Un tal Santiago García-Tornel, pediatra, está buscando famosos españoles que se hicieran pis en la cama. Quiere recoger sus testimonios para desmontar los prejuicios. ¿Por ser enurético o por ser famoso?
Dice que la enuresis primaria muy pocas veces tiene que ver con trastornos psicológicos. Este pediatra se queja de que los padres llevan a sus hijos directamente al psicólogo, dice que es el pediatra el que debe explorar y determinar las causas y afirma que el típico niño enurético suele estar sano sin problemas físicos ni psicológicos, pero si no se lleva bien y no se tratan las causas reales, aparecen inseguridades, haciendo que el problema persista o se agrave.
Como verán es una cantinela de un gremio contra otro, yo lo hago mejor que este, porque éste no sabe por dónde se anda. Hasta aquí lo normal en esta sociedad con licencia para curar y en la que las farmacias venden maquillaje, gafas y regaliz mientras te toman la tensión o te pesan con el abrigo puesto.
Nuestro pediatra empieza su tratamiento así: Como si fueras un deportista, yo seré tu entrenador. Te diré lo que tienes que hacer para ganar, pero tú eres quién debe entrenarse y seguir mis recomendaciones. La periodista añade que en el tratamiento se trabajan los hábitos y la motivación del niño, incluso se le invita a llevar un calendario en el que apunta sus noches secas y mojadas. El pediatra concluye: todo ello en un clima de cooperación para mantener e incluso aumentar su autoestima.
Resume los consejos prácticos de esta forma:
* Evitar los castigos y los enfados al ver que el niño ha mojado la cama
* Potenciar las felicitaciones y las recompensas cuando se despierta seco
* Procurar que no tome líquidos antes de irse a la cama
* Durante el día pedir que el niño haga pis cada tres o cuatro horas
* Hacer que lleve un calendario con las noches secas y mojadas
* No etiquetarle de meón
* No avergonzarlo ante amigos u otros adultos
* No crearle inseguridad y potenciar su autoestima
* Que haga su propia cama tras mojarla.
Como ven son recomendaciones estrictamente médicas, premio, castigo, recompensa, felicitación, calendario conductual, coste de respuesta, control de estímulos, mejora de la autoestima, etiquetado. Los psicólogos deben estar encantados enyesando piernas o haciendo tactos rectales.
Me he tomado la molestia de revisar las asignaturas de ambas carreras: las de medicina y las de psicología. En Medicina quizá toquen tangencialmente el asunto en una de 3º, Bases Psicológicas de los Estados de Salud y Enfermedad, y si nuestro médico está tan enterado quizá en Pediatría se explique junto con la escarlatina y el ojo vago.
Por el contrario en Psicología sí hay algunas asignaturas que explican algo mejor el asunto. En primero está la Psicología del Aprendizaje que se repite en segundo, Psicología de la Atención, Psicología de la Motivación, Evaluación Psicológica, Psicopatología, Técnicas de Modificación de Conducta, Evaluación Clínica Infantil, Terapia de Conducta ¿sigo?
Claro que a los niños no les pasa nada por hacerse pis por la noche la mayor parte de las ocasiones. Las estadísticas las maneja todo el mundo. Las hipótesis celotípicas quedaron atrasadas hace décadas y no son los psicólogos sus defensores. Son trastornos del aprendizaje, del control, de la percepción de estímulos, se resuelven organizando el aprendizaje con los métodos para ello. Nada más. No hay complejos ocultos, ni hipótesis de madres castrantes o padres rivales. Cuando un médico se atribuye un conocimiento que no se tiene es intrusismo; moral al menos, y además es un comportamiento bastante estúpido. Los médicos saben de muchas cosas, sin duda demasiadas, pero no saben de motivación más que un abogado, o de recompensas más que un arquitecto –que en estas épocas sabe más de castigos-. Son los psicólogos los que además de ese conocimiento inespecífico, que tenemos todos, tienen un saber teórico y pautado, por poco que les luzca. Cuando los médicos utilizan hormona diurética, anticolinérgicos o antidepresivos para resolver la enuresis, están utilizando medios vetados a los demás profesionales que no han cursado farmacodinámica, por más que a la mayoría de los galenos se lo haya contado el visitador de laboratorio de turno. Cuando afirman ser un entrenador personal, cuando les piden rellenar un calendario, cuando esbozan la teoría del etiquetado sin saber de qué están hablando o recogen los principios básicos del aprendizaje sin haber leído a Thorndike o a Skinner se meten en un terreno, si no vedado, al menos impropio. Pero pretender echar a otros de ahí es sin lugar a dudas arrogante.
