En estos tiempos de acusación de falta de valores siempre nos parece necesario definirnos. Bien es verdad que, como el infierno, los que carecen de valores siempre son los demás. Uno mismo, no sólo los tiene, sino que además tiene los buenos, los fetenes. Por esa razón, uno puede caer en la tentación de describirse para que los demás no crean que navega sin rumbo. Por ejemplo, el ganador de la carrera de tacones por la calle Pelayo de Madrid en estas fiestas del Orgullo Gay, es ingeniero de caminos, de 35 años y heterosexual. Vamos casi tan partidazo como el Alemania Argentina. Miguel Sarmentero, que así se llama el afortunado ganador, confiesa que es la cuarta vez que corre. ¿De qué huye? A partir de ahora de la fama. Pero como en algunas familias rusas, también hay desgracias y perdió un tacón en la hazaña. Ingeniero de caminos, de 35 años y heterosexual. Detalles críticos para el lector, para cualquiera. Imagínense que hubiera dicho donante de sangre, cetrero y huérfano. Sin duda, detalles que nos acercan al personaje y nos hacen apreciar más su gloria. Pero creo, quizá sea por las pastillas, que eso de ingeniero de caminos y hetero se cuenta porque aleja la competición de cualquier pluma posible. Es sabido que los arquitectos están algo más cerca de ella, pero este es ingeniero. Si hubieran dicho bailarín y homosexual, la certeza estaría sobrevenida y eso es como contar que un perro mordió a un hombre o que Rajoy está en contra. Viene de suyo. En otras palabras, se puede ganar un concurso de carrera de tacones siendo supermacho. Es más, lo importante no era el premio de 400 euros y otros 150 en ropa de cuero. Lo relevante era resaltar la masculinidad y aumentar la visibilidad de los ingenieros heteros. Y, claro, el prestigio.
Después de algo tan necesario como este concurso, el afán de Obama por regularizar a 11 millones de sin papeles queda oculto para nuestra limitada capacidad de absorción. En estas fechas que nosotros fichamos jugadores de futbol y el mundo nos ficha jueces, sería bueno que Obama hiciera un hueco al juez Celemín que bien podría currarse once millones de cuestionarios de americanidad para ver si esos desarrapados merecen o no las barras y las estrellas. Ya saben que Celemín es el que pregunta por las dinastías monárquicas o por Gasol y la tortilla de patatas a los inmigrante que aspiran a obtener la nacionalidad. Para que no le den gato hidráulico por labio leporino. Además en Estados Unidos, con mucha menos historia, estaría chupado pasar ese nuevo examen. De hecho, incluso para nosotros, sería más fácil aprobar el americano que el español. No vas a comparar el Río Grande con el Francolí.
Además con nuestra tradición tramposa ya llevamos algo ganado, y si no fíjense en el espionaje al que ha estado sometido parte del gobierno vasco, parece ser que por un antiguo miembro de la administración nacionalista del PNV que sigue contactando ilícitamente con los ordenadores que en su momento manejó. Gudaris con gabardina. Eso es adherencia al puesto de trabajo.
En cambio los trabajadores de Metro de Madrid han preferido que ningún madrileño ocupara su silla. Ya lo dijo su portavoz: vamos a reventar Madrid. Luego se arrepintió y pidió excusas, pero se vio a sí mismo tan rotundo, tan ingeniero de caminos y tan heterosexual, que la volvió a repetir: vamos a reventar Madrid. Quizá estemos a punto de otro arrepentimiento. Como la masturbación y la confesión culpable, un ciclo con el que no hay manera.
Pero debería haberla. No es tolerable que algunos decidan a la fuerza el comportamiento de otros, esa enorme violencia de unos sobre la libertad de los demás. Es discutible la rebaja que les han hecho y cuando digo discutible no es que dé la razón a los trabajadores, que gran parte de ella tienen, pero también hay bastantes razones para que acepten esa rebaja. Por ejemplo que no son en absoluto los únicos tanto en el ámbito privado como público por no hablar de aquellos para los que la rebaja ha sido del 100% y están en el paro. Pero más allá de las razones que les asistan, existen unos derechos tan homologables al de huelga como pueden ser el del libre tránsito y el derecho al trabajo.
El otro día un maquinista del metro se lamentaba con un no hay derecho de que le quitaran el 5% de su sueldo de 38000 euros. Se hizo maquinista en el servicio militar. Caro y prestigioso master, casi una carrera de tacones. Que le pregunten a muchos licenciados profesores de secundaria qué les parece la formación, la responsabilidad, o el sueldo en una comparación express.
Ahora se vuelve a hablar de la ley de huelga, esa que es anterior a la Constitución y que no ha terminado de desarrollarse por esas cosas que tienen los gobiernos. Ahora dice Teresa que no toca. Quizá. Hace tres años tampoco, ni hace siete u once o veinte. Con la cantidad de pijadas que meten en el BOE y el derecho de huelga sin regular. Pero por otro lado tener la mejor regulación no arreglaría nada en este país tan maleducado en el que vivimos, en el que la víctima suele ser más sospechosa que el victimario, en dónde nunca pasa nada o pasa poco y tarde. Peor todavía que en Argentina en donde Videla fue condenado e indultado a los cinco años por el patillas Medem y, afortunadamente, ahora vuelve a sentarse en el banquillo. En España se les deja cultivar camelias o pintar y recibir homenajes.
Los del metro ya amenazan que si hay expedientes volverán a las andadas. Y muchos echan la culpa a Aguirre. Sabiéndome no sospechoso, creo que lady Hope pudo gestionar mejor el paro salvaje, pero es un aspecto secundario. Quienes impidieron el libre ejercicio de la movilidad fueron los piquetes y la rotura de los servicios mínimos por parte de la plantilla y sus representantes. Esos y no otros fueron los responsables. Ahora que carguen con las consecuencias.
No es cuestión de venganza, es que si no hay punición ante la ilegalidad de los actos, a todos se nos ocurren muchas cosas. Demasiadas. El otro día el antiguo líder de Comisiones, ahora diputado del PSOE, se saltó la disciplina de voto. Recibirá una sanción cercana a los 300 euros. Me parece honesto por ambas partes. Pero es evidente que no puede salir gratis. Algo parecido le pasó a una diputada del PP con el aborto. La disciplina y la conciencia no siempre ligan.
Es el precio que tendrán que pagar los que decidieron que millares de madrileños pagaran por un taxi 15, 20 o 30 veces el coste habitual en metro, o los que se tuvieron que levantar una o dos horas antes para no dar excusas a su empleador o los que llegaron tarde y tengan que hacer esas horas en otro momento. A esos que nos impusieron sus razones, hay que decirles que si reclamar justicia es lo que hicieron, lo justo es que ese chaparrón de derechos, de igualdad y moralidad nos empape a todos.
Termino. No quiero sacar el asunto del Estatuto de Cataluña. Ya saldrá la sentencia y hablaremos. Pero no sé yo si esa postura de Zapatero de arreglar unos detallitos, de reforzar las cojeras del Estatuto con un corcho de botella, es lo más razonable después de un fallo que ha costado cuatro años. Huele a trilero al final de la jornada que pone el tenderete a la salida de un cotolengo.
Termino dos. Una proclama marxista. Esposas del mundo uníos y colocad a vuestros maridos por la pacificación de las cajas. En la Caja de Castilla La Mancha la pepera Cospedal lo hizo y Moltó, su expresidente sociata, lo aceptó. Estos sí que son maquinistas. Maquinistas de La General. De la general desvergüenza.
sábado, 3 de julio de 2010
sábado, 26 de junio de 2010
Hacia ninguna parte
Ya saben que mi carné ahora pone, en el apartado de profesión, mis paseos. Ya sé que los más atentos dirán que eso es de la época en que tomábamos Mirinda, pero yo soy un manitas y he recuperado la tradición. Que no todo va a ser maltratar toros. Como les decía, no paro de dar vueltas. No como antes que era rumiar ideas y obsesionarme con cosas propias y ajenas, ahora me dedico a la externalización del viaje interior que hacen los concienciados y como soy más torpe me quedo en patrullar por mi distrito y vigilar el parque. Estoy patrocinado por el zapatero de mi barrio –no confundir con el de la nación- y ahora empiezo a entender lo que es labrarse una carrera. Lo digo por los surcos.
Son paseos sin destino. Por no tener, ni siquiera tienen el de pasear. Son paseos quema venenos, caminatas que constituyen la excusa del por mi que no quede, vagabundeos que te expían de la culpa de aquellos días de vino y rosas y te prometen un porvenir sano y alerta.
Ya les comenté que para mi una buena forma de pasear un domingo, o cualquier día feriado, era utilizar un buen culo femenino como teletransporte. Salías distraído en modo vigilancia hasta que el respingón de turno te decía hacia dónde ibas a encaminar tus pasos. Por supuesto que si se cruzaba otro más fresco, más orondo o más rítmico, mi peripatética religión me permitía el cambio y el norte trocaba en sur y el este en oeste. Ya saben, viento en popa a toda vela.
Ahora me gustaría hacer lo mismo, pero las fuerzas no son iguales, ni tampoco los culos. Deben ser las horas; hoy en día, que todo el mundo dice saber manejar los tiempos. En realidad deberían saber manejar los espacios y largarse a hacer puñetas, pero se quedan y manejan la otra parte de la ecuación, la que huele a persistencia y eternidad. Les contaba que a mis horas, esos culos líderes deben estar trabajando o en el taller de ajuste, porque salvando a algunos fugaces y espléndidos en mallas que te adelantan sin que te dé tiempo a nada más que a añorarlos, lo normal es que el universo trasero sea tirando a horroroso. La verdad es que yo tampoco tengo mucho más que ofrecer.
Así que, o te diriges a ese Finisterre que todos tenemos en nuestro magín localista, ese límite de ámbito, al internalizado patio de tu casa, ya sea porque se cruza una vía, una carretera, o cualesquiera otros accidentes urbanos, o te haces un camino de tiendas y personas anómicas. Por supuesto este es más divertido, pero mucho más caro. El otro está bien para un ratito, pero la obligación mata la poesía. Además te encuentras cada dos por tres con Rajoy. No me refiero a Don Mariano en persona, significo su arquetipo. Bastante tiene el Rajoy de verdad con la depresión de su urólogo. Me imagino que están al tanto. El médico le dedicó una canción, de la que era letrista, al líder del PP que fracasó estrepitosamente en Eurovisión. Ya saben esa de Algo pequeñito, algo chiquitito. Por lo visto el médico se sintió inspirado tras hacerle una consulta rutinaria el señor Rajoy y decidió escribirla. Pero de nuevo una barretina se cruzó en el destino de Rajoy, esta vez en su involuntario himno pudendo.
Pero el médico de las partes bajas de don Mariano no es lo importante. Cuando decía que me le encontraba, me refería a sus sosias, esos hombres que ves con zapatillas de deporte recién estrenadas, con sudaderas que aún conservan los pliegues, con cara triste y paso rápido paseando a horas que no tocan.
Van con su mirada absorta en su preocupación, detectándose el pulso, analizando cada crujido de la armadura que demostró ser tan frágil, buscando uvis móviles entre las sombras de sus temores. Nos vemos pero no nos miramos. ¡Quién quiere este club! Nos cruzamos en el deambular errático y los más soberbios aceleramos para doblar al más renqueante o al que se dejó la competitividad en la Unidad de Cuidados Intensivos. O tempora , o mores!
Y como ellos Rajoy se pasea por las televisiones, por los medios y plazas, meditabundo, irresponsablemente negativo, dispuesto a no esforzarse, a dejar el riesgo y el compromiso para mejor ocasión, creyendo que cualquier esfuerzo será para peor, mirando su porvenir incierto, lleno de amigos traidores y herederos interesados, no sea que muera en el intento de conseguir sus deseos.
Ahora pide que se fije el déficit en la Constitución ¿para cuándo la tarifa de las asistentas se incorporará al preámbulo de la misma? Quiere meter un asunto coyuntural en la ley fundamental. El Rajoy de las grandes ocasiones vestido de largo, dejando para otros las tareas inesquivables que tiene que acometer este país. Valga como ejemplo la economía sumergida que en estos días ha dejado escapar del pecio 3000 fortunas más amantes de Suiza que de nuestra madre patria. Y algo de ocultación de ingresos ajenos saben los registradores y los notarios.
La selección española jugará enlutecida por lo de Castelldefels. ¿Por qué no lo hacen todos los equipos cada domingo de Liga, en los que con seguridad nada estocástica, se triplican o cuadriplican los muertos en las carreteras de fin de semana? Sale un representante de los millares de millones que existen en este país de cosas varias, para decir que ya habrá hora de buscar culpables. ¿Hay algún otro diferente a las mismas víctimas? Dicen que el paso es una ratonera en estas noches de San Juan. Hay que preparar las infraestructuras de todo un año para los atardeceres de una semana para la gente que va a la playa y que no puede hacer dos o tres minutos de cola. ¿Para cuándo el tercer AVE a Cantabria? ¡Qué no falte de na!
Y claro no puede faltar el momento catedrático valenciano con el oremus perdido. En esta ocasión es López García-Molins en relación con la foto de Chaves, un andaluz, escuchando a Montilla, otro andaluz, con cascos en el Senado. Pide que todos los dirigentes políticos entiendan todas las lenguas de España o que se dediquen a otra cosa. El metalenguaje es ahora el medio. También quiere cambiar la Constitución. Y reclama que el euskera vuelva a ser el símbolo de la especificidad peninsular. Y lo quiere en un par de generaciones. ¿Está este tipo en el mundo?
Tras tantas explicaciones de índole económica, después de tantos esfuerzos por convencernos de lo imposible de gobiernos, sindicatos, uniones europeas, patronales y fondos monetarios, sería bienvenido que el cantamañanerismo desapareciera, al menos que no se le diera pábulo, que se quedara apoyado en la barra del bar o en la fiesta de familia ¡qué baile la niña o mejor: qué diga algo el catedrático! Y tan contentos.
¿A qué seríamos todos más felices?
Son paseos sin destino. Por no tener, ni siquiera tienen el de pasear. Son paseos quema venenos, caminatas que constituyen la excusa del por mi que no quede, vagabundeos que te expían de la culpa de aquellos días de vino y rosas y te prometen un porvenir sano y alerta.
Ya les comenté que para mi una buena forma de pasear un domingo, o cualquier día feriado, era utilizar un buen culo femenino como teletransporte. Salías distraído en modo vigilancia hasta que el respingón de turno te decía hacia dónde ibas a encaminar tus pasos. Por supuesto que si se cruzaba otro más fresco, más orondo o más rítmico, mi peripatética religión me permitía el cambio y el norte trocaba en sur y el este en oeste. Ya saben, viento en popa a toda vela.
Ahora me gustaría hacer lo mismo, pero las fuerzas no son iguales, ni tampoco los culos. Deben ser las horas; hoy en día, que todo el mundo dice saber manejar los tiempos. En realidad deberían saber manejar los espacios y largarse a hacer puñetas, pero se quedan y manejan la otra parte de la ecuación, la que huele a persistencia y eternidad. Les contaba que a mis horas, esos culos líderes deben estar trabajando o en el taller de ajuste, porque salvando a algunos fugaces y espléndidos en mallas que te adelantan sin que te dé tiempo a nada más que a añorarlos, lo normal es que el universo trasero sea tirando a horroroso. La verdad es que yo tampoco tengo mucho más que ofrecer.
Así que, o te diriges a ese Finisterre que todos tenemos en nuestro magín localista, ese límite de ámbito, al internalizado patio de tu casa, ya sea porque se cruza una vía, una carretera, o cualesquiera otros accidentes urbanos, o te haces un camino de tiendas y personas anómicas. Por supuesto este es más divertido, pero mucho más caro. El otro está bien para un ratito, pero la obligación mata la poesía. Además te encuentras cada dos por tres con Rajoy. No me refiero a Don Mariano en persona, significo su arquetipo. Bastante tiene el Rajoy de verdad con la depresión de su urólogo. Me imagino que están al tanto. El médico le dedicó una canción, de la que era letrista, al líder del PP que fracasó estrepitosamente en Eurovisión. Ya saben esa de Algo pequeñito, algo chiquitito. Por lo visto el médico se sintió inspirado tras hacerle una consulta rutinaria el señor Rajoy y decidió escribirla. Pero de nuevo una barretina se cruzó en el destino de Rajoy, esta vez en su involuntario himno pudendo.
Pero el médico de las partes bajas de don Mariano no es lo importante. Cuando decía que me le encontraba, me refería a sus sosias, esos hombres que ves con zapatillas de deporte recién estrenadas, con sudaderas que aún conservan los pliegues, con cara triste y paso rápido paseando a horas que no tocan.
Van con su mirada absorta en su preocupación, detectándose el pulso, analizando cada crujido de la armadura que demostró ser tan frágil, buscando uvis móviles entre las sombras de sus temores. Nos vemos pero no nos miramos. ¡Quién quiere este club! Nos cruzamos en el deambular errático y los más soberbios aceleramos para doblar al más renqueante o al que se dejó la competitividad en la Unidad de Cuidados Intensivos. O tempora , o mores!
