sábado, 31 de enero de 2009

Up&Down

En el programa “Tengo una pregunta para usted” del otro día, cuando la afectada por el síndrome de Down acabó de preguntar, todo el mundo aplaudió, lo que dio bastante vergüenza, ya que no se hizo lo mismo con ninguna otra intervención, era como constatar que todos se daban cuenta del esfuerzo y de la dificultad. Luego se pidió, por parte de un jubilado aragonés, el aborto total, desafortunada expresión para reclamar aborto sin trabas o sin límites.

Algunos estudios demuestran que hasta el 95% de los diagnósticos prenatales de síndrome de Down acaban en interrupciones del embarazo siendo su tasa más baja de 84% en Estados Unidos. En España está en torno al 90%. Vamos que, cuando uno puede decidir, los aplausos son en la cara del embrión. Que conste que yo, si pudiera tener descendencia, me encontraría en ese altísimo porcentaje que interrumpiría el embarazo, pero me molesta esa conducta hipócrita de recompensa cuando, con más información, esa persona, casi con absoluta seguridad, no hubiera estado ahí.

De hecho están casi desapareciendo los niños con síndrome de Down -la alteración cromosómica más frecuente- debido a la generalización de la amniocentesis y a la ley de interrupción del embarazo. Por favor, no me vengan con el rollo eugenésico. Es evidente que se pretende eliminar problemas, pero decir eugenesia parece que es hablar de Mengele y esos son conflictos religiosos más que éticos. Si no admitimos que los avances médicos permitan la selección de embriones sanos, tampoco deberíamos consentir que esos mismos avances médicos, solventen las cardiopatías de los Down, por ejemplo. Sé que el problema estriba en el concepto de salud, porque es probable que para algunos saludable fuera, además de lo que estamos pensando usted y yo, disponer de un cociente intelectual superior a 130, pasar del 180 de estatura en la edad adulta y tener una dentadura perfecta.

Como casi siempre, la racionalidad debe poner coto a esos criterios que permiten defender la conveniencia de traer al mundo a individuos con severos problemas de salud. Yo no me creo eso de los designios del Señor, y los afectados parece que tampoco, ya que hacen todo lo posible por cuidar a ese niño una vez nacido en lugar de dejar que el Señor lleve las riendas, y eso de que son un regalo, un don y demás pamplinas de películas americanas, es para vomitar de sensiblería.

La idiocia, la imbecilidad, que han quedado en nuestro acervo como meros insultos, fueron no hace tanto, criterios diagnósticos, al igual que cretino, mongólico u oligofrénico que ya nadie usa en consulta, aun cuando sean frecuentes, una vez subido al coche, en este tráfico de las grandes ciudades. Preferimos otros términos más largos, a menudo con epónimos extranjeros o directamente la medida de alguna variable relevante. En Estados Unidos las florituras de lo políticamente correcto rozan el ridículo. Así, mentally challenged = con enfermedades mentales, physically challenged = con discapacidades físicas, technologically challenged = poco ducho en las nuevas tecnologías; visually challenged = personas con problemas de vista; y llega la coña de vertically challenged para los enanos, o slim challenged para los obesos.

Cuando pasen unos años, y ya no se recuerden aquellos idiota e imbécil de nuestra juventud, nuestros bisnietos o sus hijos, se insulturán de la misma forma, porque el descendiente de Gallardón o de Barberá lo seguirá haciendo igual de mal y el tráfico será aún peor, pero recurriendo a otras expresiones que ahora suenan raras, ¿tú tuviste diversificación curricular o qué? o ¿pero dónde te has dejado las neuronas espejo? ¡tú eres un neurodivergente del culo, chaval!

Porque al final, no se engañen, lo que importa es poder seguir insultando, no en vano es la forma de sentirse mejor al dejar de imprecarse uno mismo.

martes, 27 de enero de 2009

Cáncer

Estoy triste. Acabamos de venir del tanatorio. Un amigo de Luis murió ayer por la tarde. Un amigo entrañable. No era íntimo, de esos que cuentas con un dedo; era una relación que maduró con el tiempo y el roce, y alguna pasión común sin que llegaran a compartirse los miedos o los deseos más callados y reservados. Tras el verano pasado se sintió mal y con cada visita al médico se iba comprometiendo su futuro. La enfermedad le iba acorralando como un torturador eficaz e incansable. No susceptible de trasplante. No reactivo a la medicación. Quimioterapia catastrófica. Cada liana que enganchaba, se desanudaba de la copa de los árboles nada más asirla, haciéndole caer. Las médicas se deshilacharon enseguida; las esperanzas, las incredulidades empezaron poco más tarde a menguar para llenar el espacio de meditaciones, milagros y supersticiones que la realidad, día a día, arrinconaba y mermaba su predicamento.