Este médico se quedó en la época de cuando los niños se seguían meando pero sabían por qué según rezaba el chiste y reivindica procedimientos de amplia utilización en las aulas, en la clínica infantil y adulta, no son procedimientos sólo para wet backs que ignoran donde está Río Grande, son los paracetamoles y las amoxicilinas de los médicos, cada día, con cada paciente.
No es cuestión de aburrirles, pero para vender un libros sobre meones famosos no es necesario usurpar los pocos asuntos en los que los psicólogos se defienden moderadamente bien. Venir a estas alturas a señalarnos Mediterráneos… Quizá nuestro médico crea que la enuresis solo la pueden tratar los pediatras y hay que recordarle que las tonterías solo las pueden decir los tontos.
lunes, 23 de marzo de 2009
sábado, 21 de marzo de 2009
El AVE de rapiña
Martínez Camino, portavoz de la Conferencia Episcopal Española, dijo hace tiempo que legalizar los matrimonios gays era lo peor que le había pasado a su Iglesia en dos mil años. No sé
cómo anda de historia el sujeto, pero olvidar tanto mal acaecido en estos dos milenios me llena de perplejidad. Para no irnos muy lejos, quedémonos en el siglo XX y hablemos de la Gran Guerra, o de la Segunda Guerra Mundial, del Holocausto, suponiendo que no sea negacionista, o mencionar nuestra Guerra Civil, que sus jefes y antecesores en el cargo definieron como cruzada.
Dejémoslo estar, él no había nacido, pero bastaría con que recordara lo sucedido en los últimos treinta años cuando ya era un licenciado en Filosofía. El accidente de Los Rodeos en Tenerife, o Los Alfaques en Tarragona, la tragedia de Chernobyl o la del Exxon Valdez, o el tsunami de hace bien
poco o las torres gemelas en Estados Unidos o el 11M en Madrid. Por no hablar de las guerras permanentes en todo el mundo. Nada de eso es importante comparado con que dos tíos se casen. Ni siquiera la epidemia del sida que ha causado millones de muertos ha sido lo suficientemente mala en la particular clasificación de Martínez Camino. De hecho su jefe máximo contribuye a la mortal causa con sus declaraciones recientes. Pero si dos hombres o dos mujeres, aseguran públicamente delante de un juez, o un munícipe, que se quieren, que van a vivir en la misma casa y que desean hacer la declaración de Hacienda de forma más apañada, eso es espantoso, aberrante, inconcebible.
Luego van por ahí diciendo que Jesús es amor. Humor querrán decir.
Ahora Martínez C
amino, vuelve con el asunto del aborto, que debe ser de segundo orden a tenor de las declaraciones anteriores. Ahora compara la defensa de los embriones con la de los linces. Hace nada aparecían Bermejo y Garzón matando bichos fotogénicos a su pesar. Y por ahí anda un Jaguar dando guerra a Ana Mato, diputada del PP, a la sazón poseedora consorte de la bestial máquina. ¿Están también los animalitos en crisis? Que hagan como Patricia Lázaro, concejal por sí misma y concejala como esposa de Juan Bravo, ambos en el Ayuntamiento de Madrid, y obtengan por la patilla un gratis total para un spa de NH y se desestresen de tanto salir en los papeles.
Al que parece que ya no le gusta tanto lo de los medios es a Camps que sigue sin soltar prenda. Por cierto ¿un traje es una prenda? Y eso que se lo pidió encarecidamente Rubalcaba, pero nada, ni caso. O sí, ahora parece que prefiere otro caso, el de El-ché, no sé si el argentino o la guerrilla, que este Del Toro –otro animal- no para, aunque a lo mejor se refiere al sociata Soler que contabiliza mal las facturas y pone lo del partido en el ayuntamiento, pero no al revés. Le preguntaré a mi profesor de inglés penal si es lo mismo My taylor is rich que My accountant is bad, al menos el contable no dirá que su cliente es paticorto y le tienen que arreglar las mangas, como el sastre torero ¿o era bombero? imputa al ex ministro del Yak, Trillo.
