosas se complicaron reclamaron a Zapatero, una suerte de maestro armero culpable de todo. La crisis también ha tirado de la manta de nuestra incapacidad de contención del préstamo, nos endeudamos como locos, coches, pisos, apartamentos vora al mar y cuando esos bancos nos piden lo que no tenemos, miramos de nuevo a Zapatero, que ni firmó la hipoteca ni presumió con los amigos de todoterreno nuevo. Miramos a Zapatero cuando las cifras nos sitúan como poco productivos, cuando las eléctricas reclaman la mora concedida por Aznar, cuando Ruiz Mateos oficia en su capilla familiar, cuando los filatélicos blanquean dinero o cuando las monjas guardan sus ahorros en billetes de 500 o intermedian la venta de niños a familias de orden. Al final Zapatero será la última excusa, la de los alcaldes, la de los presidentes de Comunidad para explicar los malos resultados. Como lo ha sido de los presidentes de las Cajas de Ahorros, de las empresas turísticas o de las patronales de cada sector. Ninguno ha reconocido una gestión mejorable, en innovación, en formación del personal, en servicio al cliente, todos han sido maravillosos y si las cosas no han salido ha sido porque Zapatero había roto España y luego destrozado el mundo. De acuerdo, ya no nos vale, pero dediquemos unos minutos del largo año que nos queda a considerar cual es la alternativa. Ya lo saben pedimos sustito o muerte. No nos queda otra.

sábado, 5 de marzo de 2011

Que nos lo cuenten

Decían hace casi cincuenta años Juan Antonio Bardem y Alfonso Sastre que nunca pasa nada. Y así es, gana el Barcelona, pierde el Valencia y Mourinho no para de hablar con una boca demasiado grande. Porque una forma de que no pase nada es que pase siempre lo mismo.


Ahora Rajoy está jugando a la febril diferenciación; por un lado se hace pro control de la inmigración allí donde no tiene nada que perder y por otro lado dice que el suyo es el partido de los trabajadores y se declara como inventor del Estado de bienestar. Si fuera una pregunta del trivial podríamos estar de acuerdo con él en que el estado de bienestar fue acometido por los conservadores, metiendo en ese saco nominal a democratacristianos, liberales y tibios varios. Pero es sabido que los quesitos del trivial se consiguen sin explicación, bastante tiene uno con acertar. Decía Saul Bellow que la vida sin explicación no vale la pena ser vivida y la vida con explicación es insoportable, pero es menester que Rajoy no deje las cosas así para el siglo. Que Bismark empezara con algo parecido al Estado social o Estado providencia, como ustedes quieran llamarlo, no significa que su preocupación fuera el extender las oportunidades de unos pocos al resto de los mortales, sino más bien la evitación de los movimientos al alza de socialistas y comunistas.


Desde luego hoy no toca teórica, así que no entraremos en distingos, definiciones y consideraciones varias, pero detrás de cada oferta conservadora que beneficie a las clases obreras han estado los movimientos de izquierda, ya sean asociativos, partidos políticos o sindicatos. El estado de bienestar es la construcción capitalista inteligente de un orden de producción que sea lo aparentemente poco injusto como para que los trabajadores no cuelguen a los explotadores del palo mayor, pero, siempre, siempre es el resultado del empuje de la orilla de enfrente: una conquista, no una dádiva.

Zapatero ha jugado el papel de la derecha conservadora para mantener el estado capitalista que al fin y al cabo es el terreno de juego de la socialdemocracia. Tiempos estos en los que se entiende ser socialdemócrata como orgullo progresista cuando anteayer era baldón reaccionario. Pero de ahí a que Rajoy se erija en paladín de los descamisados, de los desastrados, justo cuando acaba de ungir a los trajeados de balde, es un exceso que con este frío no me da la gana consentir.

Contaba Chaves Nogales en una de las historias de A sangre y fuego, poniendo las palabras en boca de un marqués, que el pueblo siempre es cobarde y cruel. Se le da el pie y se toma la mano. Pero se le pega fuerte y se le humilla. Desde que el mundo es mundo los pueblos se han gobernado así con el palo. De esto es de lo que no se han querido enterar esos idiotas de la República.


Y ahora viene la auténtica pregunta del Trivial: ¿Rajoy está con el pueblo o con el marqués?

Porque está muy bien lo de criticar a Zapatero, llamarle tonto sin ni siquiera darle pan, poner a parir a sus ministras y hasta reírse de sus hijas y esposa. No lo creo, pero debe de ser un complemento del cargo. Pero dado que el presidente está ya amortizado, dado que ni la Chacón ni Rubalcaba parecen merecer la confianza suficiente de los votantes, sería conveniente que Rajoy y los suyos nos explicaran qué van a hacer con las pensiones, qué modelo de sanidad tienen y qué demonios proponen para arreglar esta educación maltrecha. Hay muchas más cosas que tienen que explicar como la seguridad o las infraestructuras, pero al menos contarnos cómo va a ser el trípode del bienestar, a ver si en lugar de inventar el Estado de Bienestar lo que han inventado es lo nunca visto: el trípode que cojea.

Luego quiero saber qué va a pasar con los impuestos, porque eso de menos tributos en genérico no es nada y si se bajan a todos, qué partidas de gasto se van a reducir, salvo que la declarada devoción cristiana del Partido Popular pueda remedar los panes y los peces y con menos haya para más. Quiero saber qué van a hacer con el asunto del aborto, porque de 1996 a 2004 no hicieron nada y ahora no paran de piarla, quiero saber qué va a pasar con el matrimonio homosexual, si se limitarán a acuñar un nuevo término para ellos o descasarán ante dios lo que sólo se casó ante los hombres. Más que nada porque todos estos asuntos están recurridos en el Constitucional y uno debería ir haciéndose una composición de lugar.

Y es que no me lo ponen fácil, porque en el PP hay demasiados digos, y no digamos Diegos, según la región, según el tema o según se levante el responsable de turno.


Veo una foto en la que Camps se humilla con la chaqueta abotonada para besar la mano del arzobispo de Valencia, que le pregunta ¡Ni una arruga, Paco! ¿Quién es tu sastre? Y Camps le responde ¿Tú también con eso hijo mío? Pero la noticia no es sartorial en sí misma, es más bien sobre la moral sexual de la Iglesia y la libertad de impartición en los colegios. Creíamos que eso de la educación sexual estaba superado, pues no. En lugar de recurrir a los propios programas de la Generalidad valenciana la Iglesia prefiere los suyos en los que se habla de vicios, noviazgo casto y continencia, pura vanguardia como ven. Y ello supone una oferta gratuita de consideración extracurricular, que es cómo siempre se han hecho estas cosas de los bajos inflamados, a oscuras y en los sillones de atrás.

Espero que les proyecten la última versión de El Exorcista, un aggiornamento estilo Juan XXIII de la película de Linda Blair, en la que, una madre contrata al demonio para que saquen a un cura de su hijo.


