jueves, 10 de septiembre de 2009

Más que un instante, un Segundo

Hay un programa de televisión que se llama Ídolos a domicilio. Como es aberrante ya supongo que lo desconocerán, pero para situarlos, sepan que un famoso le da una sorpresa a alguien en la propia casa del afectado. La gente por lo visto pide a Carlos Baute, a Mónica Naranjo o a Marta Sánchez. Ya decía el torero que hay gente pa’ to’. A mi se me ocurre que la ejecutiva socialista podría pedir a Felipe que visitara a Zapatero. La jugada es de la siguiente forma: un amigo compinchado te atrae hacia tu propia casa y allí te espera agazapado el ídolo, que te empieza a cantar algo nada más entrar. Como quien no quiere la cosa, te sorprendes un poquito y empiezas a menear el cuerpo siguiendo la letra de la canción. Vamos, lo normal.

Así que ponemos a Felipe dentro de La Moncloa, y algún amigo de Zapatero, bueno, de esos ya no le deben quedar, algún conocido, lleva de la mano a nuestro presidente hasta el contacto ocular con el ídolo. Bien es verdad que un momento zarzuela no quedaría mal con eso de ¡Ay Felipe de mi alma! ¡Si contigo solamente yo soñaba! de La Revoltosa, pero están las cosas como para que Zapatero se lo monte en plan Mari Pepa. Descartada pues la opción zarzuela, se me ocurre que lo mejor sería recuperar a Milá. No crean que es meter al gobierno y a la leal oposición para hacer edredoning con este calor que hace. Igual que los policías o los hermanos Solana, que hay uno bueno y otro malo, así les pasa a los Milá y yo me refería a Lorenzo, no a Mercedes. Decía que Zapatero debería imitar a Lorenzo Milá y preguntar al ídolo: Felipe, tengo una pregunta para ti ¿qué hago? O más exactamente en esta cultura de género ¿Qué coño hago?

Hasta aquí espero que estén situados. La Moncloa: el escenario del palacio del poder ejecutivo, la sede del poder máximo del Estado. Por un lado José Luis, un presidente asediado, con un equipo carente de energía y axiológicamente vacío, falto en su mayoría de experiencias profesionales que no sean políticas, que ya son incapaces de seguir pedaleando y, por tanto, a punto de que se caiga la bicicleta, harta ya de tanta inercia y harta ya de tanta crisis. Por otro lado Felipe, un ídolo con experiencia, con seniority que dicen en Georgetown, un icono curtido en mil batallas, el primero que llevó a España a la globalización e hizo de nuestro país un estado moderno. De él señala John Elder: ...de rostro es bien parecido, con frente ancha y ojos grises, de nariz recta y de talante varonil. Su modo de andar es digno de un príncipe, y su porte tan derecho y recto que no pierde una pulgada de altura; o también: se ocupa de los asuntos sin descanso y en ello se toma un trabajo extremado porque quiere saberlo todo y verlo todo. Se levanta muy temprano y trabaja o escribe hasta el mediodía.

Se miran y José Luis, el joven, el permanente discípulo, pregunta asustado ¿Qué hago? Felipe ¿qué hago?

Felipe tenía barba. Como Juan Carlos, el Jefe del Estado, en este verano sin yates, ni maquinillas. Como el otro Felipe, el marido de Letizia, que también ha renunciado a afeitarse. La barba ha dejado de ser la insubordinación de antaño para convertirse en el nuevo adorno de la feligresía urbana.

Felipe le miró sonriente y dijo: ¿preguntas qué hacer? haz como yo, sé práctico, lleva la pragmática hasta lo más alto. Sin miedos ni rencores. Dile a Dívar que haga de Deza, y haga cumplir, que obligue a aprender castellano a aquellos que no lo hablen, que en el plazo de tres años, cumplidos los cuales, se considerará un crimen hablar, leer o escribir en lengua diferente; también se les requerirá para abandonar sus antiguas costumbres, sus nombres extranjeros y sus ceremonias.

Cuando lo tengas, utiliza a Pérez Rubalcaba para todos los asuntos de Estado, tu Jeromín más cualificado, aunque a veces te parezca más Pérez que Rubalcaba, pero no desconfíes, ni juzgues equivocadamente al valido, por esa autonomía e independencia, los listos la llevan en el carácter. Europa no te dejará poner alcabalas, pero recompón tu hacienda con cruzadas y excusados, haciendo cumplir la ley y el laicismo como un nuevo Mendizabal. Cuídate de asesores, y ahora sí, asesoras, de artículos editoriales amigos y enemigos, de ministros y exministros, de catedráticos, titulares y becarios aguerridos. Mira hacia Bruselas pensando en Flandes, para algo apuntalaste la memoria histórica, y no dejes que Rajoy y la derecha logre que piensen de ti como lo hacen, no dejes que los ciudadanos naveguen por esta nueva leyenda negra, ya sabes, la cuidadosa distorsión de la historia de una ideología, realizada por sus enemigos, para mejor combatirle. Y una distorsión lo más monstruosa posible, a fin de lograr el objetivo marcado: la descalificación moral de esa creencia, cuya supremacía hay que combatir por todos los medios (Fernández Álvarez).

José Luis lo miró y torpemente lo señaló casi pasmado. Felipe aceptó la estupefacción y quedamente susurró: estoy cansado, siempre he estado enfermo, deja que me vaya, si quieres algo, estoy en la sierra, aquí al lado. A tu lado.

sábado, 22 de agosto de 2009

Todos endiablados

Hoy estoy muy contento. Tanto que me he vestido de La Diablada, previo permiso del juez, ese que dictamina la transexualidad y te dice cómo te tienes que sentir y qué cojones te pones hoy. Me he tocado -cómo me gustan los dobles sentidos- de esta guisa para celebrar el bienestar y la fortuna de América Latina -como nos obligan a decir los franceses-, Iberoamérica -como sugieren los menos poderosos portugueses- o Hispanoamérica -como nos enseñaban cada Día de la Raza y escribían en las pizarras y encerados de nuestra primera infancia-.

Decía que me he vestido para festejar, que nada más pasar Tijuana o Ciudad Juárez, las cosas deben ir de maravilla, cuando los presidentes se levantan en armas dialécticas, algunas de cierto alcance intelectual, como llamar a uno gordo y se enredan en disputas de tradiciones y derechos por unos ropajes. Así ha sido hasta el punto de que el Gobierno de Bolivia acusó a Miss Perú, Karen Schwarz, ¡vivan las raíces!, de "apropiación de patrimonio cultural" porque se presentará en el concurso de Miss Universo con un traje de "La Diablada", una danza que reclaman emblemática del folclore boliviano. El Ministerio de Culturas de Bolivia dijo que ha enviado cartas a su embajador y a las autoridades culturales de Perú para expresar su preocupación ante lo que puede ser "una apropiación indebida del patrimonio cultural boliviano". Mal asunto para pueblos que tienen tanta gente dando vueltas por el mundo en pos de una vida mejor, que consideren que uno se apropia indebidamente de la cultura de otro; a un paso están de que algunos europeos comprensivos, les pidan que devuelvan las cartillas sanitarias, los subsidios, las enseñanzas obligadas, la lengua misma.

Lo curioso es que para aspirar al universo estético hay que renunciar al regionalismo ético; así lo debiera saber Evo Morales si le pide prestado a Hugo Chávez alguna obrita marxista y entre jersey y jersey tricotado distingue globalización de universalismo, y aún más, conocer que sus diabladas tienen sus antecedentes en la Cataluña del siglo XV, posiblemente mucho antes, y su Ball de diables, en las sempiternas luchas del bien contra el mal, que se siguen viendo en los correfuegos valencianos y que más que bailes eran representaciones teatrales callejeras y que en nuestros días pueden también verse por el Penedés y el Garraf como sátiras políticas. De este modo llegó a América la celebración en honor de la Virgen de la Candelaria o Virgen del Socavón, patrona honoraria de Madrid como todos ustedes saben, de amplia implantación en España y en muchos países suramericanos.

Pero incluso la historia va a más, ya que la Virgen del Socavón protegió a un bandido, Nina-Nina, -Paco-Paco en valenciano, Chiru-Chiru en quechua-, que repartía sus ganancias entre los más necesitados y que era imposible de atrapar y que murió desangrado, tras intentar huir con su amada india, a manos del padre de ésta. Fue una mujer vestida de negro hasta los pies la que lo llevó al hospital. Los lugareños reconocieron a la dama como la Virgen del Socavón. De esta forma se convirtió la cueva que habitaba el ladrón en templo santuario, suntuario si la historia hubiera sucedido en Valencia.

Así cada año para conmemorar el milagro, los indígenas, se visten y se adornan y sacan a pasear las cuerdas de sus charangos mientras soplan sus zampoñas olvidando sus miserias crónicas, lo que son y lo que les espera.