Quedan Manuela de 17, Gabriela de 15 y Luisa de 11. La última vez estaban cantando a la guitarra canciones que ellas mismas componían en inglés y ellas mismas acompañaban a la guitarra. La casta y el galgo que ustedes conocen. Una larga familia musical. Ningún gran relumbrón, pero casi todos se dedicaban al canto o trabajaban como instrumentistas; gente con oficio. Él no. Luis le conoció en una multinacional de servicios profesionales. Así, tan explícito y tan ignoto. Luis le llevó por el jazz y la vanguardia a cambio de pasear por el country y el folk sureño. Ambos se encontraron en el preciso barroco y los juegos polifónicos. Juntos buscaron el placer de la reproducción sonora, aquel triángulo central, esas cuerdas densas a la derecha.

Despiadadamente sola queda Ana, asomándose al horizonte quebrado e incierto. La pequeña Luisa reclamaba enfadada, que su padre aún no se lo había explicado todo, de forma que hacía absolutamente inexplicables algunas preocupaciones que tenemos cada día. Esta tarde, minutos antes de quemarle, recibirán el consuelo de la Iglesia que abrazan. Espero que busquen y encuentren la ventanilla de reclamaciones exigiendo esos veinte o veinticinco años que en buena ley estadística les deben. Años de padre, de marido, de soporte y compañía.

Después ya no habrá nada salvo cenizas que previsiblemente esparcirán en Marbella, en la Marbella que nada tenía que ver con el arquetipo de ciudad sumidero de dineros opacos, mejunjes financieros y escaparate de vicios y abusos. La Marbella de sus padres y su refugio cuando Madrid se le hacía insoportable. Dejará sus millares de discos sin estuche, dejará su moto antigua y solidaria, el olor pertinaz de sus puros baratos y el desconsuelo perpetuo en los que le conocieron. Ojalá pudiera pensar que estará entre banjos y violines, ojalá le viera encandilado por nuevas voces femeninas, ojalá pudiera comportarme como sus hijas mayores o demostrar la entereza de Ana. Pero sé que se acabó y solo se me ocurre llorar.

Juan Manuel Hens Atienza murió ayer, 26 de enero de 2009, a los 51 años de edad de un maldito cáncer hepático.

domingo, 25 de enero de 2009

Demudados

Como llueve, mi pelma me obliga a leer y dice que me deje de sudokus. Cómo se han invertido las tornas desde que era un esclavo de confianza el que te enseñaba en la Antigüedad, un esclavo que previamente fue un prisionero de guerra, mostrando una vez más que la cultura y el conocimiento hace malos soldados. Ahora es el amo el que te obliga. Este amo al menos. Y parte de razón tiene mi opresor porque me lo estoy pasando bien leyendo, revisitando diría si aspirara a su consideración y estima, El chiste y su relación con el inconsciente, del último cocainómano recto y cabal que dio Moravia. No sé como no se lo leen los palestinos, con la cantidad de chanzas de judíos que cuentan. Sin duda no soy correcto, politically I mean, porque mis modales son, sin duda, oxonienses, y me viene a la cabeza el chiste adolescente, y por ende antiguo, del procedimiento de enseñar a hablar a los mudos. Se encerraba al mudo en una habitación y aparecía el muy bien dotado negro de turno que, apresándole por la retaguardia, hacía proferir al silente, y ahora doliente, un enorme ¡Ahhhh! Y el fuliginoso pedagogo afirmaba muy profesional: Mañana la B. Y como la pedagogía hace escuela, -valoren lo que debería ser un contrasentido tal como están las cosas- los curas del Instituto Antonio Provolo pensaron que el sistema africano era el mejor método para la inserción –maldito Freud- laboral de niños sordomudos, hijos de pobres familias campesinas. Uno de los acusados fue el prelado Penzi que está en proceso de beatificación que etimológica y moralmente no deja de ser una felicitación del Papa. Junto con otros quince curas se levantaban las sayas para, more ferarum, enseñar a decir las primeras palabras a esos chavalines desvalidos. La enseñanza sucedía en los baños, en las habitaciones y hasta en la iglesia Santa María del Pianto. Pero podría haber sido Nuestra Señora dei Lamenti, o La Virgen dei Gemiti. ¿Han aprendido algo de italiano? Seguro que sí. Ustedes han aprendido algo, pero aquellos sordomudos no lograron pronunciar una simple palabra, pero 66 ex alumnos han firmado una carta de acusación. El obispo de Verona ha dicho que se trata de un montaje. Sin duda. Fue un montaje en toda regla. La dichosa lluvia impide quedarme a solas con mis sudokus, dameros malditos y Playstation 3 y sigo teniendo la mirada severa sobre mi y su reprobación, por mi frivolidad ante determinadas cosas. Lo que no entiendo es cómo ha podido apartar la mirada de la portada del dominical de El Mundo. Aparece Urdaci vestido de Tintín. Dicen que para refutar la homosexualidad del intrépido periodista. No tengo idea de qué dirán los gays, pero posiblemente alguno considere el tratamiento Polaino viendo a este sujeto. No veo a Urdaci como icono de heterosexualidad, en realidad no le veo como icono de nada y sí como encono de mucho. Pero El Mundo y su Magazine han decidido ir por la senda del disfraz. Ahora sin tapujos. Sigue lloviendo y mi señorito está haciendo fabada. Me lo ha puesto muy fácil. El pone el chiste y yo el inconsciente. Ya verás como los vientos de ayer traen las tempestades de hoy. Si me pregunta diré que es una frase de Rajoy.