¿Y qué quieren? Todos desean salir guapos, como las demonizadas ministras del Vogue y la pastorcilla Tocino. Felipe se plateaba las sienes para ofrecer experiencia en los carteles de hace 25 años, Aznar chupaba la gafa de intelectual y solo dejaba baba y Super Soraya mostraba sus pies desnudos y pecadores en el suelo de la habitación de un hotel. Házmelo en el suelo decía la copla…
No se alteren ustedes. Esta semana ha sido cojitranca en muchos lugares. Las fallas, el
día del padre, el puente… así que lo mejor, aprovechando que ya no les pueden movilizar para Kosovo, es que se compren el Elle, versión celtibérica, para ver a la portavoz del PP arreglada para explicarnos a los pobres memos la diferencia que hay entre pagar en metálico y pagar con tarjeta. Ya estoy loco por ir a un kiosko de guardia y comprarme la revista, porque la diferencia entre cash y plástico la conozco. Pero a mí, lo que me interesa de verdad, es la diferencia entre pagar y no pagar.
Y es que algo huele a podrido en la autovía Madrid Valencia. Sin duda.
cómo anda de historia el sujeto, pero olvidar tanto mal acaecido en estos dos milenios me llena de perplejidad. Para no irnos muy lejos, quedémonos en el siglo XX y hablemos de la Gran Guerra, o de la Segunda Guerra Mundial, del Holocausto, suponiendo que no sea negacionista, o mencionar nuestra Guerra Civil, que sus jefes y antecesores en el cargo definieron como cruzada.Dejémoslo estar, él no había nacido, pero bastaría con que recordara lo sucedido en los últimos treinta años cuando ya era un licenciado en Filosofía. El accidente de Los Rodeos en Tenerife, o Los Alfaques en Tarragona, la tragedia de Chernobyl o la del Exxon Valdez, o el tsunami de hace bien
poco o las torres gemelas en Estados Unidos o el 11M en Madrid. Por no hablar de las guerras permanentes en todo el mundo. Nada de eso es importante comparado con que dos tíos se casen. Ni siquiera la epidemia del sida que ha causado millones de muertos ha sido lo suficientemente mala en la particular clasificación de Martínez Camino. De hecho su jefe máximo contribuye a la mortal causa con sus declaraciones recientes. Pero si dos hombres o dos mujeres, aseguran públicamente delante de un juez, o un munícipe, que se quieren, que van a vivir en la misma casa y que desean hacer la declaración de Hacienda de forma más apañada, eso es espantoso, aberrante, inconcebible.Luego van por ahí diciendo que Jesús es amor. Humor querrán decir.
Ahora Martínez C
amino, vuelve con el asunto del aborto, que debe ser de segundo orden a tenor de las declaraciones anteriores. Ahora compara la defensa de los embriones con la de los linces. Hace nada aparecían Bermejo y Garzón matando bichos fotogénicos a su pesar. Y por ahí anda un Jaguar dando guerra a Ana Mato, diputada del PP, a la sazón poseedora consorte de la bestial máquina. ¿Están también los animalitos en crisis? Que hagan como Patricia Lázaro, concejal por sí misma y concejala como esposa de Juan Bravo, ambos en el Ayuntamiento de Madrid, y obtengan por la patilla un gratis total para un spa de NH y se desestresen de tanto salir en los papeles.Al que parece que ya no le gusta tanto lo de los medios es a Camps que sigue sin soltar prenda. Por cierto ¿un traje es una prenda? Y eso que se lo pidió encarecidamente Rubalcaba, pero nada, ni caso. O sí, ahora parece que prefiere otro caso, el de El-ché, no sé si el argentino o la guerrilla, que este Del Toro –otro animal- no para, aunque a lo mejor se refiere al sociata Soler que contabiliza mal las facturas y pone lo del partido en el ayuntamiento, pero no al revés. Le preguntaré a mi profesor de inglés penal si es lo mismo My taylor is rich que My accountant is bad, al menos el contable no dirá que su cliente es paticorto y le tienen que arreglar las mangas, como el sastre torero ¿o era bombero? imputa al ex ministro del Yak, Trillo.