Y como ellos Rajoy se pasea por las televisiones, por los medios y plazas, meditabundo, irresponsablemente negativo, dispuesto a no esforzarse, a dejar el riesgo y el compromiso para mejor ocasión, creyendo que cualquier esfuerzo será para peor, mirando su porvenir incierto, lleno de amigos traidores y herederos interesados, no sea que muera en el intento de conseguir sus deseos.
Ahora pide que se fije el déficit en la Constitución ¿para cuándo la tarifa de las asistentas se incorporará al preámbulo de la misma? Quiere meter un asunto coyuntural en la ley fundamental. El Rajoy de las grandes ocasiones vestido de largo, dejando para otros las tareas inesquivables que tiene que acometer este país. Valga como ejemplo la economía sumergida que en estos días ha dejado escapar del pecio 3000 fortunas más amantes de Suiza que de nuestra madre patria. Y algo de ocultación de ingresos ajenos saben los registradores y los notarios.
La selección española jugará enlutecida por lo de Castelldefels. ¿Por qué no lo hacen todos los equipos cada domingo de Liga, en los que con seguridad nada estocástica, se triplican o cuadriplican los muertos en las carreteras de fin de semana? Sale un representante de los millares de millones que existen en este país de cosas varias, para decir que ya habrá hora de buscar culpables. ¿Hay algún otro diferente a las mismas víctimas? Dicen que el paso es una ratonera en estas noches de San Juan. Hay que preparar las infraestructuras de todo un año para los atardeceres de una semana para la gente que va a la playa y que no puede hacer dos o tres minutos de cola. ¿Para cuándo el tercer AVE a Cantabria? ¡Qué no falte de na!
Y claro no puede faltar el momento catedrático valenciano con el oremus perdido. En esta ocasión es López García-Molins en relación con la foto de Chaves, un andaluz, escuchando a Montilla, otro andaluz, con cascos en el Senado. Pide que todos los dirigentes políticos entiendan todas las lenguas de España o que se dediquen a otra cosa. El metalenguaje es ahora el medio. También quiere cambiar la Constitución. Y reclama que el euskera vuelva a ser el símbolo de la especificidad peninsular. Y lo quiere en un par de generaciones. ¿Está este tipo en el mundo?
Tras tantas explicaciones de índole económica, después de tantos esfuerzos por convencernos de lo imposible de gobiernos, sindicatos, uniones europeas, patronales y fondos monetarios, sería bienvenido que el cantamañanerismo desapareciera, al menos que no se le diera pábulo, que se quedara apoyado en la barra del bar o en la fiesta de familia ¡qué baile la niña o mejor: qué diga algo el catedrático! Y tan contentos.
¿A qué seríamos todos más felices?
sábado, 19 de junio de 2010
Yes, we Kant
Llevamos unos años dándole vueltas a la mejora de la educación de nuestros hijos, dadas las fotos que nos hacen las cámaras internacionales en las que un año sí y otro también, salimos movidos o con los ojos entrecerrados. Bien es verdad que ante la realidad de la evaluación, ante la evidencia de los datos, nuestros próceres oponen el imperativo retórico, ese que sabiamente eludió Kant en sus formulaciones, para desplegar la cola como quien se abre una gabardina en el parque, levantar la nariz y presumir de tener la generación más preparada de la historia. Lástima que el hombre no sólo viva de pomposidad y que no baste con hablar de porcentajes cuando nuestros jóvenes están más en los precintajes en cadena con sueldos miserables y contratos más efímeros que un decreto en el BOE.
Que los americanos que estaban haciendo las europas allá por los albores del siglo XX se aplicaron la etiqueta, Gertrude Stein mediante, de ser la generación perdida, nos ha abocado a hacer de los nuestros, en lugar de una lost generation, una low cost generation, los famosos ni-ni que ven un mundo gratuito frente a ellos, ignorando que aún nos deben su aportación y que aún falta que abracen conceptos tan lejanos como sacrificio, esfuerzo o mérito y entiendan que lo que consumen lo produce alguien, normalmente alguien que también quiere consumir, ya sea agua, un puñado de arroz o una sanidad o educación gratuita como la que ellos tienen.
Pero con esta onfalocracia que nos abotarga, dejamos a un lado las esencias universales para concentrarnos en nuestro propio olor, y explicamos el mundo, como en el cuento budista, desde nuestra óptica del rey de los monos y su fétida orina, porque el adanismo adolescente ya lo impregna todo.
Para entenderlo, analizamos las inversiones, los entornos socioeconómicos, la dispersión geográfica, la razón alumnos profesor, la variable inmigratoria y hasta el eje productivo local, y después de todo, sólo llega el desconcierto, eso sí, con dos o tres decimales. Dicho en otras palabras, ni puñetera idea tienen de qué es lo que hay que hacer.
Una de las piedras filosofales es la búsqueda del secreto de la buena educación, a sabiendas de que la película de Almodóvar no daba demasiadas pistas. Ahora, a imagen del europeo estudio Pisa, y con todo el garbo que podemos, hacemos los nuestros nacionales y autonómicos para descubrir que lo importante, es lo que ocurre en el centro, según dice Enrique Roca, encargado del estudio. Quizá se refiera al centro de la Tierra, siguiendo el sendero de Julio Verne o del mismísimo Lucifer, pero me temo que alude al colegio o al instituto, no por ello lugares menos infernales.
Y claro, después de esto hay que hablar de las alforjas, tanto por la parquedad del viaje que las hace casi innecesarias, como por el semoviente que las acepta en su lomo y que bien podría integrar el grupo redactor del estudio. Resulta que lo importante son los profesores, el aula, los alumnos. Y que una de las recetas es la autonomía, la flexibilidad para manejar el aula según toque cada año, con cada grupo, con cada especial dinámica. Y descubren que el quid de la cuestión está en lo que se enseña y cómo se enseña y nombran bestia negra del año a los libros de texto. ¿Cuánto tiempo hemos necesitado para decir esto? ¿Perogrullo ha sido nombrado Secretario de Estado?
Sabrán ustedes que hoy en día es posible que un tipo acabe el bachillerato, en cualquier rama, sin conocer nada de la literatura universal, salvo la hispanoamericana. Los más despiertos citan de memoria y dicen sí hombre, Dostoievski y Mr Hyde. ¡Qué suerte la de Stevenson dando a luz a Fiodor! ¿Se dan cuenta? Nada de la literatura alemana, la italiana, la francesa, la rusa, la inglesa de aquí y la inglesa de allá. ¡Y luego nos metemos con los nacionalistas!
Nos acusan de tener unos docentes que cascan sin parar mientras los alumnos escuchan. Recomiendan una enseñanza más participativa. ¿Pero qué mierda de novedad es esta? Más alforjas por vender. ¿A estas alturas nos tienen que contar esas bobadas? Pero no se vayan, que tengo el carro lleno.
Hay una asociación laica de padres de alumnos –podría ser laica, como de Logroño o de antiguos postulantes de la huchita- que dice que “hay que superar viejas concepciones como promover la repetición de curso”. Eso de promover no sé si es un verbo adecuado, no sé si en el claustro se chocan las manos para suspender a alumnos con el fin de volver a ver a los mismos energúmenos al año siguiente, pero si uno de esos floridos especímenes no supera los niveles previstos, es aceptable decir que tiene que volver a empezar. ¿Es eso una vieja concepción? ¡Por supuesto! Anterior a la de María. Si no se cumple, tienes que enmendarlo. Los nuevos magos dicen que nada cambia, que el repetidor va a peor, que nada gana haciendo lo mismo un año más. ¿Descubrimos ahora que hay diferencias en las capacidades de los sujetos? ¿O nos quieren hacer creer que quien no ha sabido sumar, será capaz de multiplicar y más tarde despejar una ecuación?
Hay apreciaciones interesantes, sobre todo si vienen de un catedrático de Didáctica de la Universidad de Valencia. El profesor Gimeno Sacristán dice que “es importante no simplificar, que no se puede decir que una comunidad es mejor que otra porque depende en qué se fije uno.” Como mola, llegar uno solito a esa profundidad. Para volver a Gertrude Stein, una rosa es una rosa o no, según sea una rosa o no lo sea. Pero, como la rosa, no se corta y dice el profesor, que los condicionantes de los buenos resultados son muy difíciles de medir –al menos declara sus carencias- y que tienen que ver con la motivación del alumno, las ganas de aprender y la implicación de las familias. Esto mola plus en 3D. Ni el sistema, ni los profesores, ni su interacción, ni Cristo, hijo de la anterior María, que lo fundó. Lo crucial es que Carlitos, ese grandullón con granos del fondo esté motivado. ¡Y lo dice un cátedro de Didáctica! Pues que dé motivación, coño, si lo de explicar no es lo suyo.
Qué hartito estoy de bobadas y simplezas. Nada dicen del papel del profesor amenazado, no sólo por músculos más poderosos, sino en su saber, a veces tan precario, ahora que la información circula con tanta facilidad. Nada cuentan de la baja estima social del maestro, que tiene que ver básicamente con lo salarial. No hablan de la motivación de ese licenciado que está en la escuela como último recurso, como cobijo supervivencial porque no hay otra cosa “de lo suyo”. Quizá porque lo progresista sea ser de otra forma como dice Moreno en su Panfleto antipedagógico, que preconiza que la escuela tiene que ser autoritaria y conservadora porque debe transmitir el saber que debe ser conservado y estudiar a Beethoven y no la canción del verano. Y es sabido que los chavales necesitan disciplina, porque les pauta, les remite a canales de actividad, de exigencia, les delimita el espacio y les prepara para lo que vendrá, que no es precisamente un spa en Summerhill.
Pero qué quieren, si de casta le viene al galgo; nuestro presidente Zapatero dijo hace nada, que con sus planes, todas las autonomías estarían por encima de la media. Todas. Eso si que es un imperativo matemático. De letras, claro.
Que los americanos que estaban haciendo las europas allá por los albores del siglo XX se aplicaron la etiqueta, Gertrude Stein mediante, de ser la generación perdida, nos ha abocado a hacer de los nuestros, en lugar de una lost generation, una low cost generation, los famosos ni-ni que ven un mundo gratuito frente a ellos, ignorando que aún nos deben su aportación y que aún falta que abracen conceptos tan lejanos como sacrificio, esfuerzo o mérito y entiendan que lo que consumen lo produce alguien, normalmente alguien que también quiere consumir, ya sea agua, un puñado de arroz o una sanidad o educación gratuita como la que ellos tienen.
Pero con esta onfalocracia que nos abotarga, dejamos a un lado las esencias universales para concentrarnos en nuestro propio olor, y explicamos el mundo, como en el cuento budista, desde nuestra óptica del rey de los monos y su fétida orina, porque el adanismo adolescente ya lo impregna todo.
Para entenderlo, analizamos las inversiones, los entornos socioeconómicos, la dispersión geográfica, la razón alumnos profesor, la variable inmigratoria y hasta el eje productivo local, y después de todo, sólo llega el desconcierto, eso sí, con dos o tres decimales. Dicho en otras palabras, ni puñetera idea tienen de qué es lo que hay que hacer.
Una de las piedras filosofales es la búsqueda del secreto de la buena educación, a sabiendas de que la película de Almodóvar no daba demasiadas pistas. Ahora, a imagen del europeo estudio Pisa, y con todo el garbo que podemos, hacemos los nuestros nacionales y autonómicos para descubrir que lo importante, es lo que ocurre en el centro, según dice Enrique Roca, encargado del estudio. Quizá se refiera al centro de la Tierra, siguiendo el sendero de Julio Verne o del mismísimo Lucifer, pero me temo que alude al colegio o al instituto, no por ello lugares menos infernales.
Y claro, después de esto hay que hablar de las alforjas, tanto por la parquedad del viaje que las hace casi innecesarias, como por el semoviente que las acepta en su lomo y que bien podría integrar el grupo redactor del estudio. Resulta que lo importante son los profesores, el aula, los alumnos. Y que una de las recetas es la autonomía, la flexibilidad para manejar el aula según toque cada año, con cada grupo, con cada especial dinámica. Y descubren que el quid de la cuestión está en lo que se enseña y cómo se enseña y nombran bestia negra del año a los libros de texto. ¿Cuánto tiempo hemos necesitado para decir esto? ¿Perogrullo ha sido nombrado Secretario de Estado?
Sabrán ustedes que hoy en día es posible que un tipo acabe el bachillerato, en cualquier rama, sin conocer nada de la literatura universal, salvo la hispanoamericana. Los más despiertos citan de memoria y dicen sí hombre, Dostoievski y Mr Hyde. ¡Qué suerte la de Stevenson dando a luz a Fiodor! ¿Se dan cuenta? Nada de la literatura alemana, la italiana, la francesa, la rusa, la inglesa de aquí y la inglesa de allá. ¡Y luego nos metemos con los nacionalistas!
Nos acusan de tener unos docentes que cascan sin parar mientras los alumnos escuchan. Recomiendan una enseñanza más participativa. ¿Pero qué mierda de novedad es esta? Más alforjas por vender. ¿A estas alturas nos tienen que contar esas bobadas? Pero no se vayan, que tengo el carro lleno.
Hay una asociación laica de padres de alumnos –podría ser laica, como de Logroño o de antiguos postulantes de la huchita- que dice que “hay que superar viejas concepciones como promover la repetición de curso”. Eso de promover no sé si es un verbo adecuado, no sé si en el claustro se chocan las manos para suspender a alumnos con el fin de volver a ver a los mismos energúmenos al año siguiente, pero si uno de esos floridos especímenes no supera los niveles previstos, es aceptable decir que tiene que volver a empezar. ¿Es eso una vieja concepción? ¡Por supuesto! Anterior a la de María. Si no se cumple, tienes que enmendarlo. Los nuevos magos dicen que nada cambia, que el repetidor va a peor, que nada gana haciendo lo mismo un año más. ¿Descubrimos ahora que hay diferencias en las capacidades de los sujetos? ¿O nos quieren hacer creer que quien no ha sabido sumar, será capaz de multiplicar y más tarde despejar una ecuación?
Hay apreciaciones interesantes, sobre todo si vienen de un catedrático de Didáctica de la Universidad de Valencia. El profesor Gimeno Sacristán dice que “es importante no simplificar, que no se puede decir que una comunidad es mejor que otra porque depende en qué se fije uno.” Como mola, llegar uno solito a esa profundidad. Para volver a Gertrude Stein, una rosa es una rosa o no, según sea una rosa o no lo sea. Pero, como la rosa, no se corta y dice el profesor, que los condicionantes de los buenos resultados son muy difíciles de medir –al menos declara sus carencias- y que tienen que ver con la motivación del alumno, las ganas de aprender y la implicación de las familias. Esto mola plus en 3D. Ni el sistema, ni los profesores, ni su interacción, ni Cristo, hijo de la anterior María, que lo fundó. Lo crucial es que Carlitos, ese grandullón con granos del fondo esté motivado. ¡Y lo dice un cátedro de Didáctica! Pues que dé motivación, coño, si lo de explicar no es lo suyo.
Qué hartito estoy de bobadas y simplezas. Nada dicen del papel del profesor amenazado, no sólo por músculos más poderosos, sino en su saber, a veces tan precario, ahora que la información circula con tanta facilidad. Nada cuentan de la baja estima social del maestro, que tiene que ver básicamente con lo salarial. No hablan de la motivación de ese licenciado que está en la escuela como último recurso, como cobijo supervivencial porque no hay otra cosa “de lo suyo”. Quizá porque lo progresista sea ser de otra forma como dice Moreno en su Panfleto antipedagógico, que preconiza que la escuela tiene que ser autoritaria y conservadora porque debe transmitir el saber que debe ser conservado y estudiar a Beethoven y no la canción del verano. Y es sabido que los chavales necesitan disciplina, porque les pauta, les remite a canales de actividad, de exigencia, les delimita el espacio y les prepara para lo que vendrá, que no es precisamente un spa en Summerhill.
Pero qué quieren, si de casta le viene al galgo; nuestro presidente Zapatero dijo hace nada, que con sus planes, todas las autonomías estarían por encima de la media. Todas. Eso si que es un imperativo matemático. De letras, claro.
sábado, 12 de junio de 2010
El Papa y el Pope
El otro día Griñán dijo que Zapatero era muy malo. Ya lo vieron ustedes, le traicionó ese inconsciente que todos llevamos dentro, que algunos reconocemos y le dejamos escribir y le pagamos los orujos, y otros lo elevan a categoría depositaria de pulsiones y manifestaciones varias vestidas a la tirolesa. Quizá no le traicionó y quiso decirlo, convencido de que Quevedo tenía razón sobre la valentía. O, por el contrario, puso énfasis retórico en la maldad de Zapatero para preguntarse si él es malo, ustedes, señores del PP, qué categoría de oligofrenia profunda ocupan, para cerrar el silogismo de la regla de tres que no le termina de salir a nuestros niños post LOGSE.