Decantarse o morir

Acabo de degustar el ABC del pasado domingo. Los periódicos conservadores deben dejarse airear, al menos un par de días, antes de proceder a su lectura, igual que se actúa con los vinos añejos. Ambos deben oxigenarse de realidad y relativismo que tanto bien le hace a la caspa decimonónica que peinan cada día con profusión. Pero lo ideal es al fin de semana siguiente, cuando incluso, ha precipitado la bilis en forma de cálculos y ha perdido la turbidez y el arremolinamiento del mismo día. Es verdad que corres el riesgo de perderte un funeral importante al omitir la moribundia esquelar –dice el pelma que por qué me invento palabras; porque me da la gana- en su justo tiempo, pero es un riesgo que hay que asumir.

En la última página dan cuenta de un caso interesante. Por lo visto en un yacimiento celtibérico romano aparecieron una serie de grafitos que demostraban la ancestralidad –¡Leandro, coño!- de los vascos. Posiblemente también de las vascas. Se incluían palabras en euskera y los listos de siempre aportaron tres millones de euros, de euros de otros, para la excavación. Por lo visto era un invento de unos cuantos borricos que pusieron RIP en una cruz de Cristo en lugar de INRI y eso, según dice el anticuario de la Real Academia de Historia –mola el título, eh- es de lo peor. Fantoches.

La superchería como conducta política y social me conmueve, aunque no tanto como la incultura y el futuro que les espera a nuestros cachorros. Léanse el artículo Estudiante de primera, ejecutivo de tercera de Esteban Hernández en El Confidencial. Describen a tipos superficiales que nos les importa nada un carajo, a un niñato prototípico que “cree que por leer un par de periódicos digitales y por escuchar un par de radios de ideología conservadora ya lo saben todo”. Con faltas de ortografía y que requieren un curso 0 para entrar en Económicas porque, en otro caso, no podrían seguir las clases. Incapaces de reflexionar, sin interés por el conocimiento y el aprendizaje en sí mismo, juntan trozos de Google sin orden ni concierto. Lo importante es la ambición y el rodearse de la gente adecuada. Los empleadores lo disfrazan de entornos cambiantes, de flexibilidad y acusan a la sociedad de ser caótica y compleja con necesidades que varían de un día a otro. Y por eso no quieren técnicos y piden bases sólidas de pensamiento que les permitan interpretar la realidad ya que las reglas se definen todos los días.

Quieren ir al modelo americano de compatibilizar disciplinas dispares, cocina wok e interpretación de textos hebreos, la novela romántica y el macramé como subsistencia. Y dan modelos a seguir: “La gente no sigue a una determinada persona por el cargo que ostenta, que además como todo en la vida es temporal, sino porque les convencen con su forma de ser y con sus actuaciones. Para que una persona sea competitiva debe estar bien formada, por supuesto, pero a la vez debe saber relacionarse y convencer a los que le rodean para que le sigan”. Puro liderazgo ovino.