Qué cosas, siempre con lo mismo, ya sé, pero es que la Generalidad y yo tenemos una versión muy reduccionista del ser humano. Palabrita de Arzobispo.

sábado, 26 de febrero de 2011

Incertidumbres

Esta semana es de conmemoración por lo que nos pudo haber pasado hace treinta años. Pero no les voy a macerar el cerebro con lo que han podido leer, oír y ver con profusión en todos los medios de comunicación, incluidos aquellos que de mil amores hubieran sostenido y arropado el golpe. Porque a la hora de la verdad únicamente El País entre los periódicos nacionales, avanzó su posición cuando las cosas no estaban claras. Por supuesto hoy, todos se adjudican su inquebrantable defensa de los valores democráticos, pero hace treinta años no se apresuraron, esperaron un ratito corto, como en los partos, a ver por dónde iban los tiros -y nunca mejor dicho- y optar por la Constitución, por el Rey o por seguir en el machito.


Aquello terminó como terminó, nos dejaron con esas mil dudas sobre el papel del monarca, de la trama civil inexplorada y de los servicios de espionaje españoles y americanos. Y alguna paradoja como la de una potencial participación, como poco epistemológica, del posteriormente Defensor del Pueblo, Enrique Múgica, quizá agresor durante algún tiempo y del que sus otrora camaradas comunistas algo debieran recordar para nuestro solaz.

Si algo relevante tiene el conmemorar aquello, es que nuestros hijos hilvanen un poco la historia y no hagan un ovillo con la transición, la guerra civil, la dictadura de Primo de Rivera favorecida por otro Borbón, la guerra de Cuba y Viriato, pastor lusitano, que la LOGSE la carga el diablo.

Y si no lean lo que cuentan sobre el relevo generacional para animar a Jorge Alarte, secretario general del PSPV, después de que en el entorno de La Moncloa se dijera que no ha sido capaz de marcar ni un gol teniendo todo el campo para él. A los socialistas valencianos, perdón, al aparato de los socialistas valencianos esto no les ha gustado y se quejan del desdén de Ferraz con ellos. Algo que es irrelevante, pues lo que importa es ganar las elecciones a Camps, recién confirmado por Rajoy, y no tanto lo que se diga o se murmure. Lo que pasa es que perderán y eso dificulta la explicación; la hace imposible. Recurrir a la necesidad de caras nuevas, al recambio generacional es bastante triste. Además es bastante tonto el planteamiento, porque el propio Alarte de 37 años fue alcalde de Alaquàs a los 25. Quizá después de 12 años deban también renovarle. Y se trajeron a Felipe González a la presentación de un candidato. ¿Es Felipe renovable?


Pero los sociatas están nerviosos. Normal. La Chacón se postula con cierto criterio y llega Guillermo Fernández Vara y hace lo propio, en versión cenutrio, diciendo que el país está preparado para tener un presidente extremeño, como si los pacenses o cacereños fueran gitanos, negros o mujeres. Brillante.


Claro que esos comentarios son flor de un día. Porque es casi imposible que las cosas reposen en este mundo actual. Nos estábamos enterando de lo de Túnez, cuando en Egipto se invierten las pirámides del poder y antes de que anulemos el crucero por el Nilo, en Libia arrinconan a Gaddafi en Trípoli. De momento una oferta de pague dos y llévese tres dictadores, sólo hasta el 28 de febrero. Pero Gaddafi no es un dictador, es autónomo, autónomo con cuadrilla. Uno de sus hijos dice que su padre colaborará con cualquier opción política que salga y que su hermano Seif al Islam está trabajando en una nueva constitución. Mola eh! No os preocupéis, ahora mismo te mando al chico y os monta una carta magna en un pispás. ¡Menudo es mi chico!


Y no como otros, por ejemplo Tony Blair, al que no le haremos nunca el suficiente deshonor del desastre de mezclar socialismo y liberalismo tras una sonrisa laborista perfecta, pues este chico de la tercera vía dijo tras los atentados del 11 de septiembre de 2001: El caleidoscopio ha sido sacudido. Las piezas están en proceso de cambio. En breve se asentarán. Antes de que lo hagan, permítannos reorganizar el mundo que nos rodea. Desde entonces llevamos dos guerras de aúpa y nada hace presagiar que estemos reorganizando algo. Más bien al contrario, Bahréin, Yemen, Argelia, Marruecos son algunos de los cristalitos que no paran de moverse reflejando una realidad que se nos escapa, mientras Israel y el lobby judío se alhaja de carne de cementerio al ver pasar las fragatas iraníes por el Canal de Suez. Porque al fin y al cabo, sabemos o creemos saber que los dictadores han sido derrocados, pero ni puñetera idea tenemos de qué va a pasar ahora, no en vano aún no se han cumplido diez años del final de la guerra civil argelina y las heridas siguen abiertas. Ni por un momento crean ustedes que muerto el perro se acabó la rabia.



Las consecuencias pueden ser devastadoras para esta Europa nuestra tan alicorta de miras y acciones, una Europa de ensimismamiento umbilical y carente de liderazgo y visión de conjunto. Una posible falta de suministro de petróleo, de gas, traerá una subida de intereses, movimientos complejos de la bolsa y una inflación desbocada. A diferencia de lo que pasó hace menos de cuarenta años con la guerra árabe israelí, ahora Europa y el mundo están desperezándose de la pesadilla de una crisis terrible y la América actual no es ni de lejos la de aquellos tiempos. Ni en aquellos tiempos tampoco existían los sistemas de comunicación, las redes sociales y la televisión en directo con los que hoy contamos. Para algunos expertos, estamos en un año que aparecerá en los libros como el punto de cambio de una era. Se nos cae el imperio y nosotros con estos pelos.

Estos movimientos árabes sobrevienen a un mundo convaleciente que no tiene muy claro si va hacia la crisis o hacia la lisis, hacia la resolución creativa o hacia la destrucción final. Quizá el concepto revolución sea ya una categoría zombie, o quizá democracia o seguridad o porvenir signifiquen ya otras cosas. Ya no podemos pensar con lo que sabemos, porque los conceptos aprendidos no nos valen para explicar la realidad que pisotea nuestras entendederas. Tiempos complicados estos en los que la coyuntura se hace estructura.



Pero no hace falta que se esfuercen analizando barómetros geoestratégicos o leyendo sesudos tratados sociopolíticos que les alumbren. Esperen al próximo concurso de Eurovisión. Allí estaremos nosotros y nuestros colegas europeos de toda la vida, allí estarán los exsatélites soviéticos, allí estará Israel, país europeo dónde los haya. En cuanto aparezcan los representantes de Egipto, de Libia o de Túnez significará que ya tienen el marchamo de democracia occidental. La diplomacia de la balada versus la estrategia de la balacera. Aznar y Blair lo único que quisieron fue que el Irak de Hussein no se quedara sin participar. Y tuvieron que arrastrarle.

sábado, 19 de febrero de 2011

Collage

Esta ha sido una semana rara, no lo digo porque Raúl les haya vuelto a hundir la vida desde la tumba a los valencianistas o el Arsenal haya hecho lo que tiene que hacer, sino porque ha sido una semana de muchas cosas, pero si exceptuamos el desestabilizado norte de África, ninguna fundamental, tampoco sosa… digamos una semana de collage.



