El Real Madrid es pitado por el público por jugar en largo desde la portería; cambia e intenta salir en corto y al pie con escaso éxito ante la presión del Español. Futbol asambleario. Camps y Alarte se encaman y apoyan a varios alcaldes de la Comunidad Valenciana que se vienen a Madrid a montar una manifestación frente al Ministerio de Industria por el almacén de desechos radioactivos de Zarra. Populismo de barraca. El transfuguismo en Benidorm se acepta como una nueva vía de legitimación. Maquiavelismo para los que no leyeron El Príncipe ni vieron la película. Se convoca un paro total para que salga regular, ni muy bien, ni muy mal. Una huelga general que se quede en teniente coronel.
Comportamientos irreflexivos, brindis al sol, intrigas y motines recorren España más que algunos fantasmas trasnochados solían en Europa. La tentación de agradar es muy superior a la de pensar en lo correcto, la falta de ideas y de reflexión se ocultan tras la motricidad expansiva y artificiosa, la justificación del si ellos aceptan trajes por qué no puedo yo quedarme con una Rebequita, marca estilo y se implanta como sistema de gobierno, se adueña de nuestros usos arrinconando aquellas que considerábamos buenas prácticas y que han perecido como los fluviales cangrejos autóctonos bajo la presión del crustáceo gringo invasor de la aceptación pasiva, de la renuncia voluntaria.
El otro día respondía en otro sitio sobre la intransigencia. ¡Qué mala prensa tiene esa palabra! Quizá consecuencia de esa historia cercana, mamada durante años de falta de libertad, de catecismos de todo tipo, de moralinas y decálogos para hacernos gente de bien. Y lejos de pretender hacer un elogio de la misma, ya que un elemento clave de la intransigencia es la falta de seso, sí quiero transitar por su envés: la transigencia. Porque en esa bifaz, en este mundo dicotómico, digital y monocromático, de unos y ceros y blancos y negros, no queda otro espacio para lo difuso, lo entreverado por decirlo en términos para mi prohibidos y absolutamente ibéricos, no queda resquicio a las alternativas, a lo tangencial, únicamente queda el frente y el perfil de la ficha policial que no tolera el más artístico escorzo, porque donde esté el orden que se quite la ambigüedad.
Puede suponerse que la transigencia recibe invertidos cada uno de los valores inmorales y negativos de su imagen especular, ennobleciéndose al asumir esos atributos en perfecto orden de revista, asumiendo la parte positiva de cada continuo categórico. Así, si se construye la intransigencia con fanatismo, beligerancia, obcecación, burla burlando se edifica la transigencia con apertura de miras, comprensión y flexibilidad. ¡Esta palabra sí que mola!
Porque ser transigente es lo más. Es progresista, es juvenil, es moderno, es tolerante, inteligente, sostenible, diversificado, proactivo, incluso psicoprofiláctico y afroasiático. Un tampax de actitud que vale para todo, que enorgullece al que así se le adjetiva y que envilece a quienes merecen su odiosa versión Mr. Hyde.
Pero la transigencia también es indolencia, palabra que no está desacreditada, simplemente desconocida o confundida, así la transigencia viste muchas veces los ropajes de la cobardía, de la falta de integridad, del mirar hacia otro lado. Desatender las obligaciones de uno, ya como individuo, ya como miembro de una colectividad, es una felonía hacia unos valores más arraigados que los toros o los achicharrados correbous, una traición a unos ideales más antiguos que Ceuta y Melilla. Cada vez más se impone eso de que el que venga detrás que arree. Esa falta de solidaridad se acuna cada noche en la aceptación ¿transigencia? de los sistemas bárbaros impuestos. Transigimos con la renovación anual de libros de texto, ¡hasta de los diccionarios! asombrosamente incapaces de enseñar de un año para otro, transigimos con la destrucción de la escuela pública y de la estrictamente privada, para beneficiar el modelo concertado, básicamente religioso… y como ya saben, tan transigente. Transigimos con retrasos de nueve meses en ecografías, con pasos de cebra bloqueados por coches, con aceras pobladas de bicicletas que te apremian con el timbre, transigimos con restaurantes y bares que no cumplen las leyes antitabaco, transigimos con una justicia de moviola estropeada, con los enormes gastos de las televisiones autonómicas, con la corrupción que se da por buena. Transigimos en su momento a la barbarie terrorista porque a veces el fin lo merece, eso nos parecía aunque aquel fin fue sólo el principio. Y transigimos con las construcciones a pie de playa, con las tarifas eléctricas, con las irregulares instalaciones solares, con los contratos laborales ilegales renovados durante años, con los endeudamientos municipales aberrantes.
Transigencia hubo en la concesión de hipotecas basura, en el apalancamiento empresarial de embaucadores, hubo transigencia por parte de las autoridades reguladoras, de las cúpulas bancarias, de la sociedad misma. Transigencia hubo con los curas pederastas ¿hay alguno que no haya metido mano a un niño? Y la hubo por parte del Papa, de los obispos, la absoluta incuria de la Curia pontificia. Transigencia hubo en los pactos de no intervención de Francia e Inglaterra en los inicios de nuestra Guerra Civil. Transigencia hubo con la entrega de los Sudestes poco antes de la II GM. Universal transigencia existe hacia el hambre en el mundo, ante las chulerías de los grandes, ante los presupuestos de defensa, a veces más bien de ataque.
Nos hemos pasado la vida transigiendo y dice más bien poco de nosotros mismos, nos confundimos en calificarnos de enrollados porque “aceptamos” esas cosas de los demás. Por ejemplo hablar mal de la huelga del pasado miércoles es de fachas. Ser crítico con la oportunidad, efecto, modelo o lo que sea que esta huelga permita, cause o anteceda es impresentable para un progresista. Por eso hay que transigir con que unos cuantos caigan en la trampa de Aguirre y sus mínimos imposibles y bloqueen el derecho de los demás supeditándolo al suyo propio. Por eso hay que evitar el sonrojo al oír eso de piquetes de la libertad que parecen destinados a cruzar las amplias alamedas pero se quedan secuestrando autobuses en sus cocheras. Y hay que transigir con el papel de los sindicatos en estas tres últimas décadas. Porque lo que tenemos ahora no es una ocurrencia de Zapatero, ni sus planes urgentes de contención para que nos sigan fiando, ni es culpa estricta de Zapatero la tasa de paro. Ni siquiera quiero señalar a UGT o a Comisiones, hablo del sindicalismo europeo, que ha estado en otro sitio mientras se iba carcomiendo el Estado del bienestar. Qué hicieron los sindicatos mientras cedíamos al derroche, al lujo, al crecimiento sin fin, dónde estaban mientras nos cargábamos ley a ley, curso a curso la educación española, que hacían cuando en la construcción corría a manos llenas el dinero negro, también para los obreros, hacia dónde miran mientras se privatiza la sanidad en Madrid. Qué soluciones aportaron los sindicatos para evitar que nuestra cifra de desempleo de los mejores años, los de superávit, doblara la europea. Qué alternativas plantearon al inicio de aquella crisis no reconocida y que ha terminado por llevarse a España, a Europa y al mundo por delante. Qué han dicho los sindicatos sobre productividad y absentismo.
Transigir es quedarse con las soflamas de los mítines y la imagen de unos casquillos de bala teatralmente expuestos ante las cámaras y no armarse de paciencia y buscar la solución para una vejez mucho más amplia y mucho más cara de sostener incompatible con el sistema actual de pensiones. Transigir es aceptar las torpes explicaciones sobre los liberados y no sentarse para ver cómo se puede resultar más competitivo, cómo se puede uno formar mejor para este mundo irreconocible. Transigir es ignorar qué se puede hacer con los jóvenes que no encuentran un primer empleo o los viejos de 50 que serán incapaces de encontrar el último.
Los sindicatos se han comportado corporativamente, han defendido su corralito gremial a costa de los excluidos por el sistema, han apantallado los viejos empleos de forma acrítica dejando que se carguen los rehenes del empleo joven y del anciano de cincuenta años o de los parados, permitiendo que las clases medias retomen el concepto de gorronería del Estado de bienestar para aplicárselo a todo aquel que esté fuera del patio de recreo del empleo fijo.
Los sindicatos que se comportan como adalides de los trabajadores, como guías en el sendero arduo de la vida, han permitido que se adore a los múltiples vellocinos, que las televisiones ultrafascistas sosieguen con sus adormideras las conciencias y los valores. Escuchen: Esta disposición a admirar y casi idolatrar, a los ricos y los poderosos, y a despreciar o, como mínimo, ignorar a las personas pobres y de condición humilde es la principal y más extendida causa de corrupción de nuestros sentimientos morales. Ya habrán adivinado que no lo firma Sarkozy, ni pueden atribuirlo a nuestro Rajoy pertinaz en su decúbito trono, estas palabras pertenecen a Adam Smith que vivió en el siglo XVIII y sentó las bases de la economía clásica y del capitalismo. Qué pocas cosas han cambiado.
Los sindicatos deben replantearse su papel en la dinámica social. Poco sentido tiene hablar de piquetes informativos cuando te retransmiten la huelga en directo, cuando conoces antes que el Ministerio del Interior el seguimiento en Cádiz o en Bilbao. El concepto de vanguardia cambia cuando tus guiados saben leer y escribir o tienen una titulación universitaria, cambia cuando la complejidad del entramado sociolaboral es absolutamente diferente al del siglo XIX, cambia cuando la dichosa mariposa aletea en América y repercute en Europa.
Les dejo. Lean La tierra va mal de Judt, uno de los más brillantes pensadores y que acaba de morir. Señala, Hay una razón para que la mortalidad infantil, la esperanza de vida, la criminalidad, la población carcelaria, los trastornos mentales, el desempleo, la obesidad, la malnutrición, el embarazo de adolescentes, el uso de drogas ilegales, la inseguridad económica, las deudas personales, la angustia, estén más marcados en los Estados Unidos y Gran Bretaña que en la Europa continental. […] La desigualdad es corrosiva. Corrompe a la sociedad desde dentro.
Es hora de que los sindicatos dejen la silicona que bloquea y apliquen la materia gris a los asuntos que nos vienen. Tras la fiesta de final de curso para las familias hay que empezar a trabajar. Ya no hay engranajes para introducir los zuecos y parar la maquinaria. El único sabotaje posible hoy en día es no pensar.
sábado, 2 de octubre de 2010
sábado, 18 de septiembre de 2010
De anomias y alienaciones
Antes de vacaciones, en la respuesta a un amigo de blog, mencionaba esa primera vez, lo que un libro de cierto éxito de hace treinta y tantos años tituló El día que perdí aquello y que siempre se asocia a la pérdida de la inocencia, como si el himen nos arropara de ingenuidad y ésta nos protegiera de los peligros de la sociedad.
Y así sería si el sexo fuera una amenaza en lugar del mejor cómplice, pero la pureza se vincula a esa virginidad, a ese desconocimiento carnal, dejando detrás las auténticas herramientas de mortificación que sí hacen la vida ingrata o invisible.
Y aunque tus padres se hayan esforzado en darte una formación no pecaminosa del sexo, detrás está la educación por ellos recibida de peligro de electrocución inminente si se toca casi cualquier cosa que se mueva o gima, por lo que el sexo es el furtivo de las liebres, el cepo del ratón o el cohecho del funcionario. Tras el sexo siempre está ese fantasma del embarazo que recorre las mentes, o los contagios, mortales excusas para evitar pensar en tu hija manoseada, en tolerar a tus cachorros excitados, en aceptarlos adultos e independientes y te das cuenta que tus miedos son resúmenes de la educación recibida por generaciones y que prescindes de ella intelectualmente pero en modo alguno deja de afectarte.
Pero esa misma educación no te ha advertido sobre peligros mayores o realmente auténticos, esa educación de abuelas estrictas, de madres amantísimas, de padres severos, de profesores próximos, ninguno de ellos te advirtió sobre la suciedad de la vida, ninguno te dijo que lo que te contaban era mentira, que cuando te decían que el esfuerzo era necesario y que era la antesala del éxito te estaban metiendo una patraña, te engañaban cuando te decían que hacer bien el trabajo era lo único importante, te tomaban el pelo dándote reglas de urbanidad: qué se dice, levántate si la otra persona está en pie, el tenedor con la otra mano, cede el asiento, facilita el paso, sostén la puerta, y tantas otras cosas que te repetían una y otra vez. Quizás las creían también, creo que incluso las practicaban, se arreglaban para recibir a otras personas, se aseaban, se mostraban educados y puntuales con esa mezcla de respeto hacia el otro y hacia uno mismo, pensaban y te contaban un mundo mejor, te hablaban de un futuro de esfuerzo solidario en el que ninguno racanearía energías, en donde lo importante era construir un espacio para vivir, para pensar, para compartir historias. Te hablaban de libertad, de ausencia de miedo, de respeto a las ideas y los credos, negaban la imposición y la coacción pero te engañaban, se engañaban.
Y el embuste era de tal entidad, la trampa era de tal categoría, que nos ha costado años darnos cuenta; siempre era una excepción, una casualidad, el garbanzo negro; y uno, en ausencia de ellos, seguía repitiéndose las consignas de mostrar voluntad y brío, a pesar de que las pruebas demostraban lo contrario, porque las pruebas eran los demás, aquellos que con menos merecimientos alcanzaban posiciones en atalayas más placenteras, eran esos que les bastaba una sonrisa para comprar lo que a ti te costaba un par de horas de trabajo, a veces no tenían ni que sonreír, ni siquiera estar, porque lo relevante no era su contribución, sino su nombre. Y uno pensaba que eso era lo inteligente en contra de lo que oyó de pequeño, que los enchufes, las sinecuras, los momios eran para mediocres y que la persona íntegra únicamente debería esperar realizar bien su trabajo y que el esfuerzo siempre era recompensado. Pero si uno no era tonto, advertía que llevarse los méritos y eludir los fracasos era maravilloso, al menos de vez en cuando, y que debería existir alguna clave que hiciera comprender mejor esa situación. Algo debe haber que no nos contaron, para que tipos a todas luces mediocres prosperen ininterrumpidamente mientras otros, no sólo tú, se queden en el camino. Alguna razón debería concurrir en el análisis para que eso que dijiste tú hace un año, lo repita peor un petimetre tiempo después y le hagan la ola; algo debe pasar para que se apropien de tus argumentos, de tus iniciativas, de tus informes, esos mismos que antes no merecieron reconocimiento y ahora son la base de la solución porque se presentan por ese sujeto de la sonrisa refulgente y apellidos dobles.
Y no crean que es resentimiento, engreimiento o soberbia y que el torpe es uno mismo, y lo es tanto, lo es en tan enorme grado, que no se reconoce en su propia ineficacia, qué va, es que eso les sucede a muchos, normalmente amigos, como si fuera una variable que une a los damnificados por esos individuos de sonrisa que a su vez hacen tan buenas migas entre ellos. Uno ha visto como la cátedra no se la llevaba ese profesor titular tan apto y esforzado, sino ese que tenía más amigos en el tribunal, y lo ha visto tantas veces que no le cabe la menor duda. Y profesionales liberales que no logran escalar como otros mucho menos dotados profesionalmente, pero infinitamente más capaces para establecer relaciones, para urdir conexiones y alianzas. Ha visto uno tantos jefes mediocres, tantos directivos sin energía, sin capacidad, sin resolución que ya tiene la seguridad de que aquellos valores en los que uno fue inculcado son mera fantasía y artificio. Y aunque eso pasa en la empresa privada, en la empresa pública esos personajes suponen la mayoría, han creado sagas de hijos, sobrinos, amigos y esos a su vez han establecido redes espesas del do ut des tan de moda en estos tiempos y que bien podría traducirse por el clásico infantil, te cuelo si me cuelas.
Y ve a jefes impresentables, a proveedores de éxito efímero, deambular entre pasillos con papeles de figuración y ademán apresurado, con mirada de no creerse contingentes, con postura de ser absolutamente necesarios, mientras ensayan la siguiente excusa y escurren el próximo bulto.