Así, ahora, los notables olvidan sus verdaderos problemas y Alan García manda sus chicas a concursar por esos trofeos de dignidad efímera y se enzarza con Morales por los trajes regionales, ambos a dos recurriendo al nacionalismo étnico, imitando a la madre patria en la que algunos trajes autonómicos son un regalo del cielo para impecables impecunes.

Aquí las cosas son distintas. Aquí hacemos los trajes obligatorios y hay muchas iniciativas municipales que quieren que en las playas no se vean genitales. Y para explicarlo recurren al esperpento de llamarlas playas familiares, como si una pareja con dos niños, todos en pelota picada, fuera una agrupación biológica de interés etnográfico o una bandada de humanos. Más les valiera prohibir los pantalones cortos con raya de plancha en los centros comerciales de la capital para todos aquellos varones que hayan cumplido los dieciocho años o dieciséis si van acompañados de sus padres.

Menos mal que Camps ha creado un registro, al margen del Civil y sin efectos jurídicos, para los abortos. For the miscarriages si han seguido clandestinamente la asignatura Educación para la Ciudadanía en inglés. Propongo que, además de los ideólogos, incluyan también a los adultos de sexo masculino y género fofo que visten chanclas en zonas urbanas y a los conductores que socializan de forma obligatoria su música, básicamente ruido secuencial, con el resto de ciudadanos.

Pero el PSOE y el Gobierno de la nación pintan de verde cualquier atisbo de mejora y muestran sus dudas con respecto a casi todo y se desdicen entre sí. Con lo fácil que es anunciar con cuatro datos en la mano, que mientras las cosas sigan así, no hay 400 euros, no hay cheque bebé, se incrementa la fiscalidad de los SICAVs, ya saben los islotes fiscales al 1% de los ricos, decir que se diferenciarán fiscalmente las rentas del trabajo de las del capital, que suben los impuestos del alcohol y del tabaco, que se hará un apaño de costes sociales para las empresas que absorban parados de larga duración, que se congelarán los gastos militares proteste quien proteste y cuatro cosas más, y cuando volvamos a atar los perros con longaniza ya veremos qué es lo que se hace. ¿Se podría llamar liderazgo?

Mientras Rajoy y sus muchachos, tras los últimos acontecimientos de desfile por los juzgados y posterior victimismo por ser tratados como todos ante la ley, y considerando su paso a la posteridad, se ofrecen a la Fundación Cavadas como donantes universales de cara, por su extensión, por su dureza a toda prueba y por las ingentes cantidades existentes. Los cirujanos lo están pensando. Sería un buen convenio si no fuera por el coste del enorme rechazo. Y el asco.

lunes, 17 de agosto de 2009

Un clavo saca a otro clavo

Cuando haces el amor con una mujer, te vengas de todas las cosas que te han derrotado en la vida. ¡Y un huevo! Esto último es mío, vamos del acervo cultural que tenemos los enfadados crónicos. La cursilada la dice Ben Kingsley en Elegy de mi deslustrada Isabel Coixet. O presumiblemente la dice Philip Roth que es de quien se adapta su novela El animal moribundo. Anyway. La Coixet tiende a poner en palabras lo que debería poner en imágenes, que para algo el medio es el medio, además del mensaje. Así le quedan películas textuales, mucho más coñazos que los libros visuales. En estos últimos el autor ayuda al lector a vivir con él el relato, mientras que en aquellas, el autor se empeña en sustituir al libro, rompiendo cualquier imaginación y participación posibles. Quizá la hayan visto y no estén de acuerdo. Lo digo por mera suposición estocástica, porque no me toca la primitiva y nadie está de acuerdo conmigo, así que lo normal es que les encante la pasarela de miradas del reconvertido Gandhi y hayan sufrido con la historia de Penélope Cruz.


Ciertamente ninguno de ambos actores me gusta. Él se basa en su peculiaridad física y cualquier día le veremos hacer de Ramón y Cajal bajito o de Juan Ramón Jiménez bronceado; y ella fundamenta su fama en la imposición de manos de papá Almodóvar y en sus peculiaridades físicas -al loro con el plural-, francamente interesantes que ya nos sorprendieron con el profético duplicativo de Bigas Luna, Jamón, jamón. Y está bien eso de volver a pasar las escenas teteras en cámara lenta y detener la imagen y si uno es tecno-salido pasarlas al iPhone para verlas también en el ascensor. Pero a veces queremos que las actrices hagan algo más que mostrar esos momentos cumbres –hoy va de analogías- y nos embauquen definitivamente. Menos mal que está Patricia Clarckson, de tetillas breves pero intelectualmente mucho más carnal y Dennis Hopper, infinitamente más adorable. Lástima que sean papeles secundarios.

El asunto va de un profesor universitario de filosofía. Siempre sacan a Barthes en la pizarra. A veces se desmandan y ponen a Derrida. Es la contribución del cineasta a la causa. Cuando Aristóteles sabía mucho más de causas que estos otros, pero ¡queda tan antiguo! Ni Husserl, ni Hegel por empezar por la H o poner a Kant si quieren un pensador de categorías. Nada. Pongamos a intelectuales franceses que es lo elegante. El caso es que el profesor organiza una fiestuqui a todo plan –adviertan la aguda mezcla de neologismos con retrocalificativos para que luego no me acusen de antibartheriano ¡colaboren un poco, por Dios!-. Pues eso, que seduce a Penélope en plan rollito culto y charleta intelectual –con más de sesenta años está uno como para no utilizar la lengua- y empiezan un romance pedorro de celos y libertades, inseguridad y arrepentimiento, de confesión y mentira. Por supuesto que los personajes son equilibrados, inteligentes, tienen pasta, son polifacéticos y como gusta ahora a la gente decir: articulados –el Manolo es articulado, por ejemplo o la Mari es articulá, más coloquial- dicen frases discutiblemente maravillosas, son elegantes, van a fiestas y no tienen barriga, pero sí casas bien decoradas y beben vino en copas grandes de cristal fino ¡muerte al duralex! Todo eso quieren condensar en las miradas intensas de Kingsley vestido de Greenwich Village –el barrio neoyorquino, no confundir con los Village People- yendo a restaurantes cool y tocando a Arvo Part y escuchando a Satie en ese piano que todos tenemos en casa para olvidarnos encima las cosas.

No les voy a contar el final, aunque algunos de ustedes busquen la excusa, pero dice Coixet que el profesor encontró el amor a través del sexo, no se sabe si queriendo lanzar otra frase de calendario o de verdad se cree esa paparrucha. Lo único que uno encuentra a través del sexo es la vejez, porque es lo que lo hace incompatible; igual que uno halla la apnea haciendo submarinismo o conviviendo con un diputado inglés. Y ese descubrimiento es atroz y a la vez un maravilloso lenitivo.

Y en plan uróboro retomo el principio, Cuando haces el amor con una mujer, te vengas de todas las cosas que te han derrotado en la vida y me quejo de esa causa primera del acto follatriz, o de su consecuencia, tanto da. El sexo es bueno en sí mismo, es principio y fin -¡ay!- de todas las cosas. Incluso aunque sea por detrás no es vengativo, si acaso es rencoroso por su tenacidad que prescinde del objeto, pero no suple tus derrotas, a veces crees que las aplaza, dándote ese sentimiento plenipotenciario que tienen los océanos y los grandes vientos, pero el sexo también las huye y se espanta cuando te conviertes en un fracasador profesional. Al final te quedas solo, sin mujeres, sin ámbitos para ser derrotado, pero el sexo pervive, aunque sea letárgico, displicente y solemnemente solitario. Y se va contigo.

domingo, 9 de agosto de 2009

Ninfa de clausura

Parece que las cosas empiezan a calmarse, entrevistas, ofertas, radios y televisiones, periódicos y revistas para dar cuenta de lo que yo solo sé, para creer mis mentiras, para crear una historia aceptable tras una situación incomprensible.

Todos se han concentrado en saber cómo escapé, como me sentí con su muerte, ¿hubo sexo?

¡Ignorantes!Si escribo estas líneas es para poder memorizar más adelante mi verdad íntima porque ya empiezo a confundir la realidad con la ficción que estoy creando y siento que, contada por terceros, se irá distanciando tanto de mí que perderé el rastro genuino.

Es probable que rompa estas líneas al final del escrito, pero de momento valdrá para escribir el epitafio de la niña que fui y que voluntariamente maté aquella mañana de hace ochos años.

Mis padres se habían separado. No recuerdo la razón exacta. Quizá fuera por mí. Quizá fuera por mi madre. Ella nunca supo tratar a los hombres. En eso no nos parecemos en nada. Mi padre contribuyó a ello. Me enseño muchas cosas. De hecho me enseñó todo.

Wolfang había merodeado muchas veces por el colegio. El miraba a todas pero yo no le quitaba ojo a él. Era el más joven de los moscones, tampoco demasiado abundantes, y parecía un tipo aseado. Mi recuerdo es vago pero visualizo como abría las piernas en el columpio buscando atraer su atención o corría alocada tras una pelota pasando delante de él. ¡Pobre imbécil! Notaba su culpa tras la verja del colegio y como huía amedrantado en cuanto alguna cuidadora revoloteaba por allí.