Este catecismo de urgencia para nuestros retoños acojona de verdad. Fíjense en lo siguiente “La empresa española mediana y pequeña también está buscando otro perfil en el que la formación cuenta mucho menos que la disciplina y la actitud positiva hacia el trabajo. De hecho, en nuestro mercado laboral las quejas acerca de la sobrecualificación de nuestra mano de obra han sido persistentes, porque lo que en muchos casos se necesita es simplemente un "currito", alguien con unos conocimientos técnicos básicos pero con capacidad para dedicarle muchas horas al trabajo, sin necesariamente incrementar la productividad”. Dicen que la empresa necesita unas competencias más relacionadas con la personalidad que con los conocimientos específicos. De ahí pasan a la cultura presencial, abominan de la creación de valor que inundó la década prodigiosa pasada y afirman que “prefieren un currante antes que un profesional con proyección”.

Al final da igual, unos engañan para sentirse más antiguos y los otros fingen para parecer más modernos. Ambos mienten para convencernos. Sin duda les sobra el con.

viernes, 23 de enero de 2009

Espías o trabajas

Ayer me di un paseo por Génova. No crean que me largué de fin de semana largo, a disfrutar de la cucina genovese con sus salsas aromáticas, no. Estuve en la sede del Partido Popular viendo los últimos abalorios promocionales o merchandising como diría mi señorito o propaganda como dicen los que no han leído a los Papas católicos ni a Goebbels.

Qué maravilla, que si una pipa con espejo para ver quien se acerca por la espalda, que si un ejemplar de La Razón con dos perforaciones a la altura de los ojos para mirar sin ser visto. Lo que más me gustó fue un pinganillo marca “Meseoye” modelo “Sshi, Sshi; guantufri, guantufri” con dedicatoria y alguna salivilla del propio Rajoy que me está encandilando.

Esta Esperancita… con la que ha liado con el fumar obligatorio y va ahora y cambia la línea de mecheros con la gaviota pintada, por útiles de adquisición de información, como el antiguo delegado del Gobierno en Ceuta lo llama en su memorándum. Por cierto, el gestor de ese plan, Luis Vicente Moro, fue condenado a dos años y dos meses de prisión, ochos años y un mes de inhabilitación y una multa de 10 meses a razón de 15 euros diarios por delitos de prevaricación, revelación de secretos e injurias, contra el presidente de la sección sexta, el juez Fernando Tesón que debió recibir una indemnización de Moro de 120.000 euros. Luego llegó el Supremo con las rebajas y se lo dejó en año y nueve meses de prisión y cuatro años de inhabilitación especial para empleo o cargo público y 30.000 euros. En 2005 ocupaba plaza en la Asamblea de Caja Madrid representando a la Comunidad y en 1996 fue Gobernador Civil de Palencia y en 1972 mereció la Encomienda de la Orden Imperial del Yugo y las Flechas. Esto no lo dice El País, lo he sacado de los apuntes del pelma, que hoy no se ha tomado la pastilla y está de los nervios con el asunto.

Yo en cambio, a lo mío, con mi transmisor en el oído para escuchar a Losantos que tiene un ataque de mutismo y no soy capaz de encontrarle. Menos mal que los chicos de las pulseritas y los Castellanos han salido en tropel para defenderse a sí mismos. PPons con sonrisita insidiosa acusando al PSOE y respondido por Zapatero ¡Qué falta nos haces Guerra para cagarte en sus muertos! El yerno del disfrazado de espía perpetuo Fabra, porqueyolovalgo Güemes, dice que es un bulo. Y así todos desfilando sin saber muy bien como les va a salpicar.

Claro, que ahora que lo pienso, quizá tengan fotos de Soraya en el interregno del traje de chaqueta de cheviot y los velos de seda negra, entre el pelo recogido y la melena Verónica, en ese viaje al centro de la nada en deshabillé. A lo mejor sale en el YouTube.

Pero no me digan que no mola tener tu propio sistema de seguridad.

-¿Quién es ese?
-Es mi contraespía, un cuñado que se ha quedado en paro por culpa de Zapatero.
-Pues dile que se siente con nosotros.
-Qué dices, no, que si no se nos pega también el espía y ese es primo del jefe. Y además tiene que recoger a los niños.

Pues eso, que mola un montón disponer de guardia pretoriana gratis porque pagan ustedes. A ver… ya se oye algo…, sí ya se oye a Federico. Está más azul de Prusia que nunca.