¿Y qué quieren? Todos desean salir guapos, como las demonizadas ministras del Vogue y la pastorcilla Tocino. Felipe se plateaba las sienes para ofrecer experiencia en los carteles de hace 25 años, Aznar chupaba la gafa de intelectual y solo dejaba baba y Super Soraya mostraba sus pies desnudos y pecadores en el suelo de la habitación de un hotel. Házmelo en el suelo decía la copla…
No se alteren ustedes. Esta semana ha sido cojitranca en muchos lugares. Las fallas, el
día del padre, el puente… así que lo mejor, aprovechando que ya no les pueden movilizar para Kosovo, es que se compren el Elle, versión celtibérica, para ver a la portavoz del PP arreglada para explicarnos a los pobres memos la diferencia que hay entre pagar en metálico y pagar con tarjeta. Ya estoy loco por ir a un kiosko de guardia y comprarme la revista, porque la diferencia entre cash y plástico la conozco. Pero a mí, lo que me interesa de verdad, es la diferencia entre pagar y no pagar.Y es que algo huele a podrido en la autovía Madrid Valencia. Sin duda.
lunes, 16 de marzo de 2009
Cuando la castidad fracasa
Manuel Clavero Arévalo escribe una tribuna en el Diario de Sevilla que titula Sobre el aborto. Clavero fue ministro de UCD allá en la prehistoria y declarado católico. Clavero ofrece una perspectiva legal que a mí poco me importa en tanto que es interpretable. E igual que dije que el aborto del que hablamos no es un problema médico, tampoco lo debiera ser legal. Si considerar que a partir de la semana X el conjunto de células cobra respeto, es tan estúpido como aceptar que cuatro células sean receptoras de una donación. Dice también Clavero que se pueden incrementar los abortos. Tampoco lo creo. No me parece que sea un asunto de compra por impulso. Lo que Clavero no explica, es qué hacemos con los abortos ilegales, con la trampa de las razones psicológicas y con las normas de nuestro entorno cercano. Mi planteamiento no es en contra del aborto, es más bien contra las razones que tratan de justificarlo. Un aborto tardío trae muchos riesgos para la embarazada, pero ese tipo está tan vivo como dos semanas antes, y contiene todas las potencialidades que se expresarán más tarde. Pero creo que cuando una niña de nueve años se queda embarazada debería tener la libertad de abortar y de ser ayudada a ello sin cortapisa ni objeción de conciencia alguna. Y cuando tiene trece también. Y cuando tiene treinta, porque no es la edad la que marca la diferencia entre la interrupción, es la imposibilidad de aceptar ese hijo, por ser joven o por ser cura. La importancia de esa razón solo la pueden poner los padres que esta vez no quieren serlo. Que esa decisión supone la muerte de un ser vivo. Sin duda. Que la vida en un sentido amplio de esa madre tiene una consideración superior, también. Así que ella decide. Como hombre me gustaría que contaran con nosotros, pero sé que es complicado y normalmente el macho se desentiende, simplemente subrayar que si se le pide, y obliga, a responsabilizarse del chaval en el futuro, que se tenga en cuenta su existencia a la hora de tomar la decisión de la interrupción. Sin duda es ésta una discusión teórica, porque obligar a una mujer a tener un bebé, que no quiere, en su seno durante bastantes meses para entregárselo al padre, es, como poco, desconcertante, pero considerar que el padre es un individuo, que si la madre quiere se le obliga a hacerse cargo de los gastos durante dos décadas al cincuenta por ciento, y si la madre no quiere, se queda sin hijo, deja al progenitor varón en una situación de evidente indefensión.
La verdadera cuestión es la sacralización de la vida. Y nada nos importa si esa vida es de una bacteria o de un virus. Pequeñajos y feos. Y además dañinos. O si es de un cerdo o una vaca. No son tan pequeños, pero algo hay que comer y además no tienen mucha inteligencia. Y cuando se es pederasta, violador o terrorista, esa vida vale bastante menos hasta el punto de que se piden excepciones. ¡Pero es que esa gente mata o ataca a nuestros principios más fundamentales! En ese caso la vida no depende de la madurez del sistema nervioso, del latido cardíaco o de la capacidad de seguir respirando, en ese caso la consideración es que esa vida le sobra a la sociedad o, al menos, a algunos miembros de ella. Hubo un tiempo que sobraban los infieles, los que creían que la tierra era redonda o los esquizofrénicos. Esos sujetos ponían en cuestión lo correcto y debían ser eliminados. Paradójicamente, los herederos de los que dictaban lo cabal y adecuado y que valoraban a la baja la existencia de unos cuantos, toman la vida como la última razón. Esos mismos eran los que echaban del pueblo a la zagala preñada, los que mantuvieron los derechos diferentes para el hijo nacido en el seno del matrimonio del que se concibió con otro partenaire. Se los llamaba hijos naturales, ilegítimos, bastardos. ¿Se puede ser más cabrón? Se estigmatizó a esas mujeres con ese apelativo de madre soltera, como si los pases mágicos de un cura en el sacramento, la blindaran contra el mal. Ahora reivindican la educación sexual cuando hasta hace nada grapaban las páginas de los libros de texto de biología en donde se explicaba el misterio de la vida –así lo llamaban-, esos que se alegran de tener a un Papa que persigue los anticonceptivos hormonales y abomina de los preservativos. Son esos mismos los que excomulgan a hijas y madres que abortaron y dejan incólume al padre violador.