Creo que debía tener nueve años, quizá ocho, en aquella época. Wolfang no era demasiado insistente en los primeros tiempos. La nieve, el frío atroz de Strasshof desaniman a cualquiera y él no era un hombre recio. Recuerdo ahora cuantas fotografías de su madre tuve que tirar en los primeros meses de cautiverio. Era un enfermo y un pusilánime.

Pero volvamos al principio. Una primavera logré que Wolfang se dirigiera a mí. No sé qué tontería me ofreció y cómo me costó salir corriendo fingiendo miedo. Aquello debió excitarle porque volvió a los pocos días. Nunca fue muy listo. Era yo la que tenía que controlar la aparición de cuidadoras y profesoras porque él, con su bobalicona sonrisa, era incapaz de protegerse a sí mismo. Si no fuera por mí hubiera tenido más de un problema con la policía.

El caso es que él creyó ganar mi confianza sin saber que él había sido mi elección.Los detalles se agolpan en mi cabeza, quizá he tenido que reprimir tanta información real en estos días de exhibición mediática, que los datos se aprestan a salir a mi magín consciente reclamando su abolengo de autenticidad. Pero me aburren soberanamente. La verdad es que fueron tantas mañanas viéndole tras las rejas del colegio, tantas tardes sabiendo que me seguía sin atreverse a hablar, a rozarme. Parecía que no bastara que me saliera de mi camino, buscando calles oscuras, poco transitadas. El seguía a demasiados metros de distancia sin hacer otra cosa que seguirme en silencio.
Curiosamente se debía sentir más protegido en el entorno del colegio. Allí con otras niñas, con gente por la calle fue capaz de dirigirse a mí. Sin esos elementos de control era incapaz de actuar como yo esperaba. Quizá era demasiado joven para sentirme desconcertada y es una elaboración adulta, pero era como si se sintiera mejor representando el estereotipo del merodeador de colegios, del hombre de los caramelos, del pederasta acechador actuando como tal. Como si le faltaran referencias para culminar el patrón de conducta. Advierto que el lenguaje de los psicólogos, estos sacamuelas modernos, es altamente contagioso. Vana futilidad de jerga que esconde la ausencia de conceptos. En unos pocos días han sido capaces de cambiar mi forma de expresarme. Quizá estudie psicología: es tan útil para desenvolverte en la vida ¡siempre que no la hagas tu profesión!

Cómo me disipo. Lo llaman TDA Trastorno por Déficit de Atención. ¡Qué gilipollez! Pero me disipo. Volveré a lo que contaba.

Wolfang no se dirigió a mi nunca más en esos meses. Ni durante los itinerarios de regreso a casa ni tras la verja del colegio. Como el típico machito de bar que te mira mientras está la barra llena y huye cuando te acercas a dos metros. ¡Hombres!

Tomé una decisión. Seguro que hay cierta fabulación en mi memoria. Fueron semanas intensas de planificación. No sé muy bien si lo que más quería era escapar de la aburrida de mi madre, de la escuela apestosa o disfrutaba con la idealización de esa nueva vida. La mayor parte de las niñas tienen esos sueños a los 18 o a los 20 con el novio de turno, pero yo no podía esperar tanto. Era una sabina sin romanos.

Los lunes no aparecía nunca por el colegio, ni me seguía de regreso a casa. No le di más importancia, simplemente aparecía así en los datos que apuntaba en mi agenda escolar. Pero un día todo cambió. Descubrí que aparcaba un coche cochambroso cerca de mi casa. Quizá lo había visto antes pero el afán abre los sentidos y con su coche blanco muchos problemas encontraron solución. Solo lo hacía los lunes. Quizá el sueño de las mañanas de lunes impidió durante meses que me percatase. Exploré los siguientes dos lunes su comportamiento. Allí estaba por la mañana temprano. Me seguía durante unos cuatrocientos metros y giraba por la calle grande. Y ya no le volvía a ver.

Aquel lunes 2 de marzo de hace ya ocho años salí de casa y le oí arrancar el automóvil. A los pocos metros aminoré mi ritmo para que a ambos nos pillara el semáforo. Di media vuelta y abrí la portezuela de su coche y me senté en el asiento del acompañante. Tuve que interrumpir su cara de pasmado con un enérgico ¡Vamos a tu casa!

Creo que estuvo a punto de salir del coche y dejarme allí con un palmo de narices. Pero el verde del semáforo actúo como un disparador y emprendió la marcha. Hubo un silencio absoluto. Le pedí el nombre como si fuera la filiadora de la Gestapo e intercambié el mío como pago. No hablamos más hasta que llegamos a su casa y me dijo: Voy a abrir la puerta del garaje.

Lo dijo como pidiendo permiso, autorización. Me bastó mirarle a la cara y bajar los ojos fingiendo aprobación. Esa parte no estaba prevista. Mis padres aparcaban en la calle.

Esa noche cocinó para mí. No lo hacía mal. Seguimos sin intercambiar palabra. Todo lo más monosílabos de negación. El permiso yo lo otorgaba con los ojos. Pronto quedaron claras las claves del comportamiento aunque esos primeros días fueron de descubrimiento de las posibilidades de la casa. Esa primera noche decidí dormir en el sofá, o el sueño decidió por mí. Así estuve los primeros días. Él salía por la mañana no muy temprano y volvía a la hora que yo debería estar jugando en el recreo. Era divertido ver como se repetía el patrón de tiempos desde el otro lado. Disfruté los primeros días sola en casa, una mezcla de SIMS y Gran Hermano en el que yo era actriz y espectadora a la vez. Pronto descubrí que había que hacer algo más. Wolfang disponía de una vasta biblioteca. Probablemente heredada porque no recuerdo haberle visto coger un libro de ella en todo el tiempo que duró aquello. Cuando él se iba me gustaba mirar los anaqueles y optar por algún libro y empezar a leer. Visto en la distancia me asombra la falta de criterio que tenía a la hora de aproximarme a uno u otro libro. Muchos los dejé a las pocas páginas, pero me fui haciendo selectiva. Ya no me apetece seguir contando esto aunque recuerdo uno de los inicios de capítulo más famosos: Todas las familias felices se parecen unas a otras; pero cada familia infeliz tiene un motivo especial para sentirse desgraciada. Yo en aquel momento ignoraba la obra, el autor y escasamente entendía el sentido de la frase, pero supuso, insisto, visto en la distancia, la mejor descripción de mi acontecer.

Tantas veces me han preguntado, con palabras o con miradas, si tuve relaciones sexuales con Wolfang, que me asquea siquiera contarlo para mí. Quizá deba hacerlo por esa misma razón. ¿Acaso hay algo detrás de esta historia poco claro? Me refiero para mí lógicamente. Para el resto es incomprensible, pero ese es mi éxito, mi obra, la construcción del personaje.

Sí, claro que hubo sexo. Alguna cosa se me escapó durante las primeras pesquisas, pero los batablanca guardaron su propio monstruo tras mis explicaciones y no supieron abundar más en ello. Ahora que lo pienso me hubiera gustado fantasear un poco más sobre el asunto. Con Wolfang muerto hubiera sido divertido recrear la historia sin probables contradicciones. Pero no lo hice. Y para inventarme una historia tengo todo el tiempo del mundo.

Quizá esto que estoy escribiendo no es real, o mejor, no fue real y es producto de lecturas, de películas, de deseos, de propias mentiras, pero ese es mi privilegio, las cosas son en la medida que yo las pronuncio o las escribo, es la gran creación del ermitaño, sin testigos, la auténtica protohistoria. Una estilita con el confort de un chalé.

De nuevo pienso qué me pasa con esto del sexo que lo eludo una y otra vez. Porque ¿lo hubo, verdad? Sí, por supuesto, al menos en los primeros tiempos. Yo tenía que repetir todo lo aprendido en aquellas tardes a solas con mi padre y fue la principal razón de subirme sin permiso al coche blanco. Quizá en la película que hagan de mí, saquen a relucir la historia, aunque no creo que se sepa ni se vaya a saber. Mi padre no lo contará, mi madre lo habrá olvidado si alguna vez sus escasas luces le dejaron adivinarlo y yo no le he decidido aún. En cualquier caso tampoco reflejará la verdad, yo nunca sentí asco con los tocamientos de mi padre, el rechazo surgía de la mierda de tono blandengue de voz con el que me hablaba, de las explicaciones que me daba, coartadas propias del capullo que es. A mí me gustaba descubrir todas aquellas cosas, nuevos olores, sabores diferentes, reacciones desbordadas, era apasionante ver y sentir todo aquello. Lo que me hizo huir fue la culpa de mi padre tras acabar, las promesas, las amenazas, la falta de autoestima a la que asistía cada tarde que él buscaba para hacer todo aquello. Huí para poder asumir yo misma ese papel activo, para hacer y deshacer. Wolfang era perfecto para cumplir con ese fin.