Como mola este pinganillo. ¿Tendrá de estos el PSOE?

martes, 20 de enero de 2009

La osadía de volar

En Estados Unidos necesitan héroes. Ahora le ha tocado el turno al piloto del avión del rió Hudson. Todo el mundo le alaba por haber logrado amerizar. Que en realidad fue acuatizar, que el Hudson todavía no es mar. Nadie se ha preguntado si todo empezó por un despiste del piloto que se fue contra los gansos como un despistado Jakob Wassermann, nadie sabe si se cargó a un atribulado Nils Holgersson a lomos del ganso alfa o acabó con la camada fundadora de la etología de Lorenz. Quizá el heroísmo provenga de ese error inicial de no ver a los patos en procesión o del inacabable deseo de salvar la propia vida. Pero sobre altruismos y egoísmos ya escribió mucho Richard Dawkins y, antes todavía, el finalmente reconvertido Kierkegaard.

La verdad es que de una forma u otra, una vez consumada la destrucción de los motores, puso en marcha lo que había aprendido en tantas horas de simulador, en la soledad de la cabina que representa la realidad exterior. Una metáfora de las otras cabinas de calles principales, pero no centrales, donde proliferan supermercados del sexo, en las que te metes a mirar y a entrenarte moneda a moneda, por si un día sucede lo inevitable y tienes que posarte sobre alguien de verdad, antes de que estallen los motores de tu deseo contenido en el cíngulo cerebral.

Los simuladores le dieron al piloto la suficiente sangre fría para entrar a 10º de inclinación, según dicen los expertos, para no irte hasta el fondo ni partir el fuselaje contra el agua helada y negra. Otra vez, los peep shows muestran más tolerancia ante los errores de aproximación, te dan más ángulos, más entradas, más posturas, aunque sus receptoras puedan compartir la misma frigidez y negritud de las aguas.

Y la foto dio la vuelta al mundo. Decenas de pasajeros acurrucados en posición de firmes sobre las alas de un avión que odia el agua, esperando que sus ángeles custodios vinieran por ellos para reintegrarles a la tierra que se atrevieron a mirar desde arriba. Mientras, el piloto salvador recorría hasta dos veces con su linterna de acomodador franquista, como un inquisidor de provincias, el pasillo devastado por si algún pasajero prefería la condena a la salvación. Aunque visto lo que le espera ahí fuera, bien podrían invertirse los términos

Y si en los USA necesitan tipos que animen al género humano y se reconcilien con él, en España lo compramos de forma inmediata. Porque al fin y al cabo, el americano cumplió con su deber. Los mínimos y los máximos se confunden en estos casos. Tampoco podía decir, qué coño, choco contra un edificio y ya veremos. Su futuro era bastante incierto. O certerísimo, según se mire.

Si eres conductor y decides no beber a pesar de los problemas del Real Madrid, si decides descansar las horas preceptivas, etc. si acaso ves a un bandarra de frente en tu carril, seguro que intentas frenar o echarte para el lado que no ocupa el suicida. Si un profesional de la construcción decide hacer las cosas bien y sin prisas, si un cirujano mira más el campo de operaciones que el culo de la auxiliar, si ambos tratan de aprender sobre su profesión, y el conductor de autobús revisa las presiones, están haciendo su trabajo y seguro que evitan muchos problemas con los puentes, las casas, los reventones o las compresas olvidadas en el hipocondrio. Pero los pilotos se han cubierto con el armiño del peligro y de la responsabilidad para multiplicar sus sueldos y, en épocas de coacciones y chantajes, las heroicidades vienen de miedo.

Bien es verdad que el piloto era un tipo de pelo blanco y deja en mal lugar a los jubiladores anticipados, y eso sí que es motivo de júbilo para el género humano que ha logrado alargar la vida no solo para seguir consumiendo.

Esos viejos de cuarenta y ocho años, sus padres que posiblemente viven aún, sus hijos, todos nosotros, asistiremos, dentro de unas pocas horas, a la llegada del nuevo mesías que nos redima. Falta nos hace.

viernes, 16 de enero de 2009

Con la que está cayendo

Como sabrán ustedes, yo no soy de este mundo. Sé que queda un poquito altivo y celestial, pero qué quieren, es lo que hay. Así y todo vivo en sociedad, concretamente en la española y leo en El País que preocupa el uso de la sal para las nevadas por su impacto ecológico. Me imagino que si los españoles fueran saharauis estarían locos por los detritos de las bolas antihumedad y su efecto en el desierto. Nos cae una nevada y media y ya nos ponemos locos por las consecuencias en los acuíferos. Bien es verdad que no hay actualmente muchas cosas de las que preocuparnos, que el mundo navega con viento de popa en días despejados y noches estrelladas. Quizá no debería decir lo de estrellado, puede resultar demasiado anfibológico.