Odio ser pragmático, pero los abortos se seguirán haciendo porque esos embriones seguirán complicando la vida a la gente; por tanto, pongamos los medios de todo tipo para que suceda de la forma más ordenada. Quizá esa comisión de expertos, en lugar de mantener un debate decimonónico sobre cuándo la albóndiga de carne recibe el impulso vital en forma de alma, debería haber sido más clara: Miren, señores, tenemos entre cero y nueve meses para interrumpir el proceso. A partir de siete meses nos va a dar repelús a todos porque lo que llamamos ser vivo, tiene una pinta de tío o de tía enorme. Pero si lo hacemos en el sexto o en el quinto mes los restos fetales pueden dañar las estructuras internas de la madre. Las primeras semanas son inhábiles porque ni siquiera la madre sabe que en el asiento de atrás del coche se subió un tercer pasajero. Entre que se lo imagina, se hace la prueba, se eliminan los falsos negativos y se consulta con el médico pasan otras tantas. Así que en la práctica tenemos desde la décima semana a la vigésima para hacerlo. Eso nos deberían haber dicho, tienen ustedes diez semanas. Tiempo suficiente para tomar una decisión. ¡Déjense de hostias! Que tenga uñas o que el páncreas haga no sé qué, es irrelevante. Las preguntas son ¿qué dirán mis padres? ¿cómo se lo tomará Pepe? ¿cómo me ha podido pasar esto? Pero la respuesta es dicotómica. Sólo admite dos posibilidades. Me lo quedo o aborto. No hay un me lo quedo un ratito sólo o aborto pronto, que da menos mal rollo. Por eso el debate de semanas es estúpido y puramente academicista.
En el debate anterior de hace ya veintitantos años, se hicieron las cosas a medias. No se legalizó el aborto, se despenalizaron determinados supuestos. Así había razones correctas, adecuadas para interrumpir el embarazo y otras espurias. Mierda para ellos. Al final las espurias se juntaban en el coladero del riesgo psicológico y los acendrados profesionales de la salud aceptaban pulpo como animal de compañía firmando en barbecho.
Con la nueva ley no se será más compasivo con los embriones, pero nos habremos quitado la moralina de unos beatos que impregnaron el código penal y las sentencias del Constitucional con sus preceptos. Yo solo reclamaba que se diga que los plazos son los de decisión de la madre, no los de desarrollo del feto, porque lo que importa es la madre y su circunstancia, y un carajo importa como tenga el hígado o los párpados el bebé.
Interrupción del embarazo implica la muerte del embrión. Completa. Absoluta. No es obligatorio. Ni graduable moralmente según se anticipe o no. Es lo que es. Y hay que ofrecer seguridad jurídica para su resolución. Para la madre y para el equipo médico.
Así para unos cien mil abortos al año. Durante años hemos aceptado la inmoralidad, no del asesinato de seres indefensos, sino de una sociedad hipócrita que se ocultó tras una norma injusta con las mujeres, con los sanitarios y contra la sociedad. Con tal número de abortos al año lo más probable es que esa muestra se comporte como población, es decir, que lo que podemos decir de los españolas de cierta edad, lo podamos decir de esas mujeres; por ello más del 70% de las mujeres que abortarán se declararán católicas. Y según en qué lugares votarán mayoritariamente por el PP o muy cerca de la mayoría. Es un buen momento, pues, para hacer examen de conciencia y valorar lo que supone la Iglesia con su política tan agresiva contra los métodos anticonceptivos, y las posiciones del Partido Popular al respecto. Claro que las campañas de educación sexual son y serán necesarias, pero muchos de esos abortos se practican en mujeres hechas y derechas. No todo es cuestión de desinformación. Y el PSOE debe dejar de considerar la interrupción del embarazo como bandera progresista y arreglarlo; de hecho, si lo hubiera hecho bien en el pasado, hoy este debate no existiría, al igual que no existe el del divorcio y causó muchos sietes en las vestiduras. Pero pasa como con el laicismo. Si se hubiera separado la Iglesia del Estado de forma absoluta, si se hubieran denunciado los acuerdos con la Santa Sede, si se hubiera exigido el IVA, si se hubiera dejado de recaudar para una organización ajena al Estado no estaríamos reclamándolo ahora. Pero es la forma mierdosa que tiene este equipo socialista de perpetuarse: anuncio el problema, lo resuelvo mal y pido seguir cuatro años más para poder resolverlo.