Si son lectores de El País habrán seguido la bobada del académico Francisco Rico propagando que nunca había fumado cuando es fumador de forma empedernida. Por lo visto era una broma. Desde luego poco graciosa para los que ignorando su vicio, en lugar de una ironía lo tomábamos como una mentira, que tampoco va más allá, pero que tampoco venía a cuento más que en un exceso de culto a la personalidad en corrillo de intelectuales. Entonces sale Cercas, el escritor, y le defiende y nos cuenta la verdad que les he relatado proponiendo el humor como aceptación hiperbólica de unos argumentos. Vale, aceptamos pulpo. Pero en El Mundo, Arcadi Espada propala la especie de que han pillado a Cercas en una redada en un prostíbulo bajo la argucia de defenderle; ahora cuenta que cómo le creyeron capaz de tal indignidad, que era una simple forma de argumentación paradigmática llamada en retórica donde las dan las toman. Y sale Bassets, jefazo de El País y critica y luego Trueba y expone y vuelve Espada y sofoca… porque qué calor dan estos tíos con sus cuitas públicas, sus problemas antiguos y sus egos carcomidos para gastarlo con sus lectores. La corrala global.


Que uno sea un pervertido y disfrute con ellas no las hace más necesarias ni merecedoras de encomio, a cada cual con sus líos, que hay mucho que informar y explicar y las riñas entre plumillas no dan para mucho más.

Porque que a un primer ministro italiano le quieran meter en el trullo por putero tiene su aquel. Sobre todo porque con lo que ha hecho don Silvio que le busquen las vueltas por unas faldas es parecido a lo de Al Capone y el fisco.



Y hablando del fisco, nos lleva a Rumasa, la nueva, que es la misma que la antigua, pero con los hijos por delante y las hijas dentro por el calor. Ahora nos explicamos la fecundidad. De momento deben a los bancos 76 millones de euros. Dicen que es un asunto que se resolverá en poco tiempo. Vamos como en los churros. Te los pago mañana que no llevo suelto. De momento han suspendido pagos sus principales empresas. Dice el patriarca que la culpa es de los medios de comunicación, los mismos que le publican una carta demencial que viene de demencia, los mismos que informan de los embargos por no pagar a la Seguridad Social. Ruiz Mateos nos la vuelve a jugar.



Esperemos que los ahora atribulados inversores no vengan a pedir que les paguemos entre todos el pufo, como pidieron con Afinsa y el Foro Filatélico.

Porque creer a Ruiz Mateos e invertir los ahorros en sus empresas tiene narices, casi tantas como las de Camps cuando dijo de sí mismo: “Soy el candidato más respaldado de todos los candidatos de la historia de las democracias occidentales en todo el mundo” así en mangas de camisa –hay que tener cuidado con la custodia de las pruebas- sin cortarse un pelo. PPons dice poner las dos manos en el fuego por él y la Cospedal y Barberá se desgañitan proclamando que la prensa es muy mala y la justicia de lo peor. Y tienen razón porque si no fueran así de mantas, Cotino debería estar en otro sitio por decir que el Gobierno financió a ETA en 2006. Pero nunca pasa nada.

Y tanto es así, el tiempo se detiene tanto, que el arzobispo de Burgos celebró una misa de acción de gracias por el nacimiento de una congregación muy especial: la integran un grupo de jóvenes universitarias todas treintañeras. Casi doscientas nuevas hermanas, vestidas con hábitos hechos en tela vaquera como símbolo de su juventud. En la Conferencia Episcopal no escondían estos días la alegría por esta nueva realidad eclesial. Palabrita del niño Jesús que así lo pone ABC. Luego quieren que les tomemos en serio.



Y así debería de ser si pensamos en San Agustín, que era un filósofo teólogo tirando a plomo y además de origen maniqueo, así que estaba todo el día que si los buenos que si los malos: decía que los malos pelean entre ellos y también contra los buenos, pero que los buenos no pelean entre sí. Y eso es lo que parece que Tomás Gómez ha hecho en estos días, ser bueno a los ojos de San Agustín, porque el partido y los electores le importamos un poquito menos.

Aunque ese ninguneo es bastante generalizado. Quizá la plana mayor del PSOE debiera explicar algo mejor el asunto Mercasevilla, si es algo serio por razones evidentes y si es una exageración del PP y sus tedetés para saber a qué atenernos. Lo que no vale es hacer comunicación de mercadillo, de estirar y revolver. A nosotros no, hombre.




Y en Madrid lo dejamos, no volveré con Raúl y la humillación valenciana ni con el Arsenal querido, es para mencionar la bronca que hay con las pruebas para ser bomberas en la capital. Quieren que sean distintas para ellas, lo que significa más accesibles. Utilizan el bonito argumento de que hay mujeres más fuertes que hombres. Lo que es meridianamente claro, se refieren a esos hombres que no somos bomberos, por más calendarios que hagamos. Molaría considerarme aizkolari. Suena viril. Podría ponerlo en mi perfil de Facebook o de Twitter. Leandro Maria aizkolari y filólogo clásico. Bastaría con ponerme un palitroque y una sierra eléctrica e inventar la categoría alfeñique sólo para mí. Tarea cumplida.




Los feministos que en el mundo han sido se estremecen con ello. Y trasmiten su temblor al terreno de la lógica de los conceptos: han logrado que unas pruebas iguales sean consideradas discriminatorias.

sábado, 12 de febrero de 2011

Los Garrido

La familia Garrido dejó su Asturias natal allá por los años sesenta y se fue a Bélgica. A pesar de la similitud del clima y la superioridad de la cerveza, no fueron capaces de aclimatarse y recogieron los bártulos y se fueron para Madrid. Llegaron después de la crisis del petróleo. España era un país en vías de desarrollo y comparado con los grandes países de Europa, enormemente atrasado.


Ahora los Garrido, acaban de cumplir sesenta años. Les han dado estudios a sus hijos y viven en una casa no muy grande, pero tienen dos coches, veranean el mes de agosto completo y piensan en jubilarse en Alicante comprando un apartamento que ya tienen visto.
La historia de los Garrido es prototípica, una de tantas repetidas en toda España.
Han pasado de vivir malamente en Avilés, con una industria antigua y cara, sin expectativa profesional alguna, a arreglar su vida en Madrid después de emigrar durante algunos años a un país europeo.

Ahora España es uno de los diez países más ricos y que más rápidamente ha visto incrementar su renta per cápita. Los Garrido recuerdan las carreteras por las que iban a Oviedo de vez en cuando o por las que se desplazaban a Luanco o a Gijón a la playa; recuerdan como debían apurar los márgenes para evitar los camiones en sentido contrario y como escoltaban durante kilómetros a lentos carros de paja tirados por bueyes. Ahora se desplazan a Oviedo desde Madrid en cuatro horas escasas por autopista o cogen el avión si quieren regresar en el día. Dentro de nada el AVE les llevará a ver a la familia.

