Por lo visto Jorge Valdano se retira de la competición de las primarias del PSOE, mientras que a Carmen Chacón la acaban de destituir del Manchester. Todos quieren que el PSOE sea como un club inglés, rápido despliegue y juego directo, nada de marear la perdiz ni la pelota como hacen otros que ganan por aburrimiento.
El PP acaba de ascender a primera división y no se trae ni una sola tarjeta amarilla y mucho menos roja, a pesar de cómo les gustan combinar esos colores. Un tal Florentino Español o Juan Pérez ha decidido que se acabaron los experimentos de Zapatero y predica que tiene que cambiar la organización por lo de las disfunciones. Este sábado, en el circo estable de Ferraz, disfunción doble.
No sé si lo de doble es mi visión. Es lo que tiene esto de desayunar carajillos, se te cruzan los nombres, las aficiones, ¿no había un congreso federal del Barça en Wembley? Qué horror, ya no sé si regar al perro o pasear las plantas.
Después de la enorme debacle del domingo y el no menor estupor de los días siguientes ante los movimientos operados, llegamos a este sábado en el que el 99% del país se prepara para el partido de esta noche, unos con el Barcelona y otros con el pérfido rival inglés que nos vengue como rojos lo que no supimos defender como blancos. El otro 1% parece que estará más pendiente de otra cosa. Dicen que en la sede del PSOE este sábado se debatirá el futuro de la izquierda en este país, la fortaleza del Gobierno, el devenir de los ajustes económicos en el compromiso europeo. Izquierda, Política, Economía… Me corrijo, el 100% de los españoles estará pendiente del partido de esta noche.
Pero como tengo un ratito hasta ponerme delante de la televisión de plasma, de la que aún debo varios plazos, supongamos durante unos minutos que esto del PSOE puede ser importante.
Se plantea que es necesario un congreso porque en él se da el debate ideológico necesario y se elige una nueva dirección. Dicho bocarriba, se responsabiliza a la actual dirección, se la sustituye y se empieza a reconstruir Nueva Orleans tras el 22 de Katrina de 2011. Se opone que eso es terrible, que con las primarias se realiza el cambio prometido, pero se mantiene el Gobierno que tiene que llevar a buen puerto este país desnortado que debe concluir sus reformas.
En otro escenario quizá fuera posible aceptar ambas posturas, pero cuando te has quedado en pelota picada, cuando el poder conquistado es nulo y el retenido la excepción, cuando sonroja ver tanto azul en los mapas, las cosas no admiten matices. Porque por mucho asco que dé, el PP se ha ganado el derecho a disputar el partido ya. Cuando uno se cansa de hacerse las preguntas habituales esas de qué les pasa a los valencianos para darle la mayoría absoluta a esa panda o la versión madrileña idéntica pero con menos banquillo, uno debe reflexionar que considerando que sin ningún género de duda nuestros conciudadanos son unos cenutrios, parece necesario tener en cuenta que algunos discriminan. Permítanme ponerles el ejemplo de Rivas Vaciamadrid, una ciudad cercana a la capital que lleva gobernando IU desde hace veinte años. El alcalde ha repetido, pero en las elecciones autonómicas ha ganado Esperanza y ha sacado incluso algún voto más. ¿Sorprendente? Según se mire. Quizás los cenutrios somos nosotros, los sorprendidos. Podemos parlotear sobre el poder de la gestión y de la ideología, pero así, sin vermú ni nada, pues como que no ¿no les parece?
Así que mantener la ficción de un gobierno fuerte durante diez meses agónicos no parece ni siquiera razonable. A veces hay que saber tirar el rey envuelto en una toalla blanca. Porque el PNV puede verse obligado a apoyar al PSOE para lograr coronarse en alguna Diputación, pero dentro de nada tendremos que aprobar unos presupuestos y no parece que los socialistas logren mucha ayuda por ahí. Si a eso le ponemos unas gotas de los insaciables mercados, el fulgor de la muerte de El Mundo, ABC y las televisiones amigas más la leal oposición dándole al fuelle pues quizá nos debemos ahorrar esos esfuerzos.
La jugada de Patxi López es inteligente. No tiene tiempo que perder si pierde, porque en un posible congreso él sería quién más posibilidades puede albergar visto como quieren a Chacón en el PSC y a otros barones en sus respectivos hogares. Zapatero y sus jóvenes optimistas y no siempre bien preparados se les manda a hacer puñetas, y ¡tachán! elecciones anticipadas. Gana Rajoy claro, pero queda menos para que López pueda revertir la situación teniendo en cuenta que la presidencia del Gobierno Vasco se le acaba en las siguientes elecciones. Por eso no tiene tiempo que perder.
¿Y Rubalcaba? Don Alfredo quizá acepte la inmolación inicial mientras hace lo que mejor sabe: manejar los innumerables hilos de la política interna, unos hilos que está encerando Bono en la sombra. Que Rubalcaba es la apuesta segura no tiene mérito decirlo. Así lo hicimos hace ya más de dos años en Balcanización gubernamental y parece que la maquinaria socialista así lo ha confirmado en la tarde del viernes. Pero diez meses pasan pronto y llegará el momento de decir adiós al poder. Quizá sea el tiempo de -aprovechando que no se tiene que gobernar y que las múltiples sinecuras se han desvanecido- repensar la oferta ideológica que el socialismo debe proponer. Y la ideología no es sólo empujar a las cotas más altas algunos derechos civiles, que la fiscalidad y su control son clave, tanto para las empresas y particulares como esos dichosos y blandos fueros impositivos del País Vasco o Navarra, la estructura y legislación laboral que crea tanta precariedad, el papel sindical, la concepción de la enseñanza, el diferente valor de los votos que ya apesta, el pésimo equilibrio entre las administraciones, el entramado autonómico, sus competencias y su aberrante capacidad legislativa. O la misma estructura de partido dividido en taifas nacionalistas que se permiten ese desafío permanente a las estrategias generales que ellos llaman centrales. Un partido que debería tender al universalismo se ahoga en el cantonismo decimonónico con reyezuelos de pecho hinchado. Incluso la formula del Estado, porque en algún momento un partido socialista debe plantear la restauración de la república. Ya toca ¿no?
El PP ha dado una paliza ideológica al PSOE sin programa. Les ha bastado un poco de ruido y escasísimas nueces. Derecha. Pura derecha. Nada de izquierda. Por el camino ha llegado Sandokan para arrebatar la alcaldía en Córdoba a IU, Sevilla, Barcelona, hasta Extremadura si Cayo Lara se hace el interesante. Hasta en Asturias les han ganado dos derechas. Ahora ya sabemos que habrá primarias para el primero de la clase. Es poco probable que alguien acepte un congreso y perder el poder con elecciones anticipadas, aunque ese adelanto fuera el mayor castigo que se le podría aplicar a Rajoy. Y no es explicar lo que va a hacer el problema como le reprochan muchos de sus contrincantes. Mentirá. O no. Dará igual. ¿Acaso ha importado la conducta manifiesta de Camps tejidos y novedades, de Aguirre, vestida para espiar, de alcaldes procaces, de concejales drogatas y puteros, de los Matas, los Michavilla, los Bárcena, los Fabra? El programa es irrelevante. Piensen en Merkel, en Cameron, ganaron con un programa y gobiernan con otro. El problema para Rajoy es luchar como está luchando Salgado, con las mismas armas porque no hay otras, con la misma Europa común y pacata, con la misma productividad, la misma deuda, las mismas amenazas. Quizá los mercados prefieran a uno de los suyos en el Gobierno de España, pero denles tiempo, es cuestión de carácter. Quizá en marzo de 2012 las cosas se pongan mejor, pero ahora veo blandísima la varita mágica de los populares. No creo que haya cosa que más tema Rajoy que unas elecciones anticipadas. Algo parecido le pasa al Barcelona. Juegan en Londres y allí saben de teatro. Mal escenario para pantomimas.
sábado, 28 de mayo de 2011
sábado, 21 de mayo de 2011
Nihil novum sub sole
Hoy es la jornada de reflexión. Al menos eso dicen. Si de verdad lo fuera, si pensáramos detenidamente lo que está pasando, las causas, los causantes, las consecuencias, no sería ese día tranquilo que pretenden, de concordia y arcadia feliz. Por eso, a lo mejor no es de reflexión sino de inflexión, ya saben, ese cambio en el curso de las cosas, combar, retorcer lo que estaba recto, cambiar la voz interior que nos acogota por otra que nos estimule. Pero probablemente tampoco sea eso. No somos tipos con suerte. Quizá más que de reflexión o de inflexión, sea una jornada de flexión, de aceptación mansa de lo que hay, flexión de tronco ante el poderoso, flexión de la cerviz ante las ignominias. Decía Martin Luther King que nadie se nos subirá encima si no doblamos la espalda. Nosotros al menos permanecemos vivos.
Y mañana seguro que será la fiesta de la democracia como gustan repetir nuestros políticos animando nuestro voto, seguro que será el simulacro de control que el sistema nos depara en ese contrato social virtualmente establecido para convivir en paz. El voto supone la condensación de nuestras inquietudes. Debería al menos serlo. La expresión del modo que queremos ser gobernados, qué proyectos queremos que emprendan con nuestro dinero, qué estilo de convivencia nos procuraremos para el futuro, qué sanidad o qué educación esperamos. Es verdad que estas elecciones no son unas generales, las que deberían albergar un mayor contenido ideológico, pero la estructura bipartidista de facto, la crisis de todos los órdenes sociales, no sólo económica, determina que el alcantarillado pase a un segundo plano y el voto se establezca por aspectos que en modo alguno entran en juego en unas elecciones municipales y autonómicas. Incluso en cierta medida se plantea casi como un castigo general, un plebiscito del sistema. Y en la práctica, el voto en estas elecciones será de castigo y revancha, ni siquiera hay espacio entre los contendientes para la ilusión que algún día, ya lejano, representó alguna opción. Para unos el voto pretenderá minimizar los nubarrones, apaciguar los temores; para otros, supondrá quitarse un peso o un “pesao” de encima. Pocos creerán que con su voto vendrá el redentor milagroso.
Tampoco creo que lo esperen de los concentrados en Sol, por más que el kilómetro 0 represente la metáfora de empezar una nueva vida, una tabula rasa con nuevas reglas para el mítico hombre nuevo que se quedó entre las hojas de esos libros ya olvidados, casi proscritos.
Esos abanderados de la abstención representan en parte el hastío de muchos de nosotros, pero promueven orgullosamente la opción que no puntúa, una opción legítima que da testimonio, pero no delega poder y que tras el recuento, deja de representar a nada más que las cifras.
Porque claro que mola decirle a tanto cretino me cago en tus muertos y te va a votar tu señora madre. Sí. Bien. Ya está. ¿Y ahora? Los votos efectivos llevarán a unos o a otros a los escaños, a las concejalías, representados por cien o por cien mil, será igual, es el peso de la relatividad el que asigna los equilibrios, pero no habrá el alcalde de la abstención o el diputado del voto blanco o nulo.
Es satisfactorio pensarse a sí mismo como no colaboracionista, como antisistema, y tener el desarraigo como bandera, al borde mismo de James Dean, bota en pared y pitillo colgando del belfo. Puede resultar atractivo imaginarse como adalid del cambio, como defensor de las esencias, como representante marginado de esa generación perdida que decía el FMI de Strauss Kahn, aunque quizá se refería a la eyaculación perdida, que esto del inglés hablado por un francés es muy traicionero. Es indudable que meter épica en las vidas, dotarlas de sentido, de propósito es un bien en sí mismo, pero no parece que sea un monopolio de esta juventud nuestra, visto lo visto con el Indignaos de Hessel del que hablamos hace ya algún tiempo o Reacciona, obra colectiva con Mayor Zaragoza o Sampedro entre otros, todos no ya maduritos sino octogenarios como poco.
Porque al fin y al cabo este movimiento de la Puerta del Sol no deja de ser la corporeización de las ideas insertas en esos libros, el tomar postura y defender algunos valores como la dignidad, justicia y libertad o la participación en la cosa pública. Y estos libros a su vez son herederos presentes de una enorme tradición de resistencia y lucha por los desheredados. Por ejemplo Spinoza, siglo XVII, que acepta la transferencia del derecho natural de cada hombre a sus gobernantes, pero advierte que no puede uno despojarse de él absolutamente, los súbditos retienen ciertos derechos que no pueden ser arrebatados sin gran peligro para el Estado. Pero la Junta Electoral no lee a Spinoza. Hasta ahí podíamos llegar. Pero no teman, no olviden que también nos están vendiendo el movimiento 15M. Pretenden que sea una marca. Puro branding. I love 15M. Como la contribución del Domund en la solapa o la limosna al salir de misa. Apaciguadores de conciencias. Nada nuevo bajo la Puerta del Sol.
Y mañana seguro que será la fiesta de la democracia como gustan repetir nuestros políticos animando nuestro voto, seguro que será el simulacro de control que el sistema nos depara en ese contrato social virtualmente establecido para convivir en paz. El voto supone la condensación de nuestras inquietudes. Debería al menos serlo. La expresión del modo que queremos ser gobernados, qué proyectos queremos que emprendan con nuestro dinero, qué estilo de convivencia nos procuraremos para el futuro, qué sanidad o qué educación esperamos. Es verdad que estas elecciones no son unas generales, las que deberían albergar un mayor contenido ideológico, pero la estructura bipartidista de facto, la crisis de todos los órdenes sociales, no sólo económica, determina que el alcantarillado pase a un segundo plano y el voto se establezca por aspectos que en modo alguno entran en juego en unas elecciones municipales y autonómicas. Incluso en cierta medida se plantea casi como un castigo general, un plebiscito del sistema. Y en la práctica, el voto en estas elecciones será de castigo y revancha, ni siquiera hay espacio entre los contendientes para la ilusión que algún día, ya lejano, representó alguna opción. Para unos el voto pretenderá minimizar los nubarrones, apaciguar los temores; para otros, supondrá quitarse un peso o un “pesao” de encima. Pocos creerán que con su voto vendrá el redentor milagroso.
Tampoco creo que lo esperen de los concentrados en Sol, por más que el kilómetro 0 represente la metáfora de empezar una nueva vida, una tabula rasa con nuevas reglas para el mítico hombre nuevo que se quedó entre las hojas de esos libros ya olvidados, casi proscritos.
Esos abanderados de la abstención representan en parte el hastío de muchos de nosotros, pero promueven orgullosamente la opción que no puntúa, una opción legítima que da testimonio, pero no delega poder y que tras el recuento, deja de representar a nada más que las cifras.
Porque claro que mola decirle a tanto cretino me cago en tus muertos y te va a votar tu señora madre. Sí. Bien. Ya está. ¿Y ahora? Los votos efectivos llevarán a unos o a otros a los escaños, a las concejalías, representados por cien o por cien mil, será igual, es el peso de la relatividad el que asigna los equilibrios, pero no habrá el alcalde de la abstención o el diputado del voto blanco o nulo.
Es satisfactorio pensarse a sí mismo como no colaboracionista, como antisistema, y tener el desarraigo como bandera, al borde mismo de James Dean, bota en pared y pitillo colgando del belfo. Puede resultar atractivo imaginarse como adalid del cambio, como defensor de las esencias, como representante marginado de esa generación perdida que decía el FMI de Strauss Kahn, aunque quizá se refería a la eyaculación perdida, que esto del inglés hablado por un francés es muy traicionero. Es indudable que meter épica en las vidas, dotarlas de sentido, de propósito es un bien en sí mismo, pero no parece que sea un monopolio de esta juventud nuestra, visto lo visto con el Indignaos de Hessel del que hablamos hace ya algún tiempo o Reacciona, obra colectiva con Mayor Zaragoza o Sampedro entre otros, todos no ya maduritos sino octogenarios como poco.