Para mí el resumen de esta historia del aborto debiera ser que se interrumpe una vida -completa, total- sin lugar a dudas, que las semanas mojón son un problema de oportunidad, no de impunidad moral, que es un derecho claro de la mujer, no del feto, que tiene que ser gratuito y que no se puede encausar a la madre por ello. Es una muerte, no es una visita a un parque temático y va en la conciencia de cada cual.
Es jodido, no se les ocurra aminorarlo con mieles o fragancias.
La verdadera cuestión es la sacralización de la vida. Y nada nos importa si esa vida es de una bacteria o de un virus. Pequeñajos y feos. Y además dañinos. O si es de un cerdo o una vaca. No son tan pequeños, pero algo hay que comer y además no tienen mucha inteligencia. Y cuando se es pederasta, violador o terrorista, esa vida vale bastante menos hasta el punto de que se piden excepciones. ¡Pero es que esa gente mata o ataca a nuestros principios más fundamentales! En ese caso la vida no depende de la madurez del sistema nervioso, del latido cardíaco o de la capacidad de seguir respirando, en ese caso la consideración es que esa vida le sobra a la sociedad o, al menos, a algunos miembros de ella. Hubo un tiempo que sobraban los infieles, los que creían que la tierra era redonda o los esquizofrénicos. Esos sujetos ponían en cuestión lo correcto y debían ser eliminados. Paradójicamente, los herederos de los que dictaban lo cabal y adecuado y que valoraban a la baja la existencia de unos cuantos, toman la vida como la última razón. Esos mismos eran los que echaban del pueblo a la zagala preñada, los que mantuvieron los derechos diferentes para el hijo nacido en el seno del matrimonio del que se concibió con otro partenaire. Se los llamaba hijos naturales, ilegítimos, bastardos. ¿Se puede ser más cabrón? Se estigmatizó a esas mujeres con ese apelativo de madre soltera, como si los pases mágicos de un cura en el sacramento, la blindaran contra el mal. Ahora reivindican la educación sexual cuando hasta hace nada grapaban las páginas de los libros de texto de biología en donde se explicaba el misterio de la vida –así lo llamaban-, esos que se alegran de tener a un Papa que persigue los anticonceptivos hormonales y abomina de los preservativos. Son esos mismos los que excomulgan a hijas y madres que abortaron y dejan incólume al padre violador.
Odio ser pragmático, pero los abortos se seguirán haciendo porque esos embriones seguirán complicando la vida a la gente; por tanto, pongamos los medios de todo tipo para que suceda de la forma más ordenada. Quizá esa comisión de expertos, en lugar de mantener un debate decimonónico sobre cuándo la albóndiga de carne recibe el impulso vital en forma de alma, debería haber sido más clara: Miren, señores, tenemos entre cero y nueve meses para interrumpir el proceso. A partir de siete meses nos va a dar repelús a todos porque lo que llamamos ser vivo, tiene una pinta de tío o de tía enorme. Pero si lo hacemos en el sexto o en el quinto mes los restos fetales pueden dañar las estructuras internas de la madre. Las primeras semanas son inhábiles porque ni siquiera la madre sabe que en el asiento de atrás del coche se subió un tercer pasajero. Entre que se lo imagina, se hace la prueba, se eliminan los falsos negativos y se consulta con el médico pasan otras tantas. Así que en la práctica tenemos desde la décima semana a la vigésima para hacerlo. Eso nos deberían haber dicho, tienen ustedes diez semanas. Tiempo suficiente para tomar una decisión. ¡Déjense de hostias! Que tenga uñas o que el páncreas haga no sé qué, es irrelevante. Las preguntas son ¿qué dirán mis padres? ¿cómo se lo tomará Pepe? ¿cómo me ha podido pasar esto? Pero la respuesta es dicotómica. Sólo admite dos posibilidades. Me lo quedo o aborto. No hay un me lo quedo un ratito sólo o aborto pronto, que da menos mal rollo. Por eso el debate de semanas es estúpido y puramente academicista.
