martes, 6 de octubre de 2009

Gaussdeamus igitur

La Unión Europea está preparando un programa para detectar en Internet conductas anormales. Los progresistas sin coderas se han lanzado a protestar por la pérdida de intimidad y por la resonancia orwelliana que tiene el proyecto. Permítanme una digresión fugaz, qué haría esta gente sin 1984 y sin el Emperador desnudo, porque no hay declaración, acusación o amenaza que no incluyan alguna de estas referencias ¿no han leído nada más? Este proyecto que dicen atenta contra los derechos humanos, está dotado con 10 millones de libras esterlinas. Otra digresión: ¿por qué tenemos que hablar con monedas escépticas en programas de la UE? Vuelvo. Y a mí lo que me aterra no es que me huelan la bragueta o husmeen en mis hábitos religiosos –ahora mismo no sé si ambas posibilidades constituyen redundancia- lo que me preocupa es saber a qué llaman conductas anormales.

Como buenos pacientes psiquiátricos que son, sabrán ustedes que el MMPI es un test de personalidad muy usado. También es relativamente antiguo ya que se construyó en los años 40 en la Universidad de Minnesota. Dispone de muchas escalas de valoración clínica, como depresión, esquizofrenia o para valorar tu rol sexual masculino/femenino. Tiene más de 500 ítems y una de las preguntas es si usted cree en Dios. La respuesta negativa puntúa en la escala de Paranoia. Dirán que ser americano en Minnesota y no creer en Dios no resulta muy saludable. Quizá. Pero a veces los análisis psicométricos multifactoriales o las ideologías de los analistas de ideas fijas mononeuronales promueven diagnósticos o suposiciones realmente perversas.

Y no me refiero a que arrodillarse en el suelo para hablar con un ser superior que le da consignas al penitente suponga necesariamente cierta insania mental, pero no hacerlo no debería acreditarse como parcialmente persecutorio.

Así, cuando unos padres acuden a revelar fotos de sus hijos, algunas de ellas mostrando la churrilla, a la cadena de almacenes más grande del mundo, la cajera más simple de la tierra, los denuncia a la policía más entrometida del planeta y los servicios de protección infantil más soplamingas del universo les quitan la custodia durante un mes. La cajera dedujo que unos padres que tengan fotos de sus hijos en pelota son unos abusadores y unos traficantes de sexo con menores. Lo normal. Como pasó en Arizona, esas fotos les reportarán una pasta, ésta sí insana, a los potenciales pederastas, reconvertidos en simples padres, con fotos de vacaciones aburridísimas, pero no deja de alertarnos sobre el mundo tan mentecato que estamos construyendo.

Porque descubrir conductas anormales no estaría mal, siempre y cuando eso de anormal gozara de la máxima aceptación de la sociedad, pero ni siquiera sería un criterio válido. Hace nada los anormales eran lo que ahora llaman discapacitados psíquicos, pero también anormales eran los homosexuales y posiblemente a todos aquellos a los que les gustara jugar al bádminton. A fecha de hoy sólo quedan los del bádminton. En cualquier caso una vez identificados, cautivos y desarmados, qué se hace con esos sujetos que ostentan conductas anormales. Porque el sistema judicial está como para meter también las sospechas y las desviaciones de la norma en su proceso digestivo de herbívoro aburrido. Si la desinstitucionalización vació los manicomios en los ochenta, las cárceles están masificadas, qué vamos a hacer con estos nuevos predelincuentes. Porque no tener solución es el primer problema.Quizá toda la pasta que se llevan esos programas de reconocimiento óptico de caracteriales podría utilizarse en la escuela, porque es en las fases tempranas de la evolución individual, cuando se forjan los grandes desastres y se templan las grandes defensas ante este mundo extraño y hostil.

La derecha ricachona y vivaracha lo ha entendido muy bien y adoctrinan desde chiquitines a sus cachorros ¡córcholis, qué cantidad de cehaches tienen! De ahí su comprensible odio a la educación para la ciudadanía. La interferencia es la interferencia. En su particular formación de la muchachada buscan colegios, clubes universitarios, colonias y campamentos que cincelen su espíritu comme il faut. Me cuentan que en discotecas de Madrid como Pachá o But, las sesiones sin alcohol de la tarde terminan brazo en alto -sí, sí, como en el criticado Rodiezmo de León pero en fascista- cantando El Imperio contraataca de Los Nikis. Para seminaristas y encarcelados, Los Nikis son un grupo de la movida madrileña de hace casi treinta años, considerado como Los Ramones españoles, que hacía rimar posesiones con borbones y que en esta canción preconizaba, posiblemente con ironía, la vuelta a nuestro imperio. Por lo visto en la estrofa de //solo se juega al cinquillo//y la moda es el rojo y amarillo.//uououo...//Seremos de nuevo un Imperio… se ponen todos los niñatos a levantar el brazo con su polo nuevo bordado en rojo un día de estos en alguna franquicia de La Retoucherie, mientras la discoteca despliega banderas españolas.


Así que fíjense si queda camino para adiestrar ¿vendrá de hacer de derechas? a esta panda que ha descubierto en los DJs a sus nuevos guías y ven en la mesa de mezclas un nuevo púlpito de conversión.

Porque si el badajo de Gauss ofrece la línea que separa a los normales de los anormales, debemos saber que los anormales son tantos, que van a hacer que lo aberrante parezca normal. De esta forma alguien puede pensar que lo normal es tener dos contabilidades deletreadas con A de Alicante y B de Barcelona, o lo normal es sacar siete millones de euros del banco en billetes de 500, o que uno pase por la farmacia de la esposa a llevarse la caja para irse a Madrid a hacerse trajes, o que uno tenga cara de idiota y hable con voz de imbécil. Uno puede pensar que eso es lo normal. En realidad no tiene que pensarlo, basta con leer algún auto judicial para estar convencido, o las declaraciones de algunos padres de alguna patria u hojear algún periódico o escuchar alguna radio para darse cuenta que el anormal es uno. Y no crean que soy sectario, acabo de poner otra de Los Nikis. Dice así: el agua es más caliente de lo normal//sospecho cuál es la razón//juro por mis muertos no volver jamás//no vuelvo a ir a Benidorm.

Chim pun.

viernes, 2 de octubre de 2009

A verlas venir

El Partido Popular presentó una moción con un bonito título: Sobre el fracaso de la política económica del Gobierno para crear empleo, frenar el incremento del paro y la caída de la afiliación a la Seguridad Social y dar cobertura a las personas en situación de desempleo. Sé que echaran en falta una mención descortés a las madres, pero en el PP se saben controlar.

En la interpelación que presentó Echániz Salgado dijo: España tiene un mercado laboral arcaico y en algunas materias incluso anterior a la Constitución. Los mecanismos de ajuste de nuestro mercado de trabajo español frente a esta crisis no funcionan. Es tan rígido que se absorben los ajustes económicos destruyendo empleo, en lugar de ajustando la productividad, los salarios o los picos de la demanda.