Dada esta calma en este mundo sin penurias, sin guerras ni otras abrasiones a los espíritus y los cuerpos, se plantea el debate sobre el autobús ateo y su contraparte beata. Y es de cierta altura filosófica: un advertido obispo -dícese de aquel experto en metodología y empirismo científico- dice que nadie ha demostrado la inexistencia de Dios. Otro que ha confundido el popper con Popper, la diferencia que hay entre lo humano y lo divino. El Arzobispo de Pamplona dice que "Dios existe y alguien me lo ha dicho". Esta gente siempre tiene un pajarito o una paloma que les hace el trabajo sucio.

Pero hablando de drogas sexuales y de suciedad, me viene a la cabeza el guateque que montaron en la cárcel de Picassent, en la que una stripper se empelotó ante 200 presos, se embadurnó con leche condensada y se magreó con los presidiarios. Por lo visto llegó a meter a uno de los presos un vibrador en la boca. Hasta ahí, lo normal en Instituciones Penitenciarias que busca, a toda costa, la reinserción.

Pero algunas funcionarias abandonaron el lugar por sentirse degradadas. No sé cuál es el punto en el que la degradación comienza. ¿Con el contoneo, al quitarse el sostén, al mostrar el vello púbico? En una cárcel donde corre la droga, la masificación, los ajustes de cuentas, sentirse degradada por ver a una mujer desnuda es otro quefumepa del copón.

Como siempre las explicaciones son lo mejor de las crisis. Que si el reglamento no prohíbe expresamente los espectáculos eróticos, que si la stripper es una chica sencilla, que vivimos en una sociedad machista… quizá haya que incorporar a todos los reglamentos carcelarios del mundo que está prohibido hacer concursos de roscones en el patio o la confección de un petit poi gigante que ponga amor de madre en todos los idiomas; quizá sea mejor que, para divertir a los internos, se traigan a una chica compleja que les hable de la frustración de la libertad, logrando que las funcionarias asciendan moralmente y crean que viven en una sociedad ecuánime.

Y qué van a decir unas pobres funcionarias de prisiones cuando SSS se nos pone felina como si fuera una chica sencilla, se quita medias, se pone tintas y se retrata apoyada en el maletero de una habitación de hotel ¿uso individual? Luego se pone felona y dice que la crisis "La he notado en mi hipoteca, en mi casa, en la calleDe momento la hipoteca le habrá bajado y además seguro que cree que es la mejor oportunidad que tiene para ser ministra. Así que no se queje. Pero cuando se pone confidencial me atormenta. Dice Yo me casé con un hombre que tiene una retranca bárbara”. No sé qué pensarán en Picassent, pero confesar los activos del marido en público y añadirle encima un duplicativo y un calificativo invasor, sí que es humillante. Yo mismo me siento degradado. Y envidioso.

miércoles, 14 de enero de 2009

Estado de Barbecho

Dice John Micklethwait, director de The Economist, ya saben el gotha de la economía capitalista que lee el pelma para hacerse el moderno, que el Capitalismo no es responsable de la crisis: son la codicia y el riesgo, los culpables. Por supuesto, el problema no son los alimentos, es el hambre; la culpa sin duda no la tiene el sexo, sino la excitación. ¡Qué cosas!

Creo que va siendo ya hora de cambiar el Gobierno. No me refiero a la petición de Rajoy de relevar a Álvarez, a pesar de que ya le vale a Magdalena, que le hace falta el plural de su ministerio porque no para de dar paños calientes a diestro y siniestro. Tampoco me refiero a la sastra de la Chacón, que ya nos vale de qué nos preocupamos los españoles. Ni al señor de Chacón, que le van a hacer consejero delegado de Young & Rubicam con la cantidad de publicitarios en paro que hay, ni me refiero tampoco a la inacción de Salgado con los tejemanejes de las comunidades con las Cajas de Ahorros, con el lema liberal de Esperancita: menos Estado, más Comunidad, o Bernat Soria con la Ley contra el Tabaco que fuera de Cataluña lo ha incrementado o el carajal de Universidades que tiene Garmendia o la errática política internacional de Moratinos, por no hablar de las fruslerías de Miguel Sebastián. No, me refiero al propio Zapatero.