Porque por mucho que leamos, pensemos, aceptemos, refutemos que Rodríguez Zapatero es el peor presidente de la democracia, por mucho que se esté loco para que se vaya, se presente, se le eche o se le crucifique, por mucho que nos desgañitemos, analicemos, sopesemos, contrastemos o abominemos con o de sus políticas, por mucho de todo lo que hagamos, llegará el momento en que tengamos que votar, mañana mismo o dentro de veinte meses. Y ese será el momento, no de la verdad, que ya la damos por amortizada, secuestrada o fugada con un narco ruso. No. Llegará el momento en el que tengamos que abstraernos –no abstenernos, aunque quede más elegante- y coger una u otra papeleta -y de ahí la expresión ¡vaya papeleta!- y votar. Y con el voto, con su suma, encumbrar a uno u otro.
Yo ya sugerí hace meses que Zapatero tenía todo el pescado vendido, o mejor, que se le estaba pudriendo en las cámaras ideológicas, y luego no hay quien se ponga el traje socialdemócrata si huele a mala gestión, a duda, a cagada insistente. Hace ya meses ya recomendé, con esta capacidad mía de que mis deseos se conviertan en realidad, que diera paso a otro, que se quedara de Secretario General del PSOE y permitiera que ¿Rubalcaba, Blanco? montara su propio Gobierno y gestionara con otra cara la cola de este crítico cometa y pudiera presentarse a las elecciones del 2012 con un nuevo ímpetu.
Y eso lo dije antes de que Zapatero se viera obligado a aprobar el decreto de las horcas caudinas europeas, fíjense ahora, que se va a tener que pegar hasta con los sindicatos por no hacer lo que deberían haber hecho hace ya mucho tiempo, mareando la perdiz con la patronal que defiende los intereses irresponsables del PP, consistentes en la máxima putrefacción, de forma que le baste con abrir las ventanas cuando llegue al poder para declarar la llegada redentora.
Cuando llegue ese domingo de las elecciones generales, tras haber perdido el PSOE las municipales y las autonómicas en donde toque, nos enfrentaremos a la decisión de ¿Zapatero? o Rajoy. Ese domingo en el que elegiremos quién nos encabrona otros cuatro años. Ese domingo que pasará a la historia como el gran domingo de romos. Pero es lo que hay.
Viendo hoy las cosas parece claro que será el Partido Popular el ganador. Cruzo los muñones para que no sea con mayoría absoluta. Ese día quizá Rajoy se ponga a botar en Génova salpicando de babas a sus fieles, que las recibirán como agua bendita del mismo Jordán. Y sonreirá a su lado Gallardón con labios apretados de solterona pícara. Y fingirá Aguirre su alegría. Y se verá ya de vicepresidenta Soraya torciendo el belfo de demócrata de toda la vida y la Cospedal se dejará entrevistar en un set de exteriores para que el viento meza más las ondas de su pelo. Y esa noche los cónyuges celebrarán el éxito ayuntándose sobre sábanas de secretarías de Estado, bajo edredones de ministerios y empresas públicas. Por ahí estarán los Moragas disputando melena a la Secretaria General, los Uriartes regresando a casa de papá en taxi no sea que la volvamos a… estropear, a los Pons ensayando nuevas frases estultas que hagan juego con sus sonrisas recicladas.
Porque señoras y señores, esos serán los nuevos ministros o secretarios de Estado. Y mientras pensaba en esto y me subían las constantes inconstantes y se me acababan las pastillas, las inyecciones, chutes, chinos y demás olvidadores de lo que nos rodea, se me ocurre, entre extrasístole y diástole, poner la tele para ver que Felipe González transmutado en Kipling nos daba a todos la esperanza, casi la orden de convertirnos en hombre. Hasta creí oírle decirnos hijos míos.
Ya por la mañana había visto a nuestro Zapatero demacrado en Italia, suponía que pidiendo a Berlusconi las señas de su maquilladora, pero no, estaba a lo suyo, a compartir unos álbumes de cromos con el Papa. Pero aprovechando que el mundo corre que es una barbaridad dejó rápidamente al Papa para ver al Pope. Y allí estaba a la izquierda de Dios padre celebrando en estos días infaustos los cien años de parlamentarismo del PSOE, contados, como saben, de aquella manera.
Hasta para eso tiene mal fario nuestro ZP, ¡hablar después del encantador Felipe!, vamos, como quedar un lunes por la mañana, recien duchado, con una chavala que ha pasado el fin de semana loco con Nacho y Rocco. Si necesitan los apellidos, es que no me merecen.
Y es que Felipe abrió las aguas del mar y logró que todos aquellos parlamentarios canosos y yogurines llenaran el preciso minuto de sesenta segundos de un esfuerzo supremo y supieran que suya era la tierra y todo lo que en ella habita, y lo que es más, hijos e hijas, serían capaces de volver a ganar.
Así les conmino Rudyrad González Márquez, con un mensaje primitivo, no por escasamente sofisticado, primitivo por seminal, una arenga a las entrañas, casi a los redaños, de parlamentarios que él quería militantes y se comportaban como ciudadanos absortos. Les dio en el suspensorio a la primera de cambio y se quedaron con la boca abierta el resto del discurso. Y cómo no dejar caer el mentón cuando se te habla de trabajo bien hecho, de excelencia, de esfuerzo, de productividad vinculada al desempeño, cómo no sorber la baba cuando te dicen que hay que trabajar más.
Me imagino a la derecha santiguándose para que este casi setentón no quiera jugar más a la política, rezando para que Zapatero siga siendo demasiado soberbio y no acepte más SMSs. Eso me lo imagino, pero lo que claramente veo, lo que certifico, es a Rajoy tomando apuntes. No en vano es el nuevo defensor de las clases pasivas.
Porque por mucho que leamos, pensemos, aceptemos, refutemos que Rodríguez Zapatero es el peor presidente de la democracia, por mucho que se esté loco para que se vaya, se presente, se le eche o se le crucifique, por mucho que nos desgañitemos, analicemos, sopesemos, contrastemos o abominemos con o de sus políticas, por mucho de todo lo que hagamos, llegará el momento en que tengamos que votar, mañana mismo o dentro de veinte meses. Y ese será el momento, no de la verdad, que ya la damos por amortizada, secuestrada o fugada con un narco ruso. No. Llegará el momento en el que tengamos que abstraernos –no abstenernos, aunque quede más elegante- y coger una u otra papeleta -y de ahí la expresión ¡vaya papeleta!- y votar. Y con el voto, con su suma, encumbrar a uno u otro.
Yo ya sugerí hace meses que Zapatero tenía todo el pescado vendido, o mejor, que se le estaba pudriendo en las cámaras ideológicas, y luego no hay quien se ponga el traje socialdemócrata si huele a mala gestión, a duda, a cagada insistente. Hace ya meses ya recomendé, con esta capacidad mía de que mis deseos se conviertan en realidad, que diera paso a otro, que se quedara de Secretario General del PSOE y permitiera que ¿Rubalcaba, Blanco? montara su propio Gobierno y gestionara con otra cara la cola de este crítico cometa y pudiera presentarse a las elecciones del 2012 con un nuevo ímpetu.
Y eso lo dije antes de que Zapatero se viera obligado a aprobar el decreto de las horcas caudinas europeas, fíjense ahora, que se va a tener que pegar hasta con los sindicatos por no hacer lo que deberían haber hecho hace ya mucho tiempo, mareando la perdiz con la patronal que defiende los intereses irresponsables del PP, consistentes en la máxima putrefacción, de forma que le baste con abrir las ventanas cuando llegue al poder para declarar la llegada redentora.
Cuando llegue ese domingo de las elecciones generales, tras haber perdido el PSOE las municipales y las autonómicas en donde toque, nos enfrentaremos a la decisión de ¿Zapatero? o Rajoy. Ese domingo en el que elegiremos quién nos encabrona otros cuatro años. Ese domingo que pasará a la historia como el gran domingo de romos. Pero es lo que hay.
Viendo hoy las cosas parece claro que será el Partido Popular el ganador. Cruzo los muñones para que no sea con mayoría absoluta. Ese día quizá Rajoy se ponga a botar en Génova salpicando de babas a sus fieles, que las recibirán como agua bendita del mismo Jordán. Y sonreirá a su lado Gallardón con labios apretados de solterona pícara. Y fingirá Aguirre su alegría. Y se verá ya de vicepresidenta Soraya torciendo el belfo de demócrata de toda la vida y la Cospedal se dejará entrevistar en un set de exteriores para que el viento meza más las ondas de su pelo. Y esa noche los cónyuges celebrarán el éxito ayuntándose sobre sábanas de secretarías de Estado, bajo edredones de ministerios y empresas públicas. Por ahí estarán los Moragas disputando melena a la Secretaria General, los Uriartes regresando a casa de papá en taxi no sea que la volvamos a… estropear, a los Pons ensayando nuevas frases estultas que hagan juego con sus sonrisas recicladas.
Porque señoras y señores, esos serán los nuevos ministros o secretarios de Estado. Y mientras pensaba en esto y me subían las constantes inconstantes y se me acababan las pastillas, las inyecciones, chutes, chinos y demás olvidadores de lo que nos rodea, se me ocurre, entre extrasístole y diástole, poner la tele para ver que Felipe González transmutado en Kipling nos daba a todos la esperanza, casi la orden de convertirnos en hombre. Hasta creí oírle decirnos hijos míos.
Ya por la mañana había visto a nuestro Zapatero demacrado en Italia, suponía que pidiendo a Berlusconi las señas de su maquilladora, pero no, estaba a lo suyo, a compartir unos álbumes de cromos con el Papa. Pero aprovechando que el mundo corre que es una barbaridad dejó rápidamente al Papa para ver al Pope. Y allí estaba a la izquierda de Dios padre celebrando en estos días infaustos los cien años de parlamentarismo del PSOE, contados, como saben, de aquella manera.
Hasta para eso tiene mal fario nuestro ZP, ¡hablar después del encantador Felipe!, vamos, como quedar un lunes por la mañana, recien duchado, con una chavala que ha pasado el fin de semana loco con Nacho y Rocco. Si necesitan los apellidos, es que no me merecen.
Y es que Felipe abrió las aguas del mar y logró que todos aquellos parlamentarios canosos y yogurines llenaran el preciso minuto de sesenta segundos de un esfuerzo supremo y supieran que suya era la tierra y todo lo que en ella habita, y lo que es más, hijos e hijas, serían capaces de volver a ganar.
Así les conmino Rudyrad González Márquez, con un mensaje primitivo, no por escasamente sofisticado, primitivo por seminal, una arenga a las entrañas, casi a los redaños, de parlamentarios que él quería militantes y se comportaban como ciudadanos absortos. Les dio en el suspensorio a la primera de cambio y se quedaron con la boca abierta el resto del discurso. Y cómo no dejar caer el mentón cuando se te habla de trabajo bien hecho, de excelencia, de esfuerzo, de productividad vinculada al desempeño, cómo no sorber la baba cuando te dicen que hay que trabajar más.
Me imagino a la derecha santiguándose para que este casi setentón no quiera jugar más a la política, rezando para que Zapatero siga siendo demasiado soberbio y no acepte más SMSs. Eso me lo imagino, pero lo que claramente veo, lo que certifico, es a Rajoy tomando apuntes. No en vano es el nuevo defensor de las clases pasivas.
sábado, 5 de junio de 2010
Catarí
En lo más intrincado de la montaña de León se habla un dialecto muy especial, prácticamente desaparecido. No está claro su origen, quizá provenga de muchas otras lenguas que convergieron en la Ruta de la Plata, quizá un dialecto autóctono impermeable por la dureza de la región, quizá una jerga minera capaz de rebotar en las negras paredes horadadas de carbón culpable. Quién sabe. A algunas personas les parece bable, a otras castúo contagiado en la trashumancia, incluso ven influencias napolitanas. Qué más da. Permítanme que les ofrezca esta extraña lengua en formato amable. Escuchen esta vieja canción rescatada de las faldas del Pajares, aunque podría haberse recogido de alguna otra ladera, hallarse en cualquier loma, obtenerse de todas las costas, de cada camino y sendero. Absórbanla con sus entrañas, con sus ojos de futuro, respírenla con sus recuerdos. Y, por supuesto, disfrútenla.
Aquí tienen la traducción que un viejo leonés de Rodiezmo de la Tercia me prestó.
¿Catarí, Catarí, por qué te diriges a mi sólo con palabras amargas?
¿Por qué me hablas sólo para atormentarme, Catarí?
No olvides que hubo un tiempo que te di mi corazón,
¡Catarí, no lo olvides!
¿Catarí, Catarí, qué pretendes?
¡No me hagas sufrir esta agonía?
¡Nunca piensas en mi dolor,
nunca piensas en ello, no te importa!
Corazón ingrato,
Te apoderaste de mi vida,
y ahora se acabó,
ya no piensas en mi.
El anciano no recuerda qué puede significar Catarí. Quizá no quiere hacerlo. Yo creo que lo sabe, sabe que Catarí somos todos nosotros. Usted y yo, por supuesto, pero también todos los españoles. Es más, creo que somos todos los europeos, los americanos, todos los habitantes del planeta. Cada vez estoy más seguro. Con seguridad esta canción está escrita en la lengua franca de todos los trabajadores, en el idioma de las familias, en el esperanto de los que quieren vivir y dejar vivir en paz.
Por el contrario es mucho más fácil averiguar quién se dirige a Catarí, quién nos impreca y nos acusa, quién nos recrimina, tan evidente que son muchos los que lo hacen, sin entender el profundo desafecto que sentimos por ellos. Búsquenlo en clave española, construyan el rompecabezas con pistas europeas o jeroglíficos estadounidenses. Sale igualmente ¿Fácil, verdad? Son ellos, los de siempre. Los que siempre nos fallan. Quizá les entendamos intelectualmente, incluso les apoyaremos de nuevo, pero en nuestro corazón no podremos olvidar el desamor que nos han producido.
En parte por la vida que nos están robando, una vida que no podremos volver a vivir, y sobre todo, porque nos han robado el asombro, han raptado nuestra ilusión, se han quedado con nuestros proyectos.
Pobre Catarí. Entre el optimismo y la bonhomía de unos y el rencor y la inquina de los otros. Entre una socialdemocracia que viste de gala al capitalismo y una derecha que cubre el sarro de sus colmillos con fundas de falsa libertad. Entre la indolencia e ignorancia de todos. Pobre Catarí.
Aquí tienen la traducción que un viejo leonés de Rodiezmo de la Tercia me prestó.
¿Catarí, Catarí, por qué te diriges a mi sólo con palabras amargas?
¿Por qué me hablas sólo para atormentarme, Catarí?
No olvides que hubo un tiempo que te di mi corazón,
¡Catarí, no lo olvides!
¿Catarí, Catarí, qué pretendes?
¡No me hagas sufrir esta agonía?
¡Nunca piensas en mi dolor,
nunca piensas en ello, no te importa!
Corazón ingrato,
Te apoderaste de mi vida,
y ahora se acabó,
ya no piensas en mi.
El anciano no recuerda qué puede significar Catarí. Quizá no quiere hacerlo. Yo creo que lo sabe, sabe que Catarí somos todos nosotros. Usted y yo, por supuesto, pero también todos los españoles. Es más, creo que somos todos los europeos, los americanos, todos los habitantes del planeta. Cada vez estoy más seguro. Con seguridad esta canción está escrita en la lengua franca de todos los trabajadores, en el idioma de las familias, en el esperanto de los que quieren vivir y dejar vivir en paz.
Por el contrario es mucho más fácil averiguar quién se dirige a Catarí, quién nos impreca y nos acusa, quién nos recrimina, tan evidente que son muchos los que lo hacen, sin entender el profundo desafecto que sentimos por ellos. Búsquenlo en clave española, construyan el rompecabezas con pistas europeas o jeroglíficos estadounidenses. Sale igualmente ¿Fácil, verdad? Son ellos, los de siempre. Los que siempre nos fallan. Quizá les entendamos intelectualmente, incluso les apoyaremos de nuevo, pero en nuestro corazón no podremos olvidar el desamor que nos han producido.
En parte por la vida que nos están robando, una vida que no podremos volver a vivir, y sobre todo, porque nos han robado el asombro, han raptado nuestra ilusión, se han quedado con nuestros proyectos.
Pobre Catarí. Entre el optimismo y la bonhomía de unos y el rencor y la inquina de los otros. Entre una socialdemocracia que viste de gala al capitalismo y una derecha que cubre el sarro de sus colmillos con fundas de falsa libertad. Entre la indolencia e ignorancia de todos. Pobre Catarí.
sábado, 22 de mayo de 2010
Funcionario, funcionario, fun, fun, fun
Yo soy andarín. Antes lo era al modo de algunos autobuses, de forma discrecional, pero ahora ya soy andarín de línea, obligado a regresar a nuestro nomádico ser, después del fracasado triunfo del agricultor sedentario que nos obligó a civilizarnos, ahora tengo ruta y horario que cumplir.