Pero el sistema protege a estos individuos en justa reciprocidad, porque estos sujetos protegen al sistema. Un sistema cada vez más cerrado que para persistir debe ser intolerante con los outsiders y protector con los afines. Y las cosas están en el punto que a los outsiders ya no les importa y los afines son incapaces de entender que exista otra forma de estar el mundo.
Sarkozy y Berlusconi se aplauden y respaldan en la cruzada contra los gitanos, mientras la mayoría calla, porque como todo el mundo sabe, primero fueron por los gitanos pero yo callé porque yo no soy gitano. Luego fueron por los representantes sindicales, pero yo callé porque no soy sindicalista. Para más datos y comparaciones consultar los diarios de los años treinta en la Alemania post depresión de 1929 o lean las declaraciones de nuestro socialista presidente. O tempora! O mores!
Quizá hubiera que reescribir el día que perdí aquello, aquel momento en que dejamos de pensar y de querer entender lo que nos sucede, para entregarnos a las consignas clientelistas o a la simple imitación de los mediocres. Ya no hay inocencia que resguardar. Y hoy ya nacemos sin conciencia. Aprovechémonos. Como hacen ellos.
Y así sería si el sexo fuera una amenaza en lugar del mejor cómplice, pero la pureza se vincula a esa virginidad, a ese desconocimiento carnal, dejando detrás las auténticas herramientas de mortificación que sí hacen la vida ingrata o invisible.
Y aunque tus padres se hayan esforzado en darte una formación no pecaminosa del sexo, detrás está la educación por ellos recibida de peligro de electrocución inminente si se toca casi cualquier cosa que se mueva o gima, por lo que el sexo es el furtivo de las liebres, el cepo del ratón o el cohecho del funcionario. Tras el sexo siempre está ese fantasma del embarazo que recorre las mentes, o los contagios, mortales excusas para evitar pensar en tu hija manoseada, en tolerar a tus cachorros excitados, en aceptarlos adultos e independientes y te das cuenta que tus miedos son resúmenes de la educación recibida por generaciones y que prescindes de ella intelectualmente pero en modo alguno deja de afectarte.
Pero esa misma educación no te ha advertido sobre peligros mayores o realmente auténticos, esa educación de abuelas estrictas, de madres amantísimas, de padres severos, de profesores próximos, ninguno de ellos te advirtió sobre la suciedad de la vida, ninguno te dijo que lo que te contaban era mentira, que cuando te decían que el esfuerzo era necesario y que era la antesala del éxito te estaban metiendo una patraña, te engañaban cuando te decían que hacer bien el trabajo era lo único importante, te tomaban el pelo dándote reglas de urbanidad: qué se dice, levántate si la otra persona está en pie, el tenedor con la otra mano, cede el asiento, facilita el paso, sostén la puerta, y tantas otras cosas que te repetían una y otra vez. Quizás las creían también, creo que incluso las practicaban, se arreglaban para recibir a otras personas, se aseaban, se mostraban educados y puntuales con esa mezcla de respeto hacia el otro y hacia uno mismo, pensaban y te contaban un mundo mejor, te hablaban de un futuro de esfuerzo solidario en el que ninguno racanearía energías, en donde lo importante era construir un espacio para vivir, para pensar, para compartir historias. Te hablaban de libertad, de ausencia de miedo, de respeto a las ideas y los credos, negaban la imposición y la coacción pero te engañaban, se engañaban.
Y el embuste era de tal entidad, la trampa era de tal categoría, que nos ha costado años darnos cuenta; siempre era una excepción, una casualidad, el garbanzo negro; y uno, en ausencia de ellos, seguía repitiéndose las consignas de mostrar voluntad y brío, a pesar de que las pruebas demostraban lo contrario, porque las pruebas eran los demás, aquellos que con menos merecimientos alcanzaban posiciones en atalayas más placenteras, eran esos que les bastaba una sonrisa para comprar lo que a ti te costaba un par de horas de trabajo, a veces no tenían ni que sonreír, ni siquiera estar, porque lo relevante no era su contribución, sino su nombre. Y uno pensaba que eso era lo inteligente en contra de lo que oyó de pequeño, que los enchufes, las sinecuras, los momios eran para mediocres y que la persona íntegra únicamente debería esperar realizar bien su trabajo y que el esfuerzo siempre era recompensado. Pero si uno no era tonto, advertía que llevarse los méritos y eludir los fracasos era maravilloso, al menos de vez en cuando, y que debería existir alguna clave que hiciera comprender mejor esa situación. Algo debe haber que no nos contaron, para que tipos a todas luces mediocres prosperen ininterrumpidamente mientras otros, no sólo tú, se queden en el camino. Alguna razón debería concurrir en el análisis para que eso que dijiste tú hace un año, lo repita peor un petimetre tiempo después y le hagan la ola; algo debe pasar para que se apropien de tus argumentos, de tus iniciativas, de tus informes, esos mismos que antes no merecieron reconocimiento y ahora son la base de la solución porque se presentan por ese sujeto de la sonrisa refulgente y apellidos dobles.
Y no crean que es resentimiento, engreimiento o soberbia y que el torpe es uno mismo, y lo es tanto, lo es en tan enorme grado, que no se reconoce en su propia ineficacia, qué va, es que eso les sucede a muchos, normalmente amigos, como si fuera una variable que une a los damnificados por esos individuos de sonrisa que a su vez hacen tan buenas migas entre ellos. Uno ha visto como la cátedra no se la llevaba ese profesor titular tan apto y esforzado, sino ese que tenía más amigos en el tribunal, y lo ha visto tantas veces que no le cabe la menor duda. Y profesionales liberales que no logran escalar como otros mucho menos dotados profesionalmente, pero infinitamente más capaces para establecer relaciones, para urdir conexiones y alianzas. Ha visto uno tantos jefes mediocres, tantos directivos sin energía, sin capacidad, sin resolución que ya tiene la seguridad de que aquellos valores en los que uno fue inculcado son mera fantasía y artificio. Y aunque eso pasa en la empresa privada, en la empresa pública esos personajes suponen la mayoría, han creado sagas de hijos, sobrinos, amigos y esos a su vez han establecido redes espesas del do ut des tan de moda en estos tiempos y que bien podría traducirse por el clásico infantil, te cuelo si me cuelas.
Y ve a jefes impresentables, a proveedores de éxito efímero, deambular entre pasillos con papeles de figuración y ademán apresurado, con mirada de no creerse contingentes, con postura de ser absolutamente necesarios, mientras ensayan la siguiente excusa y escurren el próximo bulto.
Pero el sistema protege a estos individuos en justa reciprocidad, porque estos sujetos protegen al sistema. Un sistema cada vez más cerrado que para persistir debe ser intolerante con los outsiders y protector con los afines. Y las cosas están en el punto que a los outsiders ya no les importa y los afines son incapaces de entender que exista otra forma de estar el mundo.
Sarkozy y Berlusconi se aplauden y respaldan en la cruzada contra los gitanos, mientras la mayoría calla, porque como todo el mundo sabe, primero fueron por los gitanos pero yo callé porque yo no soy gitano. Luego fueron por los representantes sindicales, pero yo callé porque no soy sindicalista. Para más datos y comparaciones consultar los diarios de los años treinta en la Alemania post depresión de 1929 o lean las declaraciones de nuestro socialista presidente. O tempora! O mores!
Quizá hubiera que reescribir el día que perdí aquello, aquel momento en que dejamos de pensar y de querer entender lo que nos sucede, para entregarnos a las consignas clientelistas o a la simple imitación de los mediocres. Ya no hay inocencia que resguardar. Y hoy ya nacemos sin conciencia. Aprovechémonos. Como hacen ellos.
sábado, 11 de septiembre de 2010
Ya estamos de vuelta
Aquí estamos de nuevo. Entre broncas, eso sí, que si no escribes desde hace mucho, que tienes esto abandonado. ¿Qué se creen? ¿Coroneles? ¿No tienen nadie más que les escriba?
Es lo que tiene la culpabilidad, que la puedes expulsar con un vómito hacia los demás. Pero si haces dieta te la guardas, que no están los tiempos para derrochar nada. Así que mi culpa la sublimo escribiendo esto.
El caso es que he estado todo este tiempo disfrazado de Rajoy. La misma barba, las mismas mujeres solícitas en derredor, la misma actitud entregada con España y su causa. Pura holganza. Vamos todo igual menos el puro. Qué envidia tiene que tenerle Tomás Gómez, llegar ahí sin primarias ni nada, simplemente por el designio, no sé si inteligente, del dedo sin perdón de Aznar I, el sionista.
Todo un ejemplo este D. Mariano. Quizá leyeran el otro día una entrevista a Jacques Attalí, asesor de Miterrand y Sarkozy y primer presidente del Banco Europeo y oenegero convencido. Citó al periodista a desayunar a las 7:30 en un café. Tiene usted media hora. Cómo cunde el día cuando uno se organiza y empieza pronto a rendir. Por ahí se empieza a conciliar, aunque no sea precisamente el sueño. Pero existe el otro lado. El del ocio agitado. Estos nuevos clubes son más festivos, más verbeneros. La música importa menos. La noche se ha expandido a los miércoles y los domingos. La gente tiene ganas de divertirse. Será por la crisis, no sé. Pero lo que importa es pasarlo bien, dijo un relaciones públicas ayer. En cuatro horas entro a currar, pero voy a ir directo. Aquí se viene a bailar, a pasarlo bien y a ligar con pibones. Ya se dormirá otro día, sentenciaba un asistente. Uno puede abominar de los powerpoint con gráficos sobre productividad y beneficios, pero incluso en el mejor y paradisíaco escenario posible, alguien debe recolectar los frutos.
Y hablando de frutos, Rajoy es como la tarta de arándanos de My blueberry nights. Seguro que les suena la película, a Jude Law, que regenta un café, le pregunta Norah Jones, una visitante, por qué no se vende esa tarta que siempre sobra. -¿Está mala? -No, qué va, pero la gente pide otras cosas. Y Rajoy es como esas cosas. Para decirlo de forma absolutamente meridional, que no meridiana, el último orejón del tarro. Pobre Rajoy, cada día en su hamaca, balanceando sus dudas, meciendo sus ambiciones, ¿por qué no me quieren? Y fíjense ustedes que tampoco hay tanto en el PP donde escoger, a fuer de ser sincero ni tampoco en el PSOE, claro que en el extrarradio del bipartidismo ya es de risa. Hombre Roca no está mal, Uxue Barcos tiene su aquel, y ese otro, si hombre cómo se llama. Convénzanse, de risa.
Pero que se me abran las cicatrices con las carcajadas no suprime la sensación espeluznante de ver a Moragas de ministro de Asuntos Exteriores, o a PPons en el Ministerio de la Sonrisa. Y esos son los que enseñan en el escaparate, fíjense los que están dentro por el calor. Los pelos como escarpias con taco de hormigón. Y como esta gente está por la familia, seguro que recuperan al cachorro de Aznar, el de la mirada torva, me refiero a ambos, a Aznar y al cachorro, de brazos cruzados y gesto serio viendo a papa con cazadora remangada y peinado mamá Bates de Psicosis comprando transistores en visita privada al moro con ese liderazgo de chilaba que destila. Si no han visto la imagen traten de recuperarla, te deja el cuerpo mejor que una salmonelosis.
El vigoréxico Gómez, Tomás, no ha llegado a tanto. Tiene también sus corifeos, en la derecha y en la izquierda, no crean. ¿Qué esa izquierda es de derechas? Quizá. En España la derecha de centro es derecha que te cagas, por decirlo sin restricciones. La derecha a mucha honra, es ultra y montaraz y la ultraderecha está en el capítulo de los delitos penales. Mucha izquierda es centro de buen rollito, a la que le faltan unos pocos años para acabar de pagar la hipoteca o un par de ascensos para convertirse en dextrógira. Dicen que es ley de vida y te cuentan esa bobada fascista de la cabeza y el corazón del comunista joven y cincuentón. ¡Cómo si en treinta años se hubieran acabado las injusticias, la explotación del hombre por el hombre, o la arrogancia de los poderosos! Y claro que hay izquierda. En versión purista que no entiende que sea necesario actuar, mandar, restringir, prohibir, encauzar, pactar y obedecer, como si el análisis marxista de la realidad lo regalarán con el ABC del domingo. Es una izquierda de uñas largas y sarro y escasas lecturas, pero…tan de izquierdas. Y luego otros muchos. Millones seguramente, pero están un pelín callados. Desde luego votar si eres militante o simplemente preferir a Trinidad Jiménez no será revolucionario, pero tampoco es para avergonzarse. Todavía es tolerable coincidir con Zapatero. Afortunadamente yo ya manifesté mis disgustos con el señor Gómez cuando parecía inevitable, así que la disputa primaria me resulta secundariamente beneficiosa. Menos me alegra la de Antoni Asunción, aunque Alarte diste mucho de ser mi candidato preferido. Con la que tiene el PP en la Comunidad Valenciana, los socialistas deberían ir preparando el plumier oficial y tener el uniforme planchado, todo en orden de revista, pero, desgraciadamente, no parece que vayan por ahí los tiros. Y eso alguien debe hacérselo mirar.
Sarkozy odia a los gitanos. Siendo republicano parece normal esa mala relación con los Gypsy Kings. Pero no, parece que es con patricios y plebeyos, a pelo y a pluma. Un pueblo nómada que se asiente no está bien. Y menos que sea aquí al lado. En España, tan cariñosos con ellos como somos, nos hemos mesado los cabellos. Parece que las críticas a Sarkozy por su gitanofobia es por el miedo a que se vengan para aquí. ¡Qué acogedores nos mostramos!
Y la selección española de futbol va, y el día del premio Príncipe de Asturias de Deporte, pierde. 4-1 con los mataos de los argentinos. A eso se le llama recuperar las esencias. Lo único que ganaron fue el premio. Un premio unánime y entiendo que incontrovertible que a mi me lo parece menos. Sin duda desde el punto de vista sociológico el premio es merecidísimo, pero desde el deportivo creo que es bastante más discutible. Sobre todo cuando está en liza Edurne Pasabán. Catorce ochomiles, todos los que hay, se ha subido la señorita. La primera, la única. Pocas hazañas estarán más cerca de la totalidad absoluta, porque al fin y al cabo campeones del mundo hay unos cuantos y en breve habrá otro. ¿Meritorio? Claro, hay que ganar a 15 o a 20 equipos que quieren lo mismo que tú. Pero nada del otro mundo. Eso sucede en baloncesto, en tenis y en cada deporte en el que las selecciones nacionales compiten y necesariamente uno tiene que ganar. Pero en el montañismo esa regla no está escrita. Quizá ni siquiera la coreana trilera pueda hacerlo, de momento parece que no lo ha hecho. Quizá esos astros, para ellas más cercanos, se confabulen y no sea posible durante años que alguien la imite y como mucho la iguale. En futbol hay alguno más, algunos más, que han triplicado la marca de nuestra selección española de futbol. Pero ni siquiera es concebible doblar el record de Pasabán.
Así se ha ido desgranando este verano dehiscente, pleno y maduro con pagos y rescates que complican la vida a los teóricos de la ética y no digamos a los diplomáticos. Esta foto me la hice con mi secuestrador, aquí salgo con mi carcelero. Manoli ¿era ésta la que nos pegaba? No, no, esta fue la del balazo. Así se acaban las vacaciones, martirizando a tus vecinos y compañeros de trabajo con tus álbumes de recuerdos.
Pero espero que este verano se hayan enamorado. De un hombre, de una mujer, de la misma persona o de otra, de la misma forma que hace 20 años o están estrenado un flamante chichisbeo, pero, aun mintiéndome, asegúrense de que se han enamorado. Si es de la persona con la que solían, enhorabuena. De vuelta a casa oliendo a azahar y a atardeceres interminables, bendito deja vú. Si fue una novedad que no podrá tener continuación, si inauguraron su futuro de forma tan efímera, lo siento. Cómo te despides de alguien sin el cual no puedes vivir. Cómo le dices adiós a la botella de oxígeno, al marcapasos, a la máquina de diálisis, a ese hombre, a esa mujer, que te conmueve, que te enlaza y aprisiona.