Porque al fin y al cabo este movimiento de la Puerta del Sol no deja de ser la corporeización de las ideas insertas en esos libros, el tomar postura y defender algunos valores como la dignidad, justicia y libertad o la participación en la cosa pública. Y estos libros a su vez son herederos presentes de una enorme tradición de resistencia y lucha por los desheredados. Por ejemplo Spinoza, siglo XVII, que acepta la transferencia del derecho natural de cada hombre a sus gobernantes, pero advierte que no puede uno despojarse de él absolutamente, los súbditos retienen ciertos derechos que no pueden ser arrebatados sin gran peligro para el Estado. Pero la Junta Electoral no lee a Spinoza. Hasta ahí podíamos llegar. Pero no teman, no olviden que también nos están vendiendo el movimiento 15M. Pretenden que sea una marca. Puro branding. I love 15M. Como la contribución del Domund en la solapa o la limosna al salir de misa. Apaciguadores de conciencias. Nada nuevo bajo la Puerta del Sol.
sábado, 14 de mayo de 2011
Temblores
Ya saben lo del terremoto. Errandonea Arruti, abandona la cárcel tras 25 años en ella y muestra una pancarta de Bildu y el PP pide que se juegue de nuevo el partido. Un 7 en la escala de Richter. Y todos se hacen cruces por ello. ¿Qué esperaban, que se hiciera de las madres redentoristas? Salió de la cárcel y se fotografió delante de una pancarta de una organización recién bendecida por el Constitucional. ¿No era eso lo que se le pedía tras 25 años. Que participara en el juego democrático y dejara las bombas y las pistolas? ¿No es eso reinserción? Mira bonito como eres un hijoputa de tomo y lomo te vas a pasar cinco lustros en la cárcel para que aprendas a comportarte en sociedad, y ya verás como aprendes a pedir las cosas por favor. No me lo tomen al pie de la letra pero creo que algo así aparece en nuestro ordenamiento constitucional. En ningún sitio dice tienes que pensar como nosotros y llevar un amuleto del FMI.
Pero todos venga a hacernos cruces por lo que era obvio y más que previsible, contribuyendo a hacer de él un héroe. Si quería provocar, rómpanle la estrategia aplaudiendo el acto democrático. Yo hubiera preferido que hubiera enarbolado una pancarta con el gavioto del PP. ¿Hubiera sido suficiente motivo para ilegalizar al Partido Popular?
Pero llega su presidente de honor, el de la melenita de la señora Bates en la mecedora y dice con otro temblor de tierra que “las elecciones empezaron con una muy mala noticia, que ETA puede presentarse a las elecciones. Ante esa mala noticia, lo primero que quiero hacer es acordarme de todas las víctimas del terrorismo”. Qué bien hubiera quedado este protoneofascista si hubiera dicho lo mismo del ala derecha de su partido y se hubiera acordado de las víctimas del franquismo. Hay una diferencia, que el franquismo se ha presentado a las elecciones -que con tanta y larga insistencia negó- desde siempre. Y no hay que irse a Fuerza Nueva o a Falange Española y de las JONS, basta con mirar el ideario de Alianza Popular fundada por su otro presidente de honor. ¡Cuánto presidente para tan poco honor! La ultraderecha española se ha presentado a las elecciones desde el primer momento en que se pudo votar en este país después del paréntesis, también conocido como la oprobiosa dictadura. Lo que pasa es que fascio redentor, nacionalsocialismo, nazis, propagandistas de acción católica, hermandades de combatientes o falangistas verdaderos, de skay y de piel legítima se escriben con P, con dos pes exactamente y parece que no existen pero están, vaya que están. O si no miren las TPP o televisiones digitales terrestres del Partido Popular sección mecagoentó.
Y fue en televisión donde vi a Jaime Lissavetzky hacer el ridículo ante un Gallardón insultantemente inteligente y dispuesto. El socialista empezó trabucándose, inseguro con ese estilo campechano de esto está chupao barnizado de buen rollo a sabiendas que no hay nada que rascar, mientras Ángel Pérez se mostraba con la única dignidad que le permite su partido, aguantar el chaparrón con profesionalidad, sentido del humor y casticismo. Demasiado poco para un Gallardón subidito que no necesitó ni atarse los guantes.
Y uno echa de menos a alguien que pueda al menos arrinconar al alcalde aunque salga con la cara hecha un mapa, pero no hay caso. La importancia de llamarse Alberto basta y sobra.
Y si mal está el asunto en Madrid, leo con tristeza las propuestas de Alarte, el baranda de los sociatas valencianos. Nos adelanta en una entrevista en El País la quintaesencia de su propuesta: la transparencia, una Generalitat abierta y la integridad como valor de funcionamiento de las instituciones.
No sé si con esas tres cosas piensa ganar las elecciones, no sé si en estos tiempos de paro desbocado, de desesperación para tantos, de falta de liquidez financiera, de amenaza de los especuladores, de fracaso escolar galopante y tantas otras cosas, ese espíritu regeneracionista es lo que esa masa de votantes que le debería dar el poder -o como mal menor arrebatar la mayoría absoluta al trilero Camps- es lo que espera de él y de su histórico partido. No sé si saber que su concepción de la política es decir la verdad nos ayuda. Porque ¡qué coño!, todos sabemos que en este juego no dice la verdad ni dios, pero hacemos como que nos lo creemos y asumimos que eso va en el empleo, así que presumir de lo que candorosamente aceptamos es de una inanidad pasmosa. Dígame qué va a hacer con el excedente de pisos, qué va a pasar con esas cajas de ahorros podridas, dígame qué va a hacer con esas obras fantasmagóricas que están pagadas con dinero real, dígame cómo va a ayudar a los que pueden crear empleo, cuénteme cómo va a estrechar lazos con la administración local con la estatal, cómo va a simplificar el camino para ser más eficiente, cómo va a hacer las cosas con muchas menos pelas y mucha más inteligencia. Y descienda en la explicación, no juegue a Rajoy con cosas como hay que hacer lo que hay que hacer, ni se llene la boca de deseos generalistas como eso de adaptarnos a un mundo nuevo y a una economía diferente, que a Al Gore ya le tengo muy visto y usted no es ni la mitad de guapo.
Porque Alarte se parece físicamente a Alberto Sordi del que cuentan que prestó la voz a la película El ladrón de bicicletas de De Sica. Y quizá fuera bueno que Jorge Alarte la revisara. Hace poco les hablé de Novecento y la historia de El ladrón de bicicletas se sitúa justamente poco después del final de aquella, la posguerra italiana, cuando la falta de trabajo era casi absoluta. El protagonista consigue la heroicidad de obtener uno: pegar carteles y necesita una bicicleta obligatoriamente. La suya está empeñada, pero tras rescatarla se la roban. En ello estriba la película, recuperar el velocípedo preciado y hacerlo dentro de unas coordenadas morales discutibles pero no menos reales. Las colas del paro, los comedores de caridad, vendedores ilegales, mendigos, tullidos, descuideros, pillos sobre el escenario patético del fracaso institucional se muestran en esta maravillosa película que ahora parece más real que nunca.
El protagonista no se paraba en grandilocuencias sobre el pleno empleo, sobre la rectitud de los comportamientos ajenos o el heroísmo personal. Estaba acuciado por la realidad y antes que tirar balones fuera o legitimarse a sí mismo tenía que actuar. Un asunto bastante testicular y agónico.
Y es lo que pasa en Valencia y en Madrid. El PSOE está jugando a las asambleas estudiantiles de primero de carrera, vociferantes, revolucionarios y voluntariosos sabiendo que tras la arenga y el sofocón, la comida está esperando en casa ¡ay esas croquetitas de mamá! Pero en la vida real otra vez mayoría absoluta del PP. Otros cuatro años de lo mismo. Lo de Valencia es asombroso, inexplicable, aterrador. Castellón, Alicante y Valencia hieden y no pasa nada. En Madrid Esperanza nos mete el dedo en el ojo cada día para anunciarnos que nos quedamos sin oculista y no pasa nada, miente sobre las hipotecas y no pasa nada.
Tras el 22 no sé cómo Zapatero, el sustituto y la sustituta del sustituto nos van a explicar el hostiazo. Quizá recurran al paradigma de Lorca: todo el mundo sabía lo del terremoto, así que la culpa debe ser de los muertos.
Pero todos venga a hacernos cruces por lo que era obvio y más que previsible, contribuyendo a hacer de él un héroe. Si quería provocar, rómpanle la estrategia aplaudiendo el acto democrático. Yo hubiera preferido que hubiera enarbolado una pancarta con el gavioto del PP. ¿Hubiera sido suficiente motivo para ilegalizar al Partido Popular?
Pero llega su presidente de honor, el de la melenita de la señora Bates en la mecedora y dice con otro temblor de tierra que “las elecciones empezaron con una muy mala noticia, que ETA puede presentarse a las elecciones. Ante esa mala noticia, lo primero que quiero hacer es acordarme de todas las víctimas del terrorismo”. Qué bien hubiera quedado este protoneofascista si hubiera dicho lo mismo del ala derecha de su partido y se hubiera acordado de las víctimas del franquismo. Hay una diferencia, que el franquismo se ha presentado a las elecciones -que con tanta y larga insistencia negó- desde siempre. Y no hay que irse a Fuerza Nueva o a Falange Española y de las JONS, basta con mirar el ideario de Alianza Popular fundada por su otro presidente de honor. ¡Cuánto presidente para tan poco honor! La ultraderecha española se ha presentado a las elecciones desde el primer momento en que se pudo votar en este país después del paréntesis, también conocido como la oprobiosa dictadura. Lo que pasa es que fascio redentor, nacionalsocialismo, nazis, propagandistas de acción católica, hermandades de combatientes o falangistas verdaderos, de skay y de piel legítima se escriben con P, con dos pes exactamente y parece que no existen pero están, vaya que están. O si no miren las TPP o televisiones digitales terrestres del Partido Popular sección mecagoentó.
Y fue en televisión donde vi a Jaime Lissavetzky hacer el ridículo ante un Gallardón insultantemente inteligente y dispuesto. El socialista empezó trabucándose, inseguro con ese estilo campechano de esto está chupao barnizado de buen rollo a sabiendas que no hay nada que rascar, mientras Ángel Pérez se mostraba con la única dignidad que le permite su partido, aguantar el chaparrón con profesionalidad, sentido del humor y casticismo. Demasiado poco para un Gallardón subidito que no necesitó ni atarse los guantes.
Y uno echa de menos a alguien que pueda al menos arrinconar al alcalde aunque salga con la cara hecha un mapa, pero no hay caso. La importancia de llamarse Alberto basta y sobra.
Y si mal está el asunto en Madrid, leo con tristeza las propuestas de Alarte, el baranda de los sociatas valencianos. Nos adelanta en una entrevista en El País la quintaesencia de su propuesta: la transparencia, una Generalitat abierta y la integridad como valor de funcionamiento de las instituciones.
No sé si con esas tres cosas piensa ganar las elecciones, no sé si en estos tiempos de paro desbocado, de desesperación para tantos, de falta de liquidez financiera, de amenaza de los especuladores, de fracaso escolar galopante y tantas otras cosas, ese espíritu regeneracionista es lo que esa masa de votantes que le debería dar el poder -o como mal menor arrebatar la mayoría absoluta al trilero Camps- es lo que espera de él y de su histórico partido. No sé si saber que su concepción de la política es decir la verdad nos ayuda. Porque ¡qué coño!, todos sabemos que en este juego no dice la verdad ni dios, pero hacemos como que nos lo creemos y asumimos que eso va en el empleo, así que presumir de lo que candorosamente aceptamos es de una inanidad pasmosa. Dígame qué va a hacer con el excedente de pisos, qué va a pasar con esas cajas de ahorros podridas, dígame qué va a hacer con esas obras fantasmagóricas que están pagadas con dinero real, dígame cómo va a ayudar a los que pueden crear empleo, cuénteme cómo va a estrechar lazos con la administración local con la estatal, cómo va a simplificar el camino para ser más eficiente, cómo va a hacer las cosas con muchas menos pelas y mucha más inteligencia. Y descienda en la explicación, no juegue a Rajoy con cosas como hay que hacer lo que hay que hacer, ni se llene la boca de deseos generalistas como eso de adaptarnos a un mundo nuevo y a una economía diferente, que a Al Gore ya le tengo muy visto y usted no es ni la mitad de guapo.
Porque Alarte se parece físicamente a Alberto Sordi del que cuentan que prestó la voz a la película El ladrón de bicicletas de De Sica. Y quizá fuera bueno que Jorge Alarte la revisara. Hace poco les hablé de Novecento y la historia de El ladrón de bicicletas se sitúa justamente poco después del final de aquella, la posguerra italiana, cuando la falta de trabajo era casi absoluta. El protagonista consigue la heroicidad de obtener uno: pegar carteles y necesita una bicicleta obligatoriamente. La suya está empeñada, pero tras rescatarla se la roban. En ello estriba la película, recuperar el velocípedo preciado y hacerlo dentro de unas coordenadas morales discutibles pero no menos reales. Las colas del paro, los comedores de caridad, vendedores ilegales, mendigos, tullidos, descuideros, pillos sobre el escenario patético del fracaso institucional se muestran en esta maravillosa película que ahora parece más real que nunca.
El protagonista no se paraba en grandilocuencias sobre el pleno empleo, sobre la rectitud de los comportamientos ajenos o el heroísmo personal. Estaba acuciado por la realidad y antes que tirar balones fuera o legitimarse a sí mismo tenía que actuar. Un asunto bastante testicular y agónico.
Y es lo que pasa en Valencia y en Madrid. El PSOE está jugando a las asambleas estudiantiles de primero de carrera, vociferantes, revolucionarios y voluntariosos sabiendo que tras la arenga y el sofocón, la comida está esperando en casa ¡ay esas croquetitas de mamá! Pero en la vida real otra vez mayoría absoluta del PP. Otros cuatro años de lo mismo. Lo de Valencia es asombroso, inexplicable, aterrador. Castellón, Alicante y Valencia hieden y no pasa nada. En Madrid Esperanza nos mete el dedo en el ojo cada día para anunciarnos que nos quedamos sin oculista y no pasa nada, miente sobre las hipotecas y no pasa nada.
Tras el 22 no sé cómo Zapatero, el sustituto y la sustituta del sustituto nos van a explicar el hostiazo. Quizá recurran al paradigma de Lorca: todo el mundo sabía lo del terremoto, así que la culpa debe ser de los muertos.
sábado, 7 de mayo de 2011
Sinapsis
No quiero entrar en psicometrías, ni en definiciones objetivas, funcionales, operativas de eso que llamamos inteligencia. Me quiero referir a eso que usted y yo llamamos ser listo, eso que ves en el otro cuando se expresa o cuando simplemente calla, oyéndote y adviertes como bulle esa cabeza y supones miles de descargas, millones entre células cuchicheándose cosas, argumentos, contraargumentos, pros y contras, futuros cercanos y remotos, alternativas y atajos. De modo que si en lugar de sesos asquerosos y blandos, silentes membranas mucilaginosas, fueran una auténtica máquina de engranajes metálicos, oirías chirriar los ejes, las bielas y los pistones mientras se producían ideas.