Pues en uno de esos paseos me dejé caer por el Mercado de San Miguel, un precioso espacio rehabilitado en parte con el dinero de los madrileños con padrino municipal y madrina autonómica. Yo, que soy partidario de un Estado con músculo, me pregunto a veces si el dinero del erario se debe utilizar para adecentar lugares que la iniciativa privada debiera cubrir. El caso es que ahí siempre hubo un mercado y que el paso de los años lo fue deteriorando. Obliguémonos a pensar que fuera nuestra responsabilidad colectiva, el remozar la estructura del mismo para que los vecinos continuaran pudiendo acceder a los productos de uso diario que ahí se expendían. Pero no, en su lugar no hay tres o cuatro fruterías, ni dos pescaderías y una pollería, como en los barrios de ustedes. Ahí se ha montado un estupendo centro de delicatessen que ni de lejos es equiparable a dónde iban a comprar nuestras madres diariamente. La única carnicería ofrece cortes franceses sofisticados de piezas suculentas a precios correspondientes con el nivel del producto y la única pescadería, te sorprende con ventrescas de alguna avanzadilla de bonito que huye de las amenazantes pinzas de las cigalas tronco. Los ojos se van tras unas cerezas hermosas y gordas como narices de payaso a precio igualmente gracioso de 35 euracos el kilo. Sirven champán por copas a siete euros la más barata y dispones de diferentes calibres de ostras para degustar, o suicidarte, allí mismo.
Como verán, parte del paseo era autopunitivo, actuando como padre de mi mismo advirtiéndome que algún día nada de esto sería mío, mientras de forma masoquista contemplaba croquetas, quiches, albóndigas y adminículos grasos varios danzar entre vaharadas, sobre platillos volantes entrechocando con copas previamente trasegadas y dispuestas a ser remplazadas por otras. Los otros escaparates de Ámsterdam.
El sitio es espectacular y obligado aunque no seas un zampón y de peregrinación forzosa si te estás sacando el carné de Gargantúa, pero no es la tienda para el día a día, por tanto, que sólo la Comunidad de Madrid aporte 600.000 euros a fondo perdido me parece que se encuadra en esas miles de subvenciones que son absolutamente prescindibles, hogaño que nos sabemos pobres y antaño cuando nos creíamos ricos. Pero resulta que estos proyectos son los que gustan a la mayor parte de los políticos gobernantes. Al igual que a los estudiantes de marketing que prefieren hacer sus desarrollos sobre productos glamurosos y caros, porque es más divertido crear estrategias para unas medias de costura trasera impecable y puntera invisible con culotte de fantasía, que unos pantys opacos de compresión variable para las varices. Así los políticos mercaderes se ven más degustando media de ostritas con un Rueda frío, que palpando las ciruelas claudias en el mercado con cuarto y mitad de chopped y medio de jureles en el carrito de la compra.
Esa readscripción de clase que se da en los políticos de forma súbita -el pelotilleo y la corte obran milagros-, concurre, también a medio y largo plazo, en muchos funcionarios de los niveles más altos y directivos de empresas públicas que no cambian con los vaivenes electorales, de modo que se consolidan, more ferarum, a sus puestos, ahora ya hábitat conquistado, y se desclasan hasta el punto de dejar de creer en lo estatal, denostando la escuela o la sanidad públicas. No en vano gran parte de los funcionarios optan mayoritariamente por los nada públicos seguros de salud para cubrir sus necesidades sanitarias. Más o menos como si los soldados llevaran escoltas privadas. Son paradojas que vienen de lejos con los mufaces, mugejus e isfas de turno para funcionarios de la administración, funcionarios judiciales y militares respectivamente o el antiguo Inisas que heredo la SEPI del INI como cobertura sanitaria y que vendió a una aseguradora privada, hoy propiedad de La Caixa.
Y como la función pública es bastante endogámica, esa reorganización social deviene cuasi estamental, dando por buenos y ciertos los atributos a los que se ha aspirado, renegando de los orígenes y, lo que es más grave, haciéndolos desaparecer del quehacer político y administrativo, arrumbándolos para la llamada gentuza, esos que no son como nosotros.
Dicho de otra forma, el otro día una funcionaria de carrera del máximo nivel, lista y capaz, se queja de las rebajas de Zapatero. Hace sus cuentas y dice, además del 15% que me quitan, se suman los 2 puntos del IVA de julio y como tengo el sueldo congelado hace dos años por ser alto cargo mientras a los demás les han subido el 3%, se me pone en más del 20%. Como ven se ha sumado 15 más 2 más 3 igual a 20. Es lo que se llama suma ideológica o adición demagógica, porque matemática, lo que se dice matemática, no es. Eso lo repetirá entre sus allegados que sufrirán los mismos recortes conviniendo con ella que Zapatero les baja un 20%, lo que supone un cuarto de su sueldo o incluso cerca de la mitad. Es la magia de los números que cuando son favorables son apenas nada y si perjudican, se edematizan como las grandes mentiras.
Al final han creado un estado de opinión contrario al imperante, al de aquellos que no son funcionarios y a los que les ha parecido de miedo que la crisis la paguen los servidores civiles, dicho en anglosajón de Valencia. Contra acción, reacción.
Lo que pasa es que no todos los funcionarios son altos cargos, ni disponen de las ventajas que tienen algunos. A diferencia de Reino Unido, Francia o Alemania, nuestra experiencia del Estado de bienestar es más reducida por reciente, y del mismo modo, la experiencia democrática es más cara que la dictatorial. Tampoco nos llegó el Plan Marshall, qué coño.
Es difícil entender que Extremadura necesite por cada 100 habitantes 8,5 de empleados públicos cuando Madrid se arregla con 6,7, más que los 6 de Andalucía con la fama que tienen, pero mucho más ardua es la comprensión de que a Cataluña les basten 4 o 4,5 a la Comunidad valenciana. Pero eso no es nada si comparamos, ya tomando en cuenta los estados de la Unión, que España cuenta con 9,5 empleados de las administraciones por cada 100 habitantes activos y Dinamarca sean 25,7, o Francia un 17% y Reino Unido un 15%.
Cuando queremos tener dotaciones y servicios, cuando requerimos menores esperas en los ambulatorios, más clases de apoyo para nuestros hijos o más celeridad para arreglar los baches, estamos demandando más empleados del Estado. Siempre podemos hacer como el Partido Popular que exigía más seguridad reduciendo la plantillas de los cuerpos de policía y guardia civil o apostar por la escuela pública regalando solares a los colegios privados, pero si queremos más servicios es necesario que alguien los preste.
Por ejemplo, una de las inexcusables, es lograr mayor rapidez en la administración de justicia; y de nuevo aparece el alma española, capaz de lo mejor y de lo peor, o la impresentable tardanza del Constitucional para con el Estatuto catalán o la velocidad de Varela para sodomizar a Garzón. Años u horas son las unidades de medida, según convenga, espada flamígera o linternita de acomodador de sesión continua; una justicia cuyas carencias no siempre se deben a problemas de falta de recursos, de ordenadores superferolíticos, ni de personal de apoyo, basta un interés personal para que se ilumine el cielo o caiga la noche.
Y creo que es en ello dónde reside esta boba polémica sobre la función pública. No es cuestión, en este sentido, de quién paga los servicios, sino de que el empleado actúe de la forma adecuada, en forma y tiempo, de forma igualitaria, sin prebendas reales ¿es cohecho impropio el aceptar servicios sanitarios de primerísimo nivel, escogiendo día y hora, ciudad y hospital, sin listas ni pausas? Porque lo que queremos es que los gobernantes, -empleados públicos, no lo olviden- estén a lo que deben. El tiempo que algunos perdieron probándose trajes y chalecos, estableciendo pequeñas amistades del alma, queriéndose ovoidalmente, cazando en países exóticos, adquiriendo propiedades, palacios, chalés, fincas, quemándose la nariz y abrasando púberes, espiando a compañeros, planificando chantajes, aceptando coches, relojes, zapatos, bolsos, todo ese tiempo nos lo deben, porque era un tiempo remunerado, porque estaban, están, en nómina del Estado; igualmente todo el tiempo que están perdiendo en su defensa, en su arrogancia, en su desfachatez, nos lo deben. Todo ese tiempo tienen que pagarlo o devolverlo.
Son esos empleados públicos a los que hay que aniquilar, porque entienden la función pública como un castigo, la confunden con la pena de los servicios comunitarios pensada para los gamberros. Quizá sea por eso. A esos interventores que no vieron nada entre tanta mierda, a esos inspectores de hacienda que sacan una paralela por 150 euros de un mal sumador y se les pasan las cuentas de tíos con zoológico privado, a los que les prescriben los plazos por estafa, a los que no generan órdenes de busca y captura, a los que con el lío que tenemos deciden hurgar en la Diagonal de Barcelona o inauguran tres veces la misma obra, encargan estudios ridículos o aceptan fundaciones execrables, a toda esa panda que está a otra cosa y cobran del Estado, hay que decirles adiós cuando toque si han sido electos y largarles si son funcionarios. La oposición debe valer para habilitarlos, no para inmunizarlos y hacerlos perpetuos.
Pues en uno de esos paseos me dejé caer por el Mercado de San Miguel, un precioso espacio rehabilitado en parte con el dinero de los madrileños con padrino municipal y madrina autonómica. Yo, que soy partidario de un Estado con músculo, me pregunto a veces si el dinero del erario se debe utilizar para adecentar lugares que la iniciativa privada debiera cubrir. El caso es que ahí siempre hubo un mercado y que el paso de los años lo fue deteriorando. Obliguémonos a pensar que fuera nuestra responsabilidad colectiva, el remozar la estructura del mismo para que los vecinos continuaran pudiendo acceder a los productos de uso diario que ahí se expendían. Pero no, en su lugar no hay tres o cuatro fruterías, ni dos pescaderías y una pollería, como en los barrios de ustedes. Ahí se ha montado un estupendo centro de delicatessen que ni de lejos es equiparable a dónde iban a comprar nuestras madres diariamente. La única carnicería ofrece cortes franceses sofisticados de piezas suculentas a precios correspondientes con el nivel del producto y la única pescadería, te sorprende con ventrescas de alguna avanzadilla de bonito que huye de las amenazantes pinzas de las cigalas tronco. Los ojos se van tras unas cerezas hermosas y gordas como narices de payaso a precio igualmente gracioso de 35 euracos el kilo. Sirven champán por copas a siete euros la más barata y dispones de diferentes calibres de ostras para degustar, o suicidarte, allí mismo.
Como verán, parte del paseo era autopunitivo, actuando como padre de mi mismo advirtiéndome que algún día nada de esto sería mío, mientras de forma masoquista contemplaba croquetas, quiches, albóndigas y adminículos grasos varios danzar entre vaharadas, sobre platillos volantes entrechocando con copas previamente trasegadas y dispuestas a ser remplazadas por otras. Los otros escaparates de Ámsterdam.
El sitio es espectacular y obligado aunque no seas un zampón y de peregrinación forzosa si te estás sacando el carné de Gargantúa, pero no es la tienda para el día a día, por tanto, que sólo la Comunidad de Madrid aporte 600.000 euros a fondo perdido me parece que se encuadra en esas miles de subvenciones que son absolutamente prescindibles, hogaño que nos sabemos pobres y antaño cuando nos creíamos ricos. Pero resulta que estos proyectos son los que gustan a la mayor parte de los políticos gobernantes. Al igual que a los estudiantes de marketing que prefieren hacer sus desarrollos sobre productos glamurosos y caros, porque es más divertido crear estrategias para unas medias de costura trasera impecable y puntera invisible con culotte de fantasía, que unos pantys opacos de compresión variable para las varices. Así los políticos mercaderes se ven más degustando media de ostritas con un Rueda frío, que palpando las ciruelas claudias en el mercado con cuarto y mitad de chopped y medio de jureles en el carrito de la compra.
Esa readscripción de clase que se da en los políticos de forma súbita -el pelotilleo y la corte obran milagros-, concurre, también a medio y largo plazo, en muchos funcionarios de los niveles más altos y directivos de empresas públicas que no cambian con los vaivenes electorales, de modo que se consolidan, more ferarum, a sus puestos, ahora ya hábitat conquistado, y se desclasan hasta el punto de dejar de creer en lo estatal, denostando la escuela o la sanidad públicas. No en vano gran parte de los funcionarios optan mayoritariamente por los nada públicos seguros de salud para cubrir sus necesidades sanitarias. Más o menos como si los soldados llevaran escoltas privadas. Son paradojas que vienen de lejos con los mufaces, mugejus e isfas de turno para funcionarios de la administración, funcionarios judiciales y militares respectivamente o el antiguo Inisas que heredo la SEPI del INI como cobertura sanitaria y que vendió a una aseguradora privada, hoy propiedad de La Caixa.
Y como la función pública es bastante endogámica, esa reorganización social deviene cuasi estamental, dando por buenos y ciertos los atributos a los que se ha aspirado, renegando de los orígenes y, lo que es más grave, haciéndolos desaparecer del quehacer político y administrativo, arrumbándolos para la llamada gentuza, esos que no son como nosotros.
Dicho de otra forma, el otro día una funcionaria de carrera del máximo nivel, lista y capaz, se queja de las rebajas de Zapatero. Hace sus cuentas y dice, además del 15% que me quitan, se suman los 2 puntos del IVA de julio y como tengo el sueldo congelado hace dos años por ser alto cargo mientras a los demás les han subido el 3%, se me pone en más del 20%. Como ven se ha sumado 15 más 2 más 3 igual a 20. Es lo que se llama suma ideológica o adición demagógica, porque matemática, lo que se dice matemática, no es. Eso lo repetirá entre sus allegados que sufrirán los mismos recortes conviniendo con ella que Zapatero les baja un 20%, lo que supone un cuarto de su sueldo o incluso cerca de la mitad. Es la magia de los números que cuando son favorables son apenas nada y si perjudican, se edematizan como las grandes mentiras.
Al final han creado un estado de opinión contrario al imperante, al de aquellos que no son funcionarios y a los que les ha parecido de miedo que la crisis la paguen los servidores civiles, dicho en anglosajón de Valencia. Contra acción, reacción.
Lo que pasa es que no todos los funcionarios son altos cargos, ni disponen de las ventajas que tienen algunos. A diferencia de Reino Unido, Francia o Alemania, nuestra experiencia del Estado de bienestar es más reducida por reciente, y del mismo modo, la experiencia democrática es más cara que la dictatorial. Tampoco nos llegó el Plan Marshall, qué coño.
Es difícil entender que Extremadura necesite por cada 100 habitantes 8,5 de empleados públicos cuando Madrid se arregla con 6,7, más que los 6 de Andalucía con la fama que tienen, pero mucho más ardua es la comprensión de que a Cataluña les basten 4 o 4,5 a la Comunidad valenciana. Pero eso no es nada si comparamos, ya tomando en cuenta los estados de la Unión, que España cuenta con 9,5 empleados de las administraciones por cada 100 habitantes activos y Dinamarca sean 25,7, o Francia un 17% y Reino Unido un 15%.
Cuando queremos tener dotaciones y servicios, cuando requerimos menores esperas en los ambulatorios, más clases de apoyo para nuestros hijos o más celeridad para arreglar los baches, estamos demandando más empleados del Estado. Siempre podemos hacer como el Partido Popular que exigía más seguridad reduciendo la plantillas de los cuerpos de policía y guardia civil o apostar por la escuela pública regalando solares a los colegios privados, pero si queremos más servicios es necesario que alguien los preste.
Por ejemplo, una de las inexcusables, es lograr mayor rapidez en la administración de justicia; y de nuevo aparece el alma española, capaz de lo mejor y de lo peor, o la impresentable tardanza del Constitucional para con el Estatuto catalán o la velocidad de Varela para sodomizar a Garzón. Años u horas son las unidades de medida, según convenga, espada flamígera o linternita de acomodador de sesión continua; una justicia cuyas carencias no siempre se deben a problemas de falta de recursos, de ordenadores superferolíticos, ni de personal de apoyo, basta un interés personal para que se ilumine el cielo o caiga la noche.
Y creo que es en ello dónde reside esta boba polémica sobre la función pública. No es cuestión, en este sentido, de quién paga los servicios, sino de que el empleado actúe de la forma adecuada, en forma y tiempo, de forma igualitaria, sin prebendas reales ¿es cohecho impropio el aceptar servicios sanitarios de primerísimo nivel, escogiendo día y hora, ciudad y hospital, sin listas ni pausas? Porque lo que queremos es que los gobernantes, -empleados públicos, no lo olviden- estén a lo que deben. El tiempo que algunos perdieron probándose trajes y chalecos, estableciendo pequeñas amistades del alma, queriéndose ovoidalmente, cazando en países exóticos, adquiriendo propiedades, palacios, chalés, fincas, quemándose la nariz y abrasando púberes, espiando a compañeros, planificando chantajes, aceptando coches, relojes, zapatos, bolsos, todo ese tiempo nos lo deben, porque era un tiempo remunerado, porque estaban, están, en nómina del Estado; igualmente todo el tiempo que están perdiendo en su defensa, en su arrogancia, en su desfachatez, nos lo deben. Todo ese tiempo tienen que pagarlo o devolverlo.