¿Se atreverán a llamar? ¿a escribir? ¿a mirar el correo? ¿Aceptarán el reto de reiniciarse como un Windows torpón o seguirán buscando en el cielo su falta de osadía?
Dicen que la floración se ha adelantado en Europa siete días y la desfloración seguramente unos cuatro años. Cosas de los tiempos. Acepten que este tiempo no es el suyo, pero salgan a la calle a apoderarse de ese otro, que les es hosco y ajeno, y poséanlo hasta el estertor.
Es lo que tiene la culpabilidad, que la puedes expulsar con un vómito hacia los demás. Pero si haces dieta te la guardas, que no están los tiempos para derrochar nada. Así que mi culpa la sublimo escribiendo esto.
El caso es que he estado todo este tiempo disfrazado de Rajoy. La misma barba, las mismas mujeres solícitas en derredor, la misma actitud entregada con España y su causa. Pura holganza. Vamos todo igual menos el puro. Qué envidia tiene que tenerle Tomás Gómez, llegar ahí sin primarias ni nada, simplemente por el designio, no sé si inteligente, del dedo sin perdón de Aznar I, el sionista.
Todo un ejemplo este D. Mariano. Quizá leyeran el otro día una entrevista a Jacques Attalí, asesor de Miterrand y Sarkozy y primer presidente del Banco Europeo y oenegero convencido. Citó al periodista a desayunar a las 7:30 en un café. Tiene usted media hora. Cómo cunde el día cuando uno se organiza y empieza pronto a rendir. Por ahí se empieza a conciliar, aunque no sea precisamente el sueño. Pero existe el otro lado. El del ocio agitado. Estos nuevos clubes son más festivos, más verbeneros. La música importa menos. La noche se ha expandido a los miércoles y los domingos. La gente tiene ganas de divertirse. Será por la crisis, no sé. Pero lo que importa es pasarlo bien, dijo un relaciones públicas ayer. En cuatro horas entro a currar, pero voy a ir directo. Aquí se viene a bailar, a pasarlo bien y a ligar con pibones. Ya se dormirá otro día, sentenciaba un asistente. Uno puede abominar de los powerpoint con gráficos sobre productividad y beneficios, pero incluso en el mejor y paradisíaco escenario posible, alguien debe recolectar los frutos.
Y hablando de frutos, Rajoy es como la tarta de arándanos de My blueberry nights. Seguro que les suena la película, a Jude Law, que regenta un café, le pregunta Norah Jones, una visitante, por qué no se vende esa tarta que siempre sobra. -¿Está mala? -No, qué va, pero la gente pide otras cosas. Y Rajoy es como esas cosas. Para decirlo de forma absolutamente meridional, que no meridiana, el último orejón del tarro. Pobre Rajoy, cada día en su hamaca, balanceando sus dudas, meciendo sus ambiciones, ¿por qué no me quieren? Y fíjense ustedes que tampoco hay tanto en el PP donde escoger, a fuer de ser sincero ni tampoco en el PSOE, claro que en el extrarradio del bipartidismo ya es de risa. Hombre Roca no está mal, Uxue Barcos tiene su aquel, y ese otro, si hombre cómo se llama. Convénzanse, de risa.
Pero que se me abran las cicatrices con las carcajadas no suprime la sensación espeluznante de ver a Moragas de ministro de Asuntos Exteriores, o a PPons en el Ministerio de la Sonrisa. Y esos son los que enseñan en el escaparate, fíjense los que están dentro por el calor. Los pelos como escarpias con taco de hormigón. Y como esta gente está por la familia, seguro que recuperan al cachorro de Aznar, el de la mirada torva, me refiero a ambos, a Aznar y al cachorro, de brazos cruzados y gesto serio viendo a papa con cazadora remangada y peinado mamá Bates de Psicosis comprando transistores en visita privada al moro con ese liderazgo de chilaba que destila. Si no han visto la imagen traten de recuperarla, te deja el cuerpo mejor que una salmonelosis.
El vigoréxico Gómez, Tomás, no ha llegado a tanto. Tiene también sus corifeos, en la derecha y en la izquierda, no crean. ¿Qué esa izquierda es de derechas? Quizá. En España la derecha de centro es derecha que te cagas, por decirlo sin restricciones. La derecha a mucha honra, es ultra y montaraz y la ultraderecha está en el capítulo de los delitos penales. Mucha izquierda es centro de buen rollito, a la que le faltan unos pocos años para acabar de pagar la hipoteca o un par de ascensos para convertirse en dextrógira. Dicen que es ley de vida y te cuentan esa bobada fascista de la cabeza y el corazón del comunista joven y cincuentón. ¡Cómo si en treinta años se hubieran acabado las injusticias, la explotación del hombre por el hombre, o la arrogancia de los poderosos! Y claro que hay izquierda. En versión purista que no entiende que sea necesario actuar, mandar, restringir, prohibir, encauzar, pactar y obedecer, como si el análisis marxista de la realidad lo regalarán con el ABC del domingo. Es una izquierda de uñas largas y sarro y escasas lecturas, pero…tan de izquierdas. Y luego otros muchos. Millones seguramente, pero están un pelín callados. Desde luego votar si eres militante o simplemente preferir a Trinidad Jiménez no será revolucionario, pero tampoco es para avergonzarse. Todavía es tolerable coincidir con Zapatero. Afortunadamente yo ya manifesté mis disgustos con el señor Gómez cuando parecía inevitable, así que la disputa primaria me resulta secundariamente beneficiosa. Menos me alegra la de Antoni Asunción, aunque Alarte diste mucho de ser mi candidato preferido. Con la que tiene el PP en la Comunidad Valenciana, los socialistas deberían ir preparando el plumier oficial y tener el uniforme planchado, todo en orden de revista, pero, desgraciadamente, no parece que vayan por ahí los tiros. Y eso alguien debe hacérselo mirar.
Sarkozy odia a los gitanos. Siendo republicano parece normal esa mala relación con los Gypsy Kings. Pero no, parece que es con patricios y plebeyos, a pelo y a pluma. Un pueblo nómada que se asiente no está bien. Y menos que sea aquí al lado. En España, tan cariñosos con ellos como somos, nos hemos mesado los cabellos. Parece que las críticas a Sarkozy por su gitanofobia es por el miedo a que se vengan para aquí. ¡Qué acogedores nos mostramos!
Y la selección española de futbol va, y el día del premio Príncipe de Asturias de Deporte, pierde. 4-1 con los mataos de los argentinos. A eso se le llama recuperar las esencias. Lo único que ganaron fue el premio. Un premio unánime y entiendo que incontrovertible que a mi me lo parece menos. Sin duda desde el punto de vista sociológico el premio es merecidísimo, pero desde el deportivo creo que es bastante más discutible. Sobre todo cuando está en liza Edurne Pasabán. Catorce ochomiles, todos los que hay, se ha subido la señorita. La primera, la única. Pocas hazañas estarán más cerca de la totalidad absoluta, porque al fin y al cabo campeones del mundo hay unos cuantos y en breve habrá otro. ¿Meritorio? Claro, hay que ganar a 15 o a 20 equipos que quieren lo mismo que tú. Pero nada del otro mundo. Eso sucede en baloncesto, en tenis y en cada deporte en el que las selecciones nacionales compiten y necesariamente uno tiene que ganar. Pero en el montañismo esa regla no está escrita. Quizá ni siquiera la coreana trilera pueda hacerlo, de momento parece que no lo ha hecho. Quizá esos astros, para ellas más cercanos, se confabulen y no sea posible durante años que alguien la imite y como mucho la iguale. En futbol hay alguno más, algunos más, que han triplicado la marca de nuestra selección española de futbol. Pero ni siquiera es concebible doblar el record de Pasabán.
Así se ha ido desgranando este verano dehiscente, pleno y maduro con pagos y rescates que complican la vida a los teóricos de la ética y no digamos a los diplomáticos. Esta foto me la hice con mi secuestrador, aquí salgo con mi carcelero. Manoli ¿era ésta la que nos pegaba? No, no, esta fue la del balazo. Así se acaban las vacaciones, martirizando a tus vecinos y compañeros de trabajo con tus álbumes de recuerdos.
Pero espero que este verano se hayan enamorado. De un hombre, de una mujer, de la misma persona o de otra, de la misma forma que hace 20 años o están estrenado un flamante chichisbeo, pero, aun mintiéndome, asegúrense de que se han enamorado. Si es de la persona con la que solían, enhorabuena. De vuelta a casa oliendo a azahar y a atardeceres interminables, bendito deja vú. Si fue una novedad que no podrá tener continuación, si inauguraron su futuro de forma tan efímera, lo siento. Cómo te despides de alguien sin el cual no puedes vivir. Cómo le dices adiós a la botella de oxígeno, al marcapasos, a la máquina de diálisis, a ese hombre, a esa mujer, que te conmueve, que te enlaza y aprisiona.
¿Se atreverán a llamar? ¿a escribir? ¿a mirar el correo? ¿Aceptarán el reto de reiniciarse como un Windows torpón o seguirán buscando en el cielo su falta de osadía?
Dicen que la floración se ha adelantado en Europa siete días y la desfloración seguramente unos cuatro años. Cosas de los tiempos. Acepten que este tiempo no es el suyo, pero salgan a la calle a apoderarse de ese otro, que les es hosco y ajeno, y poséanlo hasta el estertor.
sábado, 17 de julio de 2010
Rebajas de estío
[Esta entrada se publica con retraso, pero se escribió puntualmente. Por una vez, transcribiré la versión hablada para la radio del sábado 10 de julio.]
Habrán leído esta semana que a Javier Rodrigo de Santos, el Supremo le ha rebajado la condena de 13 a 5 años. Cuando todo sube a este ex-munícipe del PP le hacen la rebaja.
Aunque deberían tener su nombre y su foto en el fondo de sus letrinas, en ausencia de él mismo, quizá no recuerden que el tal Rodrigo de Santos es un activista ultracatólico casado con una catequista del Camino Neocatecumenal –qué pruebas nos manda Dios- y padre de cinco hijos que incluso acogía a una familia emigrante con varios niños. Dicho así parece que los 13 años iniciales se los puso la DGT por llevarlos al colegio en coche sin el cinturón. Pero no es exacto. La razón de su condena no es que no les abrochara el cinturón, es que se lo desabrochaba y luego se los tiraba. Tres de esos niños que vivían con ellos fueron sus víctimas. Al menos uno fue violado analmente en su propia casa.
La rebaja de verano de la sentencia inicial es porque no está claro que el chaval de catorce años consintiera. El ponente del Tribunal Supremo, Adolfo Prego, conocido por sus posiciones ultraconservadoras –aceptó la querella contra Garzón por la investigación sobre los crímenes de Franco- le parece que con catorce años no se trataba de una persona privada de sentido. Así se manifestó en la vista anal, perdón, en la vista oral, quise decir.
Ese mismo Supremo está dirimiendo si a los 16 o 17 años, una mujer puede determinar por sí sola si llevar o no a término su embarazo según la renovada ley del aborto. Vamos, que a los 16 o 17 años si eres chica eres medio idiota para decidir y necesitas padres, madres, médicos y psicoterapeutas, pero si tienes 14 años, y eres varón, ya eres suficientemente hombrecito para que un tipo, que te triplica la edad, te dé por la retambufa.
El meapilas del PP ofrecía drogas a estos chavales y la consumía con ellos mientras les brindaba una prostituta para que perdieran la virginidad. Con estos ritos iniciáticos se fundió 52000 euros del erario en clubes gays con la VISA del ayuntamiento de Palma. De 13 a 5 años… En cuanto dé con el teléfono de su abogado se lo paso a todos ustedes.
Pero no todo es malo en la judicatura. Habrán tenido noticia de que los del Consejo del Poder Judicial se fumigaron 64000 euracos para entregar los despachos de la nueva promoción de jueces. Bueno pues el escándalo no estal, porque lo suyo es que se hubieran gastado más. En el sarao del año pasado se gastaron 83000. Sí que agradecidos, en lugar de escocidos, debemos estar por esta otra rebaja que nos han hecho. Y lo de escocidos no tiene nada que ver con el comentario anterior.
Aunque para escozor, o prurito, que queda más fino, lo del PP de Alicante. ¿qué es o que pasa en la Comunidad Valenciana? Caso Fabra, caso Gurtel, caso Brugal… van a necesitar otra provincia a este ritmo.
¡Qué esperpento! Te detengo, el Tribunal Superior de Justicia saca una nota, el juez otra, Rajoy saca el ventilador de PPons y de las hermanas Sisters y Aguirre se apunta a lo que llama escándalo sin aludir a la mierda que ocultan. Más tarde Pío García Escudero lo califica de secuestro policial. Nadie rectifica, ni siquiera cuando se salda con imputación por cinco delitos del presidente dela Diputación de Alicante Ripoll. Y el PP sin ppalabras.
Tienen por delante unos días hasta que el domingo la selección hipnótica nos haga un poco más felices a todos. Ya que vamos camino de no tener pan ¡dennos circo al menos! Así, ya lo inauguró Sofía, la reina roja y gualda que saludó enérgicamente a un Pujol en toalla, mientras éste se mantuvo en jarras alegrándose de verla.
Menos me alegró la postura de Murcia y de Navarra, amenazando soezmente de no respetar una ley vigente, ni me alboroza Elena Valenciano del PSOE, más versada –espero- en política internacional, cuando dice que la nueva ley de Interrupción voluntaria del embarazo, es más segura para el nasciturus. Bromas las justas.
Eso ya lo hacía Zenón, que tenía como rutina el desarrollar argumentos para defender una tesis y la contraria. Pero claro, era Zenón de Atenas, y ya advirtió Sócrates, que las mentiras, el que toma por verdadero un juicio falso, se debe a la pereza mental del oyente. Estén atentos por tanto. Pero Sócrates también murió a causa de una falsa acusación y acató la sentencia sin tratar de eludirla, pues ello implicaría cometer una injusticia: desobedecer las leyes.
Valcárcel y la UPN debieron repasar sus apuntes de filosofía de COU y empiezan a recular. No siguieron el ejemplo de Camps y la EpC en inglés o de Aguirre con el fumeque o todo el PP con el IVA. En algo vamos mejorando, si meter fotos de fetos en la documentación se puede considerar así.
Demos un nuevo uso al concepto de destrucción creativa tan en boga en estos tiempos. Aprovechemos la gran huelga de otoño para juntarnos todos y respirar ese aire eterno de la cremación de tanta hierba, hagamos voltear ese ingente pebetero ¡qué oscile ese botafumeiro opiáceo y nos envuelva y nos acoja.
Como en el cuento de Boris Vian, ser capaces, si no de arrancarnos los ojos en busca de la felicidad, sí de sumergirnos durante unas horas en esa atmósfera de adormidera y ensoñación. Lograr que por unos minutos la tengamos más larga, que no se nos noten las raíces del tinte, que los niños estén de acampada, que no necesitemos gafas ni pastillas, que el jefe nos felicite, que las bocinas enmudezcan, que los curas jueguen al dominó y no al dominio, que las agencias de calificación se descalifiquen a sí mismas, que la prensa informe y que los tontos callen.
Después de tan largo camino para desovar, con lo que nos está costando remontar el río ¿es mucho pedir que nos traten como salmones y nos ahúmen, aunque sea sólo un ratito?
Vamos a ver cómo sale esto hoy, dado que los astros confabulado se han contra el Castro, aniquilando Internet, bloqueando el ordenador y seguramente, aunque esto es más frecuente, obnubilando el seso.
En otras palabras, mi texto está escrito a mano, sin que ello signifique que se halle más próximo, y quizá mi dicción derrape a causa del desliz caligráfico, que a su vez haya patinado en una mancha de meninge hinchada por este calor que nos embota.
Habrán leído esta semana que a Javier Rodrigo de Santos, el Supremo le ha rebajado la condena de 13 a 5 años. Cuando todo sube a este ex-munícipe del PP le hacen la rebaja.