Pero ese ruido es desgraciadamente inhabitual. Desde las siete de la mañana que uno sale a la calle hasta la vuelta 12 o 13 horas después uno no suele tener la suerte de que le soliviante ese otro chiquichún del tren cerebral. Quizá ustedes trabajen en la NASA o en la Sociedad General de Autores, lugares en los que el latido encefálico se supone y que ejemplifican la dicotomía tópica en estas cuestiones, en una están los inteligentes y en la otra los listos. Pero supongo que ustedes se levantan con careto de registrador de la propiedad, boca pastosa por supuesto y ganas de no hacer nada. Es lo normal. Así estarán ahora amigos míos, pero cuando salgan no encontrarán esas pequeñas chispas que produce la actividad de los otros para que sus cerebros estallen por simpatía y se produzca el calentamiento necesario. Irán al bar o por el pan, a la frutería o al ¡Sacre bleu! estanco por avituallamientos para el fin de semana y allí no encontrarán esa bujía que les haga arrancar sus dormidos hemisferios. Uno puede plantearse cada mañana, eso de me tomo el cafecito y a la Academia de Ciencias Morales y Políticas a ver si abro el ojo, pero quizá bastaría con que nuestros conciudadanos, siempre tan indehiscentes, mostraran un poco de solidaridad madrugadora y compartieran con el resto algo más que ¡qué frío hace!, ¿lloverá? o este Mourinho es para matarle. Porque no pido que tu compañero de asiento en el autobús o el que te ofrece forzado sus genitales en el metro en días multitudinarios se enrolle e inquiera ansioso si Zapatero ha empezado a leer a Cioran o si un redivivo Plutarco biografiaría a Messi y Cristiano. Bastaría con que esas cosas comunes se trataran con la solemnidad y contundencia que tienen las ideas simples, con el vendaval que trae la ironía y la chanza, con el vuelco que procura mirar lo normal desde otros lugares. Quizá necesitemos desacostumbrarnos y con ello advirtamos la enorme cantidad de mundos posibles que se abren ante nosotros. Cuando las atalayas empiezan a ser zulos, cuando los puestos de mando se convierten en madrigueras, cuando como la canción, el lobo sea maltratado por todos los corderos quizá entonces nos desperecemos y pongamos a funcionar esa pista de entrenamiento para másteres en peluquería y seamos capaces de hacer otra cosa con ellos.
Quizá recuerden la película Novecento y si aguantaron las casi cinco horas de proyección visualicen la imagen de una enorme bandera roja construida con muchas pequeñas que se tuvieron que enterrar esperando tiempos mejores. El fin de la guerra mundial y la victoria sobre el fascismo resultó propicia para ello y durante la pantomima de juicio al patrón, Olmo, representado por Gérard Depardieu, pronuncia:
Seguramente los años le han pasado por encima a esta película y nos sintamos avergonzados de lo que algún día significó, quizá lo que ha envejecido mal es nuestro estupor y nuestro arrojo, complaciente uno y atemorizado el otro, y mostremos cierta nostalgia culpable ante lo que nos está pasando y nuestra pasividad ante lo que nos va a llegar.
Es el triunfo de los listos y la renuncia de los inteligentes. Cuando CNN+ pierde su lugar y es ocupado por el Gran Hermano ¿de quién es el triunfo?, cuando se prohíbe una minúscula procesión atea y a la semana siguiente se llenan los periódicos, las revistas y las televisiones de bodorrios monárquicos en directo y se construyen beatos de cartón piedra que fingieron milagros ¿de quién es el triunfo?, cuando nos dijimos una y otra vez que la violencia no era el camino, que la vía democrática era la única posible, que en las ideas no está el crimen y prohibimos preventivamente la participación de quienes dicen que de acuerdo, que han entendido nuestras súplicas, que aceptan el envite, que quieren jugar sin órdagos y retorcemos la ley y nos basamos en la desconfianza, en prejuicios, en suposiciones para negarles su expresión ¿de quién es el triunfo?, cuando Estados Unidos ejecuta a su Némesis y dice que lo tira al mar sin contemplaciones ni de derecho ni de cadáver ¿de quién es el triunfo?
No basta con compartir la creencia de que los Bildu son herederos de ETA para convertir el Estado de derecho en un Estado de las víctimas, no basta compartir el odio a quien tanto terror ha causado en todo el globo para aceptar y dar por bueno que un país decida cuando y cómo muere un sujeto y qué se hace con su cuerpo sin mediar simulacro siquiera de juicio.
En la película Novecento Olmo salva al patrón, Robert de Niro, del linchamiento indicando que el patrón explotador está muerto, que sólo queda Alfredo Berlinghieri, el hombre, su amigo, y la convicción de que han ganado.
Cuando todos se han ido, cuando los comités de liberación han requisado las armas. Alfredo le mira y le dice el patrón está vivo.
Y eso es lo que no hemos entendido y los inteligentes no lo han sabido explicar. Murió Franco, Suarez desmontó el Movimiento. Llegó la democracia, la amnistía, la reconciliación, la Constitución bendijo el apaño y todos creímos que por fin nos habíamos ganado el derecho a vivir en paz. Pero unos pocos activos tóxicos, unas Pandoras transatlánticas han abierto todas las cajas de nuestras miserias. Las pensiones, la sanidad, el empleo, la educación, el sistema completo de bienestar se ha puesto en entredicho. En tres o cuatro años se ha desmoronado la conquista de todo un siglo. Los listos lo acaban de proclamar. Ya existe excusa. Porque el patrón está vivo.
Pero ese ruido es desgraciadamente inhabitual. Desde las siete de la mañana que uno sale a la calle hasta la vuelta 12 o 13 horas después uno no suele tener la suerte de que le soliviante ese otro chiquichún del tren cerebral. Quizá ustedes trabajen en la NASA o en la Sociedad General de Autores, lugares en los que el latido encefálico se supone y que ejemplifican la dicotomía tópica en estas cuestiones, en una están los inteligentes y en la otra los listos. Pero supongo que ustedes se levantan con careto de registrador de la propiedad, boca pastosa por supuesto y ganas de no hacer nada. Es lo normal. Así estarán ahora amigos míos, pero cuando salgan no encontrarán esas pequeñas chispas que produce la actividad de los otros para que sus cerebros estallen por simpatía y se produzca el calentamiento necesario. Irán al bar o por el pan, a la frutería o al ¡Sacre bleu! estanco por avituallamientos para el fin de semana y allí no encontrarán esa bujía que les haga arrancar sus dormidos hemisferios. Uno puede plantearse cada mañana, eso de me tomo el cafecito y a la Academia de Ciencias Morales y Políticas a ver si abro el ojo, pero quizá bastaría con que nuestros conciudadanos, siempre tan indehiscentes, mostraran un poco de solidaridad madrugadora y compartieran con el resto algo más que ¡qué frío hace!, ¿lloverá? o este Mourinho es para matarle. Porque no pido que tu compañero de asiento en el autobús o el que te ofrece forzado sus genitales en el metro en días multitudinarios se enrolle e inquiera ansioso si Zapatero ha empezado a leer a Cioran o si un redivivo Plutarco biografiaría a Messi y Cristiano. Bastaría con que esas cosas comunes se trataran con la solemnidad y contundencia que tienen las ideas simples, con el vendaval que trae la ironía y la chanza, con el vuelco que procura mirar lo normal desde otros lugares. Quizá necesitemos desacostumbrarnos y con ello advirtamos la enorme cantidad de mundos posibles que se abren ante nosotros. Cuando las atalayas empiezan a ser zulos, cuando los puestos de mando se convierten en madrigueras, cuando como la canción, el lobo sea maltratado por todos los corderos quizá entonces nos desperecemos y pongamos a funcionar esa pista de entrenamiento para másteres en peluquería y seamos capaces de hacer otra cosa con ellos.
Quizá recuerden la película Novecento y si aguantaron las casi cinco horas de proyección visualicen la imagen de una enorme bandera roja construida con muchas pequeñas que se tuvieron que enterrar esperando tiempos mejores. El fin de la guerra mundial y la victoria sobre el fascismo resultó propicia para ello y durante la pantomima de juicio al patrón, Olmo, representado por Gérard Depardieu, pronuncia:
Los fascistas no son como los hongos que crecen así en la noche. Han sido los patronos los que han plantado los fascistas. Les han querido, les han pagado. Y con los fascistas los patronos han ganado cada vez más hasta no saber dónde meter el dinero. Y así inventaron la guerra y nos mandaron a África, a Rusia, a Grecia, a Albania, a España… pero siempre pagamos nosotros los campesinos, los obreros, el proletariado, los pobres.
Seguramente los años le han pasado por encima a esta película y nos sintamos avergonzados de lo que algún día significó, quizá lo que ha envejecido mal es nuestro estupor y nuestro arrojo, complaciente uno y atemorizado el otro, y mostremos cierta nostalgia culpable ante lo que nos está pasando y nuestra pasividad ante lo que nos va a llegar.
Es el triunfo de los listos y la renuncia de los inteligentes. Cuando CNN+ pierde su lugar y es ocupado por el Gran Hermano ¿de quién es el triunfo?, cuando se prohíbe una minúscula procesión atea y a la semana siguiente se llenan los periódicos, las revistas y las televisiones de bodorrios monárquicos en directo y se construyen beatos de cartón piedra que fingieron milagros ¿de quién es el triunfo?, cuando nos dijimos una y otra vez que la violencia no era el camino, que la vía democrática era la única posible, que en las ideas no está el crimen y prohibimos preventivamente la participación de quienes dicen que de acuerdo, que han entendido nuestras súplicas, que aceptan el envite, que quieren jugar sin órdagos y retorcemos la ley y nos basamos en la desconfianza, en prejuicios, en suposiciones para negarles su expresión ¿de quién es el triunfo?, cuando Estados Unidos ejecuta a su Némesis y dice que lo tira al mar sin contemplaciones ni de derecho ni de cadáver ¿de quién es el triunfo?
No basta con compartir la creencia de que los Bildu son herederos de ETA para convertir el Estado de derecho en un Estado de las víctimas, no basta compartir el odio a quien tanto terror ha causado en todo el globo para aceptar y dar por bueno que un país decida cuando y cómo muere un sujeto y qué se hace con su cuerpo sin mediar simulacro siquiera de juicio.
En la película Novecento Olmo salva al patrón, Robert de Niro, del linchamiento indicando que el patrón explotador está muerto, que sólo queda Alfredo Berlinghieri, el hombre, su amigo, y la convicción de que han ganado.
Cuando todos se han ido, cuando los comités de liberación han requisado las armas. Alfredo le mira y le dice el patrón está vivo.
Y eso es lo que no hemos entendido y los inteligentes no lo han sabido explicar. Murió Franco, Suarez desmontó el Movimiento. Llegó la democracia, la amnistía, la reconciliación, la Constitución bendijo el apaño y todos creímos que por fin nos habíamos ganado el derecho a vivir en paz. Pero unos pocos activos tóxicos, unas Pandoras transatlánticas han abierto todas las cajas de nuestras miserias. Las pensiones, la sanidad, el empleo, la educación, el sistema completo de bienestar se ha puesto en entredicho. En tres o cuatro años se ha desmoronado la conquista de todo un siglo. Los listos lo acaban de proclamar. Ya existe excusa. Porque el patrón está vivo.
sábado, 23 de abril de 2011
Contradiós
Dice Curri Valenzuela en ABC que en estas fechas todos huyen de las ciudades a tomar el sol en la playa, a participar con fervor en procesiones o a arreglar el jardín de la casita de campo. Todos dispuestos a disfrutar, añade, menos esos pocos amargados que se llaman a sí mismos ateos y que son en realidad una muestra en vivo del sectarismo prohibicionista tan de moda en sectores de la izquierda de este país.
Curri continua: Son ateos para fastidiar, ateos sectarios que no se conforman con ser eso, ateos, sino que quieren imponer, no ya sus creencias, sino su anticlericalismo extremo dirigido contra la religión católica.
Los considera la facción radical del laicismo oficial. El que no respeta ni siquiera el amor a la tradición con la que católicos practicantes, agnósticos, incluso ateos normales, participan en estos días, cada uno a su manera, en la Semana Santa.
Curri Valenzuela tiene un programa en Telemadrid. Decir que es uno de los más retrógrados, torpes, intelectualmente huecos de la televisión, quizá sería exagerado visto lo visto en las tedetés, pero ella es la conductora tipo que pretende ser campechana y explicativa, más próxima a la mesa camilla y los picatostes que al atril profesoral, que convoca en esa cafetería vespertina de barrio bien los restos de la misa matutina que son las damas añosas y de orden de toda la vida. Con argumentos de vuelo de mosca pretende evangelizar en política a esas bases beatas y conservadoras que son legión en Madrid.
Ya lo han leído, los que no creen son unos amargados, más exactamente aquellos que no creen y lo cuentan, lo que los distingue de los agnósticos, -categoría que presumiblemente asimila a aquellos descreídos que se duchan diariamente y aceptan la monarquía- y los ateos normales, -que deben ser los creyentes mal informados y sin posibles-. Esos ateos sectarios son los ateos nacidos para fastidiar. Para fastidiarla a ella y a sus amigas y estropearlas el chocolatito y la batalla mandibular de Corega contra la medianoche de jamón sobre una mesa de mármol y asientos de terciopelo.
El asunto se origino cuando algunos decidieron realizar una procesión atea el pasado jueves santo en Madrid.
Dicen que no se atreven a asar chorizos frente a una mezquita. Los ateos son, además de amargados y sectarios, unos cobardes que no se enfrentan con las auténticas fuerzas del mal, además de unos glotones adoradores del colesterol. A diferencia de ellos que llevan combatiéndolos desde las cruzadas. Dónde va a parar la estirpe de unos y otros.
También dicen que lo hagan otro día. Si el sábado y el domingo son tradicionalmente días religiosos y las fiestas en España son abrumadoramente beatas, deben querer que se vayan de parranda un día lectivo para que los echen del trabajo. Al fin y al cabo son ateos. Imagínense.
El caso es que el Tribunal Superior de Justicia de Madrid ha dado la razón a la Delegación de Gobierno. Ambos están de acuerdo en que esa manifestación puede dañar la libertad religiosa. Lo dice el Poder Ejecutivo y el Poder Judicial. El Legislativo no dejó nada claro en la Constitución el alcance del asunto. Hoy no toca profundizar sobre si España es un Estado aconfesional, laico o mediopensionista. Sabemos que si uno reza a alguien o a algo obtiene un respeto que el ateo, sea normal o de la fracción fastidiosa, no tiene. A los que oran, su superstición les da una superioridad civil y social que se le niega al ateo, como si a este le faltara algo que completa a todos los demás. El judío o el mahometano es un equivocado, pero el ateo es simplemente un estúpido, un amargado peligroso, un ignorante.
Los no creyentes no tenemos recintos para reunirnos, decálogos que cumplir que no sean los códigos civil o penal, ni abalorios, disfraces, pases mágicos o jaculatorias que pronunciar. No celebramos fiestas propias, ni disponemos de comidas especiales o dejamos de hacer nuestros cometidos en función de determinadas épocas del año, no hacemos parar a nadie el inicio de la comida ni relegamos a abogados, médicos o pilotos de avión a un segundo plano en su pericia. En realidad los ateos damos poco el coñazo o al menos no más.
Si ahora algunos de nosotros –adviertan el tono de secta vampírica- decide pasear sus descreencias por la calle no parece que se deba armar tal revuelo y mucho menos tal prohibición. Al fin y al cabo la mayor parte de los científicos de renombre lo son. Y muchos de esos adoradores dan las gracias a dios de que existan los científicos cuando las cosas se ponen duras. Los hombres de ciencia son la interposición creada por dios ante la prueba del cáncer, la añagaza ante la finta del infarto.