La primera vez no fue esa primera noche, de hecho debieron pasar unas cuantas antes de que me decidiera. Recuerdo que la idea que rumié durante mis fríos, pero ardientes recreos no coincidió en absoluto con lo sucedido. Como en otras cosas mis impulsos desbarataron el plan, y fue, afortunadamente mucho mejor; la idea de la seducción con luz tenue, música lenta y miradas dulces me da ganas de vomitar. No es que preconice la violación, pero el deseo es otra cosa.

Tengo que decir que hablábamos muy poco y nuestra relación era de compañeros de pensión. Desgraciadamente para él yo era la patrona, pero no parecía importarle. Nunca le pregunté, ni él comentó, cómo percibía el riesgo de ser descubiertos o la investigación policial. Leíamos las noticias, veíamos por televisión el día a día del suceso, mi madre llorando, mi padre llorando, una niña gorda que decía que me había visto, elucubraciones de vecinos, maestros, expertos en no sé qué y todo ello lo hacíamos en silencio, con la atención de un comando militar. La única idea que Wolfang tuvo fue la de construir esa infravivienda que estaréis cansados de ver a todas horas. Un día empezó a construirla y al cabo del tiempo yo le ayudé en algunas cosas. El puso la mayor parte del trabajo duro. Mi parte consistió en el attrezzo.

Decía que hablábamos poco. Aquel día él estaba comiendo un sándwich en el sofá hojeando unos papeles mecanografiados. Me senté a su lado, le abrí la bragueta y empecé a masajearle frenéticamente. Él estaba petrificado. O no tanto, en pocos segundos se derramó sobre mi mano. Me levanté con la mano en alto y fui hacia el baño. Antes de limpiarme aspiré el olor de aquel líquido templado. Era muy parecido al de mi padre.

A mi regreso estaba parapetado tras sus papeles. Ni una palabra. Yo tampoco lo hubiera consentido. Sin explicaciones, sin reciprocidad.Hubo muchas más veces. Y sexo de mayor calidad. Wolfang era demasiado pacato pero un día se atrevió a meterme mano. Me dejé hacer. Era divertido verle tan excitado ensalivándome entera, con miedo a hacerme daño, a introducirme dedos, a provocar mi rechazo. Le dejé hacer durante un buen rato. No le rechazaba pero tampoco colaboraba. Por primera vez noté el cambio de tempo. Con mi padre todo era acelerado, quizás más brusco, posiblemente fuera el punto de sordidez que proporciona el contraste de una erección sobre una sábana con patitos y ositos de colores. Quizá la barba mal afeitada de mi padre, quizá esa sialorrea culpable y animosa la que no dejara que me soltara. Ahora era diferente, cambiaba el escenario, Wolfang era, sin duda, más aseado que mi progenitor y el punto de timidez le daba un carácter especial. Pero sobre todo era que no tenía prisa, si acaso era demasiado premioso. Pero estuvo bien. En algún momento accedió a la contraseña de mi cuerpo y, afortunadamente, supo que había dado con ella. He leído multitud de descripciones de orgasmos. Ninguna coincide. Pero lo pasé muy bien. Reposé brevemente, unos segundos apenas, y se la meneé con ganas. Estaba a tope. Duro instantes nada más. Esa vez no fui al baño a limpiarme.


Me viene a la cabeza el día que fuimos a esquiar. Le puse un anuncio de aquella estación de esquí en la mesa. Ese fin de semana preparó el coche y madrugó al día siguiente. Era la primera vez que estábamos rodeados de personas, incluso en algún momento estábamos separados. Notaba cómo me miraba al alejarme. Sin ser una experta esquiaba mucho mejor que él. Wolfang no había entendido aún, que la única posibilidad de romper con una huida la relación, era que él se fuera. Quizá les parezca extraño mi modo de vida, pero era un paraíso para mí. Sin colegio, disfrutando cada día de la lectura –me enorgullece que haya sorprendido tanto mi nivel cultural en las entrevistas- tomando baños relajantes, sin necesidad alguna de mentir o de mostrarme como no soy, sin las presiones de lo-que-hay-que-hacer, actuando cada hora, cada día a mi conveniencia. Wolfang era el bastión de aquella construcción. Era el proveedor, era la compañía, el objeto a tiranizar, el que hacía ruido para saber que había otras cosas en mi mundo. Era también, al cabo de los años, la válvula de escape de mis ternuras, de mis debilidades, de mi compasión. Pensándolo ahora no sé muy bien por qué decidí un día largarme. Solo encuentro cierta explicación al placer epistemológico de aventurar nuevos propósitos. Pisar el césped de la vieja de al lado, fingir desorientación no fue especialmente creativo. En sí mismo me arrepiento de ello. Fue impropio de mí. Y siento de verdad la muerte de Wolfang. No calculé adecuadamente las consecuencias.

Ya lloré la cantidad justa. Ahora empieza una nueva vida. Seguro que no será tan portentosa como la vivida. Tendré que aprender de nuevo a soportar la frivolidad y la estulticia de mis congéneres. No encontraré a buen seguro otro Wolfang que permita ese estándar de organización de comuna a dos. No encontraré un discípulo tan auténtico como él. Nadie respetará mis silencios de la forma rendida que él lo hacía. Pero se acabó.

Creo que esto es todo, recordáis que el Todas las familias felices se parecen unas a otras; pero cada familia infeliz tiene un motivo especial para sentirse desgraciada, describía mi historia de la mejor manera posible, quizá creáis que ahora comprendéis porque tengo un motivo especial para sentirme desgraciada y eso significa que no habéis entendido nada. No me considero desgraciada, soy feliz y reconozco que me parezco a todos vosotros, porque sois felices ¿verdad?

sábado, 8 de agosto de 2009

La niebla postcoital de Cospedal

Cómo me gustan los chicos del PP. Y fíjense que digo del PP, no de derechas. No me gusta la gente de derechas, ni la de izquierdas que no sabe que es de derechas, pero los del PP me molan. Les importa un carajo esos feos asuntos de la ideología y de los valores. Dirán ¡pero si no paran! Alto ahí señores. Una cosa es que metan las palabras en su discurso y otra que les preocupe. En eso se parecen bastante a los señoritos del PSOE fracción-qué-coño-hago-yo-aquí. Pero déjenme que hoy les traiga las gracias del PP. Estando Moragas y Rajoy en la playa y los chicos de las juventudes de vacaciones con los padres, uno creería que el mes de agosto iba a ser inteligentemente aburrido. Esperancita –lo digo en diminutivo para quitarle la Z de Letizia y para mostrar que lo último que puedo perder también es pequeño- se come la boca con Blanco y con Rubalcaba y Gallardón insiste en que se larga ya sea cabizbajo u olímpicamente. Otro ring vacío. Y ahora que Camps ha dejado de lamerse las heridas porque se le infectan, llega el momento majórica con tantas perlas por descubrir en la patria de los yates. Y salen todos en tropel con las escuchas y los espionajes.

Debe ser que la Cospedal está nerviosa por la boda con Ignacio López del Hierro –han puesto un micro en su hocico de tenca cervical y dicen que es su semenarista in vitro- y claro se pone paranoica. ¿Pero qué le pasa al resto? Hasta el aburrido catedrático Montoro ha dicho que tiene que ser el Gobierno el que demuestre que son falsas las denuncias. Confunde la carga de la prueba de su época en Hacienda. Va a ser que tienen que ser ellos los que demuestren lo que dicen. Viene en los libros de abogado-del-estado. Que se lo diga Lady SSS que también los leyó.

Y luego la Botella repite lo mismo, mientras cree que el anillamiento de aves es ponerse un pajarito sobre la sortija que un día Josemari ungió como buen elfo de la Tierra Media.

Consideren que creería si se hubiera desposado con el Príncipe Alberto, otro gran señor de los anillos.

Pero como las penas no vienen solas, llegan los sociatas catalanes y sus colegas barrados –no confundir a con o- de gobierno y aprueban que los farmacéuticos catalanes puedan objetar la dispensación de la píldora postcoital. Lo dice muy clarito en catalán el documento que emite la Generalitat con el Colegio de Farmacéuticos: En el cas que el farmacèutic o la farmacèutica, basant-se en raons de convicció moral, no vulgui dispensar l’AE …

¡Convicción moral! Un tendero de drogas y cepillos de dientes va a interrogar a la chica –no digo el indubitado chica o chico por no ser aplicable, aunque ganas me están dando-, a preguntarle un montón de cosas que no forman parte de su especialización -el despachaje-, para tomar una decisión que puede ser moral. ¿Disponen las farmacias de un lugar adecuado para realizar esas preguntas o se le harán over the counter mientras los demás clientes compran potitos o tiritas? ¿Estamos de verdad convencidos que todos los farmacéuticos son capaces de valorar un Crohn o una porfiria? Pero de lo que sí estoy convencido es de su incapacidad profesional para determinar la capacidad o madurez de la jovencita. ¿Dónde lograron esa habilidad? ¿Quizá lo trata la botánica o la parasitología? Debe ser que como venden de todo, saben de todo.