En casa de los Garrido trabajan los dos cónyuges, el hijo mayor ya se ha independizado y la niña consigue para sus gastos. Viven sin estrechuras y se acaban de comprar una televisión de esas planas coincidiendo con el final del crédito del coche que compraron al finalizar la hipoteca.

Ahora ganan más de lo que gastan y eso a pesar de lo que han subido las cosas, pero en casa hay de todo.

Como los Garrido muchas otras familias demandan cada día bienes materiales sofisticados que se producen fuera de nuestro país. La oferta productiva española no ha dado abasto estos últimos años y ello ha hecho que los precios se encarezcan enormemente.
Con la entrada en la Unión Europea han subido los precios, no tanto pero también los salarios y se ha incrementado el gasto social. Las medicinas, la energía, los controles de seguridad y sanitarios han disparado el gasto público.

España es uno de los países que cuenta con una sanidad más amplia en coberturas y más capaz en eficacia.

Si España se abrió al mundo con la UE, la Unión se ha abierto al mundo a su vez y la globalización ha generado nuevos problemas, nuevos competidores y nuevos demandantes.
Con el incremento en la riqueza de España, nos hemos convertido en un imán para aquellos habitantes de países menos favorecidos. Su situación estratégica como entrada a Europa desde África, el idioma común con prácticamente toda Hispanoamérica y la benignidad del clima ha hecho que magrebíes, subsaharianos, sudamericanos y ciudadanos de la Europa del Este vengan recalando masivamente en España.

Del mismo modo que los Garrido fueron a Bélgica hace unas décadas, ahora encuentran a los inmigrantes atendiendo masivamente, casi todos en el sector terciario, en los restaurantes, los bares, los supermercados; los emigrantes han cubierto decenas de miles de puestos de trabajo.

Lo que España no ha hecho ha sido cambiar su tejido productivo y desarrollar nuevos modelos de negocio industrial. Ese enorme crecimiento se ha hecho a expensas de la industria desarrollada en los años sesenta y setenta cuanto menos. Básicamente la automovilística y textil. Industrias muy maduras y donde los esfuerzos de I+D+i son de menor trascendencia o, de serlo, se realizan fuera de nuestras fronteras. En España básicamente se sirve mientras se deja pensar a los demás.


Los otros sectores de excelencia y de mayor contribución al despertar económico español son la agricultura intensiva, el turismo y la construcción.

La agricultura ha sido enormemente demandante de agua y ello ha contribuido a no pocas tensiones cuando la climatología ha sido adversa, y la construcción se ha desarrollado muy desordenadamente, tanto desde el punto de vista de su localización como desde el punto de vista financiero.

Tanto la agricultura como el sector de turismo y la propia construcción son enormemente consumidores de mano de obra y cuando las cosas no van bien son gigantescos generadores de paro.

Los Garrido empiezan a ver problemas en el horizonte porque su hija tiene un contrato que probablemente no renovará y el chico mayor trabaja en un sector problemático. Ha firmado la hipoteca hace apenas un año, está pagando el coche y su pareja tiene un empleo no demasiado bien remunerado aunque ciertamente seguro al trabajar para la Administración.
Los Garrido caen en la cuenta de que en los últimos años han comprado muchas cosas. Han viajado bastante y en general no se han privado de nada. Hace dos años rehicieron la cocina y pusieron todos los electrodomésticos nuevos.

Sonríen al comentarlo con sus amigos, otros que pasaron tantos problemas en su juventud y que han descubierto el placer de no tener que cohibirse. ¿Quién no tiene hoy día una cámara de fotos, un aparato de música, quién no cambia de móvil cada año, quién no pone otra televisión en el dormitorio, quién no mantiene dos coches al menos o instala aire acondicionado? Si les vieran sus padres hace nada más que treinta años. Un baño raquítico con plato de ducha, una cocina minúscula, una radio antigua y poco más. Sus padres eran ferroviarios y sus madres no trabajaban fuera de casa, bastante tenía con tanto niño. Ellos sólo tuvieron dos, el chico y la chica, pero la mujer empezó a trabajar nada más casarse. ¡Qué tiempos!


Les he hablado de una historia que se podía haber contado hace apenas tres años. Ahora las cosas están un poco más complicadas. La chica no renovó, el chico sufrió un ERE y está en el paro y su pareja ha visto reducido su contrato y ahora se habla incluso de despido ¡en una empresa pública! Los Garrido están asustados más que por ellos por el porvenir de sus hijos. ¿De qué les ha valido la carrera?

España ya no saca tanto el pecho, quizá haya ya perdido el bendito décimo puesto, dicen que va a necesitar apoyo europeo, la banca está fatal y los créditos han subido, la mitad de los hijos de sus amigos están de brazos cruzados en casa y alguno de sus amigos de toda la vida ya está jubilado y ¡no ha cumplido los sesenta! Nos dijeron durante ocho largos años que España iba bien, nos dijeron que eran la solución, pusieron los pies sobre la mesa mostrándonos lo poderosas que pueden ser cuatro suelas, quizá aquellas amistades provocaron la catástrofe que les haría caer por mentirosos. Siguieron diciendo que los brillantes años siguientes se debían a la inercia que el mago Rato había generado. Los nuevos titulares creyeron que se debían a un par de tardes de macroeconomía y rieron la gracia de los desalojados durante cuatro años más. Presumieron de superávit, y no hicieron nada, se metieron en jardines, muchos de ellos necesarios, sí, que gestionaron de aquella manera, y se vieron envueltos en el alcohol de las celebraciones de los nuevos ricos, invitando a todos. Mantuvieron equipos ministeriales con becarios, se preocuparon por lo accesorio, escribieron leyes con lenguaje SMS dejándolas en rima asonante, generaron titulares y escaso cuerpo teórico, tuvieron la suerte de una oposición de pachanguita beata hasta que llegaron los asuntos de verdad. Y ahí empezó el naufragio. Los Garrido siempre han votado a la izquierda, primero a los comunistas y luego a este PSOE que apenas se puede decir socialista. Son incapaces de votar a Rajoy y saben que lo de Cayo Lara es una fina ironía de la derecha, pero están hartos de tanta tontería de Zapatero, de tanta bobada de Tomás Gómez, de esos ministros que han desaparecido de la faz de la tierra, quieren entender lo de las pensiones, como quisieron entender el retraso en reconocer que estábamos pisando mierda, su formación no les da para poner palabras al enfado que este PSOE les provoca, ni quieren recordar a ministros enseñando fotos de las amantes ajenas, o ministras con menos experiencia que su hijo en paro, o la enorme vacuidad de tantos cargos autonómicos o municipales o la falta de poso de tanto dirigente profesional sin profesión.

Descartada Esperanza Aguirre y descartado Rajoy por incompatibilidad moral, los Garrido se sienten incapaces de meter en la urna una papeleta del PSOE que lleve a José Luis Rodríguez Zapatero o Tomás Gómez en los primeros lugares. Los Garrido sienten que votar al PSOE es traicionarse a sí mismos, a su Asturias natal, a toda la clase obrera, a la libertad rescatada después de tantos años de franquismo. Queda la abstención pero los Garrido creen que la abstención es una renuncia, una sofisticación democrática de la cobardía. Los Garrido están realmente enfadados con esta España que creían haber logrado domar entre todos y que les niega el derecho al voto justo.