Estoy hasta el gorro este, que con el frío que hace no me lo quito ni para dormir, de su talante y sus historias de mercachifle aficionado a la mercadotecnia. El pesado de aquí al lado me mira reconviniéndome en silencio. Me da igual; uno empieza poniendo a un monaguillo viejo y urófilo de jefe de los jueces y luego a uno le pasa lo que le pasa, que el monaguillo, a la chita callando se ha guardado los recortes de las hostias para el Gobierno y deja que el juececito de MariLuz se vaya de rositas. Luego uno se derrite con el cura de la catadura más oscura y se hacen guiños trascendentales manteniendo los acuerdos vaticanos. Se permiten huelgas de señoritos con RayBan, en un servicio en la práctica monopolístico. Si se fijan, es la revolución de las élites asalariadas. Los jueces, los pilotos, los controladores. Dirán ustedes que es una maniobra conservadora contra Zapatero. Coño, claro, ¡anda que parecen ustedes el director del Economist!

Pero qué hace nuestro Presidente más allá de grabar videos y poner ojitos zarcos. Nasti de plasti. ¿Qué tal leerse las obras completas de Reagan y dejar la sala de controladores de vuelo como un solar? ¿Qué tal reconocer la huelga encubierta de pilotos sin fronteras y sin ganas de trabajar y pagarles la mitad el mes próximo y poner a un par de ellos a servir Red Bull en un bareto? Pero ¿quién juzga a los jueces? ¿quién dice que su despido es procedente? ¿quién mete en vereda a los funcionarios más poderosos? Ay...Estado de Derecho.

Lo que no entiendo es por qué multan al chaval gallego ese que iba a 217 km por hora. ¡Ya no nos dejan ni huir rápido del país!

lunes, 12 de enero de 2009

Quebraderos de cabeza

Son las siete y media de la mañana de un lunes frigidísimo y vuelvo de dar una vuelta con el perro y el pelma. No, no es redundancia, éramos tres. Mientras esos dos se quitan los correajes y arneses varios, cojo el periódico y mis ojos caen sobre el artículo de Almudena Grandes. Leo rápido porque mi gemelo me mira ya con ojos de ni-te-lo-creas.

El artículo, esta vez, no va de milicianos sudorosos –qué asco- acosando ¿ascosando? a la famosa Sor Maravillas, pero ya me imagino a Muñoz Molina dándole al omeprazol antes de que le salga otra úlcera por el escrito de hoy.

Déjenme que les cuente. El artículo se basa en que Almudena –tuve una novia que se llamaba Almudena, pero la mía era lista- propone un experimento de lápiz, papel y calculadora. Plantea dividir los 775000 millones de dólares del fondo de reactivación económica de Obama entre los 6700 millones de personas que habitamos el mundo. No es un alarde de ingenio pero alguna hilacha se puede sacar de ello. El caso es que Almudena, -la de ustedes, que la mía era la lista- opera como un cirujano con cupones y le da como resultado 115 millones de dólares.

Venga lo voy a repetir: 775000 millones entre 6700 millones da 115 –decimales aparte- millones. Si están de acuerdo, es que son gente de módulo o de reconversión curricular de esa que hacen ahora. Almudena no debe saber que millones no es una unidad de medida sino una magnitud. Cuando uno divide pesetas entre pesetas la cantidad resultante se expresa en pesetas. Obligado. Pero los millones entre millones quedan en nada. Un millón entre un millón es 1 –uno- no un millón como Almudena –déjenme que silencie el apellido por mera justicia matemática- nos quiere convencer. Y 775000 millones entre 6700 millones da 115 euros, en realidad 116, que tampoco sabe redondear.

Almudena, excitada –quién sabe si por profesores de matemáticas sudorosos- alardea multiplicando cociente por divisor, repitiendo dividendo entre divisor dándole siempre lo mismo. Convierte en euros y nos cita en los medios de la arena exacta de los números. Háganlo, se chulea. Qué pena.

Claro, a partir de ahí, las deducciones son claras, si en lugar de 116 napos de nada, tocamos a 116 millones de dólares la cosa es increíble. Se atreve a sumar el plan de Bush, los fondos europeos, etc.

Y es una lástima porque concluye cosas acertadas partiendo de una falsedad. Que somos una excusa para muchos gobernantes y que los bancos son el niño bonito de sus cuidados. Para llegar a esa conclusión tenemos argumentos de sobra, no hay que recurrir a malas divisiones.