Y ya con el diagnóstico médico por incomparecencia de enfermedades hepáticas y la evaluación psicológica de madurez y responsabilidad, llega el momentazo teológico que dice: mira nena, si follas, apechuga. Quizá en la Biblia no lo digan con estas palabras, pero en el catecismo del padre Abstete y Sacrificate, mucho más llano, viene a ser más o menos de esa manera.

Por cierto, el documento de 18 páginas viene con bibliografía. Unas citas en inglés y otras autorreferencias en catalán. En castellano no se ha dicho nada sobre el particular. Y eso que los farmacéuticos saben de todo. Qué gran ocasión para otra gran opinión filológica.

Pero ya que no han podido conseguir la pastilla -esto va a parecer Matrix-, no se queden con mal sabor de boca y miren en el Plus una buena peli de miedo, y en este caso también de terror: La niebla, hecha en 2007 y basada en una novela de Stephen King. Aunque no ha tenido enormes críticas, creo que cumple dos papeles relevantes: te asusta bastante y después del respingo te hace pensar. Son menos de dos horas, así que no esperen que les den unos créditos para el doctorado, pero mírenla atendiendo a la psicología de grupos, al contagio social, valórenla en relación a la crisis, a la influencia de la ortodoxia religiosa, al liderazgo y, por último, a la fe y la esperanza. En los hombres, no crean.

O si son gente seria y cabal, prepárense un vino con gaseosa y un quintal de palomitas hechas con aceite de oliva en la sartén y mírenla como una película de miedo. A oscuras. Hasta que les coma el tigre y así se dejan de hostias.

lunes, 3 de agosto de 2009

La injuria humana

Hace pocas lunas hablaba de Dalton Trumbo y de forma indirecta aparece hoy Lillian Hellman, compañera amorosa de Dashiell Hammett, y como Trumbo, implicada en la caza de brujas, negándose a declarar en el infausto comité. Hellman, fallecida en 1984, estrenó hace unos pocos años La calumnia (The children’s hour) en Madrid, de la mano de Méndez-Leite como director de teatro debutante e interpretada por Fiorella Faltoyano y Cristina Higueras. En este caso hablaba de la interpretación de una amistad en clave moral. Poco importa si eran intensas amantes o tenían una simple amistad, una forma desexualizada del sexo, lo crucial era que se pudiera proponer una condena, falsa o no, sobre la decencia ante un hecho íntimo y absolutamente personal. Hellman escribió guiones como La loba y La jauría humana, película que acabo de repasar.

Estoy seguro que todos conocen y recuerdan esa película. Un gamberro casi profesional (Robert Redford) se escapa, en su última tontería, del penal donde estaba recluido y vuelve, huyendo, a su casa tejana. El pueblo es propiedad de un terrateniente y oligarca al que casi todos rinden pleitesía, cuyo hijo se ha liado con la mujer (Jane Fonda) del fugitivo . El casi anterior, se refiere al sheriff (Marlon Brando) que defiende su integridad al principio de la película, rechazando que su mujer (Angie Dickinson) lleve un traje regalado por el magnate para su fiesta de cumpleaños a la que acuden todos los constructores de la zona.

Siendo agudo como soy, me faltaron segundos para pensar en Francisco Camps cuando Marlon, permítanme las confianzas, dice: mi mujer llevará los trajes que yo pueda pagarle. Era el año 1966 y ellas no pleiteaban por pagarse sus propios trajes, era cosa del marido, años bárbaros de incorrección política y menor beligerancia, porque las mujeres han trabajado siempre y seguramente la propia Angie se pagaba muy bien sus vestidos. Camps ha actuado como una solícita esposa de otros tiempos y ha aceptado regalos. Lo llaman cohecho impropio. Existe el cohecho sin apellidos que es cuando se hace además algo por la parte regalante. Es cuestión de pruebas y de fe en la virgen. En cualquier caso es algo irregular como el mismo participio, que de no serlo sería cohacido, pero en la gramática va la penitencia. En estos días, hoy quizá, se verá si se le juzga por llevar trajes sin desembolso. Dicen que los jueces son sus amigos. Veremos cuán grande es el fondo de armario de Camps.

Y la pprensa –no es un error mecanográfico- resalta que es casi un delito piadoso, que se subsana con 2500 euros, un problemilla que debiera salir del Código Penal pidió la alcaldesa Rita con su bolso de Louis Butrón –tampoco es un error- al brazo. Y quizá se quede en nada. Pero a mi me gustaría proponer que para los cargos que se benefician de ser juzgados por el Supremo y requerir suplicatorios y otras mandangas, una vez que se han concedido y son juzgados y, eventualmente condenados, debieran cumplir las penas en un grado superior. Te protejo de la inquina en consideración a tu cargo, pero si eres culpable la has cagado traduzco libremente de un viejo adagio en latín. Porque no es lo mismo que un ratero se encarame a tu ventana con riesgo de su vida para robarte, que te haya pedido prestada la cuerda y la ganzúa para entrar. Si se busca inmunidad se les debe recompensar con agravamiento. Es lo justo ¿no?

Y es verdad que aceptar unos trajes es pelín cutre habiendo yates y pelucos de oro, dice Rajoy que nadie se pringa por unos trajes, y todos sabemos que nadie regala miles de euros si no es a cambio de algo. Pero por algo se empieza, algo así como evitar tocar la nalga de la secretaria y conformarse con reposar la mano sobre la rodilla en actitud de disimulo ¡pero si es una rodilla! dicen ¡Cómo si los pervertidos no supiésemos el poder de la parábola!

Pero en La jauría humana, la cosa no termina en presentes o dádivas. Es una cuestión de tolerancia. Los sábados en el pueblo parecen organizados por Orange Market con el Bigotes a la cabeza oficiando la ceremonia. Los corifeos deciden lo que es adecuado y lo que no, asumen un papel parapolicial, de acoso racial o de persecución del fugitivo, en un pueblo en el que asisten a fiestas con pistolas y revólveres al cinto y se emborrachan sin control. ¿Les suena el sheriff de Coslada, saben de los tejemanejes de Granados en la Comunidad de Madrid? Así, cuando el cacique lo requiere los serviles segundones absorben el uso de la violencia, se convierten en Estado, interrogan, torturan y deciden qué hacer. Mientras los ciudadanos ven, receptivos e impasibles, como el sheriff es vapuleado por intentar defender la ley, no se enfrentan a esos matones de nuevo cuño, aceptando con su silencio el nuevo statu quo. Es más, participan en la razia con bengalas, bailes y traca final. Y esto no queda lejos, por más que se situara en la Texas de hace cuarenta años. Esa pasividad ciudadana contrasta con la lectura plebiscitaria de unas elecciones, un resultado real que respalda las tropelías, que mira hacia la nada y que sólo en Madrid alberga discrepancias porque se espía también a los propios. ¿Cómo pudieron? me pregunto, ¿cómo les votaron, les dieron una nueva mayoría, confiaron en ellos por un nuevo periodo? Y grito ¿tan malos son los otros, tan corruptos, tan incapaces, que ante lo que todos sabemos, esos ciudadanos consienten? ¿Es posible que viendo los canales autonómicos tan bochornosos nadie sienta la necesidad de hacer algo, con las privatizaciones salvajes de la sanidad, del agua, con las regalías en educación para amigos, para sectas, la aprobación de antinormas para el tabaco o la educación para la ciudadanía, o el filibusterismo para el nombramiento de senadores?

¿Qué pasa? ¿Lo podemos llamar adulterio social? ¿Desdén moral? ¿Hastío escrotal?

En La jauría humana el sheriff salva del tiroteo al ladronzuelo y le lleva a la cárcel, pero es acribillado por uno de los segundones protegidos en la misma puerta de la comisaría. Los demás miran. Al final el sheriff, la ley, abandona la ciudad.

¿Dónde iremos nosotros?

domingo, 2 de agosto de 2009

Estío digital

¡Uff, qué desastres se han juntado! Nada grande, no crean. Un disco duro roto, una información perdida, una reparación en garantía, una restauración de la información, ¿estará toda?, un volver a colocar las contraseñas, a recomponer favoritos, ya saben, esas cosas que hay que hacer para que la vida nos sea más fácil y no quedarnos completely unplugged. Un descalabro y toneladas de tiempo perdido.