Aunque deberían tener su nombre y su foto en el fondo de sus letrinas, en ausencia de él mismo, quizá no recuerden que el tal Rodrigo de Santos es un activista ultracatólico casado con una catequista del Camino Neocatecumenal –qué pruebas nos manda Dios- y padre de cinco hijos que incluso acogía a una familia emigrante con varios niños. Dicho así parece que los 13 años iniciales se los puso la DGT por llevarlos al colegio en coche sin el cinturón. Pero no es exacto. La razón de su condena no es que no les abrochara el cinturón, es que se lo desabrochaba y luego se los tiraba. Tres de esos niños que vivían con ellos fueron sus víctimas. Al menos uno fue violado analmente en su propia casa.
La rebaja de verano de la sentencia inicial es porque no está claro que el chaval de catorce años consintiera. El ponente del Tribunal Supremo, Adolfo Prego, conocido por sus posiciones ultraconservadoras –aceptó la querella contra Garzón por la investigación sobre los crímenes de Franco- le parece que con catorce años no se trataba de una persona privada de sentido. Así se manifestó en la vista anal, perdón, en la vista oral, quise decir.
Ese mismo Supremo está dirimiendo si a los 16 o 17 años, una mujer puede determinar por sí sola si llevar o no a término su embarazo según la renovada ley del aborto. Vamos, que a los 16 o 17 años si eres chica eres medio idiota para decidir y necesitas padres, madres, médicos y psicoterapeutas, pero si tienes 14 años, y eres varón, ya eres suficientemente hombrecito para que un tipo, que te triplica la edad, te dé por la retambufa.
El meapilas del PP ofrecía drogas a estos chavales y la consumía con ellos mientras les brindaba una prostituta para que perdieran la virginidad. Con estos ritos iniciáticos se fundió 52000 euros del erario en clubes gays con la VISA del ayuntamiento de Palma. De 13 a 5 años… En cuanto dé con el teléfono de su abogado se lo paso a todos ustedes.
Pero no todo es malo en la judicatura. Habrán tenido noticia de que los del Consejo del Poder Judicial se fumigaron 64000 euracos para entregar los despachos de la nueva promoción de jueces. Bueno pues el escándalo no estal, porque lo suyo es que se hubieran gastado más. En el sarao del año pasado se gastaron 83000. Sí que agradecidos, en lugar de escocidos, debemos estar por esta otra rebaja que nos han hecho. Y lo de escocidos no tiene nada que ver con el comentario anterior.
Aunque para escozor, o prurito, que queda más fino, lo del PP de Alicante. ¿qué es o que pasa en la Comunidad Valenciana? Caso Fabra, caso Gurtel, caso Brugal… van a necesitar otra provincia a este ritmo.
¡Qué esperpento! Te detengo, el Tribunal Superior de Justicia saca una nota, el juez otra, Rajoy saca el ventilador de PPons y de las hermanas Sisters y Aguirre se apunta a lo que llama escándalo sin aludir a la mierda que ocultan. Más tarde Pío García Escudero lo califica de secuestro policial. Nadie rectifica, ni siquiera cuando se salda con imputación por cinco delitos del presidente dela Diputación de Alicante Ripoll. Y el PP sin ppalabras.
Tienen por delante unos días hasta que el domingo la selección hipnótica nos haga un poco más felices a todos. Ya que vamos camino de no tener pan ¡dennos circo al menos! Así, ya lo inauguró Sofía, la reina roja y gualda que saludó enérgicamente a un Pujol en toalla, mientras éste se mantuvo en jarras alegrándose de verla.
Menos me alegró la postura de Murcia y de Navarra, amenazando soezmente de no respetar una ley vigente, ni me alboroza Elena Valenciano del PSOE, más versada –espero- en política internacional, cuando dice que la nueva ley de Interrupción voluntaria del embarazo, es más segura para el nasciturus. Bromas las justas.
Eso ya lo hacía Zenón, que tenía como rutina el desarrollar argumentos para defender una tesis y la contraria. Pero claro, era Zenón de Atenas, y ya advirtió Sócrates, que las mentiras, el que toma por verdadero un juicio falso, se debe a la pereza mental del oyente. Estén atentos por tanto. Pero Sócrates también murió a causa de una falsa acusación y acató la sentencia sin tratar de eludirla, pues ello implicaría cometer una injusticia: desobedecer las leyes.
Valcárcel y la UPN debieron repasar sus apuntes de filosofía de COU y empiezan a recular. No siguieron el ejemplo de Camps y la EpC en inglés o de Aguirre con el fumeque o todo el PP con el IVA. En algo vamos mejorando, si meter fotos de fetos en la documentación se puede considerar así.
Pero tampoco los jueces están para esto, ni parece que para nada. Por lo visto hay miles de kilos de hachis, cocaína y heroína acumulados en los depósitos de toda España. Se ha instado a los 4500 jueces a que los destruyan inmediatamente.
Demos un nuevo uso al concepto de destrucción creativa tan en boga en estos tiempos. Aprovechemos la gran huelga de otoño para juntarnos todos y respirar ese aire eterno de la cremación de tanta hierba, hagamos voltear ese ingente pebetero ¡qué oscile ese botafumeiro opiáceo y nos envuelva y nos acoja.
Como en el cuento de Boris Vian, ser capaces, si no de arrancarnos los ojos en busca de la felicidad, sí de sumergirnos durante unas horas en esa atmósfera de adormidera y ensoñación. Lograr que por unos minutos la tengamos más larga, que no se nos noten las raíces del tinte, que los niños estén de acampada, que no necesitemos gafas ni pastillas, que el jefe nos felicite, que las bocinas enmudezcan, que los curas jueguen al dominó y no al dominio, que las agencias de calificación se descalifiquen a sí mismas, que la prensa informe y que los tontos callen.
Después de tan largo camino para desovar, con lo que nos está costando remontar el río ¿es mucho pedir que nos traten como salmones y nos ahúmen, aunque sea sólo un ratito?
sábado, 3 de julio de 2010
Vuvuzelas hispanas
En estos tiempos de acusación de falta de valores siempre nos parece necesario definirnos. Bien es verdad que, como el infierno, los que carecen de valores siempre son los demás. Uno mismo, no sólo los tiene, sino que además tiene los buenos, los fetenes. Por esa razón, uno puede caer en la tentación de describirse para que los demás no crean que navega sin rumbo. Por ejemplo, el ganador de la carrera de tacones por la calle Pelayo de Madrid en estas fiestas del Orgullo Gay, es ingeniero de caminos, de 35 años y heterosexual. Vamos casi tan partidazo como el Alemania Argentina. Miguel Sarmentero, que así se llama el afortunado ganador, confiesa que es la cuarta vez que corre. ¿De qué huye? A partir de ahora de la fama. Pero como en algunas familias rusas, también hay desgracias y perdió un tacón en la hazaña. Ingeniero de caminos, de 35 años y heterosexual. Detalles críticos para el lector, para cualquiera. Imagínense que hubiera dicho donante de sangre, cetrero y huérfano. Sin duda, detalles que nos acercan al personaje y nos hacen apreciar más su gloria. Pero creo, quizá sea por las pastillas, que eso de ingeniero de caminos y hetero se cuenta porque aleja la competición de cualquier pluma posible. Es sabido que los arquitectos están algo más cerca de ella, pero este es ingeniero. Si hubieran dicho bailarín y homosexual, la certeza estaría sobrevenida y eso es como contar que un perro mordió a un hombre o que Rajoy está en contra. Viene de suyo. En otras palabras, se puede ganar un concurso de carrera de tacones siendo supermacho. Es más, lo importante no era el premio de 400 euros y otros 150 en ropa de cuero. Lo relevante era resaltar la masculinidad y aumentar la visibilidad de los ingenieros heteros. Y, claro, el prestigio.
Después de algo tan necesario como este concurso, el afán de Obama por regularizar a 11 millones de sin papeles queda oculto para nuestra limitada capacidad de absorción. En estas fechas que nosotros fichamos jugadores de futbol y el mundo nos ficha jueces, sería bueno que Obama hiciera un hueco al juez Celemín que bien podría currarse once millones de cuestionarios de americanidad para ver si esos desarrapados merecen o no las barras y las estrellas. Ya saben que Celemín es el que pregunta por las dinastías monárquicas o por Gasol y la tortilla de patatas a los inmigrante que aspiran a obtener la nacionalidad. Para que no le den gato hidráulico por labio leporino. Además en Estados Unidos, con mucha menos historia, estaría chupado pasar ese nuevo examen. De hecho, incluso para nosotros, sería más fácil aprobar el americano que el español. No vas a comparar el Río Grande con el Francolí.
Además con nuestra tradición tramposa ya llevamos algo ganado, y si no fíjense en el espionaje al que ha estado sometido parte del gobierno vasco, parece ser que por un antiguo miembro de la administración nacionalista del PNV que sigue contactando ilícitamente con los ordenadores que en su momento manejó. Gudaris con gabardina. Eso es adherencia al puesto de trabajo.
En cambio los trabajadores de Metro de Madrid han preferido que ningún madrileño ocupara su silla. Ya lo dijo su portavoz: vamos a reventar Madrid. Luego se arrepintió y pidió excusas, pero se vio a sí mismo tan rotundo, tan ingeniero de caminos y tan heterosexual, que la volvió a repetir: vamos a reventar Madrid. Quizá estemos a punto de otro arrepentimiento. Como la masturbación y la confesión culpable, un ciclo con el que no hay manera.
Pero debería haberla. No es tolerable que algunos decidan a la fuerza el comportamiento de otros, esa enorme violencia de unos sobre la libertad de los demás. Es discutible la rebaja que les han hecho y cuando digo discutible no es que dé la razón a los trabajadores, que gran parte de ella tienen, pero también hay bastantes razones para que acepten esa rebaja. Por ejemplo que no son en absoluto los únicos tanto en el ámbito privado como público por no hablar de aquellos para los que la rebaja ha sido del 100% y están en el paro. Pero más allá de las razones que les asistan, existen unos derechos tan homologables al de huelga como pueden ser el del libre tránsito y el derecho al trabajo.
El otro día un maquinista del metro se lamentaba con un no hay derecho de que le quitaran el 5% de su sueldo de 38000 euros. Se hizo maquinista en el servicio militar. Caro y prestigioso master, casi una carrera de tacones. Que le pregunten a muchos licenciados profesores de secundaria qué les parece la formación, la responsabilidad, o el sueldo en una comparación express.
Ahora se vuelve a hablar de la ley de huelga, esa que es anterior a la Constitución y que no ha terminado de desarrollarse por esas cosas que tienen los gobiernos. Ahora dice Teresa que no toca. Quizá. Hace tres años tampoco, ni hace siete u once o veinte. Con la cantidad de pijadas que meten en el BOE y el derecho de huelga sin regular. Pero por otro lado tener la mejor regulación no arreglaría nada en este país tan maleducado en el que vivimos, en el que la víctima suele ser más sospechosa que el victimario, en dónde nunca pasa nada o pasa poco y tarde. Peor todavía que en Argentina en donde Videla fue condenado e indultado a los cinco años por el patillas Medem y, afortunadamente, ahora vuelve a sentarse en el banquillo. En España se les deja cultivar camelias o pintar y recibir homenajes.
Los del metro ya amenazan que si hay expedientes volverán a las andadas. Y muchos echan la culpa a Aguirre. Sabiéndome no sospechoso, creo que lady Hope pudo gestionar mejor el paro salvaje, pero es un aspecto secundario. Quienes impidieron el libre ejercicio de la movilidad fueron los piquetes y la rotura de los servicios mínimos por parte de la plantilla y sus representantes. Esos y no otros fueron los responsables. Ahora que carguen con las consecuencias.
No es cuestión de venganza, es que si no hay punición ante la ilegalidad de los actos, a todos se nos ocurren muchas cosas. Demasiadas. El otro día el antiguo líder de Comisiones, ahora diputado del PSOE, se saltó la disciplina de voto. Recibirá una sanción cercana a los 300 euros. Me parece honesto por ambas partes. Pero es evidente que no puede salir gratis. Algo parecido le pasó a una diputada del PP con el aborto. La disciplina y la conciencia no siempre ligan.
Es el precio que tendrán que pagar los que decidieron que millares de madrileños pagaran por un taxi 15, 20 o 30 veces el coste habitual en metro, o los que se tuvieron que levantar una o dos horas antes para no dar excusas a su empleador o los que llegaron tarde y tengan que hacer esas horas en otro momento. A esos que nos impusieron sus razones, hay que decirles que si reclamar justicia es lo que hicieron, lo justo es que ese chaparrón de derechos, de igualdad y moralidad nos empape a todos.
Termino. No quiero sacar el asunto del Estatuto de Cataluña. Ya saldrá la sentencia y hablaremos. Pero no sé yo si esa postura de Zapatero de arreglar unos detallitos, de reforzar las cojeras del Estatuto con un corcho de botella, es lo más razonable después de un fallo que ha costado cuatro años. Huele a trilero al final de la jornada que pone el tenderete a la salida de un cotolengo.
Termino dos. Una proclama marxista. Esposas del mundo uníos y colocad a vuestros maridos por la pacificación de las cajas. En la Caja de Castilla La Mancha la pepera Cospedal lo hizo y Moltó, su expresidente sociata, lo aceptó. Estos sí que son maquinistas. Maquinistas de La General. De la general desvergüenza.
Después de algo tan necesario como este concurso, el afán de Obama por regularizar a 11 millones de sin papeles queda oculto para nuestra limitada capacidad de absorción. En estas fechas que nosotros fichamos jugadores de futbol y el mundo nos ficha jueces, sería bueno que Obama hiciera un hueco al juez Celemín que bien podría currarse once millones de cuestionarios de americanidad para ver si esos desarrapados merecen o no las barras y las estrellas. Ya saben que Celemín es el que pregunta por las dinastías monárquicas o por Gasol y la tortilla de patatas a los inmigrante que aspiran a obtener la nacionalidad. Para que no le den gato hidráulico por labio leporino. Además en Estados Unidos, con mucha menos historia, estaría chupado pasar ese nuevo examen. De hecho, incluso para nosotros, sería más fácil aprobar el americano que el español. No vas a comparar el Río Grande con el Francolí.
Además con nuestra tradición tramposa ya llevamos algo ganado, y si no fíjense en el espionaje al que ha estado sometido parte del gobierno vasco, parece ser que por un antiguo miembro de la administración nacionalista del PNV que sigue contactando ilícitamente con los ordenadores que en su momento manejó. Gudaris con gabardina. Eso es adherencia al puesto de trabajo.
En cambio los trabajadores de Metro de Madrid han preferido que ningún madrileño ocupara su silla. Ya lo dijo su portavoz: vamos a reventar Madrid. Luego se arrepintió y pidió excusas, pero se vio a sí mismo tan rotundo, tan ingeniero de caminos y tan heterosexual, que la volvió a repetir: vamos a reventar Madrid. Quizá estemos a punto de otro arrepentimiento. Como la masturbación y la confesión culpable, un ciclo con el que no hay manera.
Pero debería haberla. No es tolerable que algunos decidan a la fuerza el comportamiento de otros, esa enorme violencia de unos sobre la libertad de los demás. Es discutible la rebaja que les han hecho y cuando digo discutible no es que dé la razón a los trabajadores, que gran parte de ella tienen, pero también hay bastantes razones para que acepten esa rebaja. Por ejemplo que no son en absoluto los únicos tanto en el ámbito privado como público por no hablar de aquellos para los que la rebaja ha sido del 100% y están en el paro. Pero más allá de las razones que les asistan, existen unos derechos tan homologables al de huelga como pueden ser el del libre tránsito y el derecho al trabajo.
El otro día un maquinista del metro se lamentaba con un no hay derecho de que le quitaran el 5% de su sueldo de 38000 euros. Se hizo maquinista en el servicio militar. Caro y prestigioso master, casi una carrera de tacones. Que le pregunten a muchos licenciados profesores de secundaria qué les parece la formación, la responsabilidad, o el sueldo en una comparación express.