Yo creo que no se puede estar más de acuerdo. Es lo que tantas veces hemos oído del paro estructural. Lo dice el PP, lo dice el PSOE y lo dice el padre Astete. Pero se callan las soluciones. Porque la derecha debiera haber hecho algo si esto viene de antes de la Constitución. Del 76 al 82 y del 96 al 2004 son catorce años para haber modernizado el mercado de trabajo, máxime si como presumen, traen siempre la bonanza. Bien es verdad que en los casi catorce de Felipe y los cinco de Zapatero algo se podía haber hecho. Porque los males de la economía española no han venido con la crisis de sopetón, sino que ésta ha iluminado con gruesos trazos fluorescentes las principales líneas de un pésimo guión.

Echániz sigue: Quizá, señor ministro, está haciendo falta un sindicato que defienda los intereses de los trabajadores, un sindicato moderno que se ocupe de los más débiles, de los más desprotegidos y que no impida que vuelvan al mercado laboral.

¿Se dan cuenta? Qué harían los trabajadores, los asalariados de este país sin el PP. ¡Populares del mundo uníos!

Esto que les cuento parte de la lectura apresurada del Boletín del Grupo Parlamentario Socialista en el Congreso, el llamado GPS - con ese nombre deberían saber acercarse un poco mejor a los problemas sin perderse- y ya que lo señalan, proponer, en la misma línea paradójica, la necesidad de una nueva patronal. Una patronal coherente, que vele en la medida de sus fuerzas, que son muchas, por los intereses del país, que trabaje para dar trabajo, que gane dinero y haga ganarlo, siendo comedido en los precios y los beneficios, que reinvierta los excedentes, las plusvalías, que piense a largo plazo, que forme a los empleados, que abra nuevos mercados, que cumpla con las leyes de seguridad, que denuncie las extorsiones políticas, que haga facturas con todo el IVA y pague todo el impuesto de sociedades. Una patronal que cambie la furgoneta renqueante antes que el Mercedes descapotable. Una patronal que no pida a la vez una baja en los salarios y dé indemnizaciones multimillonarias a sus empleados de copete.

¿A alguien se le oculta que esa patronal alicorta y cerril que falsamente negocia con el Gobierno, sale de una pésima clase empresarial, sin formación, apresurada en el beneficio y nada emprendedora? ¿Y no es evidente que esos sindicatos surgen de una clase trabajadora absentista, disimulona e indolente? ¿Puede ignorarse que los abusos empresariales, la falta de seguridad en los tajos, los contratos ausentes cuando no esclavistas, tienen al otro lado del espejo millares de listillos dispuestos a beberse el zumo del aborrecible garantismo laboral, con bajas ficticias y productividades de párroco titular?

Y quizá por ahí debiéramos empezar, esos debieran ser los auténticos pactos de La Moncloa que quieren recuperar los que carecen de votos para gobernar. Los pactos por hacer de España un lugar mejor. Si CCOO o UGT añoran los sindicatos alemanes, también los patronos añoran seguramente la disciplina y la puntualidad de los teutones y todos nosotros quisiéramos multinacionales industriales fuertes y grandes empresas en las que el gobierno alemán tiene participación e influencia. ¿No fue Aznar el que desinvirtió la participación de algunas grandes empresas españolas haciendo caja y colocando en la presidencia a los que le atusaban el bigote en el colegio? ¿No son sus seguidores los que reclaman ahora una banca estatal fuerte que controle las ayudas y dé créditos a los trabajadores autónomos, aquellos que se fumigaron el conglomerado de Argentaria?


Pero el GPS no dice tanto; no llega a mucho más este TomTom parlamentario, demasiado subyugado por pactos para salvar los muebles de las sanguijuelas minoritarias, demasiado abducido por este Ejecutivo mandón, o quizá es que el Partido Popular represente más el Tonton Macoute, el hombre del saco haitiano, y les atemorice con sus intrigas y sus luchas, confiando el éxito a la labor judicial, cuando seguramente hay tanto que hacer en las cámaras de representación. Y hacer algo ya y que se note y que se sepa, hasta que el presentador de Canal Nou se beba toda su brillantina y se coma su oposición. Porque el macutismo que Camps impone en Valencia empieza a ser preocupante, desde las gafas negras de Fabra hasta esa arrogancia de Costa que obscenamente ostenta la bandera española en la muñeca. Por no hablar de la indolencia de Rajoy o esas declaraciones deliberadamente apócrifas de la Cospedal, que siempre hace en espacios abiertos ¿tanto apesta? Pero la experiencia les ampara ¿alguien espera que Zaplana se siente en algún banquillo por sus tejemanejes en Terra Mítica? ¿lo suponemos de Trillo por sus prisas y desmanes turcos? ¿nos creemos lo de la investigación del patrimonio de Jaume Matas?

Camps pide ahora que dimita Zapatero, lo dice un imputado perdonado por un amiguito y recién recurrido al Supremo por la Fiscalía. El futuro presidente del Gobierno para el susodicho se la envaina y hace bromas sobre Madrid 2016, la última apuesta hiperbólica de Gallardón, y la mosca que vive detrás de mi oreja me susurra ¡qué calladita está ésta! ¿qué estará destejiendo Penélope Aguirre?

sábado, 26 de septiembre de 2009

Blanqueamiento

Estoy seguro, absolutamente convencido, de que una mujer es capaz de realizar lo mismo que un hombre, sobre todo si lo restringimos a tareas intelectuales que son las que de verdad nos distinguen del resto de seres vivos, esos meros objetos respirantes, pero no anhelantes como nosotros. Y estoy seguro de corazón que pueden, aunque es verdad que a veces no tanto de que un hombre pueda hacer lo mismo que una mujer, pero eso ya son cosas de actitud, que pertenece al negociado de la seguridad y el propio respeto en el que las mujeres nos ganan de largo.

Dicho esto, que no sé muy bien por qué hay que decirlo cuando es evidente, dicho esto, repito, sigo también sin entender por qué hay que subvencionar igualitariamente el cine en función del sexo de la directora. Es, sin duda, una soplacoñez -fíjense en el adjetivo de género- que tenemos que aguantar hombres y mujeres. Y en especial las mujeres porque ellas entienden mejor el cine, sobre todo los silencios, porque son capaces de ir más allá, porque saben jugar en el terreno de la elipsis, en la arena de los sobreentendidos.

Dice nuestra Ministra de Cultura que es "curioso" que se levante una polémica por el hecho de que la orden ministerial de desarrollo de la Ley de Cine vaya a primar las películas dirigidas por mujeres, y que "no pase nada" con las destinadas a fomentar el catalán o a determinadas minorías. No pasa nada porque no nos enteramos porque ya les vale que sea cierto.