Si a esta pequeña hecatombe le añadimos estos días de calderilla de trabajo en la que nadie aparece dispuesto a casi nada, la indisposición mecánica de las herramientas que te ayudan a la locomoción –agg! ya hablo como el pelma- y este calor plúmbeo, pues no ha habido forma de sentarme a escribir nada. Dirán que para eso está la escritura manuscrita , pero miren, una vez que aborrecí el bolígrafo, sólo escribo con pluma estilográfica, a ser posible sin cartuchos, que los carga el diablo, o portaminas de 0,5, máximo 0,7, con dureza 2B y en modo alguno me rebajaré a hacerlo con esas piezas de tinta de gel, los rollers, que se deslizan más que la Pajín haciendo declaraciones. Sé que podría hacerlo, dada mi cualidad rupestre, con los mismísimos dedos, pero amigos y amigas, no sé si se merecen ustedes que desgrane mi cuidada caligrafía pa’ na’ como diría Paquirrín.

Y no es que no hayan pasado cosas, empezando por esos grandísimos hijos de peta que siguen creyendo que menos tricornios les harán libres, o la situación económica tan soliviantada y con pocos luceros a lo lejos o las componendas del PP esperando que todo siga igual, para que todo cambie, estrategia basada en las lecturas apresuradas de Lampedusa hechas por Rajoy mientras veía el Tour, esperando, como Armstrong de Contador, que descalifiquen a Zapatero en un control-encuesta.

Pero, miren, tengo los dedos entumecidos de tanto ocio digital, que lo único que he hecho es darle al play de todos los aparatos que tienen esa flecha señalando a la derecha, como si fuera premonitorio de lo que va a ocurrir.

Así que les contaré que me he visto Náufragos de los Andes de Arijón que cuenta la historia de aquellos que cayeron en los Andes con su avión y sobrevivieron más de dos meses gracias al apoyo pasivo de sus congéneres muertos. Sé que lo recuerdan perfectamente. No es la peliculera Viven de hace ya unos años; es el relato cinematográfico de los supervivientes, amigos del director, tras 35 años de su ocurrencia. Si se la recomiendo no es tanto por su valor documental, que lo tiene, sino para que valoren las explicaciones que dan aquellos que las pasaron tan putas como posiblemente sea difícil de experimentar. Explicaciones de sus intenciones, de sus sentimientos, detalles ultraelaborados por la memoria, por la maldita disonancia cognitiva, por las expectativas de los otros, las propias, por la religión y la fe que surge para explicar qué mierda de dios les desproveyó de hermanos, madres, esposas, que les metió a los pocos días un alud en la covacha del fuselaje para matar a más personas, demostrando la fuerza de la naturaleza inexplicable. El director los reúne para recrear la epopeya, mientras se la explican a sus hijos, apoyándose en imágenes de ficción. Esos hombres jamás podrán volver a ser otra cosa que supervivientes por la maldición de Heisenberg y han reconstruido sus vidas futuras en función de un pasado atroz que les dejó sin argumentos sociales, sin soporte individual para sus actos, pasados y futuros, eternos.

Si no quieren castigarse el magín pueden verse una película razonablemente fascista en sus modos: Shooter: el tirador basada en un premio Pulitzer y que por el fragor de sus escenas impedirá que se queden dormidos durante la siesta. La historia es absolutamente alocada, al más puro estilo americano de las películas americanas para descerebrados americanos, pero que destila todo el sentir paranoico contra los gobiernos y el Estado y la exaltación de la patria y de la indulgencia al individuo cuando opera contra organizaciones secretas. Y ahí ya empieza a parecerse más a los españoles amaestrados. Pero sí hay momentos para la historia de la ciencia, de la que los consejeros de Sanidad y los colegios de enfermería deberían aprender, como el prepararse un suero salino con una botellita de agua y sal común con una gomita en un supermercado o el valor de la vocación para realizar intervenciones quirúrgicas en el dormitorio sin necesidad de camillas afeando los pasillos. Si el esperpento del caso Gürtel no les ha parecido suficiente dense una vuelta por esta película. Hasta una lectura nacionalista tiene. De obligada visión para Güemes-porque-yo-lo-valgo y Lamela proparoxítono.

Tras acabar Anatomía de un instante de Cercas me adentré en El club de los pirómanos de Brock Clarke. La primera, lo saben bien, trata del 23F, así que poco puedo decir que no sepan. Quizá algo reiterativa, posiblemente de forma deliberada, aunque se hubiera agradecido un poco más de contención didáctica. Para los no estudiosos seguro que hay cosas nuevas y detalles memorables y para todos un trozo de historia novelado, imprescindible por lo cercano.

Y la segunda es la historia de un tipo que inadvertidamente quema la casa museo de Emily Dickinson, con la mala suerte de pillar allí a un matrimonio de profesores fornicando en la cama de la escritora. Tras diez años en la cárcel, rehace su vida en una bonita urbanización, hasta que otras casas museo de escritores empiezan a arder. Está bien escrita, es entretenida y no abruma con la extensión. ¿Alguien da más para este verano?

sábado, 25 de julio de 2009

Técnicas de interrupción asistida del aborto

Ya lo sabrán ustedes, la comisión de Estudios e Informes del CGPJ, formada por dos del PP, por dos del PSOE y una del PNV, rechazó, a primeros de julio, el informe que hizo Fernández-Carnicero de los Populares, sobre el anteproyecto de la ley del aborto que éste consideraba inconstitucional. Por ello le encargaron otro informe a Margarita Uría del PNV.

Este último informe, el de Uría, se aprobó el 15 de julio en comisión, pero faltaba la aprobación del pleno del día 23. El pleno está compuesto por nueve del PSOE, nueve del PP, uno del PNV y otro de CiU.

Es también sabido que el informe no es vinculante, por lo que dirán ustedes que a qué demonios viene tardar tanto para hacer algo que no obliga. Yo también lo digo. Es como preguntar ¿tu que pedirías si te quedaras a comer? Pero no te sientes, que ya te vas. ¿Curioso, verdad? El antiguo CGPJ incluso hacía informes no solicitados. Eran tiempos de Aznar cuando se les nombró.

Así las cosas les recuerdo que el presidente del CGPJ y del Supremo, Carlos Dívar, es un meapilas importante, importante por cargo y por meapilas, así que se va a pegar a banda de los conservadores dejando en el alero la cuestión en manos del vocal de CiU, Ramón Camp.

Se volverán a preguntar por qué Zapatero, después de tantos años con un Consejo tan ultramontano como el de Hernando alias el Sevillanas, nombra a un confeso conservador, presidente de un órgano que en algún momento tendrá opinión sobre asuntos legales o determinará algunas decisiones de mucho alcance. Yo también me lo pregunto.

Si Zapatero no nos hubiera fallado y hubiera nombrado a alguno de los vocales progresistas presidente del CGPJ, la aritmética hubiera funcionado y esto que les cuento no hubiera existido, matando ustedes dos pájaros de un tiro, ahorrarse el rollo que les estoy contando y disponer de una ley que elimine la chapuza despenalizadora de la anterior.

Pues no. Zapatero nombró a Dívar, lo recordarán, aquel que al día siguiente de su nombramiento se hincó de hinojos ante Rouco el día que fue a dar gracias a Dios, por haber hecho tan simple al presidente del Gobierno.

En buena ley y siguiendo el refranero de es de buen nacido ser agradecido, Dívar debería de haber votado a favor de la ley, pero Dívar no es tan mentecato como su mentor y votó en conciencia, esto es, en contra de la ley de plazos del aborto. Ya estaba anunciado.

No sé cómo no se han dado cuenta que nos sobra el Constitucional. Si los miembros del CGPJ ya dicen y publican lo que es constitucional y lo que no, nos podríamos ahorrar a esos pesados que van a emitir sentencia sobre el Estatut cuando Cataluña sea ya independiente y Gibraltar español.

Porque lo de menos es el detalle. Lo importante es el alineamiento, la dicotomía bipartidista con la que juegan PP y PSOE sin importarles un pimiento la esencia de las cosas, como santificar de por vida lo que un Tribunal Constitucional dijo sobre el nasciturus. Porque digo yo que las cosas podrán cambiar ¿verdad? Otros tiempos, otras personas, otros hábitos. ¿O alguien cree que los a punto de nacer franceses o los alemanes o los ingleses, son menos de verdad que los nuestros, ? En su momento se aprobó una ley que defendía unos derechos civiles sin atacar a algunas ideas pero incordiando otras, además de ir contra la más elemental lógica y las prácticas de los países del entorno y se prefabricó un bodrio de opinión constitucional de derechos del nasciturus para contentar a algunos y no soliviantar a todos. Pero al cabo del tiempo llega el momento de hacer las cosas bien, de disponer de una ley de plazos y que la interrupción deje de ser delito y no esa chapucilla de la despenalización de algunos supuestos y es entonces cuando chocamos con esos padres que ignoran casi todo de sus hijos, que pasan de su absentismo escolar, del consumo de drogas y alcohol, de sus amistades y quieren que no les molesten dejándoles la play, internet o la televisión encendidos, hasta que de pronto exigen tener conocimiento acerca del aborto de sus vástagos.