Los Garrido no saben qué hacer. Creo que ninguna persona honesta sabrá qué hacer. Y es terrible y tristemente preocupante.

sábado, 5 de febrero de 2011

Literatura rusa

Ignoro si el patio de Ana Mato es particular, pero un poco al estilo de otra Ana, la gran Ana Karenina , claramente no se moja como los demás. Porque como saben, Tolstoi escribía que “Todas las familias felices se parecen unas a otras; pero cada familia infeliz tiene un motivo especial para sentirse desgraciada.”. Y Ana Mato, vicesecretaria de Organización del partido Popular, debió ver pasar al menos 28.000 euros de Correa con los que se pago un viaje. Ella cuenta que se lo pagó de su bolsillo pero no aparece justificante por ninguna parte. Quizá esté archivado en Valencia junto con las facturas de los trajecitos y los canesús del ferrarista Camps. ¿Qué tiene la gente de este PP que cuando paga gastos de tal calibre nunca aparecen los recibos o las facturas? Yo, salvo el viaje que me llevó del infierno al cielo con mi Beatriz particular, nunca he pagado un viaje de tal importe, pero puedo asegurar que todos los demás han dejado un rastro de VISA, de tarjeta del Corte Inglés o de American Express. Más que nada porque hoy en día no parece que tenga mucho sentido pagar 28.000 euros en metálico salvo que se quiera evitar el rastro. Y Ana Mato ya demostró cierta incapacidad para la percepción de grandes magnitudes al no darse cuenta de la existencia de un Jaguar en su garaje. Quizá viva en un concesionario.


Si el tesorero Bárcenas tiene dificultad para explicar la ruta de los euros que pasaban por sus manos, fíjense a esta señorita que debería dar cuenta de los gastos en Sevilla de 2.500 personas durante dos días y medio, aquel fin de semana que Rajoy descubrió la sed de urnas. ¿Hacemos unos números? Venga rapidito, dos noches, un viaje de ida y vuelta, 4 o 5 comidas, dormir 100 euros en hotelito tres estrellas, viaje otros 80 en Turista, papeo menú del día otros 50 y unos 20 de desplazamientos a las estaciones o aeropuertos, me salen, siendo de letras, 250 euracos del ala, y no cuento el alquiler del lugar del evento, la megafonía, las luces, el montaje y desmontaje del stand, cartelería, desplazamientos, refrescos, así en plan pobretón, sin otras historias, sin azafatas, vinos españoles, horas extras, carpetas, bolígrafos, regalitos, merchandising, copas en Sierpes o paseos en calesa. Pues esos 250 euros por 2500 sujetos participantes según confiesan salen 625.000 euros. Fíjense, más de cien millones sin contar casi nada y todo en plan pobretón, de los cuales unos 80 salen de nuestros impuestos, controlados por unos señores que no guardan un recibo, una factura o un ticket. ¡Y están a punto de tener las llaves de la caja gorda! De película de miedo.

Y en esto del cine qué cosas pasan. Alex de la Iglesia acaba de aprender a dialogar con personas que le llevan la contraria y lo considera mucho más interesante. ¿Un tipo con esa exbarriga y esas canas puede decir esas bobadas sin que se le caigan los cristales de las gafas? ¿Qué era hasta ahora? ¿Príncipe heredero? ¿Paris Hilton? Porque pinta de ser el chiquirritín de la casa no tiene. Pues así de malcriado nos ha salido, sin que nadie le haya chistado hasta ahora. De sus opiniones sobre las descargas ilegales y consecuencias argumentales ni hablamos.


Al menos hace unas películas decentes.

Y hablando de decencia parece ser que últimamente se le está reconociendo lo suyo al árbol caído, ese olmo seco de León hendido por el rayo de las subprimes. El mismísimo Financial Times reconoce cierto coraje y aprecia el legado y de momento, que sepamos, el Financial Times no está, ni se le espera, en la Segunda Internacional. Miguel Ángel Aguilar hace esta misma semana un resumen de parte de sus últimos logros al comentar la reunión homenaje que se dieron los sociatas en Zaragoza más frugal que la sevillana, pero de la que también pagamos alrededor del 80% usted y yo. Empezaba por el terrorismo asfixiado, pasaba por la aprobación de unos presupuestos generales imposibles y terminaba por esa conjura de pacto social con patronal y sindicatos. No parecía sencillo para un Bambi lograr todo eso. No se olvida uno tampoco de los acuerdos establecidos con PNV y Coalición Canaria para disponer de estabilidad parlamentaria o el camino de control emprendido en el asunto de las Cajas de Ahorro, ni siquiera debemos olvidarnos de que antes de ayer éramos una piltrafa para los indicadores económicos y ahora sorprendemos a tirios y troyanos por la confianza que nos tienen. Que tiene bemoles que cuando mejor está es cuando entre todos le vamos a echar.

Luego nos arrepentimos. Si no acuérdense de Felipe González. Lo que se dijo, no ya por el buey de mar Aznar, que no llega a centollo, y sus dos pinzas hueras, la derecha insidiosa de Pedro José Ramírez y la izquierda envidiosa de Anguita, si no por todos los impecables regeneracionistas. Luego se le ha echado de menos. Como poco, para que nos contara las cosas. Ahora está escribiendo un libro al estilo del gato Jinks, Malditas Reformas Necesarias, que las familias, todas esas familias felices que son iguales deberían leer, para saber de verdad a quién responsabilizar de la crisis.

Pero como decía Conchita Velasco no te quieres enterar, no queremos enterarnos, y viene la gobernanta Ángela a revisar si se sigue escribiendo un crimen, sobre todo con sus dineros, y se trae a su plana mayor. Otra que adula a Zapatero. Lo mismo hace Sarkozy. Zapatero for represident.

¿Nos lo creemos? No están las cosas para creerse nada, ni siquiera esa bonita historia de Mariano, el piloto en el aeropuerto de Málaga, en la que un parado busca trabajo de alguna cosa vestido de comandante de líneas aéreas.


No es tal, es un video viral realizado por una plataforma de empleo que ha colocado en YouTube el propio making off.

La incredulidad nos marca la vida hasta que llega otro Mariano, que no es piloto sino registrador de la propiedad en Santa Pola y que últimamente va de sobradito por los platós. Pues este Mariano, el designado, se deja entrevistar en VeoTV por Pedro José Ramírez y una estudiante tipo yo amo a Laura, que confiesa que le va a votar, le pregunta por las medidas que va a tomar para crear empleo y para apoyar a los emprendedores. ¿Quién podría pensar que alguien se le ocurriría preguntar por eso en un país como el nuestro? Pues don Mariano, el designado, en el más puro estilo hilillos de plastilina, duda como un argentino afásico, ehh, umm, ehte, y balbuceante mira un papel y, urgido por el director de El Mundo dice, “lo que me ha pasado es algo verdaderamente notable, lo tenía escrito aquí y no entiendo mi letra.” Este Mariano llamaba tonto solemne a Zapatero.