No es cuestión de meterse con Bibiana Aído o con Ángeles González Sinde, bastante llenas tienen ya las alforjas, pero ¿no sería mejor colocar las películas por un hipotético orden de calidad y subvencionar las mejores? no digo ya las buenas por este vacío de creatividad que nos invade, pero darle pelas a esas películas que nos puedan resultar a la mayoría apetecibles, las haya hecho una tía, un tío, o el obispo de Madrid Alcalá, que es el reconocido tercer sexo como ustedes saben.

En mi puñetera vida he ido a ver una película de un hombre, ni lo contrario, aunque sí he deseado que Liliana Cavani hiciera algo para justificar otro atracón de palomitas porque me gustó Portero de Noche, porque me encantó Más allá del bien y del mal o La piel. Es verdad, lo confieso: prefiero que en el porno haya alguna mujer, incluso a veces me sobran los hombres, pero en el resto de películas no llego al punto de desear que lo dirija un sexo concreto. La Coixet me gusta poco, pero tampoco adoro a Medem y adoraría a Clint Eastwood o Truffaut aunque se emasculasen.

Si hacemos caso a Aído la mitad de los días nos quedaríamos sin programas de ópera, por ejemplo, dado el escasísimo repertorio operístico compuesto por mujeres; siempre podemos hacer que las arias de tenor las canten sopranos y así equilibrar de algún modo la balanza. Es lo que pasa cuando quieres solucionar un problema ancestral en una generación, que perjudicas a esa generación que, justamente, nada tuvo que ver con el problema.

Acepto desde ya, como dicen los castizos, que soy un machista y un asqueroso, pocos recursos me quedan, pero la igualdad se está desequilibrando en importantes áreas de la sociedad. Ya hay más juezas y más médicas que sus homólogos masculinos. Tengo que entender que ha sido así porque son mejores, cuestión esa de la excelencia sin duda discutible, pero las pruebas que se piden seguro que así lo atestiguan. Y ello va a determinar una forma de ejercer la judicatura, ni mejor ni peor, pero sí distinta. No habrá nadie que diga que es por cuota, afirmarán que así lo han demostrado las severas oposiciones y que las mujeres saben más, has respondido mejor.

Bien. ¿Podemos hacer lo mismo con el cine o cualesquiera otras disciplinas que dependan de Sinde o Aído para que salgan las mejores, haya o no haya pelos de bigote en el guión? Gracias.

Claro, que puestos a pedir guiones sin pelos, y hablando de Bigotes, quiero que la mitad de la trama corrupta de Gurtel sea chica. Es lo justo. Por lo visto la cúpula del PP, no confundir con cópula, aunque también esto tiene bastante de coyunda, ha dirigido la financiación ilegal del Partido Popular en Valencia según dice la Brigada Policial de Blanqueo. De momento hablan de Vicente Rambla, vicepresidente, de Ricardo Costa, secretario general, David Serra, vicesecretario y solamente una mujer, Yolanda García Santos, tesorera. Así que una de dos. O se buscan otro par de caraduras con XX en los genes o le cortan los distintivos colgantes a uno de los tres. ¡Cómo mola la igualdad! Y así, con las piernecitas de par en par, pueden aprovechar para hacerse la última necesidad de los españoles, la intervención más fashion. Me refiero al blanqueamiento anal: la decoloración de la pigmentación oscura de la piel alrededor del ano con propósitos cosméticos.

Puestos a blanquear, que se hagan un completo.

lunes, 21 de septiembre de 2009

La noche de punta en blanco

Era la explosión del año nuevo: caos de barro y nieve, atravesado por mil carruajes, centelleante de juguetes y de bombones, hormigueante de codicia y desesperación; delirio oficial de una ciudad grande, hecho para perturbar el cerebro del solitario más fuerte. Entre todo aquel barullo y estruendo trotaba un asno vivamente, arreado por un tipejo que empuñaba el látigo. Cuando el burro iba a volver la esquina de una acera, un señorito enguantado, charolado, cruelmente encorbatado y aprisionado en un traje nuevo, se inclinó, ceremonioso, ante el humilde animal, y le dijo, quitándose el sombrero: «¡Se lo deseo bueno y feliz!» Volviose después con aire fatuo no sé a qué camaradas suyos, como para rogarles que añadieran aprobación a su contento. El asno, sin ver al gracioso, siguió corriendo con celo hacia donde le llamaba el deber. A mí me acometió súbitamente una rabia inconmensurable contra aquel magnífico imbécil, que me pareció concentrar en sí todo el ingenio de Francia.

Les acabo de trascribir el poema nº 4 de Spleen en París de Baudelaire. Lo tituló Un gracioso. Otra ciudad, otro país y, desde luego, otro tiempo. Pero en Madrid también tenemos nuestros graciosos, en plural, un plural enorme, un plural corporativo, un plural sayón y escriba. Ayer nos abrieron en carnes la ciudad, bajo la coartada del insomnio, de la cultura gratuita, de esa derecha social bajo la que discurre nuestro alcalde, a través de una ciudad sobre la que no discurre nadie más, quizá por ese tedio intelectual que los incapacita, quizá por esa ausencia masiva que protagoniza nuestra oposición, en un oxímoron crónico y añejo en este Madrid que nos cobija y nos expulsa y que no acepta opinión.

Arranqué el domingo, entre vidrios mojados que no me dejan escribir nombre alguno, entre envases vacíos a la fuerza, entre cubos de basura impuesta e impositiva, y salgo a las calles nuevamente para enterarme que la semana que viene volverán las hordas enrolladas a destripar las aceras para celebrar el “Día de la Corazonada”. Supongan, mal, que ese día será en el que sus amores se independicen, en el que encuentren algún otro relevante que les acepte mejor y paseen su amor libre por Las Vegas en pos del futuro merecido en el que triunfa el azar. Asuman, mal de nuevo, que será el día que oirán a Tom Waits y sus corcheas bañadas en orujo de caña. Cuando el calendario les deposite, mustiamente, sobre el próximo fin de semana, no será la celebración universal de la Corazonada de Ford Coppola, será Madrid y será Bisbal quien enfangue sus sueños. El Día de la Corazonada celebra la presunción de nuestro alcalde de que nos concederán la organización de los Juegos Olímpicos. Después de analizar vísceras, otear posos u consultar augures, nuestro alcalde ha tenido una corazonada y nos concita en la Cibeles para mostrar al mundo con más ruido, más suciedad y mucha más esperanza, que si no disponemos de un buen proyecto, al menos nadie nos gana a ilusión. Al fin y al cabo es el precipitado olímpico del fracaso, en el que lo importante es participar, destrozada ya la cultura del esfuerzo y del merecimiento que la izquierda igualitaria destierra y que esta derecha social promueve.

Si aquel spleen de Baudelaire, aludía al tedio que vive en el bazo con la melancolía y el enfado en una niebla de humores y rocíos, la corazonada reniega del cerebro para asirse al órgano cordial, más arrebatado e impulsivo, más obstinado y terco con la misión de ofrecernos una versión vacua del deseo más que un apunte de la realidad.