Pero claro, eso es mentira. Los que protestan creen que con Ciudadanía en inglés y llevándoles a misa de la mano los domingos sí conocen a sus hijos. Protestan los que quieren eliminar ese derecho de otros. Porque esos que reclaman que la edad penal baje aún más, quieren que los mismos individuos sean imputables por su conocimiento y discernimiento en caso de violación, pero imbéciles, inconscientes, casi nulos, en caso de embarazo, quieren saber lo que pasa ahí fuera en su particular Expediente X para los demás. Y todos son los mismos chicos, pónganles los epítetos que quieran, pero son los mismos adolescentes de trece, catorce o quince años. Los que violan, los que se embarazan, los que triunfarán. La vida misma.

Por supuesto que quisiera saber lo que pasa en la cabeza de mi hija, en su vida, en sus proyectos, sus amigos; como a ustedes, si la vida les ha castigado con la bendición de los hijos o premiado con su maldición, que de todo hay. Claro que sí. Pero una cosa es nuestro deseo como padres y otra el deseo de ellos como individuos y el equilibrio de las leyes. Quiero que mi hija lleve una web cam en la frente, un GPS en el bolso, quiero que sus amigos no beban, que sean trabajadores y estudiosos, por supuesto responsables, quiero que avise si va a llegar tarde y que apruebe las oposiciones a Registrador de la Propiedad a la primera. Vamos que sea como Pancho el perro de la Primitiva y además pronuncie bien los participios. Pero como dicen ellos, va a ser que no. Hará lo que le dé la gana, más o menos como hice yo, y se equivocará como hice yo, que es una buena forma de aprender.

Pero volvamos a nuestros supercicutas de los jueces. Por primera vez el CGPJ no ha podido emitir opinión. Y Dívar ha comentado a sus próximos que se ha sumado a los conservadores por razones religiosas y convicciones personales. Si hubiera intereses por unas fincas, por tomar partido por un familiar, sería un escándalo. Pero las creencias religiosas determinan su posición ante la ley y no pasa casi nada. Y no deja de ser un apriorismo, una postura preventiva. Planteémonos que fuera Testigo de Jehova y que por razones de su credo impulsara impedimentos contra las transfusiones sanguíneas por ejemplo o que profesara alguna otra religión y estuviera a favor de la poligamia y quizás de su despenalización. Cuando votamos al PP o al PSOE o a cualesquiera otros partidos, en parte lo hicimos para que esas fuerzas lograran la implantación de un programa, para cambiar los presupuestos de defensa, para aumentar el gasto en educación o para bajarse las pelis gratis como en las últimas Europeas pedía el Partido Pirata. A mi nadie me explicó que una ley que impulsara el Gobierno y que contara con respaldo parlamentario, y por ende mi respaldo alícuota, un grupo que yo no he escogido crearía un estado de opinión, traicionaría su nombramiento o pondría su fe por delante de la voluntad de las personas que indirectamente le han llevado ahí. Ni me lo han dicho ni es de justicia que exista y actúe. Es una organización gremial, partidista, corporativa, enormemente ideologizada, que muestra cuando quiere el gran poder que tiene, pero que no me representan. Actúan cuasijurisdiccionalmente pero no suponen en realidad el auténtico poder judicial, el poder sancionador e interpretativo de las normas que nos hemos dado para nuestra convivencia en sociedad.

¡Cuantas cosas hay que cambiar en España! Descansen estas vacaciones de verano que ya empiezan a despuntar. Tienen una enorme tarea a su regreso.

martes, 21 de julio de 2009

Estado embarazoso

Casi todo está escrito, y digo casi todo, porque acabo de empezar el folio en blanco y no es cuestión de deprimirme desde el principio. Mohíno o no, la verdad es que todo está ya escrito ¡lo que pasa es que no leemos! ¿A que parece el vozarrón admonitorio del pelma? Debe ser mi conciencia interior, que las conciencias titulares también tenemos de eso.

El caso es que, aprovechando los días de asueto, he tenido a bien leer algunas cosillas sobre teoría política. Sé que suena pedantón, pero si he cambiado un bonito moreno por este bronceado blanco nuclear, no me toquen encima las narices.

En los 70 se mantenía que el Estado estaba sobrecargado por el aumento de las demandas sociales que se dirigían contra él y la dificultad de darles satisfacción. Ello provocaba crisis de gobernabilidad. El problema básico para no aburrirles es que los múltiples intereses obstaculizan la decisión colectiva única. Dice el manual: esa agregación de intereses sólo sería posible por imposición dictatorial.

¡Ay, las palabras! Imposición, dictatorial. La bicha.

Como no sólo de manuales vive el hombre, por la noche con un gin tonic en la mano, me veo El ala oeste de la Casa Blanca en DVD que me/se ha regalado el pelma. En uno de los capítulos los sindicatos de transportes y la patronal tienen un problema de mil demonios y las conversaciones se están alargando eternamente a pesar de que se celebran en la misma Casa Blanca y están aupadas por los intermediarios del Gobierno. En una de estas, entra el presidente de los EE. UU. y les dice más o menos: estoy harto de ustedes, no tienen ni puñetera idea de lo que están diciendo. Voy a hacer uso de mi poder ejecutivo y nacionalizar el sector de los transportes. Si, ya sé que protestarán, pero me arriesgaré a lo que digan los jueces. Y con respecto a los sindicatos pediré al Congreso que me permita dirigirme a los camioneros para explicarles unas cuantas cosas. Tienen media hora para llegar a un acuerdo.

Si no usas el poder ¿para qué lo quieres? Ceder ante la patronal, ante los sindicatos, ante las asociaciones, ante los ayuntamientos, ante las autonomías, ante la prensa es una forma de debilitar el Estado, que, no olviden, es la última razón de los neoliberales.

Y a los liberales el Estado les sobra, como les sobró la regulación de los productos financieros, como nos juraron que el mercado nos haría libres o ¿era liebres? ¡pies para qué os quiero! Al final queda un Estado borroso siguiendo esta lógica difusa, complejo a más no poder, de forma que, exceptuando al Fraga guineano, lo más que nos cabe en la cabeza es una pedanía bilingüe, de ahí el triunfo de los nacionalismos y de las políticas globalizadoras; hagamos que el Estado se pierda en internacionalismos, en asuntos planetarios y dejemos que los gobiernos locales se hagan cargo con políticas electoralistas pequeñoburguesas.

Nada que ver con esta jibarización del Estado, tiene el asunto del error del Gregorio Marañón con las sondas, salvo la falta de criterio que existe en este país para tratar cualquier cosa. No hay más que ver las bobadas arropadas de trascendencia notarial que dijo el presidente de los enfermeros y las acusaciones que lanzó contra el gerente del Hospital o las manifestaciones de sus compañeros. Pero sandeces dijeron también los sindicatos, las cartas del director firmadas por superexpertos –hoy mismo dicen que lo que ha pasado es por ser mujer y enfermera-, los comentarios de tertulianos, como si el elemento error hubiera desaparecido de cualquier análisis, como si la equivocación anulara la pericia.

Creen que con los colores de los conectores, con la separación de entradas el error no será posible nunca más, e ignoran los dramas asintóticos que seguirán ocurriendo. Creen que es un problema de especialización, de control de la supervisora, de movilidad ¿hay algo que evite que el mejor profesional duerma mal esa noche, tome alguna medicación que debilite el seso, que haya recibido una citación judicial de su cónyuge, o que, simplemente, crea que tiene la buena vía, que jure que la tiene en su mano, que es la correcta, la del buen color, la que sale por el agujero adecuado y todas esas percepciones sean incorrectas, una decisión simple entre el centenar diario que toma, los millares mensuales? ¿cuántas al año de los muchos de profesión, sin equivocar el color, ni la entrada, ni la dosis, hasta que un día, zas, y cuesta una vida? Y ese profesional sigue siendo el mismo, ahora hundido, pero solamente los enfermeros cometen esos errores, solamente el piloto Hamilton tocó el mal botón que le costó un Mundial ¿le faltaba especialización? ¿fue culpa de su supervisor? ¿Qué le pasó hace dos días a la madre que creyó haber dejado a su hija en la guardería como cada mañana, mientras la niña quedaba al sol en el asiento trasero del vehiculo, muriendo atrozmente? ¿qué formación hubiera necesitado el padre que metió inadvertidamente a su recién nacido con la canastilla en el maletero olvidándole con igual dramático resultado?

¿Puede haber alguien, no necesariamente un comandante, que mande a parar? ¿Qué mierda de país tenemos que hay que aguantar una manifestación de apoyo a la enfermera y en contra del gerente por comunicarlo? Nadie pide que se la empale, todos podemos entender el error, pero lo cometió ella y poco tuvieron que ver las condiciones circunstanciales salvo la maldita mala suerte. Solo queda la punición elemental -esto no puede ser jauja- y esperar que rehaga su vida y su profesión en otro sitio. No es una vándala, no es una desaprensiva, simplemente se equivocó en una profesión que los errores, en ocasiones, matan personas. Pero no hagamos de ella un símbolo como de la secretaria del juzgado que, haciéndolo rematadamente mal, pedía prácticamente una indemnización o un galardón por su conducta incorrecta, porque si el error es una consecuencia indeseada de la actuación, el acertar no puede recibir similar consideración por muy igualitario que se sea. ¡Hasta ahí podíamos llegar!