Ahora se vuelve a hablar de la ley de huelga, esa que es anterior a la Constitución y que no ha terminado de desarrollarse por esas cosas que tienen los gobiernos. Ahora dice Teresa que no toca. Quizá. Hace tres años tampoco, ni hace siete u once o veinte. Con la cantidad de pijadas que meten en el BOE y el derecho de huelga sin regular. Pero por otro lado tener la mejor regulación no arreglaría nada en este país tan maleducado en el que vivimos, en el que la víctima suele ser más sospechosa que el victimario, en dónde nunca pasa nada o pasa poco y tarde. Peor todavía que en Argentina en donde Videla fue condenado e indultado a los cinco años por el patillas Medem y, afortunadamente, ahora vuelve a sentarse en el banquillo. En España se les deja cultivar camelias o pintar y recibir homenajes.
Los del metro ya amenazan que si hay expedientes volverán a las andadas. Y muchos echan la culpa a Aguirre. Sabiéndome no sospechoso, creo que lady Hope pudo gestionar mejor el paro salvaje, pero es un aspecto secundario. Quienes impidieron el libre ejercicio de la movilidad fueron los piquetes y la rotura de los servicios mínimos por parte de la plantilla y sus representantes. Esos y no otros fueron los responsables. Ahora que carguen con las consecuencias.
No es cuestión de venganza, es que si no hay punición ante la ilegalidad de los actos, a todos se nos ocurren muchas cosas. Demasiadas. El otro día el antiguo líder de Comisiones, ahora diputado del PSOE, se saltó la disciplina de voto. Recibirá una sanción cercana a los 300 euros. Me parece honesto por ambas partes. Pero es evidente que no puede salir gratis. Algo parecido le pasó a una diputada del PP con el aborto. La disciplina y la conciencia no siempre ligan.
Es el precio que tendrán que pagar los que decidieron que millares de madrileños pagaran por un taxi 15, 20 o 30 veces el coste habitual en metro, o los que se tuvieron que levantar una o dos horas antes para no dar excusas a su empleador o los que llegaron tarde y tengan que hacer esas horas en otro momento. A esos que nos impusieron sus razones, hay que decirles que si reclamar justicia es lo que hicieron, lo justo es que ese chaparrón de derechos, de igualdad y moralidad nos empape a todos.
Termino. No quiero sacar el asunto del Estatuto de Cataluña. Ya saldrá la sentencia y hablaremos. Pero no sé yo si esa postura de Zapatero de arreglar unos detallitos, de reforzar las cojeras del Estatuto con un corcho de botella, es lo más razonable después de un fallo que ha costado cuatro años. Huele a trilero al final de la jornada que pone el tenderete a la salida de un cotolengo.
Termino dos. Una proclama marxista. Esposas del mundo uníos y colocad a vuestros maridos por la pacificación de las cajas. En la Caja de Castilla La Mancha la pepera Cospedal lo hizo y Moltó, su expresidente sociata, lo aceptó. Estos sí que son maquinistas. Maquinistas de La General. De la general desvergüenza.
sábado, 26 de junio de 2010
Hacia ninguna parte
Ya saben que mi carné ahora pone, en el apartado de profesión, mis paseos. Ya sé que los más atentos dirán que eso es de la época en que tomábamos Mirinda, pero yo soy un manitas y he recuperado la tradición. Que no todo va a ser maltratar toros. Como les decía, no paro de dar vueltas. No como antes que era rumiar ideas y obsesionarme con cosas propias y ajenas, ahora me dedico a la externalización del viaje interior que hacen los concienciados y como soy más torpe me quedo en patrullar por mi distrito y vigilar el parque. Estoy patrocinado por el zapatero de mi barrio –no confundir con el de la nación- y ahora empiezo a entender lo que es labrarse una carrera. Lo digo por los surcos.
Son paseos sin destino. Por no tener, ni siquiera tienen el de pasear. Son paseos quema venenos, caminatas que constituyen la excusa del por mi que no quede, vagabundeos que te expían de la culpa de aquellos días de vino y rosas y te prometen un porvenir sano y alerta.
Ya les comenté que para mi una buena forma de pasear un domingo, o cualquier día feriado, era utilizar un buen culo femenino como teletransporte. Salías distraído en modo vigilancia hasta que el respingón de turno te decía hacia dónde ibas a encaminar tus pasos. Por supuesto que si se cruzaba otro más fresco, más orondo o más rítmico, mi peripatética religión me permitía el cambio y el norte trocaba en sur y el este en oeste. Ya saben, viento en popa a toda vela.
Ahora me gustaría hacer lo mismo, pero las fuerzas no son iguales, ni tampoco los culos. Deben ser las horas; hoy en día, que todo el mundo dice saber manejar los tiempos. En realidad deberían saber manejar los espacios y largarse a hacer puñetas, pero se quedan y manejan la otra parte de la ecuación, la que huele a persistencia y eternidad. Les contaba que a mis horas, esos culos líderes deben estar trabajando o en el taller de ajuste, porque salvando a algunos fugaces y espléndidos en mallas que te adelantan sin que te dé tiempo a nada más que a añorarlos, lo normal es que el universo trasero sea tirando a horroroso. La verdad es que yo tampoco tengo mucho más que ofrecer.
Así que, o te diriges a ese Finisterre que todos tenemos en nuestro magín localista, ese límite de ámbito, al internalizado patio de tu casa, ya sea porque se cruza una vía, una carretera, o cualesquiera otros accidentes urbanos, o te haces un camino de tiendas y personas anómicas. Por supuesto este es más divertido, pero mucho más caro. El otro está bien para un ratito, pero la obligación mata la poesía. Además te encuentras cada dos por tres con Rajoy. No me refiero a Don Mariano en persona, significo su arquetipo. Bastante tiene el Rajoy de verdad con la depresión de su urólogo. Me imagino que están al tanto. El médico le dedicó una canción, de la que era letrista, al líder del PP que fracasó estrepitosamente en Eurovisión. Ya saben esa de Algo pequeñito, algo chiquitito. Por lo visto el médico se sintió inspirado tras hacerle una consulta rutinaria el señor Rajoy y decidió escribirla. Pero de nuevo una barretina se cruzó en el destino de Rajoy, esta vez en su involuntario himno pudendo.
Pero el médico de las partes bajas de don Mariano no es lo importante. Cuando decía que me le encontraba, me refería a sus sosias, esos hombres que ves con zapatillas de deporte recién estrenadas, con sudaderas que aún conservan los pliegues, con cara triste y paso rápido paseando a horas que no tocan.
Van con su mirada absorta en su preocupación, detectándose el pulso, analizando cada crujido de la armadura que demostró ser tan frágil, buscando uvis móviles entre las sombras de sus temores. Nos vemos pero no nos miramos. ¡Quién quiere este club! Nos cruzamos en el deambular errático y los más soberbios aceleramos para doblar al más renqueante o al que se dejó la competitividad en la Unidad de Cuidados Intensivos. O tempora , o mores!
Y como ellos Rajoy se pasea por las televisiones, por los medios y plazas, meditabundo, irresponsablemente negativo, dispuesto a no esforzarse, a dejar el riesgo y el compromiso para mejor ocasión, creyendo que cualquier esfuerzo será para peor, mirando su porvenir incierto, lleno de amigos traidores y herederos interesados, no sea que muera en el intento de conseguir sus deseos.
Ahora pide que se fije el déficit en la Constitución ¿para cuándo la tarifa de las asistentas se incorporará al preámbulo de la misma? Quiere meter un asunto coyuntural en la ley fundamental. El Rajoy de las grandes ocasiones vestido de largo, dejando para otros las tareas inesquivables que tiene que acometer este país. Valga como ejemplo la economía sumergida que en estos días ha dejado escapar del pecio 3000 fortunas más amantes de Suiza que de nuestra madre patria. Y algo de ocultación de ingresos ajenos saben los registradores y los notarios.
La selección española jugará enlutecida por lo de Castelldefels. ¿Por qué no lo hacen todos los equipos cada domingo de Liga, en los que con seguridad nada estocástica, se triplican o cuadriplican los muertos en las carreteras de fin de semana? Sale un representante de los millares de millones que existen en este país de cosas varias, para decir que ya habrá hora de buscar culpables. ¿Hay algún otro diferente a las mismas víctimas? Dicen que el paso es una ratonera en estas noches de San Juan. Hay que preparar las infraestructuras de todo un año para los atardeceres de una semana para la gente que va a la playa y que no puede hacer dos o tres minutos de cola. ¿Para cuándo el tercer AVE a Cantabria? ¡Qué no falte de na!
Y claro no puede faltar el momento catedrático valenciano con el oremus perdido. En esta ocasión es López García-Molins en relación con la foto de Chaves, un andaluz, escuchando a Montilla, otro andaluz, con cascos en el Senado. Pide que todos los dirigentes políticos entiendan todas las lenguas de España o que se dediquen a otra cosa. El metalenguaje es ahora el medio. También quiere cambiar la Constitución. Y reclama que el euskera vuelva a ser el símbolo de la especificidad peninsular. Y lo quiere en un par de generaciones. ¿Está este tipo en el mundo?
Tras tantas explicaciones de índole económica, después de tantos esfuerzos por convencernos de lo imposible de gobiernos, sindicatos, uniones europeas, patronales y fondos monetarios, sería bienvenido que el cantamañanerismo desapareciera, al menos que no se le diera pábulo, que se quedara apoyado en la barra del bar o en la fiesta de familia ¡qué baile la niña o mejor: qué diga algo el catedrático! Y tan contentos.
¿A qué seríamos todos más felices?
Son paseos sin destino. Por no tener, ni siquiera tienen el de pasear. Son paseos quema venenos, caminatas que constituyen la excusa del por mi que no quede, vagabundeos que te expían de la culpa de aquellos días de vino y rosas y te prometen un porvenir sano y alerta.
Ya les comenté que para mi una buena forma de pasear un domingo, o cualquier día feriado, era utilizar un buen culo femenino como teletransporte. Salías distraído en modo vigilancia hasta que el respingón de turno te decía hacia dónde ibas a encaminar tus pasos. Por supuesto que si se cruzaba otro más fresco, más orondo o más rítmico, mi peripatética religión me permitía el cambio y el norte trocaba en sur y el este en oeste. Ya saben, viento en popa a toda vela.
Ahora me gustaría hacer lo mismo, pero las fuerzas no son iguales, ni tampoco los culos. Deben ser las horas; hoy en día, que todo el mundo dice saber manejar los tiempos. En realidad deberían saber manejar los espacios y largarse a hacer puñetas, pero se quedan y manejan la otra parte de la ecuación, la que huele a persistencia y eternidad. Les contaba que a mis horas, esos culos líderes deben estar trabajando o en el taller de ajuste, porque salvando a algunos fugaces y espléndidos en mallas que te adelantan sin que te dé tiempo a nada más que a añorarlos, lo normal es que el universo trasero sea tirando a horroroso. La verdad es que yo tampoco tengo mucho más que ofrecer.
Así que, o te diriges a ese Finisterre que todos tenemos en nuestro magín localista, ese límite de ámbito, al internalizado patio de tu casa, ya sea porque se cruza una vía, una carretera, o cualesquiera otros accidentes urbanos, o te haces un camino de tiendas y personas anómicas. Por supuesto este es más divertido, pero mucho más caro. El otro está bien para un ratito, pero la obligación mata la poesía. Además te encuentras cada dos por tres con Rajoy. No me refiero a Don Mariano en persona, significo su arquetipo. Bastante tiene el Rajoy de verdad con la depresión de su urólogo. Me imagino que están al tanto. El médico le dedicó una canción, de la que era letrista, al líder del PP que fracasó estrepitosamente en Eurovisión. Ya saben esa de Algo pequeñito, algo chiquitito. Por lo visto el médico se sintió inspirado tras hacerle una consulta rutinaria el señor Rajoy y decidió escribirla. Pero de nuevo una barretina se cruzó en el destino de Rajoy, esta vez en su involuntario himno pudendo.
Pero el médico de las partes bajas de don Mariano no es lo importante. Cuando decía que me le encontraba, me refería a sus sosias, esos hombres que ves con zapatillas de deporte recién estrenadas, con sudaderas que aún conservan los pliegues, con cara triste y paso rápido paseando a horas que no tocan.
Van con su mirada absorta en su preocupación, detectándose el pulso, analizando cada crujido de la armadura que demostró ser tan frágil, buscando uvis móviles entre las sombras de sus temores. Nos vemos pero no nos miramos. ¡Quién quiere este club! Nos cruzamos en el deambular errático y los más soberbios aceleramos para doblar al más renqueante o al que se dejó la competitividad en la Unidad de Cuidados Intensivos. O tempora , o mores!
Y como ellos Rajoy se pasea por las televisiones, por los medios y plazas, meditabundo, irresponsablemente negativo, dispuesto a no esforzarse, a dejar el riesgo y el compromiso para mejor ocasión, creyendo que cualquier esfuerzo será para peor, mirando su porvenir incierto, lleno de amigos traidores y herederos interesados, no sea que muera en el intento de conseguir sus deseos.
Ahora pide que se fije el déficit en la Constitución ¿para cuándo la tarifa de las asistentas se incorporará al preámbulo de la misma? Quiere meter un asunto coyuntural en la ley fundamental. El Rajoy de las grandes ocasiones vestido de largo, dejando para otros las tareas inesquivables que tiene que acometer este país. Valga como ejemplo la economía sumergida que en estos días ha dejado escapar del pecio 3000 fortunas más amantes de Suiza que de nuestra madre patria. Y algo de ocultación de ingresos ajenos saben los registradores y los notarios.
La selección española jugará enlutecida por lo de Castelldefels. ¿Por qué no lo hacen todos los equipos cada domingo de Liga, en los que con seguridad nada estocástica, se triplican o cuadriplican los muertos en las carreteras de fin de semana? Sale un representante de los millares de millones que existen en este país de cosas varias, para decir que ya habrá hora de buscar culpables. ¿Hay algún otro diferente a las mismas víctimas? Dicen que el paso es una ratonera en estas noches de San Juan. Hay que preparar las infraestructuras de todo un año para los atardeceres de una semana para la gente que va a la playa y que no puede hacer dos o tres minutos de cola. ¿Para cuándo el tercer AVE a Cantabria? ¡Qué no falte de na!
Y claro no puede faltar el momento catedrático valenciano con el oremus perdido. En esta ocasión es López García-Molins en relación con la foto de Chaves, un andaluz, escuchando a Montilla, otro andaluz, con cascos en el Senado. Pide que todos los dirigentes políticos entiendan todas las lenguas de España o que se dediquen a otra cosa. El metalenguaje es ahora el medio. También quiere cambiar la Constitución. Y reclama que el euskera vuelva a ser el símbolo de la especificidad peninsular. Y lo quiere en un par de generaciones. ¿Está este tipo en el mundo?
Tras tantas explicaciones de índole económica, después de tantos esfuerzos por convencernos de lo imposible de gobiernos, sindicatos, uniones europeas, patronales y fondos monetarios, sería bienvenido que el cantamañanerismo desapareciera, al menos que no se le diera pábulo, que se quedara apoyado en la barra del bar o en la fiesta de familia ¡qué baile la niña o mejor: qué diga algo el catedrático! Y tan contentos.
¿A qué seríamos todos más felices?
sábado, 19 de junio de 2010
Yes, we Kant
Llevamos unos años dándole vueltas a la mejora de la educación de nuestros hijos, dadas las fotos que nos hacen las cámaras internacionales en las que un año sí y otro también, salimos movidos o con los ojos entrecerrados. Bien es verdad que ante la realidad de la evaluación, ante la evidencia de los datos, nuestros próceres oponen el imperativo retórico, ese que sabiamente eludió Kant en sus formulaciones, para desplegar la cola como quien se abre una gabardina en el parque, levantar la nariz y presumir de tener la generación más preparada de la historia. Lástima que el hombre no sólo viva de pomposidad y que no baste con hablar de porcentajes cuando nuestros jóvenes están más en los precintajes en cadena con sueldos miserables y contratos más efímeros que un decreto en el BOE.