En tanto, seguimos trotando, alocadamente, como el asno, mientras los íncubos, diestros y siniestros, nos apremian y nos excitan, dispuestos a toparnos de tarde en tarde con graciosos engominados que nos distraigan y espanten de esta ciudad y este país de humorada que hemos levantado y que no sabemos terminar.

sábado, 19 de septiembre de 2009

Displicencia a la disciplina

Un niño de cinco años entra en casa, deja la mochila en el sofá y va a la cocina a beber un vaso de agua. ¿Qué tal, hijo? pregunta su padre en chanclas y camiseta sin tirantes. Me han castigado por correr por el comedor. ¿Qué te han castigado? ¡A ti! ¿Quién ha sido? ¿Quién ha sido? ¡Esos mierdas se van a enterar!

Afortunadamente ese hombre no vivía en Texas y acababa de engrasar su revólver. Vivía en Madrid. Así que se puso sus pantalones pirata y fue a partirle la cara a aquel que osó reprender a su hijo de cinco años. En su hazaña tuvo que zarandear a la directora y tirarla al suelo y no cejó hasta que la policía vino por él. Edificante.

Como sabrán, mi actual serie de cabecera es El ala oeste de la Casa Blanca. Ya se pueden imaginar que la sala de prensa, ese lugar donde se informa al cuarto poder de las decisiones diarias del primero, está siempre repleta. En alguna ocasión, es el mismo presidente de los Estados Unidos el que entra en la sala para dirigirse a los periodistas. No lo creerán ustedes, pero todos ellos se ponen en pie cuando el presidente de la nación entra. Es una muestra de respeto a la primera autoridad del Estado, al cargo electo más importante. ¿Se imaginan aquí? Aquí no se levanta ni dios porque aquí se considera humillante ser educado y respetuoso. Ni el cargo, ni la edad, ni el prestigio, ni nada hacen que mostremos un mínimo de consideración. Incluso Zapatero ya jugó a eso, confundiendo a Bush con los americanos.

Un juez en Barcelona acaba de dictar una sentencia en la que llamar hijo de puta al jefe no es motivo de despido, lo que traducido es que no es motivo de nada, y resulta gratis decir públicamente este tío está loco y poco después llamarle hijo de puta. Por lo visto no es proporcional y se considera que ese lenguaje es de uso corriente hoy en día. Al gerente, con aparente madre licenciosa, sólo le quedaba ciscarse en la del otro buscando la reciprocidad o contárselo al padre del niño gamberro y hacer que pareciera un accidente.

Se estima que un 10% de los profesores es agredido ¡coñó, más que lo soldados en misión de guerra! Por eso Esperanza Aguirre quiere dar estatus de autoridad a los profesores mediante una ley. Básicamente mayor pena y principio de veracidad. Seguro que no evita que un tontaina de ocho años levante la mano a una maestra, pero hará que cruzarle la cara a la directora de un centro, como hizo hace nada la madre de un chaval, cueste más de 120 euros, que fue la multa con la que un juez apercibió a la diplomática madre. Esperadme un momento y pedidme unas tortitas, que dejo el 4X4 en doble fila, le hincho un ojo a esa boba de la jefa de estudios y estoy aquí en un pispás, que hoy tengo suelto. ¡Será por dinero!

Como la propuesta salió de boca de Aguirre, en seguida salieron los enrollados de padres progresistas sin coderas y empezaron a decir que si volvíamos a la vara de avellano, que el respeto hay que ganárselo y bobadas por el estilo, de tipos que leyeron Summerhill a la vez que Juan Salvador Gaviota e ignoran todo de nuestro Ferrer i Guardia. El presidente de la CEAPA, Rascón, líder respetado de estos señoritos, llega a preguntar si nuestros adolescentes ingresarán en la cárcel por este motivo. ¡Será por retórica!

Y es que autoridad nada tiene que ver con castigo físico, ni mucho menos con intervención penal de la justicia. Desde mi más recia infancia hasta mi más tierna madurez, he utilizado el tú y el usted con profusión discriminada sin mayores problemas de falta u observancia de respeto. Mi directora del colegio era Josefina y todos los profesores eran Antoñita, Tere o Isabel. Únicamente la deseable Miss Ana era Miss por aquello del inglés. Siempre el tú. Nos castigaban en el pasillo, nos mandaban al despacho de la directora, o llamaban a nuestros padres según una escala de gravedad creciente e indefectiblemente la reprensión continuaba en el domicilio. Seguro que hubo alguna injusticia y también la omisión de un castigo merecido, pero era impensable que nos liáramos a tortas o viniera el progenitor Zumosol a saldar las cuentas. Pero las cosas han cambiado.

Ya vimos cómo se ponían los padres de los asaltantes de la comisaría de Pozuelo cuando el juez determinó que deberían estar tres meses sin salir a partir de las diez de la noche. Los padres estaban indignados con la resolución. Total, sólo habían destrozado el mobiliario urbano que encontraron y quemaron un par de coches de policía. Los abogados dicen que no tenían antecedentes. En mi época se empezaba robando un bollicao o una bolsa de pipas, porque el cuartelillo nos parecía un poco más infranqueable. Pero esta generación no encuentra fronteras.

Ustedes los vieron en televisión con los calzones bóxer asomando por los pantalones y los blasones del Gotha escondidos en el carné, con sus patillas recién estrenadas, sintiéndose los reyes republicanos del mambo, lanzando a los antidisturbios teselas del jacuzzi porque el adoquín pesa mucho. Ya llegará luego papá/mamá invocando el habeas corpus, no sea que el niño no desayune caliente.

Al fin y al cabo, el maestro, el profesor es un mierda de licenciado que gana en un colegio privado entre 1200 y 1500 euros después de quince o veinte años de experiencia, y eso se lo gasta mamá en medias y papá en puros.

Quizá haya que recordar a Esperanza que recomendó la objeción ante la obligatoria Educación para la Ciudadanía, que manda mensajes sobre el poco respeto que hay que tener a Zapatero, o a los Ministros, o que ella misma tomó el pelo a su presidente Rajoy o agredió incruentamente a Gallardón o asaltó, manu regionali, Caja Madrid. Esperanza es, sin duda, una presidenta violenta en sus modos. Recordarán el chuleo de la Ley del Tabaco. En Madrid las zonas de los restaurantes se separan con un folio en la pared. Los jefes fuman en sus despachos con un desprecio absoluto al resto de empleados, lo hacen los taxistas en los coches, lo hacen sus funcionarios en la Administración Autonómica por mucho que tengan como excusa la necesidad de crear cortinas de humo.