En el debate anterior de hace ya veintitantos años, se hicieron las cosas a medias. No se legalizó el aborto, se despenalizaron determinados supuestos. Así había razones correctas, adecuadas para interrumpir el embarazo y otras espurias. Mierda para ellos. Al final las espurias se juntaban en el coladero del riesgo psicológico y los acendrados profesionales de la salud aceptaban pulpo como animal de compañía firmando en barbecho.
Con la nueva ley no se será más compasivo con los embriones, pero nos habremos quitado la moralina de unos beatos que impregnaron el código penal y las sentencias del Constitucional con sus preceptos. Yo solo reclamaba que se diga que los plazos son los de decisión de la madre, no los de desarrollo del feto, porque lo que importa es la madre y su circunstancia, y un carajo importa como tenga el hígado o los párpados el bebé.
Interrupción del embarazo implica la muerte del embrión. Completa. Absoluta. No es obligatorio. Ni graduable moralmente según se anticipe o no. Es lo que es. Y hay que ofrecer seguridad jurídica para su resolución. Para la madre y para el equipo médico.
Así para unos cien mil abortos al año. Durante años hemos aceptado la inmoralidad, no del asesinato de seres indefensos, sino de una sociedad hipócrita que se ocultó tras una norma injusta con las mujeres, con los sanitarios y contra la sociedad. Con tal número de abortos al año lo más probable es que esa muestra se comporte como población, es decir, que lo que podemos decir de los españolas de cierta edad, lo podamos decir de esas mujeres; por ello más del 70% de las mujeres que abortarán se declararán católicas. Y según en qué lugares votarán mayoritariamente por el PP o muy cerca de la mayoría. Es un buen momento, pues, para hacer examen de conciencia y valorar lo que supone la Iglesia con su política tan agresiva contra los métodos anticonceptivos, y las posiciones del Partido Popular al respecto. Claro que las campañas de educación sexual son y serán necesarias, pero muchos de esos abortos se practican en mujeres hechas y derechas. No todo es cuestión de desinformación. Y el PSOE debe dejar de considerar la interrupción del embarazo como bandera progresista y arreglarlo; de hecho, si lo hubiera hecho bien en el pasado, hoy este debate no existiría, al igual que no existe el del divorcio y causó muchos sietes en las vestiduras. Pero pasa como con el laicismo. Si se hubiera separado la Iglesia del Estado de forma absoluta, si se hubieran denunciado los acuerdos con la Santa Sede, si se hubiera exigido el IVA, si se hubiera dejado de recaudar para una organización ajena al Estado no estaríamos reclamándolo ahora. Pero es la forma mierdosa que tiene este equipo socialista de perpetuarse: anuncio el problema, lo resuelvo mal y pido seguir cuatro años más para poder resolverlo.
Para mí el resumen de esta historia del aborto debiera ser que se interrumpe una vida -completa, total- sin lugar a dudas, que las semanas mojón son un problema de oportunidad, no de impunidad moral, que es un derecho claro de la mujer, no del feto, que tiene que ser gratuito y que no se puede encausar a la madre por ello. Es una muerte, no es una visita a un parque temático y va en la conciencia de cada cual.
Es jodido, no se les ocurra aminorarlo con mieles o fragancias.
domingo, 15 de marzo de 2009
El triunfo de lo inespecífico
Acabo de terminar de ver La ganadora. Es una película de 2005, estrenada en 2007 en España y fue un fracaso comercial absoluto. Seguro que muchos la consideran como una de las típicas películas que Tele5 o Antena3 te sueltan por las tardes de sábado o domingo y que contribuyen a nuestras mejores siestas. En este caso la moda de la estética de los 50-60 se alía con la no menos en boga de películas de concursos para ofrecernos The prize winner of Defiance, Ohio.
Me imagino que de no ser por Julianne Moore sería cierto. Y lo sería más si nos ponemos las gafas de ver esas películas americanas basadas en un hecho real. Con esos hechos reales que solo les pasan a ellos.
Como saben estoy metido en la cabeza del pelma y muchas de sus cosas me hacen meterme los dedos en la boca sin pretensiones anorexígenas, pero domingo por la tarde, después de ser sobornado por un arroz enorme que ese mismo plasta ha cocinado y que me reconcilia diariamente con él, un calor africano y una paga ausente, no me deja muchas más escapatorias que verme lo que pone en la televisión.
Explicada la coartada, déjenme que les cuente brevemente de qué va.