Y ello, para terminar, me lleva, obligado, a regresar a la novela rusa, en este caso a manos de Dostoyevsky con El idiota. En ella se dice que «tenemos plétora de políticos y generales; incluso se encuentran hombres de negocios de todas clases en un caso dado; pero no poseemos hombres prácticos […] existen tantas oficinas gubernativas, que uno siente vértigos al pensar en su número: todos han servido, sirven o se proponen servir al Estado, y, sin embargo, no se logra dirigir razonablemente una vía férrea o una línea de vapores. A esto suele darse una respuesta tan sencilla que la explicación parece casi increíble. Cierto es, se nos dice, que todos han servido o sirven al Estado ruso, y que el sistema ha sido seguido durante doscientos años y con arreglo al mejor modelo alemán, de abuelos a nietos; pero los funcionarios son la gente menos práctica de todas, y las cosas han alcanzado extremo tal que un carácter puramente teórico y una falta total de conocimientos prácticos han llegado a considerarse, incluso en medios oficiales, casi como la calificación y recomendación más altas. […] No hay duda alguna que la desconfianza y la carencia absoluta de iniciativa han sido consideradas siempre como los signos principales de que un hombre es práctico y siguen siendo juzgadas así. […]Desde el principio de las cosas, la falta de originalidad ha sido apreciada en el mundo entero como la principal característica y mejor recomendación a favor de un hombre activo y práctico.»

En castizo: esto es lo que hay.

sábado, 29 de enero de 2011

Telebasura

Un encargo me manda hacer Violante, en mi vida me he visto en tal aprieto, tenía a Obama como reto y ¡uf! la telebasura por delante.

Sí señores hoy voy a dedicar estos minutos de sopor, el de ustedes, que yo estoy muy despierto, para penetrar, con perdón, en la telebasura. Definirla podría resultar ocioso, ¿quién no sabe de qué hablamos? Y todos seguramente podemos definirla con mayor o menor habilidad y precisión, pero hete aquí, que además de algo definible es un adjetivo, una etiqueta con la que despreciamos aquello que a nuestro leal saber y entender no es merecedor de respeto intelectual y ese algo, en eso sí estamos todos plenamente de acuerdo, debe estar emitido por televisión. ¿Todos? ¡Nooo!, este viejo e irreductible galo de Madrid que les habla, piensa que no tiene que ver necesariamente con ella. O al menos que la televisión es simplemente el modelo, pero que lo que llamamos telebasura, esa desordenada forma de atraer la atención mediante indignidades no es únicamente propia de la dichosa televisión, sino que se amplía a todos los demás medios de comunicación, revistas, periódicos, radio, todos, incluida su boca de usted cuando repite consignas que se han quedado en los axones de la rabadilla o habla a tontas y a locas con el fin de parecer lo que no es, es decir, informado.

Quizá lo que más llame la atención del fenómeno es la falta de educación general, uno piensa en telebasura y ve a Belén Esteban atiborrando de croquetas a su hija con nombre de minitragedia griega y sacándose el taquito de jamón de entre los dientes con la manicura francesa del meñique.




Sigamos, uno piensa en telebasura y se topa en su corteza cerebral con esa panda de vagos gritones y promiscuos caídos del cielo del anonimato hasta la tierra de la fama infame, para lo que han tenido que superar una severa oposición: la del casting. Hubo un tiempo en que la vergüenza los hacía vestirse de experimento social y un montón de tipos con el logos de sufijo nos explicaban la razón de tanta cerrazón. Hoy ya no es necesario, la presentadora es en sí misma el mensaje desde que la antipsiquiatría sacó a tantos orates a la calle.

Cuando oigo la palabra telebasura echo la mano a la pistola podrían decir los impecables o quizá menos violentamente, cuando oigo la palabra telebasura echo la mano de los documentales de la 2. Porque telebasura es siempre lo que ven los demás. Uno puede pensar que meterse en vena un Supervivientes es indecoroso como poco, que esas sesiones dobles de Sálvame Deluxe y Norias varias no puede ser bueno para el cutis cerebral y que no es posible distinguir entre la Moleskine de la plebeya princesa del pueblo del Diario de una Patricia. Pero hay quien dice que no soporta al presentador de Saber y Ganar o al de Cifras y Letras, y no digamos al, para algunos, engolado Iñaki Gabilondo, que tanto hizo por amargar las vidas de esos que no superaron la ESO citando de corrido a Kierkegaard o programando a Schubert tras sus palabras. Por ello, en justa reciprocidad, su programa, su cadena, fueron sustituidos por la versión cinexin, el cine sin fin, de Gran Hermano 24 horas, trocando el que unos pocos pudiéramos saber qué pasaba en el mundo al instante, a que muchos vean los que les pasa a unos pocos en todo momento.


Pero no es que haya gente pa’ to’, es que la telebasura excede del marco del televisor para deambular por los terrenos extratelevisivos, si es que queda alguno. Si el mal gusto –descripción emic donde las haya- es uno de los requisitos, si el sensacionalismo, los gritos e insultos configuran eso que llamamos telebasura, ¿dónde metemos la convención del PP en Sevilla?

Telecinco y Antena 3 abrieron con esa información, lo que ya es un grado, y Mayor Oreja acusó al PSOE de abrazar la cultura de la muerte con lo que la característica sensacionalista está más que cubierta, tanto como el descaro y la desfachatez ya que medio millón de abortos se realizaron en la semidécada prodigiosa que va de 1996 a 2004, sin que Aznar ni él mismo dijeran nada. Hasta los obispos y cardenales permanecieron callados. ¡Qué tiempos aquellos en los que España iba bien y los embriones no se metían en política!


Hasta Camps, no hay reality show sin villano, tuvo su momento de gloria en Sevilla; no en vano Tómbola, la prototelebasura, nació en Valencia protagonizando otro de los grandes momentos estelares de la humanidad que Stephan Zweig no llegó a analizar, cuando Chabeli, nuestra Gertrude Stein, llamó a los periodistas acosantes ¡gentuza! Y se las piró, como se largó Esperanza Aguirre de la convención de Sevilla con sus huestes. Hay quien jura que la oyó decir eso de gentuza.


Pero la telebasura necesita de eslóganes, de ideas fuerza que concentren el ideario, que resuman la quintaesencia del profundo mensaje. Qué sería del concepto sin un blasón verbal como aquel ¡Gentuza!, el ¡Papa, llama! de Nuria Bermúdez, el declarativo ¡Sole que te meto con el mechero! del desdentado Chicharra o el seminal ¡Andreita cómete el pollo, coño! que llegó tarde para entrar en el Cossío, apartado ex esposas.

Rajoy nos ha ofrecido uno propio, recién ordeñado de la vesícula biliar de la FAES: España tiene sed de urnas.