No sé si falla la educación, pero Esperanza Aguirre y Francisco Camps han alentado la insumisión y la falta de respeto a las leyes, a las normas y a la simple convivencia. ¿De verdad están en condiciones de exigir a alguien modales?

domingo, 13 de septiembre de 2009

Puño, mediamanga, mangotero

De nuevo Pedro José Ramírez editorializa sobre los usos y costumbres de los demás. Ahora toca el puño que Pajín y Aído enarbolaron en León mientras cantaban La Internacional. Llama vejestorio a Guerra y chavala a la ministra para preguntarse qué pasaría si Rajoy hiciera lo propio con el brazo en alto en una identificación de ambos saludos. Rajoy dice que le llamarían fascista. ¡Anda que hace falta que levante el brazo!

Quizá la diferencia esté en que unos se avergüenzan de su pasado y otros no. Quizá en que unos tengan a un presidente honorario, firmante colegiado de penas de muerte bajo el saludo fascista, y otros no. Dicen que Picasso lo tachó del Guernica, pero olvidan este cartel de Miró.

Lo cuenta en su predio de papel este domingo, nos da lecciones de moral quien pasa sus ratos libres entre sonidos de claxon, entre tutú y pipí, jugando a ser ingenioso con el nombre de Pajín al que asocia Puñín. No se le debe haber ocurrido nada con Aído, quizá porque prefiere tirar del hilo del lío de Benidorm y la madre de Pajín y no recordar cómo Zaplana, el telefonista, tomó el poder y comenzó su carrera hacia el estrellato. ¡Cómo se debe de estar riendo! De lo mío de Terra Mítica nada y al pringao este del hereu le pillan por unos trajes. ¡Y además le sientan peor que a mí!

Pero sobre todo, hablan de símbolos desfasados los que aplauden la monarquía, con sus toisones, duques y marqueses, tronos y cetros, esos mismos hablan de desfase cuando pierden el culo por ejercer de súbditos, con cabezazos y reverencias ante restos absolutistas del poder con legitimidad divina. Lo dicen los católicos que se hacen pases mágicos al sentarse a la mesa, al salir de casa o al emprender un vuelo, que portan estampitas, crucifijos, rosarios o juran ante biblias. A todos esos les estorba un puño en alto.

No seré yo quién defienda a Leire o Bibiana, tan friables en tantas cosas, incluso puedo estar de acuerdo que cuando se ostentan posiciones de representación ciudadana, se deberían evitar los aderezos ideológicos personales. Un ministro lo es de todos los españoles, hayan votado a su partido o no, por lo que demostraciones del propio sentir deben quedar fuera, ya sea un meapilas o un rojo recalcitrante. Si cuando los ministros juran ante la Biblia critiqué el obsceno acto, no puede ser menos el reproche de que se haga participación litúrgica del predicamento izquierdista, por más que yo, si fuera suficientemente gregario, hubiera levantado el puño en mi condición de sujeto no electo ni representante nada más que de mí mismo.

Pero tampoco es para rasgarse las vestiduras, o rascárselas ya que les pican tanto, por representar ese entremés de izquierda en Rodiezmo, como disposición transitoria de la política que se desea ejecutar. Recordarán ustedes el gesto de subir al balcón del ciudadano Pedro José Ramírez junto al casi presidente Aznar en la semana santa del 96. Si el puño es proclama de lucha, de apoyo a los desfavorecidos, de renuncia al apesebramiento, la sonrisa franciscana del director de El Mundo en el balcón de Carabaña –donde ya saben lo que hacen con las cañas- viendo una procesión junto a Aznar y Botella, en el gran encamamiento de poderes, no era menos demostración gestual de lo que querían y se afanaron en conseguir.

Pero este domingo le dedican otra doble página al asunto en el mismo periódico para citar al historiador Pérez Sánchez que concluye que después de la caída del Muro de Berlín el gesto del puño ya no tiene sentido. ¿De dónde ha salido este tipo? ¿Cree que la explotación acabó con las piedrecitas que regaló Interviú como amuletos históricos del gran deshecho? Dicen que Stalin no saludaba puño en alto porque entendía que la opresión en la URSS había desaparecido.

Recordarán ustedes la foto sobre el podio de la carrera de 200m de dos negros con los puños enguantados y levantados en los Juegos Olímpicos de México 68, sin duda afectados por el muro de Berlín, como queriendo decir nosotros también somos berlineses, y en modo alguno querían lanzar al mundo su protesta contra el racismo ni la discriminación.

Menos mal que nos quedan los periodistas y los historiadores que no tienen nada de qué escribir y nada que recordar.

sábado, 12 de septiembre de 2009

Las ratas van en sidecar

He estado un poco perdido. Es cierto, me he estado sacando el carné de sidecar. Dicen que se va a endurecer. No sonrían, a ciertas edades significa que se pondrá más difícil. Lo bueno que tiene este carné es que no te quitan puntos. Al fin y al cabo tú eres un mandado, la máxima expresión de la solidaridad, ¿que corre?, corres, ¿que gira?, giras. Y más o menos es lo que somos en España, que vamos todos un poco en sidecar, porque el que guía está pelín secuestrado.Unos dicen que raptado por los sindicatos, otros que retenido por su pura inepcia, los más, por su sorpresa y admiración ante lo que está pasando. Y si durante la anterior legislatura explicaron que tenían un problema de comunicación, parece ya llegado el momento de aprender algo de didáctica y explicarnos qué demonios sucede y qué va a pasar en los próximos meses. De sobra sabemos que la mayor parte de nuestros conciudadanos cree que el PIB es la onomatopeya simple del Correcaminos, y que se fían más de los mensajes demagógicos del PP cuando sacan a pasear de nuevo la cantinela liberal de que bajar los impuestos es decente, como si fueran los dobladillos de las faldas tableadas de un colegio de monjas. Pero bien es verdad que Zapatero se escurrió en su propio babeo, cuando se jactaba de que bajar los impuestos es de izquierdas.

Todo el mundo está de acuerdo en que los 400 euros fue una mamarrachada, aunque lo diga también el PP y supusiera de facto una bajada de impuestos. Pero tiene más razón Llamazares cuando afirma que si se sube la tributación para obtener 15000 millones, no es más que la mitad de los 30000 que se dejaron de ingresar por la bajada de impuestos de los años anteriores. Ahora consideran subir el IVA, el impuesto más regresivo del mundo, ya que no distingue entre pobres y ricos, por lo que afecta definitiva y negativamente a los más desfavorecidos, pero es de utilización simple e inmediata.