Y es que el ateo ha nacido para estar callado, palabra de dios. Algo ha debido impregnar los genes para que, en una suerte de epigenética historicista, los ateos callen ante tanta persecución, quizá la brea de tanta tea ardiente impregnó y condicionó su silencio. A la fuerza ahorcan. Y queman, y torturan, y matan…
El silencio de los ateos es proverbial. No pedimos que se incluya en la declaración de renta nuestra especificidad, no reclamamos la exención de impuestos en nuestro devenir, no reclamamos acuerdos paraestatales, ni mostramos nuestro boato soez ante la visita de nuestro líder. No discriminamos a nadie de forma ostentosa, por ser mujer, por ser divorciado, por vivir en pecado. Y es que en realidad los ateos no nos sentimos diferentes por no necesitar de casillas en el IRPF o por parar las populosas ciudades cuando un tipo disfrazado nos visita. Tenemos el mismo modelo de convivencia que los creyentes de nuestro entorno. Santificamos las fiestas tan poco como ellos y deseamos al cónyuge del prójimo tanto como el que más. Por supuesto que no matamos o robamos más que nuestros religiosos conciudadanos. Seguramente delinquimos como los creyentes, simplemente no contamos con la protección de nuestros jefes para disimular el delito. Honramos a nuestros muertos con similar pena y mentimos o envidiamos con similar ardor. Naturalmente no amamos a ningún dios sobre todas las cosas, ese espacio lo dejamos al progreso, a la cultura, a la concordia, a la amistad y a asegurarnos que todas estas cosas también las comparten nuestros vecinos creyentes, que lo son más por pereza y prestigio social que por pura fe.
Sé que esto es producto de mi amargura y de mi sectarismo. Quizá una prueba que les pone el altísimo, pacientes lectores, en este sábado de resurrección si han llegado hasta aquí. Pero qué quieren, soy ateo. Lo confieso.
Curri continua: Son ateos para fastidiar, ateos sectarios que no se conforman con ser eso, ateos, sino que quieren imponer, no ya sus creencias, sino su anticlericalismo extremo dirigido contra la religión católica.
Los considera la facción radical del laicismo oficial. El que no respeta ni siquiera el amor a la tradición con la que católicos practicantes, agnósticos, incluso ateos normales, participan en estos días, cada uno a su manera, en la Semana Santa.
Curri Valenzuela tiene un programa en Telemadrid. Decir que es uno de los más retrógrados, torpes, intelectualmente huecos de la televisión, quizá sería exagerado visto lo visto en las tedetés, pero ella es la conductora tipo que pretende ser campechana y explicativa, más próxima a la mesa camilla y los picatostes que al atril profesoral, que convoca en esa cafetería vespertina de barrio bien los restos de la misa matutina que son las damas añosas y de orden de toda la vida. Con argumentos de vuelo de mosca pretende evangelizar en política a esas bases beatas y conservadoras que son legión en Madrid.
Ya lo han leído, los que no creen son unos amargados, más exactamente aquellos que no creen y lo cuentan, lo que los distingue de los agnósticos, -categoría que presumiblemente asimila a aquellos descreídos que se duchan diariamente y aceptan la monarquía- y los ateos normales, -que deben ser los creyentes mal informados y sin posibles-. Esos ateos sectarios son los ateos nacidos para fastidiar. Para fastidiarla a ella y a sus amigas y estropearlas el chocolatito y la batalla mandibular de Corega contra la medianoche de jamón sobre una mesa de mármol y asientos de terciopelo.
El asunto se origino cuando algunos decidieron realizar una procesión atea el pasado jueves santo en Madrid.
Dicen que no se atreven a asar chorizos frente a una mezquita. Los ateos son, además de amargados y sectarios, unos cobardes que no se enfrentan con las auténticas fuerzas del mal, además de unos glotones adoradores del colesterol. A diferencia de ellos que llevan combatiéndolos desde las cruzadas. Dónde va a parar la estirpe de unos y otros.
También dicen que lo hagan otro día. Si el sábado y el domingo son tradicionalmente días religiosos y las fiestas en España son abrumadoramente beatas, deben querer que se vayan de parranda un día lectivo para que los echen del trabajo. Al fin y al cabo son ateos. Imagínense.
El caso es que el Tribunal Superior de Justicia de Madrid ha dado la razón a la Delegación de Gobierno. Ambos están de acuerdo en que esa manifestación puede dañar la libertad religiosa. Lo dice el Poder Ejecutivo y el Poder Judicial. El Legislativo no dejó nada claro en la Constitución el alcance del asunto. Hoy no toca profundizar sobre si España es un Estado aconfesional, laico o mediopensionista. Sabemos que si uno reza a alguien o a algo obtiene un respeto que el ateo, sea normal o de la fracción fastidiosa, no tiene. A los que oran, su superstición les da una superioridad civil y social que se le niega al ateo, como si a este le faltara algo que completa a todos los demás. El judío o el mahometano es un equivocado, pero el ateo es simplemente un estúpido, un amargado peligroso, un ignorante.
Los no creyentes no tenemos recintos para reunirnos, decálogos que cumplir que no sean los códigos civil o penal, ni abalorios, disfraces, pases mágicos o jaculatorias que pronunciar. No celebramos fiestas propias, ni disponemos de comidas especiales o dejamos de hacer nuestros cometidos en función de determinadas épocas del año, no hacemos parar a nadie el inicio de la comida ni relegamos a abogados, médicos o pilotos de avión a un segundo plano en su pericia. En realidad los ateos damos poco el coñazo o al menos no más.
Si ahora algunos de nosotros –adviertan el tono de secta vampírica- decide pasear sus descreencias por la calle no parece que se deba armar tal revuelo y mucho menos tal prohibición. Al fin y al cabo la mayor parte de los científicos de renombre lo son. Y muchos de esos adoradores dan las gracias a dios de que existan los científicos cuando las cosas se ponen duras. Los hombres de ciencia son la interposición creada por dios ante la prueba del cáncer, la añagaza ante la finta del infarto.
Y es que el ateo ha nacido para estar callado, palabra de dios. Algo ha debido impregnar los genes para que, en una suerte de epigenética historicista, los ateos callen ante tanta persecución, quizá la brea de tanta tea ardiente impregnó y condicionó su silencio. A la fuerza ahorcan. Y queman, y torturan, y matan…
El silencio de los ateos es proverbial. No pedimos que se incluya en la declaración de renta nuestra especificidad, no reclamamos la exención de impuestos en nuestro devenir, no reclamamos acuerdos paraestatales, ni mostramos nuestro boato soez ante la visita de nuestro líder. No discriminamos a nadie de forma ostentosa, por ser mujer, por ser divorciado, por vivir en pecado. Y es que en realidad los ateos no nos sentimos diferentes por no necesitar de casillas en el IRPF o por parar las populosas ciudades cuando un tipo disfrazado nos visita. Tenemos el mismo modelo de convivencia que los creyentes de nuestro entorno. Santificamos las fiestas tan poco como ellos y deseamos al cónyuge del prójimo tanto como el que más. Por supuesto que no matamos o robamos más que nuestros religiosos conciudadanos. Seguramente delinquimos como los creyentes, simplemente no contamos con la protección de nuestros jefes para disimular el delito. Honramos a nuestros muertos con similar pena y mentimos o envidiamos con similar ardor. Naturalmente no amamos a ningún dios sobre todas las cosas, ese espacio lo dejamos al progreso, a la cultura, a la concordia, a la amistad y a asegurarnos que todas estas cosas también las comparten nuestros vecinos creyentes, que lo son más por pereza y prestigio social que por pura fe.
Sé que esto es producto de mi amargura y de mi sectarismo. Quizá una prueba que les pone el altísimo, pacientes lectores, en este sábado de resurrección si han llegado hasta aquí. Pero qué quieren, soy ateo. Lo confieso.
sábado, 16 de abril de 2011
Vía láctea
Dicen que la Tierra está arrugada por la gravedad. No dicen si es por la pesadez de la atracción o por la gravedad de la dichosa crisis, pero resulta que lo que creíamos perfectamente esférico es una bola irregular más parecida a una pelota de trapo.
Más redondos y consistentes parecen los pechos de Soledad Sánchez Mohamed, candidata a alcaldesa del Partido Democrático de Ciudadela, que han servido para su campaña. Dos argumentos redondos y yo diría que cabales, aunque se ha visto obligada a retirarlos del cartel por una denuncia de Izquierda Unida, que se ha puesto intensa y superzurda con eso del uso sexista del cuerpo de la mujer. Yo estoy de acuerdo parcialmente con el planteamiento de base: venderte un cochinillo poniendo una tía en bolas al lado no parece sensato, claro que la sensatez se me quita si por ello te pagan lo mismo que por todo un mes fregando escaleras. Turbia mezcla la del puritanismo con la explotación. Pero en este caso, cuando es la propia mujer la que se hace la foto, la que la publica y la que se presenta como producto, parece que ella debería decidir un poco más. Además dice orgullosa que no hay Photoshop. Encima los argumentos no son falsos.
¿Chabacano? Un poco, pero no más que la sonrisa de PPons o su artículo de La España de zapatero y el paro en donde compara el decretazo de Aznar con los recortes de ZP. El próximo ministro de algo no advierte que aquel se planeó bajo la solemnidad del España va bien y estos bajo la alarma del mundo se hunde, que en ello estamos. Y parece congratularse con la cifra de parados reflexionando que nos acercamos más a los cinco millones que a los cuatro, cosa que sucede siempre que se pasa de los cuatro y medio, pero este próximo ministro de algo es de letras y parece no advertir tampoco que a esos millones de parados han contribuido bastantes amigos suyos o van a contribuir como César Alierta que quiere fumigarse al 20% de la plantilla de Telefónica, empresa que terminó de privatizar el señor Aznar y que emplea actualmente a Zaplana por una pastizara, que quizá merezca alguno de los 450 millones de euros con los que se premiara a los directivos. Todo ello tras el año más beneficioso de su historia. ¿Culpamos también a Zapatero de ello? ¿ o nos cambiamos a Yoigo?
De hecho es la única posibilidad de elección. Visto que la economía es inamovible y que la dictan los de siempre, desde los mismos sitios, lo único que queda escoger, además de compañía telefónica, es muslo o pechuga, aunque a Izquierda Unida no le guste. Ni siquiera se puede escoger el partido de futbol. Siempre es Real Madrid Barcelona. El partido del siglo cada cuatro días. Más pan y más circo. Así empatamos, nos empantanamos, nos empanamos.
Los únicos que ganan son los ecologistas. El hostiazo de realidad que nos proporciona Japón cada día y el espasmo de los pronucleares que se les han fundido los argumentos antes que el núcleo nuclear, dan cuenta de ello. Hasta han logrado que resurja el mito del buen salvaje y retornemos al campo, ahora convertido en refugio de parados que dejan el aire acondicionado por el aire puro, el encofrado por el surco y la fotocopiadora por el tractor.
Y de esta forma ¿cómo vamos a celebrar el octogésimo aniversario de la República? ¿se puede pasar más de puntillas por la efeméride? Al menos han absuelto a Luna que ha encorajinado a los populares valencianos que han denunciado a cuatro cadenas de televisión por informar. El acojono de Rajoy cuando sale su auténtica alma del almario propició la retirada de la denuncia. ¿Se imaginan a esta gente con el BOE como si fuera un iPad 2 y las leyes fueran apps que se descargan por 0,79? Escalofriante.
De momento están reconstruyendo la historia. Así el gobierno de Aznar no negoció con ETA. El encuentro fue una visita de cortesía al Movimiento Vasco de Liberación Nacional con el único fin de ver si aceptaban la orden de Isabel la Católica o la iban a rechazar, que con los terroristas nunca se sabe. Tomaron un chocolatito y ya está. Bueno lo tomaron Zarzalejos y compañía, que los etarras con los pasamontañas no pueden, que se ponen perdidos.
Y así es como el liberal Gallardón no quiere ver las calles de Madrid, perdida de pobres y sin techo. Es la última ocurrencia de nuestro alcalde que ha gustado poco a Esperancita.
Esta está loca por privatizar el Canal de Isabel II que es nuestra fuente de agua colectiva. Justo lo contrario a lo que hace París que tras 25 años de privatización del suministro decidió su rescate. Tras un año, han bajado las tarifas un 8% y han ganado 35 millones. ¡Y luego hablan de la eficacia de la iniciativa privada! Parece que la mano invisible es más bien una manaza con manopla.
Y tanto es así que el Estado se va de tournée de Dios para vender las casas que nos sobran de mano del ministro de Fomento. Otra que se apunta la iniciativa privada. ¿Pero no querían menos Estado? Chocad esos cinco mantas de solemnidad.
Pero no crean que me meto con la empresa privada y con su probada eficacia. A ver si no. ¿Quién podría haber creado una muñeca que se deja amamantar por la niña propietaria? Como lo oyen. La nena se pone un top con dos flores como hacían las coristas para ocultar los pezones y el muñeco se lanza a libar como un poseso lepidóptero. Infantilizamos a los veinteañeros y llevamos a las niñas a hacerse densitometrías. Total, por el mismo precio. En Estados Unidos han dicho en la cadena ultra FOX, que ese muñeco incita a la pederastia. ¿? Y los Clicks de Famobil a la construcción desordenada y a la corrupción desmedida, no te fastidia. Pero en la fábrica del muñeco chupador lo arreglan y una asesora se sorprende, lo que es una auténtica exclusiva, un consultor sorprendido de algo que no sea de él mismo y su talento. La patidifusa asesora afirma que los padres estaban encantados, sobre todo los que han tenido un segundo hijo: madre e hija alimentaban a la vez a sus pequeños. Juntas y revueltas venga a dar el pecho. Puro género lacteo.
Mientras el hijo varón se tomaba unas birras en camiseta imperio con el padre en el salón. ¡Deja a las chicas que amamanten y tráete unas patatas fritas chaval que empieza el partido! Real Madrid Barcelona, por supuesto.
Más redondos y consistentes parecen los pechos de Soledad Sánchez Mohamed, candidata a alcaldesa del Partido Democrático de Ciudadela, que han servido para su campaña. Dos argumentos redondos y yo diría que cabales, aunque se ha visto obligada a retirarlos del cartel por una denuncia de Izquierda Unida, que se ha puesto intensa y superzurda con eso del uso sexista del cuerpo de la mujer. Yo estoy de acuerdo parcialmente con el planteamiento de base: venderte un cochinillo poniendo una tía en bolas al lado no parece sensato, claro que la sensatez se me quita si por ello te pagan lo mismo que por todo un mes fregando escaleras. Turbia mezcla la del puritanismo con la explotación. Pero en este caso, cuando es la propia mujer la que se hace la foto, la que la publica y la que se presenta como producto, parece que ella debería decidir un poco más. Además dice orgullosa que no hay Photoshop. Encima los argumentos no son falsos.
¿Chabacano? Un poco, pero no más que la sonrisa de PPons o su artículo de La España de zapatero y el paro en donde compara el decretazo de Aznar con los recortes de ZP. El próximo ministro de algo no advierte que aquel se planeó bajo la solemnidad del España va bien y estos bajo la alarma del mundo se hunde, que en ello estamos. Y parece congratularse con la cifra de parados reflexionando que nos acercamos más a los cinco millones que a los cuatro, cosa que sucede siempre que se pasa de los cuatro y medio, pero este próximo ministro de algo es de letras y parece no advertir tampoco que a esos millones de parados han contribuido bastantes amigos suyos o van a contribuir como César Alierta que quiere fumigarse al 20% de la plantilla de Telefónica, empresa que terminó de privatizar el señor Aznar y que emplea actualmente a Zaplana por una pastizara, que quizá merezca alguno de los 450 millones de euros con los que se premiara a los directivos. Todo ello tras el año más beneficioso de su historia. ¿Culpamos también a Zapatero de ello? ¿ o nos cambiamos a Yoigo?
De hecho es la única posibilidad de elección. Visto que la economía es inamovible y que la dictan los de siempre, desde los mismos sitios, lo único que queda escoger, además de compañía telefónica, es muslo o pechuga, aunque a Izquierda Unida no le guste. Ni siquiera se puede escoger el partido de futbol. Siempre es Real Madrid Barcelona. El partido del siglo cada cuatro días. Más pan y más circo. Así empatamos, nos empantanamos, nos empanamos.