Son esos empleados públicos a los que hay que aniquilar, porque entienden la función pública como un castigo, la confunden con la pena de los servicios comunitarios pensada para los gamberros. Quizá sea por eso. A esos interventores que no vieron nada entre tanta mierda, a esos inspectores de hacienda que sacan una paralela por 150 euros de un mal sumador y se les pasan las cuentas de tíos con zoológico privado, a los que les prescriben los plazos por estafa, a los que no generan órdenes de busca y captura, a los que con el lío que tenemos deciden hurgar en la Diagonal de Barcelona o inauguran tres veces la misma obra, encargan estudios ridículos o aceptan fundaciones execrables, a toda esa panda que está a otra cosa y cobran del Estado, hay que decirles adiós cuando toque si han sido electos y largarles si son funcionarios. La oposición debe valer para habilitarlos, no para inmunizarlos y hacerlos perpetuos.
sábado, 15 de mayo de 2010
ZP o la efervescencia de los Zeta Petas
Tony Judt, el historiador inglés autor del libro de referencia Postguerra, ha publicado hace unas semanas Ill fares the land del que Muñoz Molina hizo un elogio en las páginas de El País hace poco más de un mes. Es un libro que pretende dar un sopapo a tanto papanatas de la gauche caviar, de los comunistas de hoz y martini, de los puños con rosa mosqueta y por supuesto a la reala de ultraliberales a la violeta. Es una defensa de lo público, de lo colectivo frente al individualismo. Tomó su título del poema de un irlandés, Goldsmith, del XVIII , algo así como Mal le va a la tierra, y a fe mía que todo esto se está poniendo cada vez más chungo. Las cosas se nos han complicado de forma considerable, hasta el punto de que sólo un niño ha sobrevivido a un accidente aéreo en Libia. Fue el único incapaz de leer el periódico con las noticias del mundo. La suerte del ignorante que considero razonable asirse a esta vida a pesar de la que está cayendo.
Pero ésta es la semana de pasión para los europeos, pero como aquí somos como somos, hemos puesto el monte Calvario en el mismísimo kilómetro Cero de la Puerta del Sol, y hemos descontextualizado cualquier análisis, sin valorar unas mínimas comparaciones con Francia, Irlanda, Reino Unido, etc. ¡nosotros!, tan dados al y tú más.
Defender al Gobierno es una posibilidad perfectamente posible y no hace falta rebuscar muchos argumentos para salvar la cara de su decisión. De forma paradójica, lo mismo se puede hacer desde la acera contraria, y no faltarán argumentaciones para decir que lo hecho hasta ahora es un desastre. Y a la vez se puede expresar la idea de que ambas posiciones son impresentables. Más complicado es pensar que ambos lo están haciendo bien. Creo que ni siquiera con ácido, es tal viaje posible. Si el Gobierno está apesadumbrado y no le llega la camisa al cuerpo, la oposición del PP está confusa, sin alternativas y, sobre todo, sin acción en los lugares y áreas en los que sí puede hacer algo. Rosa Díez ha desaparecido del combate porque las boutades y cantinelas no se dicen en los funerales serios e Izquierda Unida sigue en el pensamiento paleoreivindicativo que le costará su definitivo hundimiento, primero en las regionales y más tarde en las generales. La cara, tristemente para los que no somos nada nacionalistas, la mantienen los partidarios de tan decimonónico ideal, sobre todo Duran i Lleida, otro desperdicio para este país, el que se haya quedado en la política regional y no juegue todo lo que debiera en las ligas mayores.
No debemos cansarnos en recordar que esta crisis no es una terrible mala cosecha, que no es un terremoto devastador, que no es una confabulación de los ríos para anegar nuestra vida e inundar nuestro futuro, esta crisis, este descontrol que apenas entendemos, es producto de la miseria capitalista, pero no crean que es la simple soflama de pasquín de un salto de barbudos en las calles de las grandes ciudades de España en los setenta, es que lo que ha pasado y está pasando es la pura exaltación de esos valores de los que quieren un Estado liliput, la prevalencia de un modelo insolidario e injusto; es la consecuencia del más puro eretismo capitalista que reclamó el déjennos hacer, no pongan límites a nuestra iniciativa, no imposibiliten nuestros planes, nuestros gráficos ascendentes, nuestros triles transfronterizos; así, la debacle griega se la come el socialista Papandreu, pero los que mintieron fueron los gobernantes anteriores, seguidores del modelo neoliberal y cuyo presidente, el muy conservador Karamanlís, sigue paseándose por las calles de Atenas o quizá esté esquiando en Cortina d’Ampezzo. Y en sus respectivas ciudades siguen paseando las cúpulas de esos grandes bancos intervenidos, la alta dirección de esos fondos de inversión especuladores, los gerifaltes de las aseguradoras que se disputaban los primeros puestos en las clasificaciones de remuneraciones, tan astronómicas, que parecían su recuento de glóbulos rojos más que una nómina mensual.
Y todos nos sentíamos Mowgli entre esas manadas de lobos que caracterizó un ministro sueco a la jauría especuladora, hasta que nos dimos cuenta de que éramos nosotros los bípedos implumes y que empezábamos a oler a guiso demasiado apetecible.
Es difícil aceptar que se nos quiten pelas de las mil formas diversas propuestas para que un sistema bastardo y felón se mantenga, para que los de siempre sigan en sus sitios oteando el nuevo despertar y vuelvan a poner más distancia con nosotros aprovechando las oportunidades que este bendito sistema capitalista les ofrece y les perpetúa.
Y ahí es donde creo que Zapatero ha traicionado el espíritu de su elección y se ha mostrado efervescente en sus fundamentos. Algo podía haber hecho para decirnos a todos y decirles a ellos que la caradura se paga, pero por lo visto no tocaba. Algo podría haber hecho o dicho sobre la economía sumergida, sobre las operaciones de la economía irreal, pero por lo visto no tocaba. Llevábamos años mirando a otro lado ante tanta santurronería y talante huero, porque en algún sitio queríamos encontrar esos principios que nos animaron a concederle el voto, a veces eran asuntos no por importantes menos accesorios y sí, en alguna ocasión, aspectos fundamentales que otros gobiernos socialistas no encararon y que nunca lo haría uno conservador. Dejamos el estilo estricto y enfurruñado de Aznar, el de la mirada torva y nos topamos con una sonrisa diplomática, a ratos difícilmente compatible con la actividad cerebral y un azul bonachón que nos aseguraba la felicidad eterna. Quizá no hubiera estado mal un punto intermedio. Pero somos españoles. Para lo bueno y para lo malo. Los socialistas hacen las reestructuraciones industriales y realizan los ajustes de los desaguisados liberales. Un karma que poco debe de tener que ver con la Chacón.
Creo que poco se puede decir de las medidas salvo darle la razón a Rajoy de que se tenía que haber hecho antes, mucho antes. Los funcionarios tendrán que pagar con sus salarios asegurados la precariedad de las pagas de los demás y por mucho que protesten cierto estatus privilegiado sí que tienen. ¿Hablamos de la policía local y su estipendio en relación a su formación, lo hacemos de esos jueces, secretarios, etc. que no quieren fichar, de los soldados que protestan cuando les mandan al frente, hablamos de la tasa de absentismo de quien se sabe vacunado contra el paro? Los otros funcionarios, los cumplidores tienen que estar jodidos. Como todos. Las pensiones eran malas cuando España iba bien, muy malas. Zapatero las ha adecentado algo. Con un 1% de inflación la cosa tampoco será terrible. De la jubilación ya hemos hablado en otras ocasiones. Quizá a los prejubilados de televisión con cincuenta años debieran reducirles también ese 5% y a los de Telefónica otro tanto, por lo menos no gastan en ir al trabajo. Lo del cheque bebé fue una de esas cosas de Zapatero que hacen los toreros mirando al tendido. Facilite la vida a las familias para que tengan hijos y en especial a las mujeres que son las que gestan, protéjalas legalmente, ayude al empresario como pueda, pero déjese de regalar pantallas de plasma a las embarazadas. Un gobernante debería conocer mejor a sus gobernados. Y lo de las obras públicas tiene su contraparte de la bajada de actividad, aspecto que debieran haber contrapeado con soluciones fiscales a esas empresas y de líneas de crédito para mantener en lo posible las inversiones en infraestructuras y en I+D. Y sonaré poco solidario, pero las operaciones humanitarias o militares en el exterior cuestan un pastón, así que habrá que disminuir las operaciones de cooperación. Que no nos pidan prestada la bombona cuando estamos en apnea. Pero no nos olvidamos de la pastizara con la que se ayuda a la Iglesia, a las iglesias. Lo de los medicamentos y lo de dependencia es una castaña. ¿Se va a efectuar un acto médico por cada monodosis necesaria?
Como saben he pasado unas semanas confraternizando con la profesión sanitaria. Permítanme, por tanto para acabar, una referencia personal. Hay un medicamento protocolizado tras el infarto. Se debe dar al menos durante un año y muy seguramente de por vida. El médico que te da la baja no está autorizado a recetarlo y requiere del cardiólogo, que antes de leer los informes de UCI, hemodinamistas y brujos varios te hace un electrocardiograma de oficio. Por supuesto que no informa ese nuevo ECG, pero te da la receta y para ello ha gastado tiempo de recepcionista, de teléfono, de enfermera, de especialista, de ambulatorio y geles, electrodos y papel de registro, amen del propio aparato para decirte lo mismo que otros dos cardiólogos que han hecho lo mismo en esa misma semana. Mi empresa tiene contratada con mi mutua el pago de las bajas, así que otro especialista deberá asegurarse de mi estado. Serán cuatro los que me abran historia para informar del curso de mi enfermedad. Tengo que decir que antes del infarto me hicieron, entre otras pruebas complementarias, otros tres electrocardiogramas tres profesionales diferentes, un ecocardiograma y hasta una ergometría con isótopos con los que logré leer en la cama con la luz apagada. En todos los casos estaba sanísimo. En la UCI, no funcionó el primer electrocardiógrafo, tampoco el segundo, se fue a buscar el de Urgencias, justamente con el que me habían hecho otro, minutos antes. Les recuerdo que esto me ha pasado en mayo de 2010 en la capital de la octava potencia europea, uno de los veinte países más ricos del mundo, no en una aldea perdida del África negra. Cuando llega el aparato, la enfermera no sabía meter el papel de registro en la carcasa, mientras médico, auxiliar y celador ofrecían sus opiniones. ¿Saben los corrillos de personas mirando entorno a los cimientos de construcción de una obra apoyados en la valla? Bueno, pues yo era el agujero.
No crean que es una crítica a los médicos que me han tratado, a pesar de que el primer intensivista dudaba sobre mi estado y el relevo afirmaba que lo mío no era un infarto, quizá porque mi caso era raro, quizá porque deseo suponer que lo mío no es de este mundo, que a punto ha estado. Otros por el contrario lo hicieron de maravilla. Lo traigo a colación simplemente para mostrar que muchas veces se puede reducir muchos costes, sin tocar a los salarios, bastaría con haberse preocupado de la formación en épocas de vacas crasas, bastaría con hacer las cosas bien a la primera: ya saben no hay tiempo para hacer las cosas bien pero sí para repetirlas, bastaría con racionalizar los recursos - la enfermera me dijo que no me preocupara que los electros se pueden hacer todos los que se quieran demostrando que está al tanto de lo último en economía de la salud-, bastaría con que cada eslabón supiera qué tiene que hacer y hacerlo lo mejor que pueda, porque ahora tanto los competentes como los maulas van a recibir las mismas rebajas en sus salarios y es considerablemente más fácil ser perezoso que esforzado. Y aprendemos tan rápido.
Permítanme después de tanta demagogia, una dedicatoria a los que imprimen con la impresora láser color del trabajo las fotos de vacaciones, a los que dicen cuelga tú que te llamo yo que estoy en el trabajo, a los que ignoran que las papelerías venden folios idénticos a los que toman prestados de sus curros, a los que surten a sus hijos de grapadoras, rotuladores, bolis de punta fina, clips, sacapuntas y carpetas cada curso pero ignorando su precio, a los que copian los apuntes de los vástagos o recetas de la Termomix en la fotocopiadora de la oficina. ¡Es que eso lo hace todo el mundo! Pues eso.
Pero ésta es la semana de pasión para los europeos, pero como aquí somos como somos, hemos puesto el monte Calvario en el mismísimo kilómetro Cero de la Puerta del Sol, y hemos descontextualizado cualquier análisis, sin valorar unas mínimas comparaciones con Francia, Irlanda, Reino Unido, etc. ¡nosotros!, tan dados al y tú más.
Defender al Gobierno es una posibilidad perfectamente posible y no hace falta rebuscar muchos argumentos para salvar la cara de su decisión. De forma paradójica, lo mismo se puede hacer desde la acera contraria, y no faltarán argumentaciones para decir que lo hecho hasta ahora es un desastre. Y a la vez se puede expresar la idea de que ambas posiciones son impresentables. Más complicado es pensar que ambos lo están haciendo bien. Creo que ni siquiera con ácido, es tal viaje posible. Si el Gobierno está apesadumbrado y no le llega la camisa al cuerpo, la oposición del PP está confusa, sin alternativas y, sobre todo, sin acción en los lugares y áreas en los que sí puede hacer algo. Rosa Díez ha desaparecido del combate porque las boutades y cantinelas no se dicen en los funerales serios e Izquierda Unida sigue en el pensamiento paleoreivindicativo que le costará su definitivo hundimiento, primero en las regionales y más tarde en las generales. La cara, tristemente para los que no somos nada nacionalistas, la mantienen los partidarios de tan decimonónico ideal, sobre todo Duran i Lleida, otro desperdicio para este país, el que se haya quedado en la política regional y no juegue todo lo que debiera en las ligas mayores.
No debemos cansarnos en recordar que esta crisis no es una terrible mala cosecha, que no es un terremoto devastador, que no es una confabulación de los ríos para anegar nuestra vida e inundar nuestro futuro, esta crisis, este descontrol que apenas entendemos, es producto de la miseria capitalista, pero no crean que es la simple soflama de pasquín de un salto de barbudos en las calles de las grandes ciudades de España en los setenta, es que lo que ha pasado y está pasando es la pura exaltación de esos valores de los que quieren un Estado liliput, la prevalencia de un modelo insolidario e injusto; es la consecuencia del más puro eretismo capitalista que reclamó el déjennos hacer, no pongan límites a nuestra iniciativa, no imposibiliten nuestros planes, nuestros gráficos ascendentes, nuestros triles transfronterizos; así, la debacle griega se la come el socialista Papandreu, pero los que mintieron fueron los gobernantes anteriores, seguidores del modelo neoliberal y cuyo presidente, el muy conservador Karamanlís, sigue paseándose por las calles de Atenas o quizá esté esquiando en Cortina d’Ampezzo. Y en sus respectivas ciudades siguen paseando las cúpulas de esos grandes bancos intervenidos, la alta dirección de esos fondos de inversión especuladores, los gerifaltes de las aseguradoras que se disputaban los primeros puestos en las clasificaciones de remuneraciones, tan astronómicas, que parecían su recuento de glóbulos rojos más que una nómina mensual.
Y todos nos sentíamos Mowgli entre esas manadas de lobos que caracterizó un ministro sueco a la jauría especuladora, hasta que nos dimos cuenta de que éramos nosotros los bípedos implumes y que empezábamos a oler a guiso demasiado apetecible.
Es difícil aceptar que se nos quiten pelas de las mil formas diversas propuestas para que un sistema bastardo y felón se mantenga, para que los de siempre sigan en sus sitios oteando el nuevo despertar y vuelvan a poner más distancia con nosotros aprovechando las oportunidades que este bendito sistema capitalista les ofrece y les perpetúa.
Y ahí es donde creo que Zapatero ha traicionado el espíritu de su elección y se ha mostrado efervescente en sus fundamentos. Algo podía haber hecho para decirnos a todos y decirles a ellos que la caradura se paga, pero por lo visto no tocaba. Algo podría haber hecho o dicho sobre la economía sumergida, sobre las operaciones de la economía irreal, pero por lo visto no tocaba. Llevábamos años mirando a otro lado ante tanta santurronería y talante huero, porque en algún sitio queríamos encontrar esos principios que nos animaron a concederle el voto, a veces eran asuntos no por importantes menos accesorios y sí, en alguna ocasión, aspectos fundamentales que otros gobiernos socialistas no encararon y que nunca lo haría uno conservador. Dejamos el estilo estricto y enfurruñado de Aznar, el de la mirada torva y nos topamos con una sonrisa diplomática, a ratos difícilmente compatible con la actividad cerebral y un azul bonachón que nos aseguraba la felicidad eterna. Quizá no hubiera estado mal un punto intermedio. Pero somos españoles. Para lo bueno y para lo malo. Los socialistas hacen las reestructuraciones industriales y realizan los ajustes de los desaguisados liberales. Un karma que poco debe de tener que ver con la Chacón.