No dijo qué tipo de Rh y grupo prefiere, dijo simplemente sed, la sed trashumante de la travesía hacía el poder, la sed del abrevadero de tantos que ploran por un hueco en la historia de su reconquista. Es telerrealidad en directo en la que el miedo es el mensaje ¿o era el medio? Da igual, que importan las palabras cuando la telebasura deja de serlo. Y no es culpa de la basura que se hace cada vez más grande, es que se acerca tanto que se pierde el prefijo distal, dejamos de ser espectadores y vamos a ser protagonistas. Señoras y señores estamos todos nominados. Estén atentos a la pantalla.

sábado, 22 de enero de 2011

En defensa de la política

Quizá les haya llegado un panfletillo por correo electrónico encabezado como La denuncia silenciosa. Por si acaso no son consumidores, se trata de una lista de las cosas que exasperan a la ciudadanía y que hacen mal los políticos. Desde el famoso Piove? Porco Governo, es ya un clásico el despotricar contra los políticos, también conocidos como hijos de mala madre. Merecido lo tienen, dirán. Y seguramente dicen bien. Pero también acertarían si en lugar de políticos pusieran camareros, médicos, jueces, periodistas, fontaneros o factores de Renfe. Me imagino que están al tanto de esos que detrás de la barra te interrogan con la barbilla y si permaneces en silencio te increpan ¿Qué qué quieres? como si no les hubieras entendido y además te conocieran de toda la vida, o aquellos con bata blanca que te hacen esperar una hora en la antesala porque su tiempo es mucho más importante que el tuyo o esos con ropones negros jugando a un Dios que sí existe, persiguiéndose entre ellos o escurriendo el bulto tras la Secretaría de su juzgado. Qué decir de los plumillas que con dificultad hacen concordar los géneros y el número o tantos otros oficios que no actúan con saber y diligencia. Pero la crítica a los políticos es la mayor parte de las veces ad hominem dando por cierto que todos los políticos son unos hijos de puta. Porque lo dicen así, sin cortarse, luego añaden lo de chorizos y ladrones para construir tan complejo arquetipo. Como sabrán suelen aceptar como corolario, que ellos, los maledicentes, no son de ningún partido y que todos los políticos sean del signo que sean, son representantes de los atributos expresados.

Bueno pues el pasquín mencionado está lleno de datos para uso y disfrute del tiro al político. Desde un sentido puramente formal, no parece razonable ser tan crítico con 80.000 personas, que es la cantidad de políticos que existen según el libelo, y ser tan poco cuidadoso en la confección. No hablo ya de las repeticiones de párrafos enteros, como si fuera necesario poner más cosas para abultar la crítica, o el comparar cantidades brutas con netas o tomar las excepciones como norma y mezclar números actuales con cifras antiguas. Hablo directamente de falsear los datos. Decir que Zapatero carga sus gastos vacacionales a los presupuestos y viaja con 100 personas, pretende alumbrar la idea de que nuestro presidente mete a toda la familia de Sonsoles en un crucero y se hacen un Corfú por la patilla con el all inclusive a nuestra costa, cuando la mayor parte de esas personas son del servicio de seguridad que cualquier presidente de gobierno está obligado a tener en el mundo. O meter a Rato en el bullicio por lo que cobraba hace 5 años o lo que le paga el FMI de forma vitalicia.

Pero también vale simplemente mentir, decir que en EE. UU. se declaran los regalos y aquí no, es mentira. Los regalos que recibe el rey van directamente a Patrimonio y lo mismo sucede con presidencia del Gobierno. Hay normas escritas que lo regulan. Y mentir es meter en el mismo saco las potenciales prebendas que tienen los servidores públicos con los delitos que algunos cometen. Podrá ser discutible que los requerimientos de cotización para la bendita pensión no sean los mismos, seguro que es éticamente dudoso que se pueda recibir más de un salario del erario o que existan más coches oficiales de la cuenta, pero en modo alguno tiene eso nada que ver con que un tipo se gaste el dinero en putas y en cocaína que es un delito y por el que tendrá que pagar. Que Botín tenga un despacho de 120 metros podrá ser opinable, pero cuando Mario Conde se llevó la pasta fue un delito al que se le aplicó el código penal. ¿Se puede decir impunemente que todos los banqueros son unos cabrones? Sé que el asunto les excita y se les está cayendo la magdalena del desayuno olvidada por Proust, pero una cosa es la barra del bar y el exabrupto desde la ventanilla de un coche mostrando nuestro nivel de civilización y otra querer hacer pasar por ensayo riguroso una bazofia propia de las nuevas TDT. Ser cabal en algunas críticas no hace cierto el argumentario completo. Decía Brecht que Para ganarme el pan, cada mañana voy al mercado donde se compran mentiras. Lleno de esperanza me pongo a la cola de los vendedores. Pero no todos son Brecht. Si quieren una proclama distinta háganse con Indignez Vous! De Stéphane Hessel, un resistente de la Francia ocupada de 93 años



Aznar está en su perfecto derecho de cobrar por su presencia en el Consejo de Estado. Es un ex presidente de nuestro gobierno que debe tener el máximo reconocimiento y es detestable que se quiera ignorar la contribución de los que ocuparon las más altas posiciones. Y por ello deben cobrar. Y tan perfecto es ello como renunciar a ese sillón por otro que le hayan ofrecido. De hecho es envidiable que en estos tiempos se pueda elegir. Si tenemos el derecho de crítica con nuestros gobernantes y el máximo poder de echarles del gobierno cuando nos mienten, es inmoral negarles sus propios derechos, el derecho a su seguridad, a la de su familia, o el derecho a obtener la mejor remuneración posible. Aznar no puede ser criticado por aceptar un puesto con Murdoch o por escribir bazofias a la juventud española y a la vez por renunciar a su puesto en el Consejo de Estado. Una cosa es tener arcadas con su discurs de ayer y otro vilependiarle por lo que la ley dice que es justo. Ya saben, abomino de lo que dices, pero daría mi vida por defender tu derecho a decirlo.

Atacar a los políticos es una estrategia desde siempre de la derecha cuando se disfraza de ácrata y de antisistema, porque ha sido la política la que ha permitido que los derechos civiles se asienten. Tras el Estado de Derecho está la Política. Atacando a la política defendemos los totalitarismos, defendemos el desinterés por la cosa pública, dejamos que otros muevan los hilos, nos rendimos. Y tras nuestros brazos caídos estarán ellos, convenciéndonos de que todo da igual y que miremos a otro lado.


En modo alguno todos los políticos son iguales, como tampoco lo son aquellos otros que tras el mostrador aguantan tu rollo, tu mal humor o tus dudas cuando no sabes ni qué tomar, ni tampoco esos con pijama verde que se esfuerzan por reconstruir tu humanidad casi perdida entre los hierros de un coche, ni los que tratan de atizar la tea de la justicia contra viento y marea para hacer esta sociedad mejor dejándose de puñetas, o los informadores que se juegan la vida para que sepamos más y tantos otros que cada día se lo curran, tratando de dar lo mejor de sí mismos. Así es la mayoría de los políticos, como así es la mayoría de nuestros conciudadanos. Podemos ponernos la chaqueta pesimista y mirar desde la pesadumbre lo terrible que es todo y, por supuesto, que siempre lo han hecho los demás.