Los únicos que ganan son los ecologistas. El hostiazo de realidad que nos proporciona Japón cada día y el espasmo de los pronucleares que se les han fundido los argumentos antes que el núcleo nuclear, dan cuenta de ello. Hasta han logrado que resurja el mito del buen salvaje y retornemos al campo, ahora convertido en refugio de parados que dejan el aire acondicionado por el aire puro, el encofrado por el surco y la fotocopiadora por el tractor.
Y de esta forma ¿cómo vamos a celebrar el octogésimo aniversario de la República? ¿se puede pasar más de puntillas por la efeméride? Al menos han absuelto a Luna que ha encorajinado a los populares valencianos que han denunciado a cuatro cadenas de televisión por informar. El acojono de Rajoy cuando sale su auténtica alma del almario propició la retirada de la denuncia. ¿Se imaginan a esta gente con el BOE como si fuera un iPad 2 y las leyes fueran apps que se descargan por 0,79? Escalofriante.
De momento están reconstruyendo la historia. Así el gobierno de Aznar no negoció con ETA. El encuentro fue una visita de cortesía al Movimiento Vasco de Liberación Nacional con el único fin de ver si aceptaban la orden de Isabel la Católica o la iban a rechazar, que con los terroristas nunca se sabe. Tomaron un chocolatito y ya está. Bueno lo tomaron Zarzalejos y compañía, que los etarras con los pasamontañas no pueden, que se ponen perdidos.
Y así es como el liberal Gallardón no quiere ver las calles de Madrid, perdida de pobres y sin techo. Es la última ocurrencia de nuestro alcalde que ha gustado poco a Esperancita.
Esta está loca por privatizar el Canal de Isabel II que es nuestra fuente de agua colectiva. Justo lo contrario a lo que hace París que tras 25 años de privatización del suministro decidió su rescate. Tras un año, han bajado las tarifas un 8% y han ganado 35 millones. ¡Y luego hablan de la eficacia de la iniciativa privada! Parece que la mano invisible es más bien una manaza con manopla.
Y tanto es así que el Estado se va de tournée de Dios para vender las casas que nos sobran de mano del ministro de Fomento. Otra que se apunta la iniciativa privada. ¿Pero no querían menos Estado? Chocad esos cinco mantas de solemnidad.
Pero no crean que me meto con la empresa privada y con su probada eficacia. A ver si no. ¿Quién podría haber creado una muñeca que se deja amamantar por la niña propietaria? Como lo oyen. La nena se pone un top con dos flores como hacían las coristas para ocultar los pezones y el muñeco se lanza a libar como un poseso lepidóptero. Infantilizamos a los veinteañeros y llevamos a las niñas a hacerse densitometrías. Total, por el mismo precio. En Estados Unidos han dicho en la cadena ultra FOX, que ese muñeco incita a la pederastia. ¿? Y los Clicks de Famobil a la construcción desordenada y a la corrupción desmedida, no te fastidia. Pero en la fábrica del muñeco chupador lo arreglan y una asesora se sorprende, lo que es una auténtica exclusiva, un consultor sorprendido de algo que no sea de él mismo y su talento. La patidifusa asesora afirma que los padres estaban encantados, sobre todo los que han tenido un segundo hijo: madre e hija alimentaban a la vez a sus pequeños. Juntas y revueltas venga a dar el pecho. Puro género lacteo.
Mientras el hijo varón se tomaba unas birras en camiseta imperio con el padre en el salón. ¡Deja a las chicas que amamanten y tráete unas patatas fritas chaval que empieza el partido! Real Madrid Barcelona, por supuesto.
sábado, 9 de abril de 2011
Calor
Calor, ¿verdad? Esta semana nos ha dejado el rastro de lo que vendrá dentro de nada, amenazando nuestra existencia con la deshidratación propia y la constatable deshidratación ajena tan aficionada a flotar en el aire como si fuera una simple respuesta. Es la época de contrastes y disloques. Simultáneamente ves a una persona presta y dispuesta a descubrir el Polo Sur junto a otra casi recién salida de la piscina, chanclas, piernas al aire y camiseta de manga corta al lado de una parka plumífera y botas de montaña haciendo juego con la bufanda. ¿Me visto para las siete de la mañana o para las seis de la tarde?
Más o menos es lo que ha tenido que pensar Zapatero antes de contarnos sus planes. ¿Este sábado o al otro, después de las elecciones, antes del verano, en pleno agosto, me callo como Rajoy y que supongan…? Pero al final no los contó y como era de esperar tampoco gustó a nadie, los diarios progresistas entre la cautela, la hagiografía y el cómo pudiste hacerme esto a mí de Alaska y los otros arrogándose el papel de decidir ellos y aventurar grandes desgracias de no hacerles caso.
Más tarde hubo que aguantar la estampida de peperos atribuyéndose el mérito del desahucio, como Camps, o ver a una Barberá y una Cospedal amamantando a los dobermans del partido con mentiras torpes. Sé que lo vieron, así que les ahorro la náusea. Pero Rajoy no dijo nada. Ya saben esa pregunta estándar de dónde estabas cuando mataron a Kennedy, que se ha actualizado con el 11S y similares. Bueno pues a Rajoy no se le puede preguntar porque siempre le pillan descansando de fin de semana. Le pasó con el Prestige y le vuelve a pasar ahora. Así que no nos dio su teórica sobre el particular dejando que su Secretaria General desgranara su discurso sobre la conveniencia de llegar al poder cuanto antes, mostrando escaso respeto a los más de 11 millones de votantes que prefirieron otra cosa hace sólo tres años.
También le escucharían en la entrevista que le hizo a varias voces la SER, actuando como ejemplar modelo de niño bueno con el que quiere merecerse el cargo. Surge la duda de si la empresa para la que trabaja Rajoy es la misma; él como presidente de Interflora y la Cospe como directora general de bombas de racimo, pero en todo caso, dice que va a derogar la ley del aborto para volver a la anterior, la misma con la que Aznar gobernó y bajo la que se realizaron medio millón de interrupciones en esos 8 años. Valores ustedes el criterio impar del próximo presidente del Gobierno. A ver qué dice el Foro de la Familia y el Arzobispo de Madrid Alcalá al respecto. Y a ver qué decimos los demás si aceptamos la hipocresía del teórico punto intermedio. En relación a los homosexuales y la ley que les permite casarse dice no tener cerrada posición ¿cuánto tiempo necesita este hombre para construirse una opinión al respecto? Dice El País que prefiere ser ambiguo y no sé si es un chiste o qué, porque con la vara que han dado era para que la postura fuera clarísima. Pero, ¿qué más da? ¿a alguien le importa que no exista programa más allá de los desiderata de siempre? ¿acaso los votantes de los demás partidos se leen el programa antes de votar? Debemos aceptar que lo intelectual está en decadencia y fíjense que califico de ello al mero hecho de leer algo u oír con cierta atención, lo de pensar, analizar y sacar conclusiones es de tercer ciclo y no está el horno para bollonias si me permiten el neologismo.
Miren este vídeo antes de que lo sacrifiquen. Es la campaña de un tal Alejandro del Partido Popular que se presenta en Tarragona. A Sony no le ha gustado que se use la música de Lady Gaga. No sé cómo anda el PP de ideólogos, pero de publicitarios debe estar jodido viendo este trabajo de final de COU.
Impresionante, ¡eh! Pero, ¿hay alguien que haya acabado la carrera en este país? Miren el caso del portavoz parlamentario de los socialistas en la Comunidad Valenciana. Está encausado por mostrar en el Parlamento un informe de la Brigada de Blanqueo de capitales en donde se indica que la trama de Gürtel trincó tres millones de euros de la visita del Papa en un contrato con Canal 9. Pues es el portavoz Luna el primero en sentarse en el banquillo por revelación de secretos, mientras los demás aún se pasean por los esos senderos torcidos de dios. Fuerte, ¿no? es como el voyeur que pide que no le miren.
Pero que le vamos a hacer en un país en el que un tal Sostres -le recordarán porque hablaba en los prolegómenos de un programa de televisión de vaginas frescas sin olor a ácido úrico delante un colegio que asistía a la audición y que acaba de excusar un asesinato- llama desde El Mundo quinqui barriobajero a Montilla y califica de fracasado a Obama con respecto al exitoso Blair, pero déjenme que les lea una cita literal del pájaro:
El quid de la cuestión está en que durante años esos cálculos se han hecho con un horizonte temporal cortoplacista. Los rendimientos tenían que ser enormes y acaecer de forma inmediata. Es verdad que también se dispararon algunos salarios a costa de la precarización de varios miles, mientras nadie se preocupaba de los demás gastos corrientes. Sabemos qué sucedió con esos “altos” salarios de los trabajadores: se lo gastaron e incluso pidieron más para seguir comprando, es lo que tiene la clase trabajadora. Por ahí deben andar, en los balances de las miles de empresas de consumo, las que te venden coches, segundas residencias o pantallas de plasma. Quizá los coches adquiridos deberían debieran haber sido de una gama inferior, quizá ese apartamento en la playa no se tendría que haber comprado, pero esa fiebre de años contribuyó al crecimiento de esas empresas y a una enorme generación de beneficios. ¿Dónde están esos euros? Sobre esto ya existen más dudas, la crisis trajo la disminución de los mismos, pero en modo alguno la desaparición de lo obtenido. Hablo de las grandes empresas no de los autónomos que no dejan de pagarse un sueldo más o menos decente. ¿Dónde están esos rendimientos fabulosos obtenidos durante más o menos una década igualmente prodigiosa? Esos excedentes enormes sobre unos beneficios razonables ¿han ido todos a formación de la plantilla? ¿quizá a investigación y desarrollo o a innovación? ¿se constituyó un fondo de contingencia por si acaso?
No sé si las multinacionales los repatriaron, si se los repartieron en el consejo, si forman parte de esa enorme bolsa de dinero negro o qué diablos pasó, ni siquiera sé si sueno a resentido antifranquista o a anticlerical destructor de la familia, pero estoy absolutamente convencido de que hay que buscar un nuevo modelo de convivencia, porque en esta familia en la que los padres se comen los langostinos y dejan a los hijos lamer las cabezas chupadas no creo que se pueda volver a confiar.
Más o menos es lo que ha tenido que pensar Zapatero antes de contarnos sus planes. ¿Este sábado o al otro, después de las elecciones, antes del verano, en pleno agosto, me callo como Rajoy y que supongan…? Pero al final no los contó y como era de esperar tampoco gustó a nadie, los diarios progresistas entre la cautela, la hagiografía y el cómo pudiste hacerme esto a mí de Alaska y los otros arrogándose el papel de decidir ellos y aventurar grandes desgracias de no hacerles caso.
Más tarde hubo que aguantar la estampida de peperos atribuyéndose el mérito del desahucio, como Camps, o ver a una Barberá y una Cospedal amamantando a los dobermans del partido con mentiras torpes. Sé que lo vieron, así que les ahorro la náusea. Pero Rajoy no dijo nada. Ya saben esa pregunta estándar de dónde estabas cuando mataron a Kennedy, que se ha actualizado con el 11S y similares. Bueno pues a Rajoy no se le puede preguntar porque siempre le pillan descansando de fin de semana. Le pasó con el Prestige y le vuelve a pasar ahora. Así que no nos dio su teórica sobre el particular dejando que su Secretaria General desgranara su discurso sobre la conveniencia de llegar al poder cuanto antes, mostrando escaso respeto a los más de 11 millones de votantes que prefirieron otra cosa hace sólo tres años.
También le escucharían en la entrevista que le hizo a varias voces la SER, actuando como ejemplar modelo de niño bueno con el que quiere merecerse el cargo. Surge la duda de si la empresa para la que trabaja Rajoy es la misma; él como presidente de Interflora y la Cospe como directora general de bombas de racimo, pero en todo caso, dice que va a derogar la ley del aborto para volver a la anterior, la misma con la que Aznar gobernó y bajo la que se realizaron medio millón de interrupciones en esos 8 años. Valores ustedes el criterio impar del próximo presidente del Gobierno. A ver qué dice el Foro de la Familia y el Arzobispo de Madrid Alcalá al respecto. Y a ver qué decimos los demás si aceptamos la hipocresía del teórico punto intermedio. En relación a los homosexuales y la ley que les permite casarse dice no tener cerrada posición ¿cuánto tiempo necesita este hombre para construirse una opinión al respecto? Dice El País que prefiere ser ambiguo y no sé si es un chiste o qué, porque con la vara que han dado era para que la postura fuera clarísima. Pero, ¿qué más da? ¿a alguien le importa que no exista programa más allá de los desiderata de siempre? ¿acaso los votantes de los demás partidos se leen el programa antes de votar? Debemos aceptar que lo intelectual está en decadencia y fíjense que califico de ello al mero hecho de leer algo u oír con cierta atención, lo de pensar, analizar y sacar conclusiones es de tercer ciclo y no está el horno para bollonias si me permiten el neologismo.
Miren este vídeo antes de que lo sacrifiquen. Es la campaña de un tal Alejandro del Partido Popular que se presenta en Tarragona. A Sony no le ha gustado que se use la música de Lady Gaga. No sé cómo anda el PP de ideólogos, pero de publicitarios debe estar jodido viendo este trabajo de final de COU.
Impresionante, ¡eh! Pero, ¿hay alguien que haya acabado la carrera en este país? Miren el caso del portavoz parlamentario de los socialistas en la Comunidad Valenciana. Está encausado por mostrar en el Parlamento un informe de la Brigada de Blanqueo de capitales en donde se indica que la trama de Gürtel trincó tres millones de euros de la visita del Papa en un contrato con Canal 9. Pues es el portavoz Luna el primero en sentarse en el banquillo por revelación de secretos, mientras los demás aún se pasean por los esos senderos torcidos de dios. Fuerte, ¿no? es como el voyeur que pide que no le miren.
Pero que le vamos a hacer en un país en el que un tal Sostres -le recordarán porque hablaba en los prolegómenos de un programa de televisión de vaginas frescas sin olor a ácido úrico delante un colegio que asistía a la audición y que acaba de excusar un asesinato- llama desde El Mundo quinqui barriobajero a Montilla y califica de fracasado a Obama con respecto al exitoso Blair, pero déjenme que les lea una cita literal del pájaro:
“El problema del PSOE es que todavía no ha interiorizado el valor sagrado de la propiedad privada, ni que los derechos del trabajador los paga el empresario. El problema de los socialistas españoles es que, por un viejo resentimiento antifranquista son tan profundamente anticlericales que hacen cualquier cosa por destruir la familia y tratan en vano de inventarse modelos alternativos de convivencia.”Ya lo saben, lo sagrado es lo que adquieres o heredas, no olviden que somos lo que compramos, y, sin duda, la regulación contra la explotación, la seguridad en el trabajo o la libertad sindical son cargas que soporta el empresario. Quizá alguien debiera informar a este patán que esos costes se detraen de lo producido por los trabajadores, que se pagan su propio sueldo y proporcionan la generación de los beneficios empresariales. No es tan complicado el concepto de plusvalía. Si considerar al empresario como un explotador per se es un tic decimonónico, considerar los derechos laborales como gastos superfluos es absolutamente estúpido. El empresario es tremendamente necesario, la aportación de capital y el riesgo inherente, la iniciativa y la visión, el esfuerzo y el conocimiento o la responsabilidad contraída son meritorios, pero basta con considerar un modelo cooperativista para ver que no es imprescindible, pero el trabajador sí lo es, ya sea cuando se confunde con el empresario en la misma persona configurando al autónomo, ya sea cuando forma parte de una plantilla de miles de empleados en los que aporta alguna porción en los resultados finales que es la resta de todo lo que hemos sabido hacer o producir, menos todo lo que nos ha costado hacer o producir eso. Es una ecuación sencilla por mucho que en la práctica se complique. Seguramente el empresario ganaría más si se ahorrara los cascos y los arneses en la obra, pero esos costes están ya incluidos en el escandallo de rentabilidad junto a los impuestos o los seguros como no puede ser de otra forma. Igualmente, si un empresario alienta un negocio es porque espera obtener algo que le compensa de lo arriesgado. Esos beneficios también están en ese escandallo y no deben escandalizarse por ello los trabajadores. Pero si para competir mejor, mantener empresas y plantillas es necesario la contención salarial -durante lustros como dice nuestro ministro de Trabajo-, será menester también que se contengan los rendimientos empresariales esperados. Parece de justicia hacerlo así.