Ya que nos hemos convertido en unos ciudadanos sin Estado, cuando se nos dice que lo normal es que te regalen bienes de miles de euros mientras alaban la democracia, cuando amenazan con tribunales con gesto simple, cuando el problema está en que algo real se sepa indebidamente en lugar de condenar esas conductas peridelictivas, cuando nuestros conciudadanos piden simultáneamente clemencia para los errores con resultado de muerte y agravantes para los menores violadores, cuando los poderosos siempre terminan con sus delitos prescritos, ¿podemos mantener cierta dignidad y criterio y ser capaces de merecer algún respeto intelectual? ¿Podemos decir basta? Por el qué dirán más que nada.

sábado, 18 de julio de 2009

Contribuciones seminales

Si suelen ir a la peluquería, estarán al tanto que uno de los misterios de Fátima, la paternidad del niño Borja Thyssen, se descubrió hace algún tiempo, más que nada se confirmó porque ya se sabía. He de decir que a pesar de los plis que me hago ignoro quién es el tal Manolo Segura. Genes muy buenos no soltó en la coyunda visto el aspecto del niño Borja, pero eso es harina de otro costal (lo de Ricardal vendrá después)

El caso es que la madre Tita, o la tía Mamá, lo confirmó y nosotros, a pesar del currículo promiscuo de Chita Cervera, lo damos por bueno. Lo normal. Pero cuando el niño Borja llega a la edad reproductiva y se lo monta con una tal Blanca Cuesta, mollar donde las haya, y el bichito prende, la madre se pone en plan CSI y no para de pedir pruebas de ADN. Como ustedes son pobres de solemnidad, ignoran que cuando hay alguna cosilla que dejar, es importante saber que existen lazos de sangre y la señora Cervera quería confirmarlo. Digamos que hasta ahí, medio normal. Pero mamá Cervera se quiere hacer con un poquito más de descendencia para que a Blanca la cuesta sea de enero, y se encarga unas gemelitas en los States. Las niñas nacieron mediante una gestación subrogada, algo así como un embarazo subprime que permiten los americanos para expandirse por el mundo. Pero el asunto surge cuando parece ser que el esperma utilizado con las hermanastras estuvo donado por el mismo niño Borja. Cada vez menos normal.

Como mi pelo es de buena calidad y voy frecuentemente, no me pude quedar en la pelu a averiguar si los óvulos eran también de Tita, lo que significaría que esta familia, a pesar de ignorar quién es Sófocles, plagian la tragedia griega a lo bestia y en carne viva.

Pero viendo la cara del niño Borja ¿quién en su sano juicio le pide que sea donante? Suena a versión española de El Cazador y la ruleta rusa. Semen de niño Borja, de Paquirrín, un poco de Moragas y a girar el tambor de la probeta cargada por el diablo. Espeluznante.

En este punto mi peluquero, muy amablemente, me invita a irme y a soltar las revistas de una vez; solo me queda suponer los cruces de intereses, legítimas y proindivisos que hacen que una madre pida prestado semen del hijo.

Claro que pensándolo bien a lo mejor es que Tita Cervera tiene una regla sobrevenida y eso lo explica todo. Un psiquiatra convocado por el PP para un asunto de drogas ha explicado que “… cuando la mujer tiene el periodo, se produce una desregulación anómala en la que la mujer se pone serotoninérgica y en esos momentos se producen trastornos gravísimos de la terquedad y de la inoportunidad.” Menudo follón se ha organizado por explicar esto vinculado a que “la violencia del macho es terrible porque es violencia de agresividad y es física, pero la violencia de la mujer es relacional, es de relación con el otro.” Este PP suele tener unos asesores científicos de opereta. Recordarán al experto que curaba la homosexualidad o al primo climático de Rajoy. ¿Para cuando el profesor Bacterio?

Pero para no seguir con el PP, permítanme que les cuente un detallito del PNV. Víctor Bravo fue 13 años director de Hacienda de la Diputación de Guipuzcoa y luego senador del PNV y concedió a una empresa catalana un estatus fiscal que no correspondía, perjudicando a la Hacienda estatal. Curiosamente se había hecho accionista unos meses antes junto con otro alto cargo de la Diputación guipuchi. Glass Costa Este Salou, SL, la empresa con evidente nombre vasco, se radicó fiscalmente en la vivienda de Bravo y su mujer, que a la sazón era presidenta del Tribunal Económico Administrativo, el órgano que aclara los líos entre ciudadanos y la Hacienda foral. Imagínensela con regla. Bueno, pues el tal Bravo tiene un hermano responsable de la delegación de Hacienda en Irún, que durante años dejó de ingresar las deudas fiscales de los contribuyentes por un monto de 8 millones de euros. ¡Bravo por la familia!

Por lo visto todo el mundo sabía de los conductos para resolver los problemas tributarios, pero callaban o miraban a otro sitio. Todo ello tiene detrás, dejando a un lado el inmenso morro de los hermanos Bravo, la llamada doctrina del patriotismo fiscal, que los eternos mandatos del PNV han asentado desde los ’80, dando lugar a figuras tributarias especiales que permitían paraísos fiscales en el interior, bajo la excusa de que el terrorismo desincentivaba la inversión extranjera.

Puede parecer que uno empieza a fer país por extraños vericuetos, a costa de los demás españoles, digámoslo claro, y termina construyendo su propio nido o el de sus amigos. Esa parece que es la trampa coartada que sostiene Bárcenas, que en un momento permitió trampas para financiar al partido, para hacer la vista gorda en la boda de Anita Aznar y los gastos suntuarios que conllevó, y con la excusa falsa de hacer un país mejor, se compró un chalé en Baqueira, otro en Marbella y decidió vivir en el barrio de Salamanca de Madrid y escalar por medio mundo. Ahora amenaza con nueve cajas de documentos y Rajoy calla. Calla por Bárcenas y calla por Camps y Costa, mientras Pedro José Ramírez se permite dar por cierto el favor de Chaves a su hija y lo compara al encausado Camps. Uno en el banquillo y el otro con querella retirada del PP son la misma cosa para el director de El Mundo. Y no se detiene aquí, para disfraces Ramírez son asuntos que deben quedar limitados a la esfera personal. Y no es sólo cuestión de mencionar el tutú en casa del ahorcado, es que no puede ser igual que a la becaria la pillen bebiendo en el porrón de Clinton, que a un presidente autonómico le listen trajes y zapatos que no paga. A todos, incluso a Hillary le debió resultar irrelevante si las felaciones fueron tres o trescientas, si hubo coito o lucha grecorromana, porque la clave era el adulterio y, por esas cosas de los americanos, la mentira posterior sobre una conducta no delictiva, todo quedó ahí, en me comí al águila imperial para mi solaz pudo decir la Lewinsky y otra becaria al coleto pudo decir Clinton; fin de la transacción.

Pero lo de Camps no es igual, que la lista se haya cerrado en no sé cuantos trajes y zapatos no significa que no hubiera habido más de otras tiendas, de otros amigos, de otros sinvergüenzas; ya lo dice Rajoy nadie se pringa por cuatro o cinco mil euros, así que, o lo normal es que los amigos te regalen trajes y zapatos como amantes agradecidos -¡amigo, gracias, que buen trabajo me has hecho!- o es que esos trajes eran la especie con la que se pagaban determinados favores, y para ello basta con revisar la facturación de la empresa de El Bigotes, su evolución y sus clientes, basta con ver los presupuestos aprobados sin superar la línea de decencia de los 12.000 euros, esa línea con más obligaciones formales pero igualmente franqueable, como cualquier comensal de mesa de adjudicación sabe.

Así que no puede tolerarse que salga Cospedal, tan terca y tan inoportuna como si la metrorragia manchega fuera eterna, sonriendo con que la pena de Camps como mucho sería de un par de miles de euros -que ya me parece bastante cuando cazar con la licencia caducada les parecía de paredón- es que debería espolearse a la policía judicial, a los fiscales, a implicar a interventores que toleraron el despiece presupuestario, a investigar a secretarias, a jefes de departamento, a todo quisque funcionarial a que expliquen los procedimientos de adjudicación, la urgencia del no concurso, la bondad sublime de las ofertas más caras, porque esto de Camps no es un simple asunto de un curita que se queda con los recortes de las hostias en la sacristía, es una práctica habitual entre los altos cargos que van por la vida, durante los años de mandato, por la patilla. No es que aparquen en la puerta, que tengan palco, que el gratis total sea la norma, es que encima crean que lo merecen y después de años de esa extraña asunción, creen que se lo debemos. En algún momento hay que decirles que no estamos en deuda con ellos.

Es el auténtico suplicatorio de los ciudadanos a los jueces. Por favor, ¡háganselo saber!