Espero que cuando llegue el día de los desfavorecidos, los altos contactos de Almudena –hoy bajo mínimos-, no la coloquen a repartir la riqueza porque va a hacer un pan como unas hostias.

martes, 6 de enero de 2009

El oficio del sinvivir

Ya les dije algún día que me vida no es fácil. Recordarán que además de con el pelma, vivo con su esposa y con su hija. Como mi oficio es mantener las coordenadas racionales del pelmazo, trato de entrometerme poco en la vida familiar y que su dinámica me afecte, a su vez, lo menos posible.

La verdad es que no es sencillo vivir con este energúmeno socializado o con esta perita en dulce por socializar. Desde luego no les arriendo las ganancias a ellas por compartir casa -lo de hogar es otra cosa- con mi sosias, aunque, en su defensa debo argüir que a veces pienso si ellas tendrán homólogos de mí en sus cabezas.

Tengo que confesar que la cuestión de la conciencia es un asunto en absoluto baladí. El criterio moral, la rectitud de conducta no es un simple canon moral, ni un plug in que se inserta con la educación escolar o la convivencia familiar. En gran medida la ética personal, el discernimiento, la laxitud o rigidez de costumbres se establecen de forma autónoma a lo largo del tiempo y en la que influye decididamente la voluntad. Esto es un blog y yo un pedorro aficionado, así que en modo alguno me voy a poner en plan Bergson, ni mucho menos Husserl, pero tener un Pepito Grillo encima, vigilante, no es tanto una imposición cultural como una elección personal.
Hablar de mi siempre resulta comprometido, casi todos nos consideramos justos, con estilo y buen gusto, así que comentar mi amplitud de miras, mi inquebrantable rectitud es inapropiado, pero es evidente que hay estilos de conciencia más frívolos, que hay morales más indulgentes y éticas personales bastante más indolentes.

Digo esto porque cuando uno se viste en Prusia en invierno y en Esparta en verano, convivir con personas que disfrutan de la moda ibicenca cada temporada, puede resultar particularmente chocante.

Pueden acusarme de rígido y de anticuado, pero creo que soy todo lo contrario. Creerán que he hecho de mi vector un tipo amargado, un misántropo que tiende al aislamiento y si miran superficialmente así resulta, pero bastaría con ahondar un poco para darse cuenta que puede ser incluso peor, pero también mucho más divertido. Yo me lo paso muy bien con él. La verdad es que he utilizado la palabra vector, además de para complicarle la vida a los menos atentos, para explicar esa relación infecciosa que mantenemos los dos. Desde arriba, desde lejos, puede parecer simbiótica, pero es en realidad claramente parasitaria, mutua y alternativamente parasitaria. Y tanto es así que a veces me contagia esa incomprensión que siente de sus próximos. Yo también pienso cómo es posible que las conciencias de los demás no balicen las conductas y los afectos de sus patrocinados. Así, cuando él no entiende el comportamiento de sus afines, se mosquea, se castiga y se pregunta mil veces por lo cabal, yo me pregunto si las voces interiores de esas personas se han quedado afónicas o se han pedido un moscoso.

Lo malo es que tras esos encontronazos, tras esas incomprensiones, surgen problemas entre él y yo. O lo que es lo mismo, entre él y él. Un egoísmo en tercera persona. Cuando tenía su propio blog resultaba una válvula de escape, pero ahora que lo está dejando, las enzarzadas son continuas. Mi condición, casi ectoplásmica, me impide el rencor y el arrepentimiento, por lo que no se lo tengo a mal, pero por el contrario sí disfruto, si no de memoria histórica, sí de una agenda electrónica que me permite anotar cada feo que le hacen y, aunque es un poco quejica, la lista de agravios es amplia. Y hablo de la de agravios reales, la de percibidos e intuidos es enorme. También apunto sus salidas de pata de banco y ahí le va la longitud, pero a pesar de ser su super-yo, tengo que ser moderadamente indulgente con él.

De lo profundo me está prohibido hablar salvo tortura, pentotal sódico o psicoanálisis -tanto da-, pero tengo algunas licencias que, para alegrarles este bonito día triple-coronado, les voy a contar.

Una de las victimarias que viven con mi pelma, la jovencita, refiere que está domando unas deportivas. Su padre asombrado rechaza la posibilidad de ablandar unas zapatillas de deporte, que son agradables desde el principio como los besos. La niña aporta al sufrimiento mundial la experiencia de sus amigas:

-Pues a mis amigas las deportivas les hacen sangrar los pies.
-Serán unas místicas.
-No listo, eran unas Nike de toda la vida.

¿Es de monólogo del club de la comedia o no?

Por eso mi chico está empezando a hablar solo.