Creo que poco se puede decir de las medidas salvo darle la razón a Rajoy de que se tenía que haber hecho antes, mucho antes. Los funcionarios tendrán que pagar con sus salarios asegurados la precariedad de las pagas de los demás y por mucho que protesten cierto estatus privilegiado sí que tienen. ¿Hablamos de la policía local y su estipendio en relación a su formación, lo hacemos de esos jueces, secretarios, etc. que no quieren fichar, de los soldados que protestan cuando les mandan al frente, hablamos de la tasa de absentismo de quien se sabe vacunado contra el paro? Los otros funcionarios, los cumplidores tienen que estar jodidos. Como todos. Las pensiones eran malas cuando España iba bien, muy malas. Zapatero las ha adecentado algo. Con un 1% de inflación la cosa tampoco será terrible. De la jubilación ya hemos hablado en otras ocasiones. Quizá a los prejubilados de televisión con cincuenta años debieran reducirles también ese 5% y a los de Telefónica otro tanto, por lo menos no gastan en ir al trabajo. Lo del cheque bebé fue una de esas cosas de Zapatero que hacen los toreros mirando al tendido. Facilite la vida a las familias para que tengan hijos y en especial a las mujeres que son las que gestan, protéjalas legalmente, ayude al empresario como pueda, pero déjese de regalar pantallas de plasma a las embarazadas. Un gobernante debería conocer mejor a sus gobernados. Y lo de las obras públicas tiene su contraparte de la bajada de actividad, aspecto que debieran haber contrapeado con soluciones fiscales a esas empresas y de líneas de crédito para mantener en lo posible las inversiones en infraestructuras y en I+D. Y sonaré poco solidario, pero las operaciones humanitarias o militares en el exterior cuestan un pastón, así que habrá que disminuir las operaciones de cooperación. Que no nos pidan prestada la bombona cuando estamos en apnea. Pero no nos olvidamos de la pastizara con la que se ayuda a la Iglesia, a las iglesias. Lo de los medicamentos y lo de dependencia es una castaña. ¿Se va a efectuar un acto médico por cada monodosis necesaria?
Como saben he pasado unas semanas confraternizando con la profesión sanitaria. Permítanme, por tanto para acabar, una referencia personal. Hay un medicamento protocolizado tras el infarto. Se debe dar al menos durante un año y muy seguramente de por vida. El médico que te da la baja no está autorizado a recetarlo y requiere del cardiólogo, que antes de leer los informes de UCI, hemodinamistas y brujos varios te hace un electrocardiograma de oficio. Por supuesto que no informa ese nuevo ECG, pero te da la receta y para ello ha gastado tiempo de recepcionista, de teléfono, de enfermera, de especialista, de ambulatorio y geles, electrodos y papel de registro, amen del propio aparato para decirte lo mismo que otros dos cardiólogos que han hecho lo mismo en esa misma semana. Mi empresa tiene contratada con mi mutua el pago de las bajas, así que otro especialista deberá asegurarse de mi estado. Serán cuatro los que me abran historia para informar del curso de mi enfermedad. Tengo que decir que antes del infarto me hicieron, entre otras pruebas complementarias, otros tres electrocardiogramas tres profesionales diferentes, un ecocardiograma y hasta una ergometría con isótopos con los que logré leer en la cama con la luz apagada. En todos los casos estaba sanísimo. En la UCI, no funcionó el primer electrocardiógrafo, tampoco el segundo, se fue a buscar el de Urgencias, justamente con el que me habían hecho otro, minutos antes. Les recuerdo que esto me ha pasado en mayo de 2010 en la capital de la octava potencia europea, uno de los veinte países más ricos del mundo, no en una aldea perdida del África negra. Cuando llega el aparato, la enfermera no sabía meter el papel de registro en la carcasa, mientras médico, auxiliar y celador ofrecían sus opiniones. ¿Saben los corrillos de personas mirando entorno a los cimientos de construcción de una obra apoyados en la valla? Bueno, pues yo era el agujero.
No crean que es una crítica a los médicos que me han tratado, a pesar de que el primer intensivista dudaba sobre mi estado y el relevo afirmaba que lo mío no era un infarto, quizá porque mi caso era raro, quizá porque deseo suponer que lo mío no es de este mundo, que a punto ha estado. Otros por el contrario lo hicieron de maravilla. Lo traigo a colación simplemente para mostrar que muchas veces se puede reducir muchos costes, sin tocar a los salarios, bastaría con haberse preocupado de la formación en épocas de vacas crasas, bastaría con hacer las cosas bien a la primera: ya saben no hay tiempo para hacer las cosas bien pero sí para repetirlas, bastaría con racionalizar los recursos - la enfermera me dijo que no me preocupara que los electros se pueden hacer todos los que se quieran demostrando que está al tanto de lo último en economía de la salud-, bastaría con que cada eslabón supiera qué tiene que hacer y hacerlo lo mejor que pueda, porque ahora tanto los competentes como los maulas van a recibir las mismas rebajas en sus salarios y es considerablemente más fácil ser perezoso que esforzado. Y aprendemos tan rápido.
Permítanme después de tanta demagogia, una dedicatoria a los que imprimen con la impresora láser color del trabajo las fotos de vacaciones, a los que dicen cuelga tú que te llamo yo que estoy en el trabajo, a los que ignoran que las papelerías venden folios idénticos a los que toman prestados de sus curros, a los que surten a sus hijos de grapadoras, rotuladores, bolis de punta fina, clips, sacapuntas y carpetas cada curso pero ignorando su precio, a los que copian los apuntes de los vástagos o recetas de la Termomix en la fotocopiadora de la oficina. ¡Es que eso lo hace todo el mundo! Pues eso.
sábado, 8 de mayo de 2010
Extractores de capital
La fe sigue atacada por fuerzas desconocidas. Parece que van a prohibir los últimos escapularios de muñeca. Sabrán que se anunciaban como un equilibrador del organismo de propiedades maravillosas: "un holograma de Mylar en el que ha sido almacenada una frecuencia procedente de materiales naturales conocidos por sus efectos beneficiosos para nuestro cuerpo". Cuesta treinta y tantos euros y la gente va y lo compra. Luego dicen de nosotros que somos compradores sofisticados. Menos mal que en Facebook ya han abierto un grupo que llaman al producto “detector de retrasados”, otra carga de profundidad contra el trabajo de los psicólogos.
Se sabe que Rajoy ha querido regalarle uno a Zapatero, pero por lo visto, éste no lo ha aceptado. Fue lo que pactaron el La Moncloa. Por el contrario el lehendakari López lleva una, al igual que nuestro vicepresidente autonómico González. El secretario general de los socialistas de Madrid se peleó con Blanco por una de ellas. Dicen.
Los inventores cuentistas dicen que “hay frecuencias que reaccionan negativamente con el cuerpo, pero otras lo hacen positivamente. Hemos descubierto cómo meterlas en un holograma que, en contacto con el cuerpo, te proporciona equilibrio, fuerza y flexibilidad". A sabiendas de que el 30% de los chavales no supera la ESO y que uno de cada tres alcaldes no ha acabado el bachillerato, utilizan las palabras holograma y frecuencia y, claro, el asunto es definitivo.
La empresa comercializadora se autodenomina tecnológica y algo de técnica tiene que tener cuando la pulserita cuesta 1 euro y se vende por 35. Aunque han salido muchos imitadores, la Power Balance original ha vendido más de 300.000 unidades. Estas mismas empresas tecnológicas les cuesta la comunicación electrónica, porque dicen que esperan que les manden desde Estados Unidos los estudios confirmatorios.
Recordarán ustedes las pulseras de cobre que hicieron furor hace veinticinco o veinte años. Las farmacias las vendían ¡y las recargaban! a todos aquellos tipos con cardenillo en sus muñecas.
Pero ahora el descaro es significativo, dicen que no perjudica y beneficia a la imagen (¿?) Y eso ayuda al cuerpo. Es posible. Quizá tenga propiedades ignífugas y sea al de bomberos. Otros, por el contrario, no se cortan, y afirman que combate las células cancerosas y mantiene la juventud.
Hay médicos por ahí, que pegan diferentes piedras semipreciosas a diapasones convenciendo a sus pacientes que las distintas resonancias alivian diferentes patologías. Ejercen, tienen consulta abierta al público, quizá el Colegio de Médicos debiera hacer algo.
Pero todo esto me lleva a pensar si los Standard&Poor’s de turno no son un poco vendedores de pulseritas. Seguro que las camisas son de popelín y los gemelos son genuinos y no simples cubrebotones, pero quizá nos consideren también retrasados y quieran asentarse en esta gobernanza de las agencias calificadoras, manejando el mercado a su conveniencia, o peor, a su ignorancia.
Standard&Poor’s y Moody’s son las dos principales agencias y tuvieron orígenes paralelos e incluso cruzados. Uno de los dueños de Moody’s es Warren Buffett a través de la corporación Berkshire Hathaway, que también controla Coca Cola, American Express o el Washington Post. Y como saben, Standard&Poor’s tuvo su origen hace 150 años, tras el rápido progreso de los mercados de capital privado y el desarrollo de la red de ferrocarriles. Henry Varnuum Poor compiló los datos sobre las operaciones financieras de la construcción de la red ferroviaria americana y ya con sus hijos edito un manual, de actualización anual de esas mismas operaciones, hasta que en los ’60 fue comprada por McGraw-Hill.
No es que lo diga yo, es que el multiPulitzer Thomas Friedman's ya lo dijo hace 15 años y que en traducción apresurada más o menos dice: Hay dos superpoderes en el mundo. Están los Estados Unidos y las Agencias de Calificación. Los Estados Unidos pueden destruirte lanzándote bombas y las Agencias bajando tu calificación. Y créanme, a veces no está claro quién es más poderoso.
Y ya el Senado americano advirtió, tras la debacle del inicio de la crisis, que tanto Moody’s como Standard&Poor’s, que recibían importantes comisiones de los bancos, generaron niveles de confianza poco aconsejables para bonos de alto riesgo.
¿Qué es lo que pasa? Que las agencias al ser selectivas, determinan, más allá de la dinámica empresarial, el curso del mercado. Con lo que la famosa mano invisible cobra forma, el capitalismo se hace corpóreo ...y el verbo se hizo carne y habitó entre nosotros.
Y ahora Standard&Poor’s determina el curso de la Unión Europea con sus calificaciones del riesgo país o los consiguientes bulos que lanzan los especuladores para ganar dinero. Identicos medios para idénticos fines.
¿Saben algo? A mi eso de Standard&Poor’s me recuerda sobre todo a la marca S&P con la que comparte anagrama, pero la nuestra es una muy digna empresa fundada en Gerona por Soler y Palau hace 60 años. Y si se fijan bien, esta empresa fabrica aparatos de extracción industrial, pero la mayor parte de ustedes habrá visto la marca en esos retretes mugrientos de bar de estación y aledaños, estampada sobre ventiladorcitos de esos mingitorios sin ventanas que esparcen hacia el mundo las miasmas que desechamos. Y ahí es dónde la naturaleza imita al arte y coinciden las iniciales, entendiendo la agencia como un molinillo de mierda que juega a repartirla para beneficiar al mejor postor. Es sorprendente que quien tanto falló, se permita seguir hablando desde el atril de la superioridad y del conocimiento. Y seguro que ni siquiera necesita la ayuda de la pulsera de Power Balance.
Acabo. Esto que les he contado ha tenido dos fases de elaboración. Pero ya no me dejan más tiempo. Me han dicho que tengo que cambiar mis hábitos. No estresarme. Pensar en el mundo con ópticas diferentes y tomarme la vida de otra forma. El domingo pasado tuve un infarto. Como pueden suponer la cosa fue bien, o mal si recapacitan en lo dicho, pero los hemodinamistas me dieron otra oportunidad. Quizá tengan razón y uno debe dejar de leer los periódicos y ver los noticiarios, incluso debiera uno dejar de rumiar ideas, que pensar nunca fue bueno. Así que tendré que dejar las grasas, la sal, los dulces y el alcoholazo, pero qu no me pidan que deje de ser el escorpión sobre la rana que vadea el río, porque aunque exista otra vida, con su camisita y su canesú, yo sólo sé estar en ésta que quiero compartir con ustedes.
Se sabe que Rajoy ha querido regalarle uno a Zapatero, pero por lo visto, éste no lo ha aceptado. Fue lo que pactaron el La Moncloa. Por el contrario el lehendakari López lleva una, al igual que nuestro vicepresidente autonómico González. El secretario general de los socialistas de Madrid se peleó con Blanco por una de ellas. Dicen.
Los inventores cuentistas dicen que “hay frecuencias que reaccionan negativamente con el cuerpo, pero otras lo hacen positivamente. Hemos descubierto cómo meterlas en un holograma que, en contacto con el cuerpo, te proporciona equilibrio, fuerza y flexibilidad". A sabiendas de que el 30% de los chavales no supera la ESO y que uno de cada tres alcaldes no ha acabado el bachillerato, utilizan las palabras holograma y frecuencia y, claro, el asunto es definitivo.
La empresa comercializadora se autodenomina tecnológica y algo de técnica tiene que tener cuando la pulserita cuesta 1 euro y se vende por 35. Aunque han salido muchos imitadores, la Power Balance original ha vendido más de 300.000 unidades. Estas mismas empresas tecnológicas les cuesta la comunicación electrónica, porque dicen que esperan que les manden desde Estados Unidos los estudios confirmatorios.
Recordarán ustedes las pulseras de cobre que hicieron furor hace veinticinco o veinte años. Las farmacias las vendían ¡y las recargaban! a todos aquellos tipos con cardenillo en sus muñecas.
Pero ahora el descaro es significativo, dicen que no perjudica y beneficia a la imagen (¿?) Y eso ayuda al cuerpo. Es posible. Quizá tenga propiedades ignífugas y sea al de bomberos. Otros, por el contrario, no se cortan, y afirman que combate las células cancerosas y mantiene la juventud.
Hay médicos por ahí, que pegan diferentes piedras semipreciosas a diapasones convenciendo a sus pacientes que las distintas resonancias alivian diferentes patologías. Ejercen, tienen consulta abierta al público, quizá el Colegio de Médicos debiera hacer algo.
Pero todo esto me lleva a pensar si los Standard&Poor’s de turno no son un poco vendedores de pulseritas. Seguro que las camisas son de popelín y los gemelos son genuinos y no simples cubrebotones, pero quizá nos consideren también retrasados y quieran asentarse en esta gobernanza de las agencias calificadoras, manejando el mercado a su conveniencia, o peor, a su ignorancia.
Standard&Poor’s y Moody’s son las dos principales agencias y tuvieron orígenes paralelos e incluso cruzados. Uno de los dueños de Moody’s es Warren Buffett a través de la corporación Berkshire Hathaway, que también controla Coca Cola, American Express o el Washington Post. Y como saben, Standard&Poor’s tuvo su origen hace 150 años, tras el rápido progreso de los mercados de capital privado y el desarrollo de la red de ferrocarriles. Henry Varnuum Poor compiló los datos sobre las operaciones financieras de la construcción de la red ferroviaria americana y ya con sus hijos edito un manual, de actualización anual de esas mismas operaciones, hasta que en los ’60 fue comprada por McGraw-Hill.
No es que lo diga yo, es que el multiPulitzer Thomas Friedman's ya lo dijo hace 15 años y que en traducción apresurada más o menos dice: Hay dos superpoderes en el mundo. Están los Estados Unidos y las Agencias de Calificación. Los Estados Unidos pueden destruirte lanzándote bombas y las Agencias bajando tu calificación. Y créanme, a veces no está claro quién es más poderoso.
Y ya el Senado americano advirtió, tras la debacle del inicio de la crisis, que tanto Moody’s como Standard&Poor’s, que recibían importantes comisiones de los bancos, generaron niveles de confianza poco aconsejables para bonos de alto riesgo.
¿Qué es lo que pasa? Que las agencias al ser selectivas, determinan, más allá de la dinámica empresarial, el curso del mercado. Con lo que la famosa mano invisible cobra forma, el capitalismo se hace corpóreo ...y el verbo se hizo carne y habitó entre nosotros.
Y ahora Standard&Poor’s determina el curso de la Unión Europea con sus calificaciones del riesgo país o los consiguientes bulos que lanzan los especuladores para ganar dinero. Identicos medios para idénticos fines.
¿Saben algo? A mi eso de Standard&Poor’s me recuerda sobre todo a la marca S&P con la que comparte anagrama, pero la nuestra es una muy digna empresa fundada en Gerona por Soler y Palau hace 60 años. Y si se fijan bien, esta empresa fabrica aparatos de extracción industrial, pero la mayor parte de ustedes habrá visto la marca en esos retretes mugrientos de bar de estación y aledaños, estampada sobre ventiladorcitos de esos mingitorios sin ventanas que esparcen hacia el mundo las miasmas que desechamos. Y ahí es dónde la naturaleza imita al arte y coinciden las iniciales, entendiendo la agencia como un molinillo de mierda que juega a repartirla para beneficiar al mejor postor. Es sorprendente que quien tanto falló, se permita seguir hablando desde el atril de la superioridad y del conocimiento. Y seguro que ni siquiera necesita la ayuda de la pulsera de Power Balance.