Que los americanos que estaban haciendo las europas allá por los albores del siglo XX se aplicaron la etiqueta, Gertrude Stein mediante, de ser la generación perdida, nos ha abocado a hacer de los nuestros, en lugar de una lost generation, una low cost generation, los famosos ni-ni que ven un mundo gratuito frente a ellos, ignorando que aún nos deben su aportación y que aún falta que abracen conceptos tan lejanos como sacrificio, esfuerzo o mérito y entiendan que lo que consumen lo produce alguien, normalmente alguien que también quiere consumir, ya sea agua, un puñado de arroz o una sanidad o educación gratuita como la que ellos tienen.
Pero con esta onfalocracia que nos abotarga, dejamos a un lado las esencias universales para concentrarnos en nuestro propio olor, y explicamos el mundo, como en el cuento budista, desde nuestra óptica del rey de los monos y su fétida orina, porque el adanismo adolescente ya lo impregna todo.
Para entenderlo, analizamos las inversiones, los entornos socioeconómicos, la dispersión geográfica, la razón alumnos profesor, la variable inmigratoria y hasta el eje productivo local, y después de todo, sólo llega el desconcierto, eso sí, con dos o tres decimales. Dicho en otras palabras, ni puñetera idea tienen de qué es lo que hay que hacer.
Una de las piedras filosofales es la búsqueda del secreto de la buena educación, a sabiendas de que la película de Almodóvar no daba demasiadas pistas. Ahora, a imagen del europeo estudio Pisa, y con todo el garbo que podemos, hacemos los nuestros nacionales y autonómicos para descubrir que lo importante, es lo que ocurre en el centro, según dice Enrique Roca, encargado del estudio. Quizá se refiera al centro de la Tierra, siguiendo el sendero de Julio Verne o del mismísimo Lucifer, pero me temo que alude al colegio o al instituto, no por ello lugares menos infernales.
Y claro, después de esto hay que hablar de las alforjas, tanto por la parquedad del viaje que las hace casi innecesarias, como por el semoviente que las acepta en su lomo y que bien podría integrar el grupo redactor del estudio. Resulta que lo importante son los profesores, el aula, los alumnos. Y que una de las recetas es la autonomía, la flexibilidad para manejar el aula según toque cada año, con cada grupo, con cada especial dinámica. Y descubren que el quid de la cuestión está en lo que se enseña y cómo se enseña y nombran bestia negra del año a los libros de texto. ¿Cuánto tiempo hemos necesitado para decir esto? ¿Perogrullo ha sido nombrado Secretario de Estado?
Sabrán ustedes que hoy en día es posible que un tipo acabe el bachillerato, en cualquier rama, sin conocer nada de la literatura universal, salvo la hispanoamericana. Los más despiertos citan de memoria y dicen sí hombre, Dostoievski y Mr Hyde. ¡Qué suerte la de Stevenson dando a luz a Fiodor! ¿Se dan cuenta? Nada de la literatura alemana, la italiana, la francesa, la rusa, la inglesa de aquí y la inglesa de allá. ¡Y luego nos metemos con los nacionalistas!
Nos acusan de tener unos docentes que cascan sin parar mientras los alumnos escuchan. Recomiendan una enseñanza más participativa. ¿Pero qué mierda de novedad es esta? Más alforjas por vender. ¿A estas alturas nos tienen que contar esas bobadas? Pero no se vayan, que tengo el carro lleno.
Hay una asociación laica de padres de alumnos –podría ser laica, como de Logroño o de antiguos postulantes de la huchita- que dice que “hay que superar viejas concepciones como promover la repetición de curso”. Eso de promover no sé si es un verbo adecuado, no sé si en el claustro se chocan las manos para suspender a alumnos con el fin de volver a ver a los mismos energúmenos al año siguiente, pero si uno de esos floridos especímenes no supera los niveles previstos, es aceptable decir que tiene que volver a empezar. ¿Es eso una vieja concepción? ¡Por supuesto! Anterior a la de María. Si no se cumple, tienes que enmendarlo. Los nuevos magos dicen que nada cambia, que el repetidor va a peor, que nada gana haciendo lo mismo un año más. ¿Descubrimos ahora que hay diferencias en las capacidades de los sujetos? ¿O nos quieren hacer creer que quien no ha sabido sumar, será capaz de multiplicar y más tarde despejar una ecuación?
Hay apreciaciones interesantes, sobre todo si vienen de un catedrático de Didáctica de la Universidad de Valencia. El profesor Gimeno Sacristán dice que “es importante no simplificar, que no se puede decir que una comunidad es mejor que otra porque depende en qué se fije uno.” Como mola, llegar uno solito a esa profundidad. Para volver a Gertrude Stein, una rosa es una rosa o no, según sea una rosa o no lo sea. Pero, como la rosa, no se corta y dice el profesor, que los condicionantes de los buenos resultados son muy difíciles de medir –al menos declara sus carencias- y que tienen que ver con la motivación del alumno, las ganas de aprender y la implicación de las familias. Esto mola plus en 3D. Ni el sistema, ni los profesores, ni su interacción, ni Cristo, hijo de la anterior María, que lo fundó. Lo crucial es que Carlitos, ese grandullón con granos del fondo esté motivado. ¡Y lo dice un cátedro de Didáctica! Pues que dé motivación, coño, si lo de explicar no es lo suyo.
Qué hartito estoy de bobadas y simplezas. Nada dicen del papel del profesor amenazado, no sólo por músculos más poderosos, sino en su saber, a veces tan precario, ahora que la información circula con tanta facilidad. Nada cuentan de la baja estima social del maestro, que tiene que ver básicamente con lo salarial. No hablan de la motivación de ese licenciado que está en la escuela como último recurso, como cobijo supervivencial porque no hay otra cosa “de lo suyo”. Quizá porque lo progresista sea ser de otra forma como dice Moreno en su Panfleto antipedagógico, que preconiza que la escuela tiene que ser autoritaria y conservadora porque debe transmitir el saber que debe ser conservado y estudiar a Beethoven y no la canción del verano. Y es sabido que los chavales necesitan disciplina, porque les pauta, les remite a canales de actividad, de exigencia, les delimita el espacio y les prepara para lo que vendrá, que no es precisamente un spa en Summerhill.
Pero qué quieren, si de casta le viene al galgo; nuestro presidente Zapatero dijo hace nada, que con sus planes, todas las autonomías estarían por encima de la media. Todas. Eso si que es un imperativo matemático. De letras, claro.
Que los americanos que estaban haciendo las europas allá por los albores del siglo XX se aplicaron la etiqueta, Gertrude Stein mediante, de ser la generación perdida, nos ha abocado a hacer de los nuestros, en lugar de una lost generation, una low cost generation, los famosos ni-ni que ven un mundo gratuito frente a ellos, ignorando que aún nos deben su aportación y que aún falta que abracen conceptos tan lejanos como sacrificio, esfuerzo o mérito y entiendan que lo que consumen lo produce alguien, normalmente alguien que también quiere consumir, ya sea agua, un puñado de arroz o una sanidad o educación gratuita como la que ellos tienen.
Pero con esta onfalocracia que nos abotarga, dejamos a un lado las esencias universales para concentrarnos en nuestro propio olor, y explicamos el mundo, como en el cuento budista, desde nuestra óptica del rey de los monos y su fétida orina, porque el adanismo adolescente ya lo impregna todo.
Para entenderlo, analizamos las inversiones, los entornos socioeconómicos, la dispersión geográfica, la razón alumnos profesor, la variable inmigratoria y hasta el eje productivo local, y después de todo, sólo llega el desconcierto, eso sí, con dos o tres decimales. Dicho en otras palabras, ni puñetera idea tienen de qué es lo que hay que hacer.
Una de las piedras filosofales es la búsqueda del secreto de la buena educación, a sabiendas de que la película de Almodóvar no daba demasiadas pistas. Ahora, a imagen del europeo estudio Pisa, y con todo el garbo que podemos, hacemos los nuestros nacionales y autonómicos para descubrir que lo importante, es lo que ocurre en el centro, según dice Enrique Roca, encargado del estudio. Quizá se refiera al centro de la Tierra, siguiendo el sendero de Julio Verne o del mismísimo Lucifer, pero me temo que alude al colegio o al instituto, no por ello lugares menos infernales.
Y claro, después de esto hay que hablar de las alforjas, tanto por la parquedad del viaje que las hace casi innecesarias, como por el semoviente que las acepta en su lomo y que bien podría integrar el grupo redactor del estudio. Resulta que lo importante son los profesores, el aula, los alumnos. Y que una de las recetas es la autonomía, la flexibilidad para manejar el aula según toque cada año, con cada grupo, con cada especial dinámica. Y descubren que el quid de la cuestión está en lo que se enseña y cómo se enseña y nombran bestia negra del año a los libros de texto. ¿Cuánto tiempo hemos necesitado para decir esto? ¿Perogrullo ha sido nombrado Secretario de Estado?
Sabrán ustedes que hoy en día es posible que un tipo acabe el bachillerato, en cualquier rama, sin conocer nada de la literatura universal, salvo la hispanoamericana. Los más despiertos citan de memoria y dicen sí hombre, Dostoievski y Mr Hyde. ¡Qué suerte la de Stevenson dando a luz a Fiodor! ¿Se dan cuenta? Nada de la literatura alemana, la italiana, la francesa, la rusa, la inglesa de aquí y la inglesa de allá. ¡Y luego nos metemos con los nacionalistas!
Nos acusan de tener unos docentes que cascan sin parar mientras los alumnos escuchan. Recomiendan una enseñanza más participativa. ¿Pero qué mierda de novedad es esta? Más alforjas por vender. ¿A estas alturas nos tienen que contar esas bobadas? Pero no se vayan, que tengo el carro lleno.
Hay una asociación laica de padres de alumnos –podría ser laica, como de Logroño o de antiguos postulantes de la huchita- que dice que “hay que superar viejas concepciones como promover la repetición de curso”. Eso de promover no sé si es un verbo adecuado, no sé si en el claustro se chocan las manos para suspender a alumnos con el fin de volver a ver a los mismos energúmenos al año siguiente, pero si uno de esos floridos especímenes no supera los niveles previstos, es aceptable decir que tiene que volver a empezar. ¿Es eso una vieja concepción? ¡Por supuesto! Anterior a la de María. Si no se cumple, tienes que enmendarlo. Los nuevos magos dicen que nada cambia, que el repetidor va a peor, que nada gana haciendo lo mismo un año más. ¿Descubrimos ahora que hay diferencias en las capacidades de los sujetos? ¿O nos quieren hacer creer que quien no ha sabido sumar, será capaz de multiplicar y más tarde despejar una ecuación?
Hay apreciaciones interesantes, sobre todo si vienen de un catedrático de Didáctica de la Universidad de Valencia. El profesor Gimeno Sacristán dice que “es importante no simplificar, que no se puede decir que una comunidad es mejor que otra porque depende en qué se fije uno.” Como mola, llegar uno solito a esa profundidad. Para volver a Gertrude Stein, una rosa es una rosa o no, según sea una rosa o no lo sea. Pero, como la rosa, no se corta y dice el profesor, que los condicionantes de los buenos resultados son muy difíciles de medir –al menos declara sus carencias- y que tienen que ver con la motivación del alumno, las ganas de aprender y la implicación de las familias. Esto mola plus en 3D. Ni el sistema, ni los profesores, ni su interacción, ni Cristo, hijo de la anterior María, que lo fundó. Lo crucial es que Carlitos, ese grandullón con granos del fondo esté motivado. ¡Y lo dice un cátedro de Didáctica! Pues que dé motivación, coño, si lo de explicar no es lo suyo.
Qué hartito estoy de bobadas y simplezas. Nada dicen del papel del profesor amenazado, no sólo por músculos más poderosos, sino en su saber, a veces tan precario, ahora que la información circula con tanta facilidad. Nada cuentan de la baja estima social del maestro, que tiene que ver básicamente con lo salarial. No hablan de la motivación de ese licenciado que está en la escuela como último recurso, como cobijo supervivencial porque no hay otra cosa “de lo suyo”. Quizá porque lo progresista sea ser de otra forma como dice Moreno en su Panfleto antipedagógico, que preconiza que la escuela tiene que ser autoritaria y conservadora porque debe transmitir el saber que debe ser conservado y estudiar a Beethoven y no la canción del verano. Y es sabido que los chavales necesitan disciplina, porque les pauta, les remite a canales de actividad, de exigencia, les delimita el espacio y les prepara para lo que vendrá, que no es precisamente un spa en Summerhill.
Pero qué quieren, si de casta le viene al galgo; nuestro presidente Zapatero dijo hace nada, que con sus planes, todas las autonomías estarían por encima de la media. Todas. Eso si que es un imperativo matemático. De letras, claro.
sábado, 12 de junio de 2010
El Papa y el Pope
El otro día Griñán dijo que Zapatero era muy malo. Ya lo vieron ustedes, le traicionó ese inconsciente que todos llevamos dentro, que algunos reconocemos y le dejamos escribir y le pagamos los orujos, y otros lo elevan a categoría depositaria de pulsiones y manifestaciones varias vestidas a la tirolesa. Quizá no le traicionó y quiso decirlo, convencido de que Quevedo tenía razón sobre la valentía. O, por el contrario, puso énfasis retórico en la maldad de Zapatero para preguntarse si él es malo, ustedes, señores del PP, qué categoría de oligofrenia profunda ocupan, para cerrar el silogismo de la regla de tres que no le termina de salir a nuestros niños post LOGSE.
Porque por mucho que leamos, pensemos, aceptemos, refutemos que Rodríguez Zapatero es el peor presidente de la democracia, por mucho que se esté loco para que se vaya, se presente, se le eche o se le crucifique, por mucho que nos desgañitemos, analicemos, sopesemos, contrastemos o abominemos con o de sus políticas, por mucho de todo lo que hagamos, llegará el momento en que tengamos que votar, mañana mismo o dentro de veinte meses. Y ese será el momento, no de la verdad, que ya la damos por amortizada, secuestrada o fugada con un narco ruso. No. Llegará el momento en el que tengamos que abstraernos –no abstenernos, aunque quede más elegante- y coger una u otra papeleta -y de ahí la expresión ¡vaya papeleta!- y votar. Y con el voto, con su suma, encumbrar a uno u otro.
Yo ya sugerí hace meses que Zapatero tenía todo el pescado vendido, o mejor, que se le estaba pudriendo en las cámaras ideológicas, y luego no hay quien se ponga el traje socialdemócrata si huele a mala gestión, a duda, a cagada insistente. Hace ya meses ya recomendé, con esta capacidad mía de que mis deseos se conviertan en realidad, que diera paso a otro, que se quedara de Secretario General del PSOE y permitiera que ¿Rubalcaba, Blanco? montara su propio Gobierno y gestionara con otra cara la cola de este crítico cometa y pudiera presentarse a las elecciones del 2012 con un nuevo ímpetu.
Y eso lo dije antes de que Zapatero se viera obligado a aprobar el decreto de las horcas caudinas europeas, fíjense ahora, que se va a tener que pegar hasta con los sindicatos por no hacer lo que deberían haber hecho hace ya mucho tiempo, mareando la perdiz con la patronal que defiende los intereses irresponsables del PP, consistentes en la máxima putrefacción, de forma que le baste con abrir las ventanas cuando llegue al poder para declarar la llegada redentora.
Cuando llegue ese domingo de las elecciones generales, tras haber perdido el PSOE las municipales y las autonómicas en donde toque, nos enfrentaremos a la decisión de ¿Zapatero? o Rajoy. Ese domingo en el que elegiremos quién nos encabrona otros cuatro años. Ese domingo que pasará a la historia como el gran domingo de romos. Pero es lo que hay.
Viendo hoy las cosas parece claro que será el Partido Popular el ganador. Cruzo los muñones para que no sea con mayoría absoluta. Ese día quizá Rajoy se ponga a botar en Génova salpicando de babas a sus fieles, que las recibirán como agua bendita del mismo Jordán. Y sonreirá a su lado Gallardón con labios apretados de solterona pícara. Y fingirá Aguirre su alegría. Y se verá ya de vicepresidenta Soraya torciendo el belfo de demócrata de toda la vida y la Cospedal se dejará entrevistar en un set de exteriores para que el viento meza más las ondas de su pelo. Y esa noche los cónyuges celebrarán el éxito ayuntándose sobre sábanas de secretarías de Estado, bajo edredones de ministerios y empresas públicas. Por ahí estarán los Moragas disputando melena a la Secretaria General, los Uriartes regresando a casa de papá en taxi no sea que la volvamos a… estropear, a los Pons ensayando nuevas frases estultas que hagan juego con sus sonrisas recicladas.