El quid de la cuestión está en que durante años esos cálculos se han hecho con un horizonte temporal cortoplacista. Los rendimientos tenían que ser enormes y acaecer de forma inmediata. Es verdad que también se dispararon algunos salarios a costa de la precarización de varios miles, mientras nadie se preocupaba de los demás gastos corrientes. Sabemos qué sucedió con esos “altos” salarios de los trabajadores: se lo gastaron e incluso pidieron más para seguir comprando, es lo que tiene la clase trabajadora. Por ahí deben andar, en los balances de las miles de empresas de consumo, las que te venden coches, segundas residencias o pantallas de plasma. Quizá los coches adquiridos deberían debieran haber sido de una gama inferior, quizá ese apartamento en la playa no se tendría que haber comprado, pero esa fiebre de años contribuyó al crecimiento de esas empresas y a una enorme generación de beneficios. ¿Dónde están esos euros? Sobre esto ya existen más dudas, la crisis trajo la disminución de los mismos, pero en modo alguno la desaparición de lo obtenido. Hablo de las grandes empresas no de los autónomos que no dejan de pagarse un sueldo más o menos decente. ¿Dónde están esos rendimientos fabulosos obtenidos durante más o menos una década igualmente prodigiosa? Esos excedentes enormes sobre unos beneficios razonables ¿han ido todos a formación de la plantilla? ¿quizá a investigación y desarrollo o a innovación? ¿se constituyó un fondo de contingencia por si acaso?
No sé si las multinacionales los repatriaron, si se los repartieron en el consejo, si forman parte de esa enorme bolsa de dinero negro o qué diablos pasó, ni siquiera sé si sueno a resentido antifranquista o a anticlerical destructor de la familia, pero estoy absolutamente convencido de que hay que buscar un nuevo modelo de convivencia, porque en esta familia en la que los padres se comen los langostinos y dejan a los hijos lamer las cabezas chupadas no creo que se pueda volver a confiar.
sábado, 2 de abril de 2011
Cambio de sillín
El otro día Esperanza Aguirre nos enseñaba su documentación montada en bicicleta. Iba con falda. Y no es la primera vez que sucede, tiende a ello con facilidad, en cuanto nos descuidamos ella se descuida y se sube a una bicicleta a mostrar muslamen. Ya lo decían nuestras madres para referirse a algunas chicas: esa es muy liberal, cualidad únicamente aplicable a ellas, a nosotros se nos suponía, si no liberales por supuesto salidos. En este caso, el de la presidenta de la Comunidad de Madrid, coincide con la propia imagen que Esperanza quiere que tengamos de ella, y por eso dice de sí misma soy liberal.
Pero no vean crítica en ello. A mí me gusta. Yo prefiero tener una presidenta que me explica sus pormenores más íntimos a un presidente como Camps que tiene cosas muy bonitas con amiguitos del alma, que no sé si queda muy homófobo pero es cursi de la muerte y que me perdonen las personal shoppers por la expresión. Tampoco crean que meto a estas últimas por la extendida creencia de que son unas pijas, no, las saco a colación porque una personal shopper como dios manda nunca hubiera recomendado al presidente de la Comunidad Valenciana que dejara de pagar las cosas que compra o que aceptara regalos por la patilla y mucho menos que se hiciera un chalequito blanco. Estén atentos a sus recomendaciones.
De todas formas nuestra presidenta Aguirre nos muestra el recto camino por sinuoso que lo intuyéramos mientras la Audiencia reabre –no sé si debería utilizar este sicalíptico verbo- el asunto del espionaje a sus compañeros de partido. Yo creo que quiere compensar. Ante unos subordinados con gabardina cerrada yo me abro la falda y en paz. Al fin y al Cobo, perdón, al fin y al cabo para qué están hechas las gabardinas si no es para abrirse inopinadamente cuando conviene.
Parece ser que “de lo actuado aparecen indicios suficientes de la comisión del delito de malversación de caudales públicos por el que se sigue la causa”. Veremos en qué acaba, porque encima nos cuesta la pasta que se espíen entre ellos.
Aunque esto de subvencionarse no es exclusiva del PP por más que Bárcenas se haya puesto chulo en la versión madrileña de Gürtel y pide que se investigue a otros luises o Fabra haya sido incapaz de justificar más del 90% de sus ingresos. En Manilva se ha contratado a toda la lista municipal de Izquierda Unida y a sus familiares directos. Es lo que se llama autoempleo. Como propinilla la alcaldesa le ha pagado al marido unos 70.000 euros con unas facturas. Mientras se siguen sumando empleados fantasmas a los eres andaluces que tanto bien le harán al granero de votos socialistas con lo repleto que está.
Eso sí que necesita una misa de desagravio y no que unas gamberras enseñen las tetas en las capillas de la Complutense. Porque el esperpento es de aúpa: unos tipos a todas luces sin mucho que hacer se van a montar el número a la capilla de la facultad de Políticas reclamando menos rosarios y más bolas chinas y ante lo que el arzobispado llama profanación, los beatos se ponen de rodillas y los ultras de manos Limpias denuncian a diestro y siniestro. Mientras tanto, cuando el dinosaurio despertó Libia, Fukushima, aún continuaban ahí.
Y es que no se puede dejar de ser lo que se es. Al menos eso piensa la Iglesia española que impide que los apóstatas se borren y el Constitucional le ha dado la razón ante la reclamación de la Agencia de Protección de Datos que pedía que se cancelara el apunte de los ciudadanos que ya no desean aparecer como miembros de la religión católica. Haberlo pensado antes parece ser la consigna de tan alto tribunal. Como el Supremo con Sortu, que piensa que quien tuvo retuvo y que interpretan tan diferentemente la misma ley en su propio seno e impiden que se presenten con el voto favorable de nueve miembros y el voto contrario de siete de ellos que entienden que debería legalizarse. Si la unanimidad siempre es sospechosa, tal discrepancia debería hacernos pensar. Eso de la suspicacia como doctrina tiene su aquel.
Por el contrario no ya la sospecha, sino la absoluta certeza de que algunos empresarios mantienen empleos sumergidos, no obsta para que se les dé la oportunidad de regularización voluntaria, con exención de multa y aplazamiento de la deuda. Si yo fuera un empresario en lugar de un desgraciado y hubiera cumplido con mis deberes en situación tan penosa como la vivida actualmente, pediría un crédito por la suma de mis aportaciones a tipo cero y una recompensa por haber pagado en su momento del mismo importe de la multa que ahora quieren dejar sin ejecución. Más que nada para que no ganen siempre los malos.
Quisiera la opinión de Rajoy sobre esto. Bueno sobre esto o sobre alguna cosa de cierta enjundia, porque eso de ganar las elecciones con un programa que parece el protocolo de etiqueta de la procesión del silencio ya resulta bastante chocante. Aunque estoy de acuerdo con él que hay que hacer lo que hay que hacer. Y desde luego también con lo contrario. Por algo es también registrador de la impropiedad. Le habrán visto encaramado a una banqueta de bar, tipo canario flauta, pidiendo que se sustituya la asignatura de Educación para la Ciudadanía por una que fomente la actividad emprendedora. Qué coño tendrá que ver el enseñar civismo, derechos y obligaciones, la Constitución o la heterodoxia de todo tipo que nos rodea, con estimular las vocaciones empresariales y que no todo horizonte posible sea el apesebramiento de la función pública. Por cierto, él mismo, su Secretaria General y su Portavoz parlamentaria no tienen precisamente esa actitud que reclama y buscaron la seguridad de una oposición para ganarse el sustento. Paradojas.
Sería fantástico que el Estado se afanara en apoyar que surjan empresarios de debajo de las piedras, facilitando los trámites, ayudando en los inicios, flexibilizando lo que fuera menester, incluso que hubiera una asignatura como propone, a pesar de ya existe y se da en 4º de ESO, que explique la maravilla de ser empresario independiente, del papel que ostenta ante la sociedad, de la responsabilidad corporativa, medioambiental, ética que tiene la empresa, de lo que significa crear empleo, innovar y desarrollar nuevos productos y servicios para cubrir nuevas necesidades. Mariano, bonito, si lo tienes sencillo, cárgate la hora de religión y tráete a la patronal entera a dar clases. Aunque bien pensado la Iglesia sabe tanto o más de negocios que la CEOE. Este punto lo dejo en suspenso hasta que lo discuta con el presidente del Partido Popular.
Me largo. Dicen que hoy mismo Zapatero va a anunciar algo grande. Y me parece que lo único grande puede ser el anuncio, porque si se va, conllevará problemas y si se queda también. Parece que se adelanta la semana santa, un poco de muerte y un poco de resurrección. Mientras tanto voy a echar otro vistazo al sillín de Esperanza. Ya saben, es lo último que nos pierde.
Pero no vean crítica en ello. A mí me gusta. Yo prefiero tener una presidenta que me explica sus pormenores más íntimos a un presidente como Camps que tiene cosas muy bonitas con amiguitos del alma, que no sé si queda muy homófobo pero es cursi de la muerte y que me perdonen las personal shoppers por la expresión. Tampoco crean que meto a estas últimas por la extendida creencia de que son unas pijas, no, las saco a colación porque una personal shopper como dios manda nunca hubiera recomendado al presidente de la Comunidad Valenciana que dejara de pagar las cosas que compra o que aceptara regalos por la patilla y mucho menos que se hiciera un chalequito blanco. Estén atentos a sus recomendaciones.
De todas formas nuestra presidenta Aguirre nos muestra el recto camino por sinuoso que lo intuyéramos mientras la Audiencia reabre –no sé si debería utilizar este sicalíptico verbo- el asunto del espionaje a sus compañeros de partido. Yo creo que quiere compensar. Ante unos subordinados con gabardina cerrada yo me abro la falda y en paz. Al fin y al Cobo, perdón, al fin y al cabo para qué están hechas las gabardinas si no es para abrirse inopinadamente cuando conviene.
Parece ser que “de lo actuado aparecen indicios suficientes de la comisión del delito de malversación de caudales públicos por el que se sigue la causa”. Veremos en qué acaba, porque encima nos cuesta la pasta que se espíen entre ellos.
Aunque esto de subvencionarse no es exclusiva del PP por más que Bárcenas se haya puesto chulo en la versión madrileña de Gürtel y pide que se investigue a otros luises o Fabra haya sido incapaz de justificar más del 90% de sus ingresos. En Manilva se ha contratado a toda la lista municipal de Izquierda Unida y a sus familiares directos. Es lo que se llama autoempleo. Como propinilla la alcaldesa le ha pagado al marido unos 70.000 euros con unas facturas. Mientras se siguen sumando empleados fantasmas a los eres andaluces que tanto bien le harán al granero de votos socialistas con lo repleto que está.
Eso sí que necesita una misa de desagravio y no que unas gamberras enseñen las tetas en las capillas de la Complutense. Porque el esperpento es de aúpa: unos tipos a todas luces sin mucho que hacer se van a montar el número a la capilla de la facultad de Políticas reclamando menos rosarios y más bolas chinas y ante lo que el arzobispado llama profanación, los beatos se ponen de rodillas y los ultras de manos Limpias denuncian a diestro y siniestro. Mientras tanto, cuando el dinosaurio despertó Libia, Fukushima, aún continuaban ahí.
Y es que no se puede dejar de ser lo que se es. Al menos eso piensa la Iglesia española que impide que los apóstatas se borren y el Constitucional le ha dado la razón ante la reclamación de la Agencia de Protección de Datos que pedía que se cancelara el apunte de los ciudadanos que ya no desean aparecer como miembros de la religión católica. Haberlo pensado antes parece ser la consigna de tan alto tribunal. Como el Supremo con Sortu, que piensa que quien tuvo retuvo y que interpretan tan diferentemente la misma ley en su propio seno e impiden que se presenten con el voto favorable de nueve miembros y el voto contrario de siete de ellos que entienden que debería legalizarse. Si la unanimidad siempre es sospechosa, tal discrepancia debería hacernos pensar. Eso de la suspicacia como doctrina tiene su aquel.
Por el contrario no ya la sospecha, sino la absoluta certeza de que algunos empresarios mantienen empleos sumergidos, no obsta para que se les dé la oportunidad de regularización voluntaria, con exención de multa y aplazamiento de la deuda. Si yo fuera un empresario en lugar de un desgraciado y hubiera cumplido con mis deberes en situación tan penosa como la vivida actualmente, pediría un crédito por la suma de mis aportaciones a tipo cero y una recompensa por haber pagado en su momento del mismo importe de la multa que ahora quieren dejar sin ejecución. Más que nada para que no ganen siempre los malos.
Quisiera la opinión de Rajoy sobre esto. Bueno sobre esto o sobre alguna cosa de cierta enjundia, porque eso de ganar las elecciones con un programa que parece el protocolo de etiqueta de la procesión del silencio ya resulta bastante chocante. Aunque estoy de acuerdo con él que hay que hacer lo que hay que hacer. Y desde luego también con lo contrario. Por algo es también registrador de la impropiedad. Le habrán visto encaramado a una banqueta de bar, tipo canario flauta, pidiendo que se sustituya la asignatura de Educación para la Ciudadanía por una que fomente la actividad emprendedora. Qué coño tendrá que ver el enseñar civismo, derechos y obligaciones, la Constitución o la heterodoxia de todo tipo que nos rodea, con estimular las vocaciones empresariales y que no todo horizonte posible sea el apesebramiento de la función pública. Por cierto, él mismo, su Secretaria General y su Portavoz parlamentaria no tienen precisamente esa actitud que reclama y buscaron la seguridad de una oposición para ganarse el sustento. Paradojas.
Sería fantástico que el Estado se afanara en apoyar que surjan empresarios de debajo de las piedras, facilitando los trámites, ayudando en los inicios, flexibilizando lo que fuera menester, incluso que hubiera una asignatura como propone, a pesar de ya existe y se da en 4º de ESO, que explique la maravilla de ser empresario independiente, del papel que ostenta ante la sociedad, de la responsabilidad corporativa, medioambiental, ética que tiene la empresa, de lo que significa crear empleo, innovar y desarrollar nuevos productos y servicios para cubrir nuevas necesidades. Mariano, bonito, si lo tienes sencillo, cárgate la hora de religión y tráete a la patronal entera a dar clases. Aunque bien pensado la Iglesia sabe tanto o más de negocios que la CEOE. Este punto lo dejo en suspenso hasta que lo discuta con el presidente del Partido Popular.
Me largo. Dicen que hoy mismo Zapatero va a anunciar algo grande. Y me parece que lo único grande puede ser el anuncio, porque si se va, conllevará problemas y si se queda también. Parece que se adelanta la semana santa, un poco de muerte y un poco de resurrección. Mientras tanto voy a echar otro vistazo al sillín de Esperanza. Ya saben, es lo último que nos pierde.
sábado, 26 de marzo de 2011
Piropos pirados
Cuentan que el piropo se está muriendo. Lo que Ramón llamara madrigal de urgencia en brillante greguería, la periodista lo transforma en una lisonja fugaz que pierde adeptos por mor de la dichosa igualdad, que vale para un roto y un descosido.