Acabo. Esto que les he contado ha tenido dos fases de elaboración. Pero ya no me dejan más tiempo. Me han dicho que tengo que cambiar mis hábitos. No estresarme. Pensar en el mundo con ópticas diferentes y tomarme la vida de otra forma. El domingo pasado tuve un infarto. Como pueden suponer la cosa fue bien, o mal si recapacitan en lo dicho, pero los hemodinamistas me dieron otra oportunidad. Quizá tengan razón y uno debe dejar de leer los periódicos y ver los noticiarios, incluso debiera uno dejar de rumiar ideas, que pensar nunca fue bueno. Así que tendré que dejar las grasas, la sal, los dulces y el alcoholazo, pero qu no me pidan que deje de ser el escorpión sobre la rana que vadea el río, porque aunque exista otra vida, con su camisita y su canesú, yo sólo sé estar en ésta que quiero compartir con ustedes.
sábado, 24 de abril de 2010
Velociraptores
Vaya follón con el dichoso velo y la religiosa niña de Pozuelo. He decidido que voy a hablar en pareado de vez en cuando, para poner algo de poesía en esta existencia mediocre. Ya lo habrán oído. Una adolescente de un colegio de las afueras de Madrid, del municipio más rico de España, ha decidido ponerse el hiyab en el aula. Como según el reglamento no era posible, recibía clase desde la sala de visitas hasta que el consejo escolar, por abrumadora mayoría, dijo que no se cambiaba el reglamento y le han dado la opción de quitarse el velo en clase o irse a otro colegio más complaciente. Que esto pase en Pozuelo, cuyo traje regional es el chándal de firma es para hacérselo mirar.
Mientras eso estaba sucediendo el PP dice una cosa, el PSOE otra, también diferentes ministerios, la Comunidad de Madrid y, por supuesto, todos los medios sin excepción. De hecho seguro que usted tiene su propia opinión. Es lo que pasa cuando la norma no existe y las posiciones no son claras. No hay una postura feminista, por ejemplo, la hay occidental e islámica y dentro de ellas, la hay americana y europea, senegalesa o pakistaní. Así que hay que tirar de segundo o tercer apellido, como un vasco de toda la vida, para saber a qué atenernos.
Yo tuve la suerte, o la desgracia, que para esto también hay interpretaciones, de no llevar jamás uniforme, salvo el obligado caqui y ya era mocito por aquel entonces. No tuve por tanto, mucho conocimiento de normas y reglamentos sobre el particular, pero muchos de ustedes sabrán que se limitan los largos de las faldas, que las más despiertas se aprestan a encoger por el procedimiento del gurruño o papiro de la cinturilla, o se especifica el tipo de calzado, la pintura facial, los piercings o cualesquiera otros aditamentos como la camiseta del Barça o la del Madrid. Seguro que va contra la libertad individual, pero nos ahorra que en clase de filosofía, se conciten faldas hawaianas con chanclas, anillos nasales y kabukis varios. Quizá, con este descontrol indumentario, ganara la interculturalidad y seguro que también el despiste de los alumnos, pero, qué quieren, cuando se está setas, a setas y cuando se está a Rolex, pues a Rolex.
Al alumno que le has dicho hace cuatro semanas que se quite la gorra, ve como gorra no pero yihab sí. Y no sé cómo se lo explicarán. Sí, hombre, el velo es una expresión religiosa y lo de la gorra… pues…
O sea que la laicidad de este Estado es otorgar a la religión un estatus de supramoralidad por encima de cualesquiera otras consideraciones. Y yo me pregunto cuál es mi derecho análogo, dónde queda la no religión, el ateísmo, el agnosticismo, los laicos por hacer un saco gordo y revuelto, para reivindicar la no alternativa. A los que son como yo no nos regalan suelo para hacer edificios que alberguen los rezos, ni nos hacen aportaciones de los impuestos para seguir funcionando, ni tenemos nuestras propias celebraciones, ni nos bloquean calles para que paseemos nuestras cuitas. La laicidad no puede ser solamente, en modo alguno, el reglamento del juego de las religiones, porque nos deja sin espacio de argumentación, de análisis, a los demás.
Dice Gabilondo, el ministro, que debe prevalecer el derecho a la educación de la muchacha. ¿Prevalecer sobre qué? ¿Sobre la vida? ¿Sobre el razonamiento? ¿Sobre todos los demás? Se debe contestar a sí mismo con esto es lo que hay, que dice esta juventud neo-retrógrada para dejar de pensar. Poco crédito para un catedrático de metafísica que ya tiene todas las respuestas.
Aguirre, la presidenta, dice que no le gusta que lleven el velo y que se atiene a los reglamentos de cada colegio. Sobre esto hay algo que decir. ¿Es razonable que cada colegio público tenga su propio reglamento en asuntos como éste? Asuntos que tienen que ver con aspectos morales, políticos, religiosos pueden ser diferentes según el consejo escolar sea más ácrata, más facha o más rojeras. ¿Debería poder decidir un municipio de Navarra sobre la oración matinal en un colegio público o aplicar la sexpol unos adoradores de Wilheim Reich en Ibiza?
La directora del Instituto de Estudios de la Mujer pide respeto a la manera de que las musulmanas se sientan mejor, ya sea por pudor o fe religiosa. ¡Cómo mola! Todo el Estado buscando la felicidad entre huríes satisfechas y yo aquí mordiéndome las uñas.
Hace nada nuestros dirigentes y opinantes varios se felicitaban porque en España había pocos problemas en relación a la vestimenta. Si no querías caldo dos tazas. Qué prevean otros. Francia excluyó los signos ostensibles, sin decir muy bien qué significa eso. La banderita de España en los relojes hace treinta años significaba algo más que ser español. De hecho hay un revival de ese etiquetado exhibicionista, en los retrovisores, en pulseras o en collares de perro. Hay una forma de vestir que nos invita a pensar la adscripción social y política del portaestandarte. Las mechas, el Louis Vuitton y el 4x4 hablan antes de que la voz lo afirme, igual que las rastas, los calcetines de colores y varias capas de camisetas lo hacen antes de ver la ceja anillada.
¿Qué es, por tanto, ostensible? ¿Cabe, pues, controlar la vestimenta para unos casos y no para otros? ¿Qué se hace cuando esos niños vayan a la piscina? ¿Aceptamos el burkini e ir en pelota picada de forma simultánea? Fulanita, ponte la doble enagua; tú, Miguelín, desnúdate de una vez que ya me lo tienen dicho tus padres que luego se te nota la marca. Éstas podrían ser las admoniciones interculturales de los próximos tiempos.
El velo no deja de ser una cuña religiosa en el espacio común de convivencia y hacerlo en la escuela es conceder una prevalencia que otros intereses no tienen. El velo es también un orgullo identitario y a la vez un elemento protector, un espray de aceptación contra fundamentalistas, pero a la vez una muestra de sumisión y desigualdad, lo que contextualmente deviene también en atributo de atracción para los varones. El velo es demasiadas cosas.
En la sura La Luz se pide “Y di a las creyentes que bajen la vista con recato, que sean castas y no muestren más adorno que los que están a la vista, que cubran su escote con el velo y no exhiban sus adornos sino a sus esposos, a sus padres, a sus suegros, a sus propios hijos, a sus hijastros, a sus hermanos, a sus sobrinos carnales, a sus mujeres, a sus esclavas, a sus criados varones fríos, a los niños que no saben aún de las partes femeninas. Que no batan ellas con sus pies de modo que se descubran sus adornos ocultos. ¡Volvéos todos a Alá, creyentes! Quizás, así, prosperéis”
En la sura Al-baqara se indica “La menstruación es un mal (es un estado de impureza) ¡Manteneos pues aparte de las mujeres durante la menstruación y no os acerquéis a ellas hasta que se hayan purificado!”
Con estas líneas de más arriba se tejen los velos que luego visten las adolescentes concienciadas.
La religión como los procesos digestivos debería ser un asunto privado, uno puede compartirlo de principio a fin, pero lo suyo es que quede para cada cual. Pueden ser muy ilustrativos los debates sobre Ronaldo y Messi o sobre Guardiola y Mourinho siempre y cuando a uno le interese el futbol, si no es así, la irrupción de ese debate en la vida normal de la gente está absolutamente fuera de sitio. Igualmente sobre las papillas de los niños cuando no se tienen hijos o los fondos de inversión cuando no se tiene dinero.
Termino. Hace apenas dos semanas una opositora al cuerpo de maestros de educación primaria logró, después de tres años, que se le permitiera realizar la oposición después de la puesta de sol. Maragall le permitió examinarse en solitario 8 horas más tarde que el resto. Y ello debido a que la opositora es miembro de la Iglesia Adventista del Séptimo Día, que recomienda no hacer nada los sábados. Si aprueba será maestra de educación primaria. Quizá por ser funcionaria se la impida llevar velo. Pero dada su militancia y perseverancia fundamentalista ¿qué enseñará a los niños a su cargo? Esa chica que pidió el cambio de hora en el examen sigue una religión que está convencida de una segunda venida de Jesucristo, que cree a pies juntillas en que todo ya está escrito y atribuyen a los sábados un papel fundamental. Tienen ideas propias sobre el estado de los muertos y sobre la alimentación. Los adventistas parten de aquellos milleristas que iban cambiando la fecha de la segunda venida de Jesús una y otra vez, porque no había forma de que llegara a la cita, demostrando así que Jesús es un malqueda, lo que se conoce en teología como la Gran Decepción. ¿Quiero que le hablen a mi hijo de esas cosas? ¿Y si mi transfusor es Testigo de Jehova? ¿Puedo fiarme?
La prueba del examen para el resto empezó a las 11:45, mientras ella era confinada hasta las 20:40 en una sala vigilada por el Tribunal para evitar el contacto con informantes externos. ¡Toma horas extras!
Quizá no haya que preocuparse demasiado, porque no sé si la aprobarán. La aspirante manifestó: Estoy muy feliz por ser adventista y muy tranquila porque sé que Dios está conmigo y eso quizá se considere una forma, sublime, eso sí, de comunicación con el Exterior.
Mientras eso estaba sucediendo el PP dice una cosa, el PSOE otra, también diferentes ministerios, la Comunidad de Madrid y, por supuesto, todos los medios sin excepción. De hecho seguro que usted tiene su propia opinión. Es lo que pasa cuando la norma no existe y las posiciones no son claras. No hay una postura feminista, por ejemplo, la hay occidental e islámica y dentro de ellas, la hay americana y europea, senegalesa o pakistaní. Así que hay que tirar de segundo o tercer apellido, como un vasco de toda la vida, para saber a qué atenernos.
Yo tuve la suerte, o la desgracia, que para esto también hay interpretaciones, de no llevar jamás uniforme, salvo el obligado caqui y ya era mocito por aquel entonces. No tuve por tanto, mucho conocimiento de normas y reglamentos sobre el particular, pero muchos de ustedes sabrán que se limitan los largos de las faldas, que las más despiertas se aprestan a encoger por el procedimiento del gurruño o papiro de la cinturilla, o se especifica el tipo de calzado, la pintura facial, los piercings o cualesquiera otros aditamentos como la camiseta del Barça o la del Madrid. Seguro que va contra la libertad individual, pero nos ahorra que en clase de filosofía, se conciten faldas hawaianas con chanclas, anillos nasales y kabukis varios. Quizá, con este descontrol indumentario, ganara la interculturalidad y seguro que también el despiste de los alumnos, pero, qué quieren, cuando se está setas, a setas y cuando se está a Rolex, pues a Rolex.
Al alumno que le has dicho hace cuatro semanas que se quite la gorra, ve como gorra no pero yihab sí. Y no sé cómo se lo explicarán. Sí, hombre, el velo es una expresión religiosa y lo de la gorra… pues…
O sea que la laicidad de este Estado es otorgar a la religión un estatus de supramoralidad por encima de cualesquiera otras consideraciones. Y yo me pregunto cuál es mi derecho análogo, dónde queda la no religión, el ateísmo, el agnosticismo, los laicos por hacer un saco gordo y revuelto, para reivindicar la no alternativa. A los que son como yo no nos regalan suelo para hacer edificios que alberguen los rezos, ni nos hacen aportaciones de los impuestos para seguir funcionando, ni tenemos nuestras propias celebraciones, ni nos bloquean calles para que paseemos nuestras cuitas. La laicidad no puede ser solamente, en modo alguno, el reglamento del juego de las religiones, porque nos deja sin espacio de argumentación, de análisis, a los demás.
Dice Gabilondo, el ministro, que debe prevalecer el derecho a la educación de la muchacha. ¿Prevalecer sobre qué? ¿Sobre la vida? ¿Sobre el razonamiento? ¿Sobre todos los demás? Se debe contestar a sí mismo con esto es lo que hay, que dice esta juventud neo-retrógrada para dejar de pensar. Poco crédito para un catedrático de metafísica que ya tiene todas las respuestas.
Aguirre, la presidenta, dice que no le gusta que lleven el velo y que se atiene a los reglamentos de cada colegio. Sobre esto hay algo que decir. ¿Es razonable que cada colegio público tenga su propio reglamento en asuntos como éste? Asuntos que tienen que ver con aspectos morales, políticos, religiosos pueden ser diferentes según el consejo escolar sea más ácrata, más facha o más rojeras. ¿Debería poder decidir un municipio de Navarra sobre la oración matinal en un colegio público o aplicar la sexpol unos adoradores de Wilheim Reich en Ibiza?
La directora del Instituto de Estudios de la Mujer pide respeto a la manera de que las musulmanas se sientan mejor, ya sea por pudor o fe religiosa. ¡Cómo mola! Todo el Estado buscando la felicidad entre huríes satisfechas y yo aquí mordiéndome las uñas.
Hace nada nuestros dirigentes y opinantes varios se felicitaban porque en España había pocos problemas en relación a la vestimenta. Si no querías caldo dos tazas. Qué prevean otros. Francia excluyó los signos ostensibles, sin decir muy bien qué significa eso. La banderita de España en los relojes hace treinta años significaba algo más que ser español. De hecho hay un revival de ese etiquetado exhibicionista, en los retrovisores, en pulseras o en collares de perro. Hay una forma de vestir que nos invita a pensar la adscripción social y política del portaestandarte. Las mechas, el Louis Vuitton y el 4x4 hablan antes de que la voz lo afirme, igual que las rastas, los calcetines de colores y varias capas de camisetas lo hacen antes de ver la ceja anillada.
¿Qué es, por tanto, ostensible? ¿Cabe, pues, controlar la vestimenta para unos casos y no para otros? ¿Qué se hace cuando esos niños vayan a la piscina? ¿Aceptamos el burkini e ir en pelota picada de forma simultánea? Fulanita, ponte la doble enagua; tú, Miguelín, desnúdate de una vez que ya me lo tienen dicho tus padres que luego se te nota la marca. Éstas podrían ser las admoniciones interculturales de los próximos tiempos.
El velo no deja de ser una cuña religiosa en el espacio común de convivencia y hacerlo en la escuela es conceder una prevalencia que otros intereses no tienen. El velo es también un orgullo identitario y a la vez un elemento protector, un espray de aceptación contra fundamentalistas, pero a la vez una muestra de sumisión y desigualdad, lo que contextualmente deviene también en atributo de atracción para los varones. El velo es demasiadas cosas.
En la sura La Luz se pide “Y di a las creyentes que bajen la vista con recato, que sean castas y no muestren más adorno que los que están a la vista, que cubran su escote con el velo y no exhiban sus adornos sino a sus esposos, a sus padres, a sus suegros, a sus propios hijos, a sus hijastros, a sus hermanos, a sus sobrinos carnales, a sus mujeres, a sus esclavas, a sus criados varones fríos, a los niños que no saben aún de las partes femeninas. Que no batan ellas con sus pies de modo que se descubran sus adornos ocultos. ¡Volvéos todos a Alá, creyentes! Quizás, así, prosperéis”
En la sura Al-baqara se indica “La menstruación es un mal (es un estado de impureza) ¡Manteneos pues aparte de las mujeres durante la menstruación y no os acerquéis a ellas hasta que se hayan purificado!”
Con estas líneas de más arriba se tejen los velos que luego visten las adolescentes concienciadas.
La religión como los procesos digestivos debería ser un asunto privado, uno puede compartirlo de principio a fin, pero lo suyo es que quede para cada cual. Pueden ser muy ilustrativos los debates sobre Ronaldo y Messi o sobre Guardiola y Mourinho siempre y cuando a uno le interese el futbol, si no es así, la irrupción de ese debate en la vida normal de la gente está absolutamente fuera de sitio. Igualmente sobre las papillas de los niños cuando no se tienen hijos o los fondos de inversión cuando no se tiene dinero.
Termino. Hace apenas dos semanas una opositora al cuerpo de maestros de educación primaria logró, después de tres años, que se le permitiera realizar la oposición después de la puesta de sol. Maragall le permitió examinarse en solitario 8 horas más tarde que el resto. Y ello debido a que la opositora es miembro de la Iglesia Adventista del Séptimo Día, que recomienda no hacer nada los sábados. Si aprueba será maestra de educación primaria. Quizá por ser funcionaria se la impida llevar velo. Pero dada su militancia y perseverancia fundamentalista ¿qué enseñará a los niños a su cargo? Esa chica que pidió el cambio de hora en el examen sigue una religión que está convencida de una segunda venida de Jesucristo, que cree a pies juntillas en que todo ya está escrito y atribuyen a los sábados un papel fundamental. Tienen ideas propias sobre el estado de los muertos y sobre la alimentación. Los adventistas parten de aquellos milleristas que iban cambiando la fecha de la segunda venida de Jesús una y otra vez, porque no había forma de que llegara a la cita, demostrando así que Jesús es un malqueda, lo que se conoce en teología como la Gran Decepción. ¿Quiero que le hablen a mi hijo de esas cosas? ¿Y si mi transfusor es Testigo de Jehova? ¿Puedo fiarme?