Pero si el Gobierno se explica mal, quizá porque, con Machado, aún no lo ha entendido, miren a sus allegados de ustedes y verán cómo ellos sí lo tienen claro. Te hablan del new deal y del keynesianismo con la seguridad del académico, o cierran cualquier debate con un esto es peor que una dictadura. Normalmente no se refieren a que Garzón declare durante cuatro horas ante el Supremo por la querella de un fascista que defiende a todos los fascistas; suelen, por el contrario, referirse a las multas recibidas con esa crítica finalista del afán recaudatorio, o con un no vamos a poder tomarnos una copa, si oyen que subirá el impuesto sobre el alcohol. De nada vale que se les diga que somos el estanco de Europa, que cocerse en España es varias veces más barato que fuera de nuestras fronteras, porque al final, sale eso de cómo en España no se vive en ninguna parte. A pesar de Zapatero, añaden. Porque cuántos de su círculo de ustedes, despotrican sobre el Plan E. Es que el Gobierno se gasta el dinero en tonterías. Pero si son los alcaldes los que ejecutan esas obras. Quia, la culpa es de Zapatero. Y si mencionas la impresionante jugada de Camps y la Fórmula 1 o la del mismo Camps con el aval al Valencia, en seguida suponen que quizá y a lo mejor eso sea una inversión que traiga más dinero en un futuro. La ideología de la consideración preventiva.

Déjenme que les traslade la historia que escuché entre tila y tila mientras me examinaba del carné de sidecar, dónde el teórico es mucho más difícil que el práctico.

Un matrimonio de profesionales con cuatro hijos ya mayores, se queda en paro de forma simultánea. Inicialmente mantienen su vida acomodada como antes. Siguen comprando las mismas cosas para comer, siguen conectando el aire acondicionado y se toman el aperitivo, con gambas a la plancha, el domingo. Pensar en el descalabro les resulta incómodo y no lo hacen. Ya se arreglará. Mientras el dinero entraba, nunca se preocuparon de los gastos, se hacía un control rutinario, se miraban los de mayor cuantía, pero nada más. Ante la falta de ingresos, empiezan a reducir el consumo. Se apagan las luces de forma paranoica, se mira más la cesta de la compra y se reduce el uso del móvil, pero al poco tiempo se ve que no sucede nada apreciable. Empieza la fase de asombro ante lo que cuestan las cosas, poner unas medias suelas a los zapatos, una copa en una terraza, cambiar la pila del reloj, sobre todo porque se convierte a pesetas y todo parece un disloque. Después de un tiempo sin encontrar nada, hablan con sus hijos para que ayuden al sostenimiento de la casa, ya que todos trabajan. Piensan en vender el coche grande, pero les dan dos perras, y siguen aguantando y tirando de los ahorros. Tras unos meses, se dan cuenta de que de los cuatro hijos, uno de ellos, no ingresa nada de dinero, a pesar de vivir en el mismo hogar y disfrutar de los mismos bienes. Justo como les pasa al resto de ciudadanos, con ese 25% de economía sumergida, que hace que de cada cuatro euros que circulan, UNO, sea dinero negro. Hay un hijo que se ducha con agua caliente, come de la misma olla y se sienta en el sofá común, sin compartir los gastos. Cuando se le recrimina, amenaza con irse. Igual que esos inversores que creaban empleo y levantaban el país y ahora amenazan con llevarse el dinero si se les aprieta. Esos mismos que pidieron caudales a fondo perdido para mantener la plantilla, instalaciones pagadas con dinero público para radicarse, esos que han mandado ingentes remesas a los cuarteles centrales de sus matrices fuera de España, ahora dicen que no quieren saber nada. Los padres no se atreven a contar a los hermanos cómo se comporta el tan poco solidario hijo. Bastantes líos tienen. Los bancos no les conceden dinero a pesar de haber manejado sus cuentas corrientes sin problemas durante décadas, no quieren incrementar la hipoteca ni alargar el plazo para que puedan aliviar los pagos durante el chaparrón. Los padres trazan un plan, improvisado sí, pero necesario, dejan de traer alimentos caros, han suprimido la televisión parabólica, han renunciado a las plazas de garaje a ver si así pueden aguantar un poco más. Al instante de conectar el televisor, de abrir la nevera o tener que dar dos vueltas a la manzana para aparcar, los hijos saltan como hidras contra sus padres, por supuesto el hijo no contribuyente es el primero en la queja y vuelve a amenazar y a buscar apoyo entre sus hermanos preguntando ¿en qué os estáis gastando nuestro dinero?

El resto fueron sollozos y gritos y mucha desesperanza. No quise escuchar más, me subí al sidecar y me dejé llevar. Como todos.

jueves, 10 de septiembre de 2009

Más que un instante, un Segundo

Hay un programa de televisión que se llama Ídolos a domicilio. Como es aberrante ya supongo que lo desconocerán, pero para situarlos, sepan que un famoso le da una sorpresa a alguien en la propia casa del afectado. La gente por lo visto pide a Carlos Baute, a Mónica Naranjo o a Marta Sánchez. Ya decía el torero que hay gente pa’ to’. A mi se me ocurre que la ejecutiva socialista podría pedir a Felipe que visitara a Zapatero. La jugada es de la siguiente forma: un amigo compinchado te atrae hacia tu propia casa y allí te espera agazapado el ídolo, que te empieza a cantar algo nada más entrar. Como quien no quiere la cosa, te sorprendes un poquito y empiezas a menear el cuerpo siguiendo la letra de la canción. Vamos, lo normal.

Así que ponemos a Felipe dentro de La Moncloa, y algún amigo de Zapatero, bueno, de esos ya no le deben quedar, algún conocido, lleva de la mano a nuestro presidente hasta el contacto ocular con el ídolo. Bien es verdad que un momento zarzuela no quedaría mal con eso de ¡Ay Felipe de mi alma! ¡Si contigo solamente yo soñaba! de La Revoltosa, pero están las cosas como para que Zapatero se lo monte en plan Mari Pepa. Descartada pues la opción zarzuela, se me ocurre que lo mejor sería recuperar a Milá. No crean que es meter al gobierno y a la leal oposición para hacer edredoning con este calor que hace. Igual que los policías o los hermanos Solana, que hay uno bueno y otro malo, así les pasa a los Milá y yo me refería a Lorenzo, no a Mercedes. Decía que Zapatero debería imitar a Lorenzo Milá y preguntar al ídolo: Felipe, tengo una pregunta para ti ¿qué hago? O más exactamente en esta cultura de género ¿Qué coño hago?

Hasta aquí espero que estén situados. La Moncloa: el escenario del palacio del poder ejecutivo, la sede del poder máximo del Estado. Por un lado José Luis, un presidente asediado, con un equipo carente de energía y axiológicamente vacío, falto en su mayoría de experiencias profesionales que no sean políticas, que ya son incapaces de seguir pedaleando y, por tanto, a punto de que se caiga la bicicleta, harta ya de tanta inercia y harta ya de tanta crisis. Por otro lado Felipe, un ídolo con experiencia, con seniority que dicen en Georgetown, un icono curtido en mil batallas, el primero que llevó a España a la globalización e hizo de nuestro país un estado moderno. De él señala John Elder: ...de rostro es bien parecido, con frente ancha y ojos grises, de nariz recta y de talante varonil. Su modo de andar es digno de un príncipe, y su porte tan derecho y recto que no pierde una pulgada de altura; o también: se ocupa de los asuntos sin descanso y en ello se toma un trabajo extremado porque quiere saberlo todo y verlo todo. Se levanta muy temprano y trabaja o escribe hasta el mediodía.