Dice que lo de ¡guapa! se escucha cada vez menos. Puede ser que los españoles nos hayamos hecho menos expansivos, puede ser que el objeto de deseo esté en franca diversificación curricular y merezca menos que antaño, o seguramente una mezcla de ambos.
Como no podía ser de otra forma existe un fórum feminista y una presidenta que se llama Nina Infante que considera al piropo una expresión sexista. No sé que hay de sexista decirle a una mujer guapa. Si a uno le va el otro sexo y dice guapo me parece bastante igualitario y justo. Al menos si los dos, ella y él, son guapos. De todas formas recomienda que hay que erradicar ese pensamiento discriminatorio. Erradicar ¡nada menos! dice.
Por lo visto existe una web que aconseja a los viajantes foráneos y comenta las costumbres españolas, diciendo que a los hombres jóvenes les gusta decir piropos cuando una mujer guapa pasa por la calle. Dejando a un lado que la web está un poquito desfasada, que no necesariamente hay que ser joven y que naturalmente la ironía de decir guapa a una fea no está todavía en el magín español, bien podría la web señalar que cuando pasa por la calle una mujer fea los hombres españoles se callan educadamente y no hacen escarnio. Creo que es bastante más preciso que el momento obra de cimentación que señalan.
Pero no hay que ser feminista para santiguarse ante un piropo, de hecho basta con ser catedrática de lengua española en una universidad catalana que nos aclara que el piropo es pura pirotecnia que explota hacia fuera en las sociedades extravertidas. Y en las introvertidas, o si eres tímido de solemnidad, se llaman pensamientos impuros, ¡anda que no nos lo han repetido! La catedrática se queda tan pancha con tan recto juicio. No menos el director de un corto que cuenta la historia de un piropeador que termina propasándose, que cree que la línea entre el ataque y el halago es muy fina. El director de cine, Rivadeneyra, discurre que lo de uno no se toca, porque mi señora es mía; pero yo sí puedo tocar lo de los demás, porque no es mío. No sé si convendría que entre picado y contrapicado en la escuela de cinematografía explicaran un poco los silogismos o recordarán los mandamientos del señor: no concluirás pijadas en vano.
Relacionar ese ¡guapa! desde el mirador encofrado de una obra con la llamada violencia de género, es de una futilidad absoluta. Sabemos que la mayor parte de los ataques que sufre la mujer es de novios y maridos o amantes despechados, y el piropeador espontáneo no suele tener relación alguna con la receptora salvo la circunstancial coincidencia del paso de una, ante la lúbrica mirada del otro. El piropo además requiere esa distancia y es efímero, nada tiene que ver con la posesión y existe cierta regla que a las mujeres acompañadas no se las piropea. Concluir que hay una percepción que esas señoras pertenecen a alguien y eso autoriza a no sé qué cosas es feudal y sorprendente. ¡Qué se esconderá detrás de estos estupendos sin fronteras tan enrollados!
Y en esta categoría está el grupo Prometeo de Hombres por la Igualdad. Uno de sus miembros, dicho sea en el sentido asociativo, se empeña en que el que piropea considera a la mujer como un objeto al que puede acceder libremente. Y recurre al inconsciente, que no es otro de sus colegas, ni otro director de cine, se refiere a ese deus ex machina freudiano que vale para explicar casi todo y hacerlo complejo, oculto, interesante. Así el piropo es el derecho de acceso a la mujer. La catedrática Forgas acepta el envite y afirma la necesidad de lucimiento personal. Qué maravilla eso del inconsciente, dices guapa y el adorno te revierte. Y toda esta grey acepta el valor de la masa masculina para reforzar tan nefando comportamiento. Es más, aparece una psicoanalista que afirma que es eso justamente lo que se espera de un hombre que está en grupo. Pero... ¿será una proyección? ¿Cambiamos por un momento de rol y te tumbas tú? ¿Esperas eso de los hombres, mi queridapsicoanalista? ¿cuántas veces hija mía? Por dios, ¿qué les pasa?
Un tipo con media ESO pendiente, encaramado a un andamio con las manos encaladas u otro con camiseta de la selección en el asiento de un taxi con respaldo de bolas le dice a una mujer ¡guapa! y estos se montan una película adleriana que para sí quisiera Hitchcock.
Tanto es así que quieren analizar en esto del piropo caso por caso. A ver, en fila de uno los que han dicho guapa, allí los de vaya culo, los de te comería entera que se tomen la pastilla ¡ya!
Y es que bien mirado con el análisis viene la calma y los expertos parecen entrar en razón. Nos aclaran que los piropos suelen dirigirse al aspecto físico. ¡Coño y nosotros in albis! Pues no he oído yo veces eso de dónde vas tú tan solita con ese “peazo” cociente intelectual, o el clásico vete por la sombra que las insolaciones a las opositoras no les sientan bien.
A pesar de los esfuerzos la catedrática, que dice que al alabar a las mujeres los piropeadores las cosifican, que animalizan a las mujeres, y discrepa con la psicoanalista que se sube a un andamio más alto que el pobrecillo del casco y nos descubre que el sentido del piropo no lo decide el hombre sino la receptora. Las obras completas de Freud para terminar consultando el refranero. Y es que no interpreta quien quiere sino quien puede.
Pero para ellos decirle a una mujer qué culo tienes es un insulto, algo que no se le hace a una desconocida en la calle. Yo entiendo que eso te lo diga el ginecólogo es fuerte o el jefe o el maestro, pero que un ojeador silvestre profiera ese comentario no será de Pulitzer, pero considerarlo un insulto me parece excesivo. Casi tanto como la redondez del culo.
Pero cuando ya me doy cuenta que irremisiblemente me vuelvo viejo es cuando se alude a una red social multinacional que se ocupa del acoso a las mujeres y que reivindica que las mujeres se sientan seguras, confiadas y sí, incluso atractivas, sin convertirse en la fantasía de algún pervertido. El egotismo, el solipsismo es tal que se atreven a la taxonomía: el piropo puede hacerte sentir bien. El comentario de un acosador asusta. Si lo sientes como tal, es acoso.
Quieren controlar mi pensamiento. No puedo mirarlas, ni admirarlas. No me dejan ni fantasear con ellas. Lo importante no es lo que digo ni siquiera cómo lo digo o dónde. Lo único, lo crucial es que ellas lo perciban así. Y entonces estás jodido.
Tirar las bragas al ruedo, o los sostenes a los escenarios no sé si debe interpretarse desde la óptica expansiva de la cultura mediterránea, no sé si el me invitas a una copa guapo es un insulto o una agresión, ignoro si los anuncios de mujeres babeantes ante hombres limpiacristales suponen la cosificación de ellos o simplemente de su cosa, o se consideran piropos u ofensas los comentarios de desgañitadas adolescentes y salivantes maduritas a la entrada de los futbolistas al hotel de concentración.
Desconozco casi todo y noto que se va mi tiempo, que quizá llego ya tarde.
-¿Señorita, tiene hora?
-Mira viejo pervertido este reloj sólo me vale para detectar a los babosos acosadores como tú que no entienden que el mundo ha cambiado y que estamos hartas de las dobles intenciones.
Con esa respuesta no sé cómo voy a llegar a tiempo.
Dice que lo de ¡guapa! se escucha cada vez menos. Puede ser que los españoles nos hayamos hecho menos expansivos, puede ser que el objeto de deseo esté en franca diversificación curricular y merezca menos que antaño, o seguramente una mezcla de ambos.
Como no podía ser de otra forma existe un fórum feminista y una presidenta que se llama Nina Infante que considera al piropo una expresión sexista. No sé que hay de sexista decirle a una mujer guapa. Si a uno le va el otro sexo y dice guapo me parece bastante igualitario y justo. Al menos si los dos, ella y él, son guapos. De todas formas recomienda que hay que erradicar ese pensamiento discriminatorio. Erradicar ¡nada menos! dice.
Por lo visto existe una web que aconseja a los viajantes foráneos y comenta las costumbres españolas, diciendo que a los hombres jóvenes les gusta decir piropos cuando una mujer guapa pasa por la calle. Dejando a un lado que la web está un poquito desfasada, que no necesariamente hay que ser joven y que naturalmente la ironía de decir guapa a una fea no está todavía en el magín español, bien podría la web señalar que cuando pasa por la calle una mujer fea los hombres españoles se callan educadamente y no hacen escarnio. Creo que es bastante más preciso que el momento obra de cimentación que señalan.
Pero no hay que ser feminista para santiguarse ante un piropo, de hecho basta con ser catedrática de lengua española en una universidad catalana que nos aclara que el piropo es pura pirotecnia que explota hacia fuera en las sociedades extravertidas. Y en las introvertidas, o si eres tímido de solemnidad, se llaman pensamientos impuros, ¡anda que no nos lo han repetido! La catedrática se queda tan pancha con tan recto juicio. No menos el director de un corto que cuenta la historia de un piropeador que termina propasándose, que cree que la línea entre el ataque y el halago es muy fina. El director de cine, Rivadeneyra, discurre que lo de uno no se toca, porque mi señora es mía; pero yo sí puedo tocar lo de los demás, porque no es mío. No sé si convendría que entre picado y contrapicado en la escuela de cinematografía explicaran un poco los silogismos o recordarán los mandamientos del señor: no concluirás pijadas en vano.
Relacionar ese ¡guapa! desde el mirador encofrado de una obra con la llamada violencia de género, es de una futilidad absoluta. Sabemos que la mayor parte de los ataques que sufre la mujer es de novios y maridos o amantes despechados, y el piropeador espontáneo no suele tener relación alguna con la receptora salvo la circunstancial coincidencia del paso de una, ante la lúbrica mirada del otro. El piropo además requiere esa distancia y es efímero, nada tiene que ver con la posesión y existe cierta regla que a las mujeres acompañadas no se las piropea. Concluir que hay una percepción que esas señoras pertenecen a alguien y eso autoriza a no sé qué cosas es feudal y sorprendente. ¡Qué se esconderá detrás de estos estupendos sin fronteras tan enrollados!
Y en esta categoría está el grupo Prometeo de Hombres por la Igualdad. Uno de sus miembros, dicho sea en el sentido asociativo, se empeña en que el que piropea considera a la mujer como un objeto al que puede acceder libremente. Y recurre al inconsciente, que no es otro de sus colegas, ni otro director de cine, se refiere a ese deus ex machina freudiano que vale para explicar casi todo y hacerlo complejo, oculto, interesante. Así el piropo es el derecho de acceso a la mujer. La catedrática Forgas acepta el envite y afirma la necesidad de lucimiento personal. Qué maravilla eso del inconsciente, dices guapa y el adorno te revierte. Y toda esta grey acepta el valor de la masa masculina para reforzar tan nefando comportamiento. Es más, aparece una psicoanalista que afirma que es eso justamente lo que se espera de un hombre que está en grupo. Pero... ¿será una proyección? ¿Cambiamos por un momento de rol y te tumbas tú? ¿Esperas eso de los hombres, mi queridapsicoanalista? ¿cuántas veces hija mía? Por dios, ¿qué les pasa?
Un tipo con media ESO pendiente, encaramado a un andamio con las manos encaladas u otro con camiseta de la selección en el asiento de un taxi con respaldo de bolas le dice a una mujer ¡guapa! y estos se montan una película adleriana que para sí quisiera Hitchcock.
Tanto es así que quieren analizar en esto del piropo caso por caso. A ver, en fila de uno los que han dicho guapa, allí los de vaya culo, los de te comería entera que se tomen la pastilla ¡ya!
Y es que bien mirado con el análisis viene la calma y los expertos parecen entrar en razón. Nos aclaran que los piropos suelen dirigirse al aspecto físico. ¡Coño y nosotros in albis! Pues no he oído yo veces eso de dónde vas tú tan solita con ese “peazo” cociente intelectual, o el clásico vete por la sombra que las insolaciones a las opositoras no les sientan bien.
A pesar de los esfuerzos la catedrática, que dice que al alabar a las mujeres los piropeadores las cosifican, que animalizan a las mujeres, y discrepa con la psicoanalista que se sube a un andamio más alto que el pobrecillo del casco y nos descubre que el sentido del piropo no lo decide el hombre sino la receptora. Las obras completas de Freud para terminar consultando el refranero. Y es que no interpreta quien quiere sino quien puede.
Pero para ellos decirle a una mujer qué culo tienes es un insulto, algo que no se le hace a una desconocida en la calle. Yo entiendo que eso te lo diga el ginecólogo es fuerte o el jefe o el maestro, pero que un ojeador silvestre profiera ese comentario no será de Pulitzer, pero considerarlo un insulto me parece excesivo. Casi tanto como la redondez del culo.
Pero cuando ya me doy cuenta que irremisiblemente me vuelvo viejo es cuando se alude a una red social multinacional que se ocupa del acoso a las mujeres y que reivindica que las mujeres se sientan seguras, confiadas y sí, incluso atractivas, sin convertirse en la fantasía de algún pervertido. El egotismo, el solipsismo es tal que se atreven a la taxonomía: el piropo puede hacerte sentir bien. El comentario de un acosador asusta. Si lo sientes como tal, es acoso.
Quieren controlar mi pensamiento. No puedo mirarlas, ni admirarlas. No me dejan ni fantasear con ellas. Lo importante no es lo que digo ni siquiera cómo lo digo o dónde. Lo único, lo crucial es que ellas lo perciban así. Y entonces estás jodido.
Tirar las bragas al ruedo, o los sostenes a los escenarios no sé si debe interpretarse desde la óptica expansiva de la cultura mediterránea, no sé si el me invitas a una copa guapo es un insulto o una agresión, ignoro si los anuncios de mujeres babeantes ante hombres limpiacristales suponen la cosificación de ellos o simplemente de su cosa, o se consideran piropos u ofensas los comentarios de desgañitadas adolescentes y salivantes maduritas a la entrada de los futbolistas al hotel de concentración.
Desconozco casi todo y noto que se va mi tiempo, que quizá llego ya tarde.
-¿Señorita, tiene hora?
-Mira viejo pervertido este reloj sólo me vale para detectar a los babosos acosadores como tú que no entienden que el mundo ha cambiado y que estamos hartas de las dobles intenciones.
Con esa respuesta no sé cómo voy a llegar a tiempo.
sábado, 19 de marzo de 2011
La segunda opinión
Josefina Rodríguez ha muerto. La mayor parte de las noticias hablan de Josefina Aldecoa, pero para mí es imposible pensar en ella, recordarla y honrarla por su nombre artístico. Porque era Josefina Rodríguez la que firmaba mis notas cada mes. Notas que yo debía llevar a mis padres para que estamparan sus rúbricas y devolverlas posteriormente al nicho común de humillaciones hasta el siguiente mes en que el ciclo se reiniciaba. Muchas veces las notas se perdían porque ninguno de nosotros pasaba por ser Domingo Malagón. Hubo muchos hijos de comunistas en aquel colegio, pero ninguno era vástago de Malagón, lo que hubiera resuelto más de un problema ante la falsificación forzada de la firma paterna. Así que se tenían que perder y ello conllevaba pasar al Despacho, con mayúscula, y explicar el desaguisado. La ordalía era inevitable, pero aquel avanzado colegio no archivaba copias de respaldo por lo que se zanjaba la cuestión con un enorme aviso de este niño es tonto y pierde las cosas.
El Despacho es tal como lo describe Victoria Prego en un sentimental artículo en El Mundo. Lo que pasa es que ella era madre. Para nosotros por el contrario el Despacho era la solución final, no crean que ponía en el pórtico "Arbeit macht frei", no, simplemente es que era el último recurso, como la electricidad hoy en día, de profesores y cuidadores. Antes estaba la bronca, algún insulto –no pasa nada, nos prepararon para el mundo real-, el pasillo y lo siguiente ya era: vete al despacho de Josefina; para que los de la ESO se enteren –ya, ya, se medio enteren- pueden imaginarse la metáfora de Pere Navarro cuando desplegó los coches camuflados que como pavos reales se adornaban con un Alto, la Guardia Civil y uno debía pensar la he cagado, ¿se acuerdan? Pues en aquellos años sesenta y primeros setenta ese era el momento: al Despacho.