Mola esa distancia, se llama dandismo social, pero por mí pueden ir a hacerse una colonoscopia. Una detrás de otra.

sábado, 15 de enero de 2011

Rebajas

Han empezado las rebajas. Si leen los periódicos o vieron la última entrevista a Zapatero, realizada por la actual señora de Piqué, dudarán si las rebajas son de cerebros. Si oyen a Ppons o a Montoro, que no para de cambiarse los colores de las gafas, tendrán la certeza más absoluta: en estos tiempos el seso cotiza menos que un dracma. Pero no, yo me refería a las rebajas del pague 2 y llévese 3. Aunque al final se equilibran las cuentas, ya que durante meses hemos estado pagando 3 y llevándonos 2, pero sin carteles ni actrices de medio pelo que nos lo canten. Así que lo comido por lo servido.



Pero en esto de las Rebajas también tiene su impronta el autonomismo, así todas duran hasta el día 6 de marzo salvo en la Región de Murcia que duran hasta el día 1. ¿Irrelevante? Claro, absolutamente, pero sería razonable que en esas pijadas no hubiera distingos. Sería el inicio para que no los hubiera tampoco en lo importante, que bastante tenemos con la coletilla de la hora menos en Canarias.

Pero señores –por milagros del idioma, incluyo a las señoras- ¡qué es una fecha más o menos por unos calcetines más caros o un cinturón que no necesitas, cuando la UNESCO prepara para dentro de 20 años que la mitad de la población mundial sea homosexual! Ahí es nada, 3.000 millones de personas en carroza hacia Chueca enseñando cacha bilateral. La gran migración del milenio. Hacia Belen va una… Con estos pelos y sin arreglar y vivo en un sinvivir a la espera de saber con quién no podré tener sexo a los 70 años, cuando lo más probable es que no sea con nadie. Trabajando todavía por aquello de la pensión y de pronto ¿empezaré a mirar con otros ojos a mis amigos varones? O lo que es lo mismo ¿empezaré a mirar a otros varones con ojos amigos? O incluso más grave ¿todos los ojos de los varones serán mis amigos? Así lo pronostica Demetrio Fernández de Córdoba que nada tiene que ver con el Gran Capitán –picos, palas y azadones, en veinte años todos maricones-, lo que pasa es que es el obispo de Córdoba y dice estos bobos ripios. Luego se lía y habla de cambiar de sexo indicando que la ideología de género promulga que "uno no nacería varón o mujer, sino que lo elige según su capricho, y podrá cambiar de sexo cuando quiera según su antojo". Ya sabemos que a la Iglesia no le gusta este batiburrillo, yo me remendaba, yo me remendé, la Iglesia es más de ideas fijas, con las hogueras, los niños pequeños, la defensa de la mujer. Así que ante la expectativa de la transubstanciación del sexo a nivel cósmico ya saben: pónselo, póntelo. El bozal, claro, a don Demetrio.


Pero dejémonos de rebajas y ascendamos al lujo. Dejemos una birria de obispo y pasemos directamente al Papa, que dice que el purgatorio no es un lugar en el espacio sino un fuego interior. Apartando a un lado esta última moda teológica de la deslocalización, coincidente con la estrategia de tantas multinacionales de llevarse las industrias al lejano oriente y dejar a Europa como continente de servicios, esto de que el purgatorio no sea una descripción topológica y sí un estertor moral que te reconcome ya me gusta más. Porque purgatorio es justamente la palabra que buscaba para definir como me siento al ver a Mónica Belucci o más recientemente a Paz de la Huerta –gugléen, gugléen- novia del mafioso en Boardwalk Empire, la serie de Scorsese, que no pueden dejar de ver, situada en Atlantic City cuando la ley seca, esa forma que ofrecieron los puritanos legisladores para que los listos, siempre los listos, se hicieran de oro y la gente siguiera bebiendo.

 Y eso vuelve a parecerse al fuego interior que te entraba con un pelotazo barato que te metías de un trago en aquellos años en los que éramos hombres –acepten que también me refiero a las señoras-. Pero en aquellos años el fuego interior se calmaba con Almax forte, aunque también valdría el permiso y la colaboración de la señorita de la Huerta, mientras la UNESCO nos permita y no nos mute, pero el fuego interior que nos atenaza se arregla sobre todo con la deseada concertación entre sindicatos desorientados, un gobierno acorralado, una oposición platicúrtica y una patronal mirando al sol. Y esa sí es una buena definición de purgatorio. O llegan a un acuerdo –pueden ver los resultados de Alemania, otro milagro alemán, que ha subido los sueldos y ha aumentado la demanda interna y ganan, y ganan como el conejito- decía que o llegan a un acuerdo y entienden y nos explican los números de una puñetera vez, o vamos a ir directamente al infierno. Y sobre el infierno ya tenemos más referencias de primera mano. Al menos en este Madrid que horadamos sin descanso y en donde los okupas le piden a la policía una orden judicial para entrar en el edificio ocupado.

Y así seguiremos porque Trinidad Rollán, la número 2 del vigoréxico secretario general socialista de Madrid, Tomás Gómez ha sido condenada a 8 años de inhabilitación por prevaricación, ¡qué diferencia con Valencia, donde Carmen Martínez, la número 2 de Jorge Alarte, le adelanta por la izquierda y dice al más nítido estilo PSC, nens s’ha acabat el bróquil! Se acabó el tiempo de impunidad. En este caso se lo dice a Antoni Asunción, que ha protagonizado un asunto cada día más oscuro y sucio.

 
Y así debería empezar todo este socialismo light que se enseñorea por ahí, lanzar un hasta aquí hemos llegado, por supuesto con la corrupción de propios y extraños, pero también dejar de mostrarse impecable cuando la realidad es tan tozuda como mi perro. Carbón o nucleares, Pensión 65 o 67, o dejar que el PP o las víctimas dicten la política terrorista o dejar que los bancos y cajas determinen sus ritmos, o que los piratas, los de sofá y los de esquife, escojan las rutas de navegación. ¡Venga ya, hombre!

Porque al final hay que dejarse de hostias y mandar, que ya sabemos que a ZP solo le queda BOE y medio por rellenar, pero a España le quedan muchas cosas por hacer y en estos tiempos que nos vienen, esas cosas las tienen que hacer los progresistas, lo que no significa los bobalicones timoratos del buen rollismo que se asustan cuando una ministra recuerda que se puede denunciar el incumplimiento de una ley o se pone firmes a unos señoritos que coordinadamente se niegan a mirar una pantalla de radar. Así que Zapatero bien haría en terminar honrosamente sus ocho años y replantear el sistema de primarias que tantos disgustos da. No solo en el PSOE, vean el cariño que tenemos los españoles por el próximo presidente Rajoy si nadie lo remedia, o miren lo que está pasando en Asturias en el PP, o en el PSC para la alcaldía de Barcelona, remakes de las guerras socialistas de Valencia y de Madrid de hace bien poco. ¿De verdad hay que someter al escrutinio público las diferencias entre Blanco, Chacón y Rubalcaba en una potencial elección sucesoria entre ellos?

Si yo fuera del PP, a mí me encantaría. Y si fuera Cascos, hasta sentiría cierto fuego interior. Aunque fuera fatuo.