Se miran y José Luis, el joven, el permanente discípulo, pregunta asustado ¿Qué hago? Felipe ¿qué hago?

Felipe tenía barba. Como Juan Carlos, el Jefe del Estado, en este verano sin yates, ni maquinillas. Como el otro Felipe, el marido de Letizia, que también ha renunciado a afeitarse. La barba ha dejado de ser la insubordinación de antaño para convertirse en el nuevo adorno de la feligresía urbana.

Felipe le miró sonriente y dijo: ¿preguntas qué hacer? haz como yo, sé práctico, lleva la pragmática hasta lo más alto. Sin miedos ni rencores. Dile a Dívar que haga de Deza, y haga cumplir, que obligue a aprender castellano a aquellos que no lo hablen, que en el plazo de tres años, cumplidos los cuales, se considerará un crimen hablar, leer o escribir en lengua diferente; también se les requerirá para abandonar sus antiguas costumbres, sus nombres extranjeros y sus ceremonias.

Cuando lo tengas, utiliza a Pérez Rubalcaba para todos los asuntos de Estado, tu Jeromín más cualificado, aunque a veces te parezca más Pérez que Rubalcaba, pero no desconfíes, ni juzgues equivocadamente al valido, por esa autonomía e independencia, los listos la llevan en el carácter. Europa no te dejará poner alcabalas, pero recompón tu hacienda con cruzadas y excusados, haciendo cumplir la ley y el laicismo como un nuevo Mendizabal. Cuídate de asesores, y ahora sí, asesoras, de artículos editoriales amigos y enemigos, de ministros y exministros, de catedráticos, titulares y becarios aguerridos. Mira hacia Bruselas pensando en Flandes, para algo apuntalaste la memoria histórica, y no dejes que Rajoy y la derecha logre que piensen de ti como lo hacen, no dejes que los ciudadanos naveguen por esta nueva leyenda negra, ya sabes, la cuidadosa distorsión de la historia de una ideología, realizada por sus enemigos, para mejor combatirle. Y una distorsión lo más monstruosa posible, a fin de lograr el objetivo marcado: la descalificación moral de esa creencia, cuya supremacía hay que combatir por todos los medios (Fernández Álvarez).

José Luis lo miró y torpemente lo señaló casi pasmado. Felipe aceptó la estupefacción y quedamente susurró: estoy cansado, siempre he estado enfermo, deja que me vaya, si quieres algo, estoy en la sierra, aquí al lado. A tu lado.

sábado, 22 de agosto de 2009

Todos endiablados

Hoy estoy muy contento. Tanto que me he vestido de La Diablada, previo permiso del juez, ese que dictamina la transexualidad y te dice cómo te tienes que sentir y qué cojones te pones hoy. Me he tocado -cómo me gustan los dobles sentidos- de esta guisa para celebrar el bienestar y la fortuna de América Latina -como nos obligan a decir los franceses-, Iberoamérica -como sugieren los menos poderosos portugueses- o Hispanoamérica -como nos enseñaban cada Día de la Raza y escribían en las pizarras y encerados de nuestra primera infancia-.

Decía que me he vestido para festejar, que nada más pasar Tijuana o Ciudad Juárez, las cosas deben ir de maravilla, cuando los presidentes se levantan en armas dialécticas, algunas de cierto alcance intelectual, como llamar a uno gordo y se enredan en disputas de tradiciones y derechos por unos ropajes. Así ha sido hasta el punto de que el Gobierno de Bolivia acusó a Miss Perú, Karen Schwarz, ¡vivan las raíces!, de "apropiación de patrimonio cultural" porque se presentará en el concurso de Miss Universo con un traje de "La Diablada", una danza que reclaman emblemática del folclore boliviano. El Ministerio de Culturas de Bolivia dijo que ha enviado cartas a su embajador y a las autoridades culturales de Perú para expresar su preocupación ante lo que puede ser "una apropiación indebida del patrimonio cultural boliviano". Mal asunto para pueblos que tienen tanta gente dando vueltas por el mundo en pos de una vida mejor, que consideren que uno se apropia indebidamente de la cultura de otro; a un paso están de que algunos europeos comprensivos, les pidan que devuelvan las cartillas sanitarias, los subsidios, las enseñanzas obligadas, la lengua misma.

Lo curioso es que para aspirar al universo estético hay que renunciar al regionalismo ético; así lo debiera saber Evo Morales si le pide prestado a Hugo Chávez alguna obrita marxista y entre jersey y jersey tricotado distingue globalización de universalismo, y aún más, conocer que sus diabladas tienen sus antecedentes en la Cataluña del siglo XV, posiblemente mucho antes, y su Ball de diables, en las sempiternas luchas del bien contra el mal, que se siguen viendo en los correfuegos valencianos y que más que bailes eran representaciones teatrales callejeras y que en nuestros días pueden también verse por el Penedés y el Garraf como sátiras políticas. De este modo llegó a América la celebración en honor de la Virgen de la Candelaria o Virgen del Socavón, patrona honoraria de Madrid como todos ustedes saben, de amplia implantación en España y en muchos países suramericanos.

Pero incluso la historia va a más, ya que la Virgen del Socavón protegió a un bandido, Nina-Nina, -Paco-Paco en valenciano, Chiru-Chiru en quechua-, que repartía sus ganancias entre los más necesitados y que era imposible de atrapar y que murió desangrado, tras intentar huir con su amada india, a manos del padre de ésta. Fue una mujer vestida de negro hasta los pies la que lo llevó al hospital. Los lugareños reconocieron a la dama como la Virgen del Socavón. De esta forma se convirtió la cueva que habitaba el ladrón en templo santuario, suntuario si la historia hubiera sucedido en Valencia.

Así cada año para conmemorar el milagro, los indígenas, se visten y se adornan y sacan a pasear las cuerdas de sus charangos mientras soplan sus zampoñas olvidando sus miserias crónicas, lo que son y lo que les espera.

Así, ahora, los notables olvidan sus verdaderos problemas y Alan García manda sus chicas a concursar por esos trofeos de dignidad efímera y se enzarza con Morales por los trajes regionales, ambos a dos recurriendo al nacionalismo étnico, imitando a la madre patria en la que algunos trajes autonómicos son un regalo del cielo para impecables impecunes.

Aquí las cosas son distintas. Aquí hacemos los trajes obligatorios y hay muchas iniciativas municipales que quieren que en las playas no se vean genitales. Y para explicarlo recurren al esperpento de llamarlas playas familiares, como si una pareja con dos niños, todos en pelota picada, fuera una agrupación biológica de interés etnográfico o una bandada de humanos. Más les valiera prohibir los pantalones cortos con raya de plancha en los centros comerciales de la capital para todos aquellos varones que hayan cumplido los dieciocho años o dieciséis si van acompañados de sus padres.