Es cierto también lo que cuenta la Prego de mantener a chavales que no podían pagar. Porque el Estilo era un colegio privado sui generis. En primer lugar entraba en esa categoría casi amoral de colegio no reconocido. Debía darlo la época en la que casi todo era clandestino. Así que los exámenes se realizaban en el Ramiro de Maeztu o en el Beatriz Galindo según la posteriormente llamada perspectiva de género que en aquel momento era simplemente pelo corto o pelo largo y no otra cosa.
Y en aquel colegio donde algunos no podían pagar, las cocineras, como en Cheers, conocían los nombres de los niños y nosotros los de las cocineras y Nunci era la mejor. Es enternecedor que el hijo de Victoria Prego creyera que Josefina lo invitara a comer todos los días, pero Prego quizá ignora que también hubo un tiempo en que algunos niños se llevaban la comida en cestas de mimbre para ser recalentada y servida junto al resto de sus compañeros, que comíamos en un semisótano por debajo del nivel del patio de recreo, con vasos de Duralex y jarras metálicas de agua. Era una forma de aminorar la factura de familias numerosas.
Dice Ruth Toledano en El País que nos educaron en contacto con la naturaleza. Vamos a ver, el colegio Estilo estaba en un chalé del Viso, jugábamos al fútbol entre árboles, a balón prisionero o a vacas y ganaderos en un patio de tierra muy pequeño. Lo que pasa es que nosotros éramos también muy pequeños, pero no éramos veganos como parece querer indicar su artículo entre égloga y elegía. Era un colegio que molaba y mola, pero en Serrano 182, la naturaleza, digamos que está tamizada.
Coincido con Jorge Berlanga, mi compañero de clase de aquellos años, en que con la muerte de Josefina se muere una parte de nosotros, en la medida en que Josefina simboliza nuestra infancia, troquelando con su persona aquellos años que la memoria y sus secuaces han contribuido a mitificar sobremanera. Es imposible no recordar las enajenadas carreras de Josefina con grandes zancadas, abriendo puertas correderas de diferentes aulas de par en par hasta llegar a la nuestra en la que algo no estábamos haciendo bien, para obligarnos con ese kleiniano pecho perseguidor y con su emblemático muy graciosos, muy simpáticos … y muy estúpidos, último adjetivo este que pronunciaba arrastrando las sílabas, enfatizando los acentos y arremolinando el aire en su azufre. Era un big bang al que asistíamos de vez en cuando. Fue ella la que nos enseñó, de esta forma, a sobrevivir a los holocaustos personales y quizá también, con Jorge, a crearlos por falta de empatía con el otro mundo. Pero sería excesivo, todas las hagiografías los son, conceder el único mérito a Josefina Rodríguez a los resultados del Colegio Estilo. Personalmente no creo que hubiera ese plan de recoger la antorcha de la Institución Libre de Enseñanza, esa misma que algún otro colegio de fonética similar se arroga. Las consideraciones ex post facto sofistican los propósitos más allá de los intentos iniciales. Pero en cualquier caso, aquello fue producto de la concurrencia de otros factores no menos importantes que la propia impronta de Josefina. Por un lado están los profesores. Nada he leído estos días sobre ellos, pero su contribución fue nuclear al desarrollo del colegio. A nosotros Josefina nos dio clase de una cosa que se llamaba Formación del Espíritu Nacional, una especie de Educación para la Ciudadanía pero con más banderas flamígeras y más procuradores, y no recuerdo que su maestría docente calara especialmente en nosotros. Ella era la jefa y eso tenía una dimensión diferente al profesor. No era Antoñita, ni Isabel, Tere, Juana, Noemí o Celia, que sí preformaron nuestro carácter y nuestro coco, llenándolo de cosas que casi nadie sabe, pero que son nuestro principal fondo de armario. Hubo muchos otros profesores, como Pilar Bravo, a la sazón miembro de la Ejecutiva del Partido Comunista que fumaba Bisonte en clase –O tempora, o mores!- y se echaba la ceniza en la mano o Carmen Sarabia, una de las voces solistas de Aguaviva que aún sigue asistiendo a nuestras reuniones. Todos ellos contribuyeron a ser lo que somos, como Gaba, Nati o Blanca. Pero todos esos homenajes escritos se olvidan, con Heisenberg, que nosotros, los alumnos, también pusimos lo nuestro, en la medida que traíamos con nosotros una experiencia familiar infrecuente. Y era infrecuente que en una misma clase de dieciséis sujetos concurran en el tiempo y en el espacio tres hijos de directores de cine, cuando apenas eran LOS tres directores de cine en aquella España. O que la madre de algún compañero tuviera dos carreras universitarias cuando no se estilaba ni siquiera una en las mujeres. O que el padre de alguna compañera acumulara más años de cárcel en sus huesos que cumpleaños tenía la niña en cuestión. Y hablo de mi clase, si miro en derredor el Estilo parecía la versión infantil del Café Gijón de los padres. Actores, camarógrafos, escritores, ceramistas, pintores, industriales, profesionales liberales llevaron allí a sus hijos. La revista Diez Minutos nos sacó bajo el título El colegio de los hijos de los famosos. La clase media también existía y asistía divertida a sus compañeros de campanillas que no siempre eran tan brillantes como sus progenitores, incluso aún hoy el apellido les precede y les anuncia más que el propio genio.
No creo que exista un modo de hacer de los chicos del Estilo como Berlanga afirma, y juzgo que afortunadamente, si algo no era Josefina era fabricadora de sectas. Josefina y el colegio Estilo ayudaron a construirnos. No más, y nada menos. De hecho las diferentes generaciones fueron muy diferentes entre sí, algo fácilmente analizable con la inestimable colaboración de los hermanos en tiempos de proles enjundiosas. Afortunadamente en aquellos años los padres no delegaban su responsabilidad de educadores en los maestros de sus hijos, por eso Josefina represento siempre una segunda opinión. Y es el busilis de la cuestión. El colegio Estilo nos permitió el sustrato para dar rienda suelta a todo lo que nos iba llegando, que no era poco. No olvidemos que todo ello sucedió, al menos en mi caso, antes de que Franco muriera y ese bienio fue lujurioso en acontecimientos. Josefina permitió dentro de una disciplina férrea en lo personal, un estilo dominatrix, que nuestras raíces fueran aéreas, porque su gran acierto fue el consentir que fuéramos como éramos dentro del respeto a los demás y a las normas elementales, eso que parece imposible hoy en día. No creo que se pueda hablar de un revolucionario proyecto pedagógico, no creo que hubiera una predeterminación o unas metas establecidas, ni un experimento de la doctora Josefina Moreau. Aquello salió muy a la española, con la obligada improvisación por la carencia de medios, y con las derivas que aquellos tiempos procuraron a todos, y se logró una enorme disparidad porque las camadas eran terriblemente diversas y Josefina supo dejarlas crecer y, en lugar de ofrecer un estándar de educación y comportamiento, cultivó la lateralidad de la producción artística, por más que aquel muchacho hiciera Caminos y Puertos, la divergencia en las consideraciones y la duda en los análisis. Eso nos dio criterio, nos permitió no creer casi nada porque sí y ser muy críticos, excesivamente, con todos y con uno mismo, y quizá ahí se le fue la mano. Pero seguro que se trató a sí misma de la misma manera. Y para quien comparte lo que tiene, y lo que es, no hay demanda posible.
El Despacho es tal como lo describe Victoria Prego en un sentimental artículo en El Mundo. Lo que pasa es que ella era madre. Para nosotros por el contrario el Despacho era la solución final, no crean que ponía en el pórtico "Arbeit macht frei", no, simplemente es que era el último recurso, como la electricidad hoy en día, de profesores y cuidadores. Antes estaba la bronca, algún insulto –no pasa nada, nos prepararon para el mundo real-, el pasillo y lo siguiente ya era: vete al despacho de Josefina; para que los de la ESO se enteren –ya, ya, se medio enteren- pueden imaginarse la metáfora de Pere Navarro cuando desplegó los coches camuflados que como pavos reales se adornaban con un Alto, la Guardia Civil y uno debía pensar la he cagado, ¿se acuerdan? Pues en aquellos años sesenta y primeros setenta ese era el momento: al Despacho.
Es cierto también lo que cuenta la Prego de mantener a chavales que no podían pagar. Porque el Estilo era un colegio privado sui generis. En primer lugar entraba en esa categoría casi amoral de colegio no reconocido. Debía darlo la época en la que casi todo era clandestino. Así que los exámenes se realizaban en el Ramiro de Maeztu o en el Beatriz Galindo según la posteriormente llamada perspectiva de género que en aquel momento era simplemente pelo corto o pelo largo y no otra cosa.
Y en aquel colegio donde algunos no podían pagar, las cocineras, como en Cheers, conocían los nombres de los niños y nosotros los de las cocineras y Nunci era la mejor. Es enternecedor que el hijo de Victoria Prego creyera que Josefina lo invitara a comer todos los días, pero Prego quizá ignora que también hubo un tiempo en que algunos niños se llevaban la comida en cestas de mimbre para ser recalentada y servida junto al resto de sus compañeros, que comíamos en un semisótano por debajo del nivel del patio de recreo, con vasos de Duralex y jarras metálicas de agua. Era una forma de aminorar la factura de familias numerosas.
Dice Ruth Toledano en El País que nos educaron en contacto con la naturaleza. Vamos a ver, el colegio Estilo estaba en un chalé del Viso, jugábamos al fútbol entre árboles, a balón prisionero o a vacas y ganaderos en un patio de tierra muy pequeño. Lo que pasa es que nosotros éramos también muy pequeños, pero no éramos veganos como parece querer indicar su artículo entre égloga y elegía. Era un colegio que molaba y mola, pero en Serrano 182, la naturaleza, digamos que está tamizada.
Coincido con Jorge Berlanga, mi compañero de clase de aquellos años, en que con la muerte de Josefina se muere una parte de nosotros, en la medida en que Josefina simboliza nuestra infancia, troquelando con su persona aquellos años que la memoria y sus secuaces han contribuido a mitificar sobremanera. Es imposible no recordar las enajenadas carreras de Josefina con grandes zancadas, abriendo puertas correderas de diferentes aulas de par en par hasta llegar a la nuestra en la que algo no estábamos haciendo bien, para obligarnos con ese kleiniano pecho perseguidor y con su emblemático muy graciosos, muy simpáticos … y muy estúpidos, último adjetivo este que pronunciaba arrastrando las sílabas, enfatizando los acentos y arremolinando el aire en su azufre. Era un big bang al que asistíamos de vez en cuando. Fue ella la que nos enseñó, de esta forma, a sobrevivir a los holocaustos personales y quizá también, con Jorge, a crearlos por falta de empatía con el otro mundo. Pero sería excesivo, todas las hagiografías los son, conceder el único mérito a Josefina Rodríguez a los resultados del Colegio Estilo. Personalmente no creo que hubiera ese plan de recoger la antorcha de la Institución Libre de Enseñanza, esa misma que algún otro colegio de fonética similar se arroga. Las consideraciones ex post facto sofistican los propósitos más allá de los intentos iniciales. Pero en cualquier caso, aquello fue producto de la concurrencia de otros factores no menos importantes que la propia impronta de Josefina. Por un lado están los profesores. Nada he leído estos días sobre ellos, pero su contribución fue nuclear al desarrollo del colegio. A nosotros Josefina nos dio clase de una cosa que se llamaba Formación del Espíritu Nacional, una especie de Educación para la Ciudadanía pero con más banderas flamígeras y más procuradores, y no recuerdo que su maestría docente calara especialmente en nosotros. Ella era la jefa y eso tenía una dimensión diferente al profesor. No era Antoñita, ni Isabel, Tere, Juana, Noemí o Celia, que sí preformaron nuestro carácter y nuestro coco, llenándolo de cosas que casi nadie sabe, pero que son nuestro principal fondo de armario. Hubo muchos otros profesores, como Pilar Bravo, a la sazón miembro de la Ejecutiva del Partido Comunista que fumaba Bisonte en clase –O tempora, o mores!- y se echaba la ceniza en la mano o Carmen Sarabia, una de las voces solistas de Aguaviva que aún sigue asistiendo a nuestras reuniones. Todos ellos contribuyeron a ser lo que somos, como Gaba, Nati o Blanca. Pero todos esos homenajes escritos se olvidan, con Heisenberg, que nosotros, los alumnos, también pusimos lo nuestro, en la medida que traíamos con nosotros una experiencia familiar infrecuente. Y era infrecuente que en una misma clase de dieciséis sujetos concurran en el tiempo y en el espacio tres hijos de directores de cine, cuando apenas eran LOS tres directores de cine en aquella España. O que la madre de algún compañero tuviera dos carreras universitarias cuando no se estilaba ni siquiera una en las mujeres. O que el padre de alguna compañera acumulara más años de cárcel en sus huesos que cumpleaños tenía la niña en cuestión. Y hablo de mi clase, si miro en derredor el Estilo parecía la versión infantil del Café Gijón de los padres. Actores, camarógrafos, escritores, ceramistas, pintores, industriales, profesionales liberales llevaron allí a sus hijos. La revista Diez Minutos nos sacó bajo el título El colegio de los hijos de los famosos. La clase media también existía y asistía divertida a sus compañeros de campanillas que no siempre eran tan brillantes como sus progenitores, incluso aún hoy el apellido les precede y les anuncia más que el propio genio.
No creo que exista un modo de hacer de los chicos del Estilo como Berlanga afirma, y juzgo que afortunadamente, si algo no era Josefina era fabricadora de sectas. Josefina y el colegio Estilo ayudaron a construirnos. No más, y nada menos. De hecho las diferentes generaciones fueron muy diferentes entre sí, algo fácilmente analizable con la inestimable colaboración de los hermanos en tiempos de proles enjundiosas. Afortunadamente en aquellos años los padres no delegaban su responsabilidad de educadores en los maestros de sus hijos, por eso Josefina represento siempre una segunda opinión. Y es el busilis de la cuestión. El colegio Estilo nos permitió el sustrato para dar rienda suelta a todo lo que nos iba llegando, que no era poco. No olvidemos que todo ello sucedió, al menos en mi caso, antes de que Franco muriera y ese bienio fue lujurioso en acontecimientos. Josefina permitió dentro de una disciplina férrea en lo personal, un estilo dominatrix, que nuestras raíces fueran aéreas, porque su gran acierto fue el consentir que fuéramos como éramos dentro del respeto a los demás y a las normas elementales, eso que parece imposible hoy en día. No creo que se pueda hablar de un revolucionario proyecto pedagógico, no creo que hubiera una predeterminación o unas metas establecidas, ni un experimento de la doctora Josefina Moreau. Aquello salió muy a la española, con la obligada improvisación por la carencia de medios, y con las derivas que aquellos tiempos procuraron a todos, y se logró una enorme disparidad porque las camadas eran terriblemente diversas y Josefina supo dejarlas crecer y, en lugar de ofrecer un estándar de educación y comportamiento, cultivó la lateralidad de la producción artística, por más que aquel muchacho hiciera Caminos y Puertos, la divergencia en las consideraciones y la duda en los análisis. Eso nos dio criterio, nos permitió no creer casi nada porque sí y ser muy críticos, excesivamente, con todos y con uno mismo, y quizá ahí se le fue la mano. Pero seguro que se trató a sí misma de la misma manera. Y para quien comparte lo que tiene, y lo que es, no hay demanda posible.
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