Porque señoras y señores, esos serán los nuevos ministros o secretarios de Estado. Y mientras pensaba en esto y me subían las constantes inconstantes y se me acababan las pastillas, las inyecciones, chutes, chinos y demás olvidadores de lo que nos rodea, se me ocurre, entre extrasístole y diástole, poner la tele para ver que Felipe González transmutado en Kipling nos daba a todos la esperanza, casi la orden de convertirnos en hombre. Hasta creí oírle decirnos hijos míos.
Ya por la mañana había visto a nuestro Zapatero demacrado en Italia, suponía que pidiendo a Berlusconi las señas de su maquilladora, pero no, estaba a lo suyo, a compartir unos álbumes de cromos con el Papa. Pero aprovechando que el mundo corre que es una barbaridad dejó rápidamente al Papa para ver al Pope. Y allí estaba a la izquierda de Dios padre celebrando en estos días infaustos los cien años de parlamentarismo del PSOE, contados, como saben, de aquella manera.
Hasta para eso tiene mal fario nuestro ZP, ¡hablar después del encantador Felipe!, vamos, como quedar un lunes por la mañana, recien duchado, con una chavala que ha pasado el fin de semana loco con Nacho y Rocco. Si necesitan los apellidos, es que no me merecen.
Y es que Felipe abrió las aguas del mar y logró que todos aquellos parlamentarios canosos y yogurines llenaran el preciso minuto de sesenta segundos de un esfuerzo supremo y supieran que suya era la tierra y todo lo que en ella habita, y lo que es más, hijos e hijas, serían capaces de volver a ganar.
Así les conmino Rudyrad González Márquez, con un mensaje primitivo, no por escasamente sofisticado, primitivo por seminal, una arenga a las entrañas, casi a los redaños, de parlamentarios que él quería militantes y se comportaban como ciudadanos absortos. Les dio en el suspensorio a la primera de cambio y se quedaron con la boca abierta el resto del discurso. Y cómo no dejar caer el mentón cuando se te habla de trabajo bien hecho, de excelencia, de esfuerzo, de productividad vinculada al desempeño, cómo no sorber la baba cuando te dicen que hay que trabajar más.
Me imagino a la derecha santiguándose para que este casi setentón no quiera jugar más a la política, rezando para que Zapatero siga siendo demasiado soberbio y no acepte más SMSs. Eso me lo imagino, pero lo que claramente veo, lo que certifico, es a Rajoy tomando apuntes. No en vano es el nuevo defensor de las clases pasivas.
Porque por mucho que leamos, pensemos, aceptemos, refutemos que Rodríguez Zapatero es el peor presidente de la democracia, por mucho que se esté loco para que se vaya, se presente, se le eche o se le crucifique, por mucho que nos desgañitemos, analicemos, sopesemos, contrastemos o abominemos con o de sus políticas, por mucho de todo lo que hagamos, llegará el momento en que tengamos que votar, mañana mismo o dentro de veinte meses. Y ese será el momento, no de la verdad, que ya la damos por amortizada, secuestrada o fugada con un narco ruso. No. Llegará el momento en el que tengamos que abstraernos –no abstenernos, aunque quede más elegante- y coger una u otra papeleta -y de ahí la expresión ¡vaya papeleta!- y votar. Y con el voto, con su suma, encumbrar a uno u otro.
Yo ya sugerí hace meses que Zapatero tenía todo el pescado vendido, o mejor, que se le estaba pudriendo en las cámaras ideológicas, y luego no hay quien se ponga el traje socialdemócrata si huele a mala gestión, a duda, a cagada insistente. Hace ya meses ya recomendé, con esta capacidad mía de que mis deseos se conviertan en realidad, que diera paso a otro, que se quedara de Secretario General del PSOE y permitiera que ¿Rubalcaba, Blanco? montara su propio Gobierno y gestionara con otra cara la cola de este crítico cometa y pudiera presentarse a las elecciones del 2012 con un nuevo ímpetu.
Y eso lo dije antes de que Zapatero se viera obligado a aprobar el decreto de las horcas caudinas europeas, fíjense ahora, que se va a tener que pegar hasta con los sindicatos por no hacer lo que deberían haber hecho hace ya mucho tiempo, mareando la perdiz con la patronal que defiende los intereses irresponsables del PP, consistentes en la máxima putrefacción, de forma que le baste con abrir las ventanas cuando llegue al poder para declarar la llegada redentora.
Cuando llegue ese domingo de las elecciones generales, tras haber perdido el PSOE las municipales y las autonómicas en donde toque, nos enfrentaremos a la decisión de ¿Zapatero? o Rajoy. Ese domingo en el que elegiremos quién nos encabrona otros cuatro años. Ese domingo que pasará a la historia como el gran domingo de romos. Pero es lo que hay.
Viendo hoy las cosas parece claro que será el Partido Popular el ganador. Cruzo los muñones para que no sea con mayoría absoluta. Ese día quizá Rajoy se ponga a botar en Génova salpicando de babas a sus fieles, que las recibirán como agua bendita del mismo Jordán. Y sonreirá a su lado Gallardón con labios apretados de solterona pícara. Y fingirá Aguirre su alegría. Y se verá ya de vicepresidenta Soraya torciendo el belfo de demócrata de toda la vida y la Cospedal se dejará entrevistar en un set de exteriores para que el viento meza más las ondas de su pelo. Y esa noche los cónyuges celebrarán el éxito ayuntándose sobre sábanas de secretarías de Estado, bajo edredones de ministerios y empresas públicas. Por ahí estarán los Moragas disputando melena a la Secretaria General, los Uriartes regresando a casa de papá en taxi no sea que la volvamos a… estropear, a los Pons ensayando nuevas frases estultas que hagan juego con sus sonrisas recicladas.
Porque señoras y señores, esos serán los nuevos ministros o secretarios de Estado. Y mientras pensaba en esto y me subían las constantes inconstantes y se me acababan las pastillas, las inyecciones, chutes, chinos y demás olvidadores de lo que nos rodea, se me ocurre, entre extrasístole y diástole, poner la tele para ver que Felipe González transmutado en Kipling nos daba a todos la esperanza, casi la orden de convertirnos en hombre. Hasta creí oírle decirnos hijos míos.
Ya por la mañana había visto a nuestro Zapatero demacrado en Italia, suponía que pidiendo a Berlusconi las señas de su maquilladora, pero no, estaba a lo suyo, a compartir unos álbumes de cromos con el Papa. Pero aprovechando que el mundo corre que es una barbaridad dejó rápidamente al Papa para ver al Pope. Y allí estaba a la izquierda de Dios padre celebrando en estos días infaustos los cien años de parlamentarismo del PSOE, contados, como saben, de aquella manera.
Hasta para eso tiene mal fario nuestro ZP, ¡hablar después del encantador Felipe!, vamos, como quedar un lunes por la mañana, recien duchado, con una chavala que ha pasado el fin de semana loco con Nacho y Rocco. Si necesitan los apellidos, es que no me merecen.
Y es que Felipe abrió las aguas del mar y logró que todos aquellos parlamentarios canosos y yogurines llenaran el preciso minuto de sesenta segundos de un esfuerzo supremo y supieran que suya era la tierra y todo lo que en ella habita, y lo que es más, hijos e hijas, serían capaces de volver a ganar.
Así les conmino Rudyrad González Márquez, con un mensaje primitivo, no por escasamente sofisticado, primitivo por seminal, una arenga a las entrañas, casi a los redaños, de parlamentarios que él quería militantes y se comportaban como ciudadanos absortos. Les dio en el suspensorio a la primera de cambio y se quedaron con la boca abierta el resto del discurso. Y cómo no dejar caer el mentón cuando se te habla de trabajo bien hecho, de excelencia, de esfuerzo, de productividad vinculada al desempeño, cómo no sorber la baba cuando te dicen que hay que trabajar más.
Me imagino a la derecha santiguándose para que este casi setentón no quiera jugar más a la política, rezando para que Zapatero siga siendo demasiado soberbio y no acepte más SMSs. Eso me lo imagino, pero lo que claramente veo, lo que certifico, es a Rajoy tomando apuntes. No en vano es el nuevo defensor de las clases pasivas.
sábado, 5 de junio de 2010
Catarí
En lo más intrincado de la montaña de León se habla un dialecto muy especial, prácticamente desaparecido. No está claro su origen, quizá provenga de muchas otras lenguas que convergieron en la Ruta de la Plata, quizá un dialecto autóctono impermeable por la dureza de la región, quizá una jerga minera capaz de rebotar en las negras paredes horadadas de carbón culpable. Quién sabe. A algunas personas les parece bable, a otras castúo contagiado en la trashumancia, incluso ven influencias napolitanas. Qué más da. Permítanme que les ofrezca esta extraña lengua en formato amable. Escuchen esta vieja canción rescatada de las faldas del Pajares, aunque podría haberse recogido de alguna otra ladera, hallarse en cualquier loma, obtenerse de todas las costas, de cada camino y sendero. Absórbanla con sus entrañas, con sus ojos de futuro, respírenla con sus recuerdos. Y, por supuesto, disfrútenla.
Aquí tienen la traducción que un viejo leonés de Rodiezmo de la Tercia me prestó.
¿Catarí, Catarí, por qué te diriges a mi sólo con palabras amargas?
¿Por qué me hablas sólo para atormentarme, Catarí?
No olvides que hubo un tiempo que te di mi corazón,
¡Catarí, no lo olvides!
¿Catarí, Catarí, qué pretendes?
¡No me hagas sufrir esta agonía?
¡Nunca piensas en mi dolor,
nunca piensas en ello, no te importa!
Corazón ingrato,
Te apoderaste de mi vida,
y ahora se acabó,
ya no piensas en mi.
El anciano no recuerda qué puede significar Catarí. Quizá no quiere hacerlo. Yo creo que lo sabe, sabe que Catarí somos todos nosotros. Usted y yo, por supuesto, pero también todos los españoles. Es más, creo que somos todos los europeos, los americanos, todos los habitantes del planeta. Cada vez estoy más seguro. Con seguridad esta canción está escrita en la lengua franca de todos los trabajadores, en el idioma de las familias, en el esperanto de los que quieren vivir y dejar vivir en paz.
Por el contrario es mucho más fácil averiguar quién se dirige a Catarí, quién nos impreca y nos acusa, quién nos recrimina, tan evidente que son muchos los que lo hacen, sin entender el profundo desafecto que sentimos por ellos. Búsquenlo en clave española, construyan el rompecabezas con pistas europeas o jeroglíficos estadounidenses. Sale igualmente ¿Fácil, verdad? Son ellos, los de siempre. Los que siempre nos fallan. Quizá les entendamos intelectualmente, incluso les apoyaremos de nuevo, pero en nuestro corazón no podremos olvidar el desamor que nos han producido.
En parte por la vida que nos están robando, una vida que no podremos volver a vivir, y sobre todo, porque nos han robado el asombro, han raptado nuestra ilusión, se han quedado con nuestros proyectos.
Pobre Catarí. Entre el optimismo y la bonhomía de unos y el rencor y la inquina de los otros. Entre una socialdemocracia que viste de gala al capitalismo y una derecha que cubre el sarro de sus colmillos con fundas de falsa libertad. Entre la indolencia e ignorancia de todos. Pobre Catarí.
Aquí tienen la traducción que un viejo leonés de Rodiezmo de la Tercia me prestó.
¿Catarí, Catarí, por qué te diriges a mi sólo con palabras amargas?
¿Por qué me hablas sólo para atormentarme, Catarí?
No olvides que hubo un tiempo que te di mi corazón,
¡Catarí, no lo olvides!
¿Catarí, Catarí, qué pretendes?
¡No me hagas sufrir esta agonía?
¡Nunca piensas en mi dolor,
nunca piensas en ello, no te importa!
Corazón ingrato,
Te apoderaste de mi vida,
y ahora se acabó,
ya no piensas en mi.
El anciano no recuerda qué puede significar Catarí. Quizá no quiere hacerlo. Yo creo que lo sabe, sabe que Catarí somos todos nosotros. Usted y yo, por supuesto, pero también todos los españoles. Es más, creo que somos todos los europeos, los americanos, todos los habitantes del planeta. Cada vez estoy más seguro. Con seguridad esta canción está escrita en la lengua franca de todos los trabajadores, en el idioma de las familias, en el esperanto de los que quieren vivir y dejar vivir en paz.
Por el contrario es mucho más fácil averiguar quién se dirige a Catarí, quién nos impreca y nos acusa, quién nos recrimina, tan evidente que son muchos los que lo hacen, sin entender el profundo desafecto que sentimos por ellos. Búsquenlo en clave española, construyan el rompecabezas con pistas europeas o jeroglíficos estadounidenses. Sale igualmente ¿Fácil, verdad? Son ellos, los de siempre. Los que siempre nos fallan. Quizá les entendamos intelectualmente, incluso les apoyaremos de nuevo, pero en nuestro corazón no podremos olvidar el desamor que nos han producido.
En parte por la vida que nos están robando, una vida que no podremos volver a vivir, y sobre todo, porque nos han robado el asombro, han raptado nuestra ilusión, se han quedado con nuestros proyectos.
Pobre Catarí. Entre el optimismo y la bonhomía de unos y el rencor y la inquina de los otros. Entre una socialdemocracia que viste de gala al capitalismo y una derecha que cubre el sarro de sus colmillos con fundas de falsa libertad. Entre la indolencia e ignorancia de todos. Pobre Catarí.
sábado, 22 de mayo de 2010
Funcionario, funcionario, fun, fun, fun
Yo soy andarín. Antes lo era al modo de algunos autobuses, de forma discrecional, pero ahora ya soy andarín de línea, obligado a regresar a nuestro nomádico ser, después del fracasado triunfo del agricultor sedentario que nos obligó a civilizarnos, ahora tengo ruta y horario que cumplir.
Pues en uno de esos paseos me dejé caer por el Mercado de San Miguel, un precioso espacio rehabilitado en parte con el dinero de los madrileños con padrino municipal y madrina autonómica. Yo, que soy partidario de un Estado con músculo, me pregunto a veces si el dinero del erario se debe utilizar para adecentar lugares que la iniciativa privada debiera cubrir. El caso es que ahí siempre hubo un mercado y que el paso de los años lo fue deteriorando. Obliguémonos a pensar que fuera nuestra responsabilidad colectiva, el remozar la estructura del mismo para que los vecinos continuaran pudiendo acceder a los productos de uso diario que ahí se expendían. Pero no, en su lugar no hay tres o cuatro fruterías, ni dos pescaderías y una pollería, como en los barrios de ustedes. Ahí se ha montado un estupendo centro de delicatessen que ni de lejos es equiparable a dónde iban a comprar nuestras madres diariamente. La única carnicería ofrece cortes franceses sofisticados de piezas suculentas a precios correspondientes con el nivel del producto y la única pescadería, te sorprende con ventrescas de alguna avanzadilla de bonito que huye de las amenazantes pinzas de las cigalas tronco. Los ojos se van tras unas cerezas hermosas y gordas como narices de payaso a precio igualmente gracioso de 35 euracos el kilo. Sirven champán por copas a siete euros la más barata y dispones de diferentes calibres de ostras para degustar, o suicidarte, allí mismo.
Como verán, parte del paseo era autopunitivo, actuando como padre de mi mismo advirtiéndome que algún día nada de esto sería mío, mientras de forma masoquista contemplaba croquetas, quiches, albóndigas y adminículos grasos varios danzar entre vaharadas, sobre platillos volantes entrechocando con copas previamente trasegadas y dispuestas a ser remplazadas por otras. Los otros escaparates de Ámsterdam.