La prueba del examen para el resto empezó a las 11:45, mientras ella era confinada hasta las 20:40 en una sala vigilada por el Tribunal para evitar el contacto con informantes externos. ¡Toma horas extras!
Quizá no haya que preocuparse demasiado, porque no sé si la aprobarán. La aspirante manifestó: Estoy muy feliz por ser adventista y muy tranquila porque sé que Dios está conmigo y eso quizá se considere una forma, sublime, eso sí, de comunicación con el Exterior.
sábado, 17 de abril de 2010
Baltasarix
Dice Esperancita que ella ha destapado el Gürtel. Con tantos años de LOGSE, LOCE y LOE, a uno la ESO lo confunde y ya no discrimina los verbos reflexivos de los reflejos, ni distingue la voz media de la voz queda con que los dirigentes conservadores nos arrullan, y uno no llega a entender si es que Lady Hope Aguirre se nos pone Barbarella posada y fonda y nos enseña los correajes genitourinarios o se atribuye el eureka de la corrupción, esa corrupción de diseño que dice el amenazante diplomático Cascos a puntito de aterrizar. Al fin y al cabo, siempre será mejor que te seduzca tu presidenta y anime tus parafilias calcetineras que llegue un tonsurado diácono y te haga una oferta de tres por dos irrechazable, que luego le cambian de diócesis y no lo vuelves a ver, ni te llama, ni te escribe.

O Cospedal, que manifestó que le "espeluzna" oír hablar de jueces progresistas y conservadores, ya que, por definición, un juez "tiene que ser apolítico" y "no puede estar vinculado”. Espeluzna: dícese de lo que descompone, desordena el pelo de la cabeza, de la felpa, etc. ¿Será felpa hipocorístico de algo? ¿Estará también dispuesta como Esperanza a destaparlo?
Pero nosotros tenemos a Espe y los valencianos tienen a otra presidenta, la del Parlamento, a la que llaman La Perla, otra elemental asociación con la lencería fina para que uno, verraco perdido, se sienta más lancero bengalí que nunca. Pero la patria chica es la patria chica, y me siento más vigorizado pensando en Esperanza melena rubia destapándolo todo, que por Milagrosa Martínez vestida de tigre albino de una cacería de Bárcenas.

Lo digo desde la estética porque desde la ética por ahí andan las dos. Y con respeto, porque si una no es tonadillera y de Huelva de forma simultánea o vende ostras con premio a voz en grito en el mercado, no se entiende que le llamen La Perla. Dicen las malas lenguas, esas que creen a pies juntillas en la impotencia, que es debido al uso continuo que Milagrosa hace del nacarado sustantivo para interpelar a los demás, ya saben, esa forma habitual en los colegios de pago -sector crítico-, para llamarse unos a otros junto con rey o tesoro, que encuentra su culminación en el apócope de cariño, con el que las novias más jóvenes te invitan a no ocupar su sitio en el escenario LoMonaco: échate pa’ya, cari.
Bueno, pues La Perla también es una hija de puta para el Bigotes según las conversaciones grabadas, lo que la hacen pertenecer al club de bien nacidos del PP, dada la facilidad con la que así se llaman entre ellos. A ver qué dice el juez cuando vea la adjudicación sin concurso de treinta kilos que la señora Martínez realizó a los chicos de Correa cuando era consejera. Treinta kilos, o sea, treinta millones de pesetas, según medida clásica de moneda corriente, nada que ver con el peso en canal que luego me llaman machista porque como es bien sabido no hay mujeres entradas en carnes y todas visten una talla universal: la 38, por más que en algunas resulte una 38 especial Smith & Wesson.
Pero lo gracioso es que este lunes se publicó una resolución en el Diario Oficial de la Comunidad Valenciana, algo que explica por qué los regalos del presidente de Cantabria Revilla a Zapatero excitaban tanto a otra mujer del PP, a Rita Barberá hasta el punto de compararlos con coches, relojes y trajes. La Consejería de Cultura y Deporte reconoce, oficialmente, el Museo de la Aceituna Rellena de Anchoa como Colección Museográfica Permanente de la Comunidad Valenciana. Todo ello con el informe favorable del Servicio de Museos y a propuesta de la directora general del Patrimonio Cultural Valenciano. Como verán, no es cualquier aceituna, es la rellena de anchoa, que se fastidie la arbequina, la picual, la cornicabra o la camporreal, porque lo fundamental es la anchoa, esos lomos en salazón que actúan como mágico ungüento, al parecer, de dislates y contraprestaciones, como emoliente de voluntades y lenitivo de la moral, tanto que habrá que decir Anchoa es Castilla para indicar que uno puede hacer lo que le dé la realísima gana, tanta es la importancia de este boquerón en la entraña de una oliva para que merezca un museo y ocupe el tiempo y el dinero de los españoles.
Quizá era una anchoa, desnuda de toda altivez, lo que asomaba sobre un llavero del uniforme de un policía en Valencia antes de comprobar cómo sonaban los cráneos del Cabañal al golpearse contra su porra y que con las prisas vagamente nos recordaba a Franco, sujeto “salao” donde los haya, o quizá era simplemente el olor fétido, ese hedor pútrido que últimamente husmeamos al remover las cloacas de la historia que nos empeñamos en tapar; no hace falta irse a Dinamarca para percibir la pestilencia que el, este sí, hamletiano líder de la oposición es incapaz de aventar, y que está intentando dejar huérfanas de todo estímulo a las acciones que descubran la barbarie que el franquismo perpetró tras el fin de la guerra y en la guerra misma.
A los mayores, a los del fondo de la clase, les vendrá a la memoria lo de ruptura o reforma, y habrá que recordar a los empollones de las primeras filas que, ante la disyuntiva, nos quedamos con la reforma, la versión posibilista de empezar una nueva vida y que se explayó en la Ley de Amnistía que permitió que muchos salieran de la cárcel.
Y ahí nos engañamos, asumimos nuestra situación como culpable y aceptamos que un Rey impuesto por un dictador, sancionara una ley que nos perdonaba. ¿Necesitábamos ese perdón? ¿Estaban los franquistas en condiciones de ser indulgentes? En realidad, eran ellos los que se estaban cubriendo las espaldas y se estaban blindando contra todas las iniquidades que cometieron. La derecha se inventó nombres para aparecer distinta y fragante y declaró su amor por la libertad y la ilustración, escondiendo los grilletes en los baúles y barriendo las cenizas de las piras; los socialistas olfateaban el poder y buscaban dejar atrás el triángulo de las bermudas que les hizo desaparecer vergonzosamente durante cuarenta años; los comunistas pensaron que ya estaba bien de cárcel y destierro y todos aceptaron la conciliación. ¿Todos? Quedaba la irreductible aldea gala de los muertos en las cunetas, de los fusilados sin juicio, de los represaliados de todo origen y condición. Y el recuerdo de un muerto queda tan inerte como su destino, congelado en el futuro frío y duro de la nada. Por eso no prescribe, porque se estrena cada día, porque por él no pasa el tiempo, porque está embalsamado en el formol de la injusticia y se viste de luto cada amanecer.
Garzón era, es, en gran medida el druida de la poción mágica, aquella que daba la fuerza de un poder del Estado para recuperar la dignidad tiroteada. Por eso están haciendo todo lo posible por verter el caldero y por cortar las barbas blancas de cualquier aprendiz de brujo que ose recuperar aquella memoria. Y se protegen tras los nombres infaustos de la ultraderecha, querulantes de paja que nublan las caras de los auténticos organizadores, porque la estrategia pasa por los despachos del Partido Popular, por las ondas de las radios y televisiones que el Partido Popular ha concedido, por los contertulios que el Partido Popular anima y alecciona, por los jueces que castigaron delitos de conciencia y expresión, por los escogidos que bloquean tribunales, por los herederos de aquellos tiempos dominados por gente de orden, aquellos que llevaban sombrero. Son esos los que mueven los hilos y que se resumen en casos como el de la hija del general Yagüe, conocido como el Carnicero de Badajoz, falangista convencido y golpista profesional, que se sublevó contra la República y lo intentó contra Franco, la hija que acaba de abandonar el PP porque han retirado de su pueblo la estatua del padre y porque el partido va a la deriva en asuntos como el aborto y las uniones entre homosexuales. La Masacre de Badajoz sucedió el 15 de agosto de 1936 y significó el fusilamiento indiscriminado de 4000 personas, que fueron luego calcinadas y llevadas a una fosa común, dicen que previamente algunos fueron toreados y banderilleados en la plaza a cargo de las tropas moras comandadas por Yagüe. Les parece poco disponer de una estatua que le ha honrado hasta el año 2010 y demasiado que se investiguen esos millares de asesinatos que cometió.
Dicen que quieren retirar de la circulación el ego desbordante de Garzón, pero, como con la transición, nos quieren volver a engañar y con el ego, callar también al superego, a la conciencia moral de un país que les recrimina lo que hicieron desde la inconsciente ignorancia de la verdad.
Tenemos una deuda. Poco podemos resarcir a los muertos, y a estas alturas hacer casi nada por sus hijos, pero hay mucho que hacer por la verdad y por nosotros mismos, seamos herederos o no de aquella brutalidad, estamos obligados a saber, no a olvidar, y eso supone que tenemos que excavar todos juntos dejándonos las uñas en la tierra.

O Cospedal, que manifestó que le "espeluzna" oír hablar de jueces progresistas y conservadores, ya que, por definición, un juez "tiene que ser apolítico" y "no puede estar vinculado”. Espeluzna: dícese de lo que descompone, desordena el pelo de la cabeza, de la felpa, etc. ¿Será felpa hipocorístico de algo? ¿Estará también dispuesta como Esperanza a destaparlo?
Pero nosotros tenemos a Espe y los valencianos tienen a otra presidenta, la del Parlamento, a la que llaman La Perla, otra elemental asociación con la lencería fina para que uno, verraco perdido, se sienta más lancero bengalí que nunca. Pero la patria chica es la patria chica, y me siento más vigorizado pensando en Esperanza melena rubia destapándolo todo, que por Milagrosa Martínez vestida de tigre albino de una cacería de Bárcenas.

Lo digo desde la estética porque desde la ética por ahí andan las dos. Y con respeto, porque si una no es tonadillera y de Huelva de forma simultánea o vende ostras con premio a voz en grito en el mercado, no se entiende que le llamen La Perla. Dicen las malas lenguas, esas que creen a pies juntillas en la impotencia, que es debido al uso continuo que Milagrosa hace del nacarado sustantivo para interpelar a los demás, ya saben, esa forma habitual en los colegios de pago -sector crítico-, para llamarse unos a otros junto con rey o tesoro, que encuentra su culminación en el apócope de cariño, con el que las novias más jóvenes te invitan a no ocupar su sitio en el escenario LoMonaco: échate pa’ya, cari.
Bueno, pues La Perla también es una hija de puta para el Bigotes según las conversaciones grabadas, lo que la hacen pertenecer al club de bien nacidos del PP, dada la facilidad con la que así se llaman entre ellos. A ver qué dice el juez cuando vea la adjudicación sin concurso de treinta kilos que la señora Martínez realizó a los chicos de Correa cuando era consejera. Treinta kilos, o sea, treinta millones de pesetas, según medida clásica de moneda corriente, nada que ver con el peso en canal que luego me llaman machista porque como es bien sabido no hay mujeres entradas en carnes y todas visten una talla universal: la 38, por más que en algunas resulte una 38 especial Smith & Wesson.
Pero lo gracioso es que este lunes se publicó una resolución en el Diario Oficial de la Comunidad Valenciana, algo que explica por qué los regalos del presidente de Cantabria Revilla a Zapatero excitaban tanto a otra mujer del PP, a Rita Barberá hasta el punto de compararlos con coches, relojes y trajes. La Consejería de Cultura y Deporte reconoce, oficialmente, el Museo de la Aceituna Rellena de Anchoa como Colección Museográfica Permanente de la Comunidad Valenciana. Todo ello con el informe favorable del Servicio de Museos y a propuesta de la directora general del Patrimonio Cultural Valenciano. Como verán, no es cualquier aceituna, es la rellena de anchoa, que se fastidie la arbequina, la picual, la cornicabra o la camporreal, porque lo fundamental es la anchoa, esos lomos en salazón que actúan como mágico ungüento, al parecer, de dislates y contraprestaciones, como emoliente de voluntades y lenitivo de la moral, tanto que habrá que decir Anchoa es Castilla para indicar que uno puede hacer lo que le dé la realísima gana, tanta es la importancia de este boquerón en la entraña de una oliva para que merezca un museo y ocupe el tiempo y el dinero de los españoles.
Quizá era una anchoa, desnuda de toda altivez, lo que asomaba sobre un llavero del uniforme de un policía en Valencia antes de comprobar cómo sonaban los cráneos del Cabañal al golpearse contra su porra y que con las prisas vagamente nos recordaba a Franco, sujeto “salao” donde los haya, o quizá era simplemente el olor fétido, ese hedor pútrido que últimamente husmeamos al remover las cloacas de la historia que nos empeñamos en tapar; no hace falta irse a Dinamarca para percibir la pestilencia que el, este sí, hamletiano líder de la oposición es incapaz de aventar, y que está intentando dejar huérfanas de todo estímulo a las acciones que descubran la barbarie que el franquismo perpetró tras el fin de la guerra y en la guerra misma.
A los mayores, a los del fondo de la clase, les vendrá a la memoria lo de ruptura o reforma, y habrá que recordar a los empollones de las primeras filas que, ante la disyuntiva, nos quedamos con la reforma, la versión posibilista de empezar una nueva vida y que se explayó en la Ley de Amnistía que permitió que muchos salieran de la cárcel.
Y ahí nos engañamos, asumimos nuestra situación como culpable y aceptamos que un Rey impuesto por un dictador, sancionara una ley que nos perdonaba. ¿Necesitábamos ese perdón? ¿Estaban los franquistas en condiciones de ser indulgentes? En realidad, eran ellos los que se estaban cubriendo las espaldas y se estaban blindando contra todas las iniquidades que cometieron. La derecha se inventó nombres para aparecer distinta y fragante y declaró su amor por la libertad y la ilustración, escondiendo los grilletes en los baúles y barriendo las cenizas de las piras; los socialistas olfateaban el poder y buscaban dejar atrás el triángulo de las bermudas que les hizo desaparecer vergonzosamente durante cuarenta años; los comunistas pensaron que ya estaba bien de cárcel y destierro y todos aceptaron la conciliación. ¿Todos? Quedaba la irreductible aldea gala de los muertos en las cunetas, de los fusilados sin juicio, de los represaliados de todo origen y condición. Y el recuerdo de un muerto queda tan inerte como su destino, congelado en el futuro frío y duro de la nada. Por eso no prescribe, porque se estrena cada día, porque por él no pasa el tiempo, porque está embalsamado en el formol de la injusticia y se viste de luto cada amanecer.
Garzón era, es, en gran medida el druida de la poción mágica, aquella que daba la fuerza de un poder del Estado para recuperar la dignidad tiroteada. Por eso están haciendo todo lo posible por verter el caldero y por cortar las barbas blancas de cualquier aprendiz de brujo que ose recuperar aquella memoria. Y se protegen tras los nombres infaustos de la ultraderecha, querulantes de paja que nublan las caras de los auténticos organizadores, porque la estrategia pasa por los despachos del Partido Popular, por las ondas de las radios y televisiones que el Partido Popular ha concedido, por los contertulios que el Partido Popular anima y alecciona, por los jueces que castigaron delitos de conciencia y expresión, por los escogidos que bloquean tribunales, por los herederos de aquellos tiempos dominados por gente de orden, aquellos que llevaban sombrero. Son esos los que mueven los hilos y que se resumen en casos como el de la hija del general Yagüe, conocido como el Carnicero de Badajoz, falangista convencido y golpista profesional, que se sublevó contra la República y lo intentó contra Franco, la hija que acaba de abandonar el PP porque han retirado de su pueblo la estatua del padre y porque el partido va a la deriva en asuntos como el aborto y las uniones entre homosexuales. La Masacre de Badajoz sucedió el 15 de agosto de 1936 y significó el fusilamiento indiscriminado de 4000 personas, que fueron luego calcinadas y llevadas a una fosa común, dicen que previamente algunos fueron toreados y banderilleados en la plaza a cargo de las tropas moras comandadas por Yagüe. Les parece poco disponer de una estatua que le ha honrado hasta el año 2010 y demasiado que se investiguen esos millares de asesinatos que cometió.
Dicen que quieren retirar de la circulación el ego desbordante de Garzón, pero, como con la transición, nos quieren volver a engañar y con el ego, callar también al superego, a la conciencia moral de un país que les recrimina lo que hicieron desde la inconsciente ignorancia de la verdad.
Tenemos una deuda. Poco podemos resarcir a los muertos, y a estas alturas hacer casi nada por sus hijos, pero hay mucho que hacer por la verdad y por nosotros mismos, seamos herederos o no de aquella brutalidad, estamos obligados a saber, no a olvidar, y eso supone que tenemos que excavar todos juntos dejándonos las uñas en la tierra.
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