Menos mal que Camps ha creado un registro, al margen del Civil y sin efectos jurídicos, para los abortos. For the miscarriages si han seguido clandestinamente la asignatura Educación para la Ciudadanía en inglés. Propongo que, además de los ideólogos, incluyan también a los adultos de sexo masculino y género fofo que visten chanclas en zonas urbanas y a los conductores que socializan de forma obligatoria su música, básicamente ruido secuencial, con el resto de ciudadanos.

Pero el PSOE y el Gobierno de la nación pintan de verde cualquier atisbo de mejora y muestran sus dudas con respecto a casi todo y se desdicen entre sí. Con lo fácil que es anunciar con cuatro datos en la mano, que mientras las cosas sigan así, no hay 400 euros, no hay cheque bebé, se incrementa la fiscalidad de los SICAVs, ya saben los islotes fiscales al 1% de los ricos, decir que se diferenciarán fiscalmente las rentas del trabajo de las del capital, que suben los impuestos del alcohol y del tabaco, que se hará un apaño de costes sociales para las empresas que absorban parados de larga duración, que se congelarán los gastos militares proteste quien proteste y cuatro cosas más, y cuando volvamos a atar los perros con longaniza ya veremos qué es lo que se hace. ¿Se podría llamar liderazgo?

Mientras Rajoy y sus muchachos, tras los últimos acontecimientos de desfile por los juzgados y posterior victimismo por ser tratados como todos ante la ley, y considerando su paso a la posteridad, se ofrecen a la Fundación Cavadas como donantes universales de cara, por su extensión, por su dureza a toda prueba y por las ingentes cantidades existentes. Los cirujanos lo están pensando. Sería un buen convenio si no fuera por el coste del enorme rechazo. Y el asco.

lunes, 17 de agosto de 2009

Un clavo saca a otro clavo

Cuando haces el amor con una mujer, te vengas de todas las cosas que te han derrotado en la vida. ¡Y un huevo! Esto último es mío, vamos del acervo cultural que tenemos los enfadados crónicos. La cursilada la dice Ben Kingsley en Elegy de mi deslustrada Isabel Coixet. O presumiblemente la dice Philip Roth que es de quien se adapta su novela El animal moribundo. Anyway. La Coixet tiende a poner en palabras lo que debería poner en imágenes, que para algo el medio es el medio, además del mensaje. Así le quedan películas textuales, mucho más coñazos que los libros visuales. En estos últimos el autor ayuda al lector a vivir con él el relato, mientras que en aquellas, el autor se empeña en sustituir al libro, rompiendo cualquier imaginación y participación posibles. Quizá la hayan visto y no estén de acuerdo. Lo digo por mera suposición estocástica, porque no me toca la primitiva y nadie está de acuerdo conmigo, así que lo normal es que les encante la pasarela de miradas del reconvertido Gandhi y hayan sufrido con la historia de Penélope Cruz.


Ciertamente ninguno de ambos actores me gusta. Él se basa en su peculiaridad física y cualquier día le veremos hacer de Ramón y Cajal bajito o de Juan Ramón Jiménez bronceado; y ella fundamenta su fama en la imposición de manos de papá Almodóvar y en sus peculiaridades físicas -al loro con el plural-, francamente interesantes que ya nos sorprendieron con el profético duplicativo de Bigas Luna, Jamón, jamón. Y está bien eso de volver a pasar las escenas teteras en cámara lenta y detener la imagen y si uno es tecno-salido pasarlas al iPhone para verlas también en el ascensor. Pero a veces queremos que las actrices hagan algo más que mostrar esos momentos cumbres –hoy va de analogías- y nos embauquen definitivamente. Menos mal que está Patricia Clarckson, de tetillas breves pero intelectualmente mucho más carnal y Dennis Hopper, infinitamente más adorable. Lástima que sean papeles secundarios.

El asunto va de un profesor universitario de filosofía. Siempre sacan a Barthes en la pizarra. A veces se desmandan y ponen a Derrida. Es la contribución del cineasta a la causa. Cuando Aristóteles sabía mucho más de causas que estos otros, pero ¡queda tan antiguo! Ni Husserl, ni Hegel por empezar por la H o poner a Kant si quieren un pensador de categorías. Nada. Pongamos a intelectuales franceses que es lo elegante. El caso es que el profesor organiza una fiestuqui a todo plan –adviertan la aguda mezcla de neologismos con retrocalificativos para que luego no me acusen de antibartheriano ¡colaboren un poco, por Dios!-. Pues eso, que seduce a Penélope en plan rollito culto y charleta intelectual –con más de sesenta años está uno como para no utilizar la lengua- y empiezan un romance pedorro de celos y libertades, inseguridad y arrepentimiento, de confesión y mentira. Por supuesto que los personajes son equilibrados, inteligentes, tienen pasta, son polifacéticos y como gusta ahora a la gente decir: articulados –el Manolo es articulado, por ejemplo o la Mari es articulá, más coloquial- dicen frases discutiblemente maravillosas, son elegantes, van a fiestas y no tienen barriga, pero sí casas bien decoradas y beben vino en copas grandes de cristal fino ¡muerte al duralex! Todo eso quieren condensar en las miradas intensas de Kingsley vestido de Greenwich Village –el barrio neoyorquino, no confundir con los Village People- yendo a restaurantes cool y tocando a Arvo Part y escuchando a Satie en ese piano que todos tenemos en casa para olvidarnos encima las cosas.

No les voy a contar el final, aunque algunos de ustedes busquen la excusa, pero dice Coixet que el profesor encontró el amor a través del sexo, no se sabe si queriendo lanzar otra frase de calendario o de verdad se cree esa paparrucha. Lo único que uno encuentra a través del sexo es la vejez, porque es lo que lo hace incompatible; igual que uno halla la apnea haciendo submarinismo o conviviendo con un diputado inglés. Y ese descubrimiento es atroz y a la vez un maravilloso lenitivo.

Y en plan uróboro retomo el principio, Cuando haces el amor con una mujer, te vengas de todas las cosas que te han derrotado en la vida y me quejo de esa causa primera del acto follatriz, o de su consecuencia, tanto da. El sexo es bueno en sí mismo, es principio y fin -¡ay!- de todas las cosas. Incluso aunque sea por detrás no es vengativo, si acaso es rencoroso por su tenacidad que prescinde del objeto, pero no suple tus derrotas, a veces crees que las aplaza, dándote ese sentimiento plenipotenciario que tienen los océanos y los grandes vientos, pero el sexo también las huye y se espanta cuando te conviertes en un fracasador profesional. Al final te quedas solo, sin mujeres, sin ámbitos para ser derrotado, pero el sexo pervive, aunque sea letárgico, displicente y solemnemente solitario. Y se va contigo.