El sitio es espectacular y obligado aunque no seas un zampón y de peregrinación forzosa si te estás sacando el carné de Gargantúa, pero no es la tienda para el día a día, por tanto, que sólo la Comunidad de Madrid aporte 600.000 euros a fondo perdido me parece que se encuadra en esas miles de subvenciones que son absolutamente prescindibles, hogaño que nos sabemos pobres y antaño cuando nos creíamos ricos. Pero resulta que estos proyectos son los que gustan a la mayor parte de los políticos gobernantes. Al igual que a los estudiantes de marketing que prefieren hacer sus desarrollos sobre productos glamurosos y caros, porque es más divertido crear estrategias para unas medias de costura trasera impecable y puntera invisible con culotte de fantasía, que unos pantys opacos de compresión variable para las varices. Así los políticos mercaderes se ven más degustando media de ostritas con un Rueda frío, que palpando las ciruelas claudias en el mercado con cuarto y mitad de chopped y medio de jureles en el carrito de la compra.
Esa readscripción de clase que se da en los políticos de forma súbita -el pelotilleo y la corte obran milagros-, concurre, también a medio y largo plazo, en muchos funcionarios de los niveles más altos y directivos de empresas públicas que no cambian con los vaivenes electorales, de modo que se consolidan, more ferarum, a sus puestos, ahora ya hábitat conquistado, y se desclasan hasta el punto de dejar de creer en lo estatal, denostando la escuela o la sanidad públicas. No en vano gran parte de los funcionarios optan mayoritariamente por los nada públicos seguros de salud para cubrir sus necesidades sanitarias. Más o menos como si los soldados llevaran escoltas privadas. Son paradojas que vienen de lejos con los mufaces, mugejus e isfas de turno para funcionarios de la administración, funcionarios judiciales y militares respectivamente o el antiguo Inisas que heredo la SEPI del INI como cobertura sanitaria y que vendió a una aseguradora privada, hoy propiedad de La Caixa.
Y como la función pública es bastante endogámica, esa reorganización social deviene cuasi estamental, dando por buenos y ciertos los atributos a los que se ha aspirado, renegando de los orígenes y, lo que es más grave, haciéndolos desaparecer del quehacer político y administrativo, arrumbándolos para la llamada gentuza, esos que no son como nosotros.
Dicho de otra forma, el otro día una funcionaria de carrera del máximo nivel, lista y capaz, se queja de las rebajas de Zapatero. Hace sus cuentas y dice, además del 15% que me quitan, se suman los 2 puntos del IVA de julio y como tengo el sueldo congelado hace dos años por ser alto cargo mientras a los demás les han subido el 3%, se me pone en más del 20%. Como ven se ha sumado 15 más 2 más 3 igual a 20. Es lo que se llama suma ideológica o adición demagógica, porque matemática, lo que se dice matemática, no es. Eso lo repetirá entre sus allegados que sufrirán los mismos recortes conviniendo con ella que Zapatero les baja un 20%, lo que supone un cuarto de su sueldo o incluso cerca de la mitad. Es la magia de los números que cuando son favorables son apenas nada y si perjudican, se edematizan como las grandes mentiras.
Al final han creado un estado de opinión contrario al imperante, al de aquellos que no son funcionarios y a los que les ha parecido de miedo que la crisis la paguen los servidores civiles, dicho en anglosajón de Valencia. Contra acción, reacción.
Lo que pasa es que no todos los funcionarios son altos cargos, ni disponen de las ventajas que tienen algunos. A diferencia de Reino Unido, Francia o Alemania, nuestra experiencia del Estado de bienestar es más reducida por reciente, y del mismo modo, la experiencia democrática es más cara que la dictatorial. Tampoco nos llegó el Plan Marshall, qué coño.
Es difícil entender que Extremadura necesite por cada 100 habitantes 8,5 de empleados públicos cuando Madrid se arregla con 6,7, más que los 6 de Andalucía con la fama que tienen, pero mucho más ardua es la comprensión de que a Cataluña les basten 4 o 4,5 a la Comunidad valenciana. Pero eso no es nada si comparamos, ya tomando en cuenta los estados de la Unión, que España cuenta con 9,5 empleados de las administraciones por cada 100 habitantes activos y Dinamarca sean 25,7, o Francia un 17% y Reino Unido un 15%.
Cuando queremos tener dotaciones y servicios, cuando requerimos menores esperas en los ambulatorios, más clases de apoyo para nuestros hijos o más celeridad para arreglar los baches, estamos demandando más empleados del Estado. Siempre podemos hacer como el Partido Popular que exigía más seguridad reduciendo la plantillas de los cuerpos de policía y guardia civil o apostar por la escuela pública regalando solares a los colegios privados, pero si queremos más servicios es necesario que alguien los preste.
Por ejemplo, una de las inexcusables, es lograr mayor rapidez en la administración de justicia; y de nuevo aparece el alma española, capaz de lo mejor y de lo peor, o la impresentable tardanza del Constitucional para con el Estatuto catalán o la velocidad de Varela para sodomizar a Garzón. Años u horas son las unidades de medida, según convenga, espada flamígera o linternita de acomodador de sesión continua; una justicia cuyas carencias no siempre se deben a problemas de falta de recursos, de ordenadores superferolíticos, ni de personal de apoyo, basta un interés personal para que se ilumine el cielo o caiga la noche.
Y creo que es en ello dónde reside esta boba polémica sobre la función pública. No es cuestión, en este sentido, de quién paga los servicios, sino de que el empleado actúe de la forma adecuada, en forma y tiempo, de forma igualitaria, sin prebendas reales ¿es cohecho impropio el aceptar servicios sanitarios de primerísimo nivel, escogiendo día y hora, ciudad y hospital, sin listas ni pausas? Porque lo que queremos es que los gobernantes, -empleados públicos, no lo olviden- estén a lo que deben. El tiempo que algunos perdieron probándose trajes y chalecos, estableciendo pequeñas amistades del alma, queriéndose ovoidalmente, cazando en países exóticos, adquiriendo propiedades, palacios, chalés, fincas, quemándose la nariz y abrasando púberes, espiando a compañeros, planificando chantajes, aceptando coches, relojes, zapatos, bolsos, todo ese tiempo nos lo deben, porque era un tiempo remunerado, porque estaban, están, en nómina del Estado; igualmente todo el tiempo que están perdiendo en su defensa, en su arrogancia, en su desfachatez, nos lo deben. Todo ese tiempo tienen que pagarlo o devolverlo.
Son esos empleados públicos a los que hay que aniquilar, porque entienden la función pública como un castigo, la confunden con la pena de los servicios comunitarios pensada para los gamberros. Quizá sea por eso. A esos interventores que no vieron nada entre tanta mierda, a esos inspectores de hacienda que sacan una paralela por 150 euros de un mal sumador y se les pasan las cuentas de tíos con zoológico privado, a los que les prescriben los plazos por estafa, a los que no generan órdenes de busca y captura, a los que con el lío que tenemos deciden hurgar en la Diagonal de Barcelona o inauguran tres veces la misma obra, encargan estudios ridículos o aceptan fundaciones execrables, a toda esa panda que está a otra cosa y cobran del Estado, hay que decirles adiós cuando toque si han sido electos y largarles si son funcionarios. La oposición debe valer para habilitarlos, no para inmunizarlos y hacerlos perpetuos.
Pues en uno de esos paseos me dejé caer por el Mercado de San Miguel, un precioso espacio rehabilitado en parte con el dinero de los madrileños con padrino municipal y madrina autonómica. Yo, que soy partidario de un Estado con músculo, me pregunto a veces si el dinero del erario se debe utilizar para adecentar lugares que la iniciativa privada debiera cubrir. El caso es que ahí siempre hubo un mercado y que el paso de los años lo fue deteriorando. Obliguémonos a pensar que fuera nuestra responsabilidad colectiva, el remozar la estructura del mismo para que los vecinos continuaran pudiendo acceder a los productos de uso diario que ahí se expendían. Pero no, en su lugar no hay tres o cuatro fruterías, ni dos pescaderías y una pollería, como en los barrios de ustedes. Ahí se ha montado un estupendo centro de delicatessen que ni de lejos es equiparable a dónde iban a comprar nuestras madres diariamente. La única carnicería ofrece cortes franceses sofisticados de piezas suculentas a precios correspondientes con el nivel del producto y la única pescadería, te sorprende con ventrescas de alguna avanzadilla de bonito que huye de las amenazantes pinzas de las cigalas tronco. Los ojos se van tras unas cerezas hermosas y gordas como narices de payaso a precio igualmente gracioso de 35 euracos el kilo. Sirven champán por copas a siete euros la más barata y dispones de diferentes calibres de ostras para degustar, o suicidarte, allí mismo.
Como verán, parte del paseo era autopunitivo, actuando como padre de mi mismo advirtiéndome que algún día nada de esto sería mío, mientras de forma masoquista contemplaba croquetas, quiches, albóndigas y adminículos grasos varios danzar entre vaharadas, sobre platillos volantes entrechocando con copas previamente trasegadas y dispuestas a ser remplazadas por otras. Los otros escaparates de Ámsterdam.
El sitio es espectacular y obligado aunque no seas un zampón y de peregrinación forzosa si te estás sacando el carné de Gargantúa, pero no es la tienda para el día a día, por tanto, que sólo la Comunidad de Madrid aporte 600.000 euros a fondo perdido me parece que se encuadra en esas miles de subvenciones que son absolutamente prescindibles, hogaño que nos sabemos pobres y antaño cuando nos creíamos ricos. Pero resulta que estos proyectos son los que gustan a la mayor parte de los políticos gobernantes. Al igual que a los estudiantes de marketing que prefieren hacer sus desarrollos sobre productos glamurosos y caros, porque es más divertido crear estrategias para unas medias de costura trasera impecable y puntera invisible con culotte de fantasía, que unos pantys opacos de compresión variable para las varices. Así los políticos mercaderes se ven más degustando media de ostritas con un Rueda frío, que palpando las ciruelas claudias en el mercado con cuarto y mitad de chopped y medio de jureles en el carrito de la compra.
Esa readscripción de clase que se da en los políticos de forma súbita -el pelotilleo y la corte obran milagros-, concurre, también a medio y largo plazo, en muchos funcionarios de los niveles más altos y directivos de empresas públicas que no cambian con los vaivenes electorales, de modo que se consolidan, more ferarum, a sus puestos, ahora ya hábitat conquistado, y se desclasan hasta el punto de dejar de creer en lo estatal, denostando la escuela o la sanidad públicas. No en vano gran parte de los funcionarios optan mayoritariamente por los nada públicos seguros de salud para cubrir sus necesidades sanitarias. Más o menos como si los soldados llevaran escoltas privadas. Son paradojas que vienen de lejos con los mufaces, mugejus e isfas de turno para funcionarios de la administración, funcionarios judiciales y militares respectivamente o el antiguo Inisas que heredo la SEPI del INI como cobertura sanitaria y que vendió a una aseguradora privada, hoy propiedad de La Caixa.
Y como la función pública es bastante endogámica, esa reorganización social deviene cuasi estamental, dando por buenos y ciertos los atributos a los que se ha aspirado, renegando de los orígenes y, lo que es más grave, haciéndolos desaparecer del quehacer político y administrativo, arrumbándolos para la llamada gentuza, esos que no son como nosotros.
Dicho de otra forma, el otro día una funcionaria de carrera del máximo nivel, lista y capaz, se queja de las rebajas de Zapatero. Hace sus cuentas y dice, además del 15% que me quitan, se suman los 2 puntos del IVA de julio y como tengo el sueldo congelado hace dos años por ser alto cargo mientras a los demás les han subido el 3%, se me pone en más del 20%. Como ven se ha sumado 15 más 2 más 3 igual a 20. Es lo que se llama suma ideológica o adición demagógica, porque matemática, lo que se dice matemática, no es. Eso lo repetirá entre sus allegados que sufrirán los mismos recortes conviniendo con ella que Zapatero les baja un 20%, lo que supone un cuarto de su sueldo o incluso cerca de la mitad. Es la magia de los números que cuando son favorables son apenas nada y si perjudican, se edematizan como las grandes mentiras.
Al final han creado un estado de opinión contrario al imperante, al de aquellos que no son funcionarios y a los que les ha parecido de miedo que la crisis la paguen los servidores civiles, dicho en anglosajón de Valencia. Contra acción, reacción.
Lo que pasa es que no todos los funcionarios son altos cargos, ni disponen de las ventajas que tienen algunos. A diferencia de Reino Unido, Francia o Alemania, nuestra experiencia del Estado de bienestar es más reducida por reciente, y del mismo modo, la experiencia democrática es más cara que la dictatorial. Tampoco nos llegó el Plan Marshall, qué coño.
Es difícil entender que Extremadura necesite por cada 100 habitantes 8,5 de empleados públicos cuando Madrid se arregla con 6,7, más que los 6 de Andalucía con la fama que tienen, pero mucho más ardua es la comprensión de que a Cataluña les basten 4 o 4,5 a la Comunidad valenciana. Pero eso no es nada si comparamos, ya tomando en cuenta los estados de la Unión, que España cuenta con 9,5 empleados de las administraciones por cada 100 habitantes activos y Dinamarca sean 25,7, o Francia un 17% y Reino Unido un 15%.
Cuando queremos tener dotaciones y servicios, cuando requerimos menores esperas en los ambulatorios, más clases de apoyo para nuestros hijos o más celeridad para arreglar los baches, estamos demandando más empleados del Estado. Siempre podemos hacer como el Partido Popular que exigía más seguridad reduciendo la plantillas de los cuerpos de policía y guardia civil o apostar por la escuela pública regalando solares a los colegios privados, pero si queremos más servicios es necesario que alguien los preste.
Por ejemplo, una de las inexcusables, es lograr mayor rapidez en la administración de justicia; y de nuevo aparece el alma española, capaz de lo mejor y de lo peor, o la impresentable tardanza del Constitucional para con el Estatuto catalán o la velocidad de Varela para sodomizar a Garzón. Años u horas son las unidades de medida, según convenga, espada flamígera o linternita de acomodador de sesión continua; una justicia cuyas carencias no siempre se deben a problemas de falta de recursos, de ordenadores superferolíticos, ni de personal de apoyo, basta un interés personal para que se ilumine el cielo o caiga la noche.
Y creo que es en ello dónde reside esta boba polémica sobre la función pública. No es cuestión, en este sentido, de quién paga los servicios, sino de que el empleado actúe de la forma adecuada, en forma y tiempo, de forma igualitaria, sin prebendas reales ¿es cohecho impropio el aceptar servicios sanitarios de primerísimo nivel, escogiendo día y hora, ciudad y hospital, sin listas ni pausas? Porque lo que queremos es que los gobernantes, -empleados públicos, no lo olviden- estén a lo que deben. El tiempo que algunos perdieron probándose trajes y chalecos, estableciendo pequeñas amistades del alma, queriéndose ovoidalmente, cazando en países exóticos, adquiriendo propiedades, palacios, chalés, fincas, quemándose la nariz y abrasando púberes, espiando a compañeros, planificando chantajes, aceptando coches, relojes, zapatos, bolsos, todo ese tiempo nos lo deben, porque era un tiempo remunerado, porque estaban, están, en nómina del Estado; igualmente todo el tiempo que están perdiendo en su defensa, en su arrogancia, en su desfachatez, nos lo deben. Todo ese tiempo tienen que pagarlo o devolverlo.
Son esos empleados públicos a los que hay que aniquilar, porque entienden la función pública como un castigo, la confunden con la pena de los servicios comunitarios pensada para los gamberros. Quizá sea por eso. A esos interventores que no vieron nada entre tanta mierda, a esos inspectores de hacienda que sacan una paralela por 150 euros de un mal sumador y se les pasan las cuentas de tíos con zoológico privado, a los que les prescriben los plazos por estafa, a los que no generan órdenes de busca y captura, a los que con el lío que tenemos deciden hurgar en la Diagonal de Barcelona o inauguran tres veces la misma obra, encargan estudios ridículos o aceptan fundaciones execrables, a toda esa panda que está a otra cosa y cobran del Estado, hay que decirles adiós cuando toque si han sido electos y largarles si son funcionarios. La oposición debe valer para habilitarlos, no para inmunizarlos y hacerlos perpetuos.
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