La espléndida pelirroja –valga la redundancia- Julianne Moore (Evelyn Ryan) es una ama de casa que contribuye a la economía familiar con unos pocos dólares que gana en concursos de televisión, de supermercados o de radio. Woody Harrelson es su marido, borrachín, incapaz de aportar el salario completo, fracasa como padre y como marido y parece que su única habilidad es la procreativa: diez hijos.

Los años van pasando y ella descubre que tiene una rara pericia para ganar esos concursos de inventar letras para jingles o reclamos publicitarios, hasta el punto que pueden comprar una casa –no crean que es un poltergeist, piensen en aquellos años y en Estados Unidos- y llenarla de muebles y lograr sobrevivir con otros premios que les permiten a veces llenar el arcón frigorífico y otras dejar a deber la leche.
No les voy a contar la trama completa y romper esos finales-conclusiones con que los americanos construyen su moraleja vital y que se basa en el mientras más trabajo más suerte tengo y es en este punto donde quiero dejar la película para adentrarme en la esencia de la suerte como anestesia ante la desesperación y la pérdida de la fe en el trabajo como dinamizador social.
No, de verdad, el pelma no le ha puesto nada al arroz, ni yo lo he rematado con una absenta. Y no es por virtuoso, es que no queda absenta en esta casa postbodeleriana. Es que, tras ver la película, me asaltan algunas dudas al respecto.
Uno siempre creyó que el esfuerzo personal y cierta dotación intelectual, permitían labrarse un porvenir en la vida. Y hablo de un porvenir de necesidades básicas con este confort que el primer mundo anuncia, no crean que aspiro a yates, acciones de campo de golf o apartamentos de inversión. Hablo de que si uno estudia, alcanza ciertos niveles de excelencia académica, trabaja duro, es capaz de mantener la baba en su sitio y no comete tropelías penales, debería llegar el momento en el que ese conjunto de brío y luces, le permita disfrutar de tranquilidad personal, que las inquietudes juveniles tornen quietudes en la madurez.
De hecho no debo estar tan equivocado con esa vertebración espiritual de lo que hemos llamado ser un hombre/mujer de provecho, ignoro si se sigue diciendo, y es todavía la zanahoria que se pone delante de los infantiles ojos para que consuman asignaturas, calificaciones, títulos, entrevistas, ascensos y todos esos peldaños que hemos ido pisando con irregular garbo, pero firme confianza que en la insistencia estaba la recompensa, según el adagio cañí de que el mundo es de los pesados.
Pero hete aquí que cuando uno lleva tachados ya muchos peldaños, encuentra que esa escalera no conduce al bienestar soñado y ve, envidioso, que hay otras que llevan más lejos y más alto. Y no es el diplomado que divisa por delante el humo desvaneciéndose de la mejor moto del licenciado, no es el funcionario B que piensa por qué no prepararía las oposiciones del grupo A, ¡qué va! Entre esos las diferencias son minúsculas o inexistentes. Tampoco hablo de esos que han jugado con los límites legales, que han traficado con las normativas, ni, lógicamente, de aquellos que han infringido las leyes. Hablo de aquellos que siendo menos trabajadores, menos cultos, menos listos, menos imaginativos, menos todo, han logrado encaramase a posiciones de poder, de seguridad, que les permiten un horizonte mucho más en cuesta abajo que otros, que lo ven quebrado, difuso y cada vez más distante.
La suerte. Creer que sólo la suerte ha contribuido a esas diferencias no sería justo. Es cuando tiramos de hipótesis blandas como la inteligencia emocional, estilos cognitivos, habilidades sociales, carisma y todas esos constructos que han adelantado a las competencias clásicas, para que los logaritmos o los análisis sintácticos iniciales, la anatomía, el civil o el cálculo de estructuras dejen de ser relevantes y se enfatice aquello que no forma parte de nuestro currículo, como la capacidad de trabajar en equipo, las relaciones sociales, la simpatía o el don de gentes. Las ecuaciones de segundo grado o la segunda declinación hubo que aprobarlas, como también fue necesario demostrar suficiencia en estadística o en historia contemporánea. Pero nadie dijo que un nudo Windsor o unas gotas de perfume en las corvas fueran fundamentales. Siempre se sospechó que ayudarían, junto con un buen par de apellidos y unas cuantas recomendaciones, pero nada esencial.
Pero el caso es que los esforzados que miran desde la escalera equivocada, han logrado una enorme competencia también en eso. Saben que la pluma estilográfica no se cuelga en el bolsillo exterior de la chaqueta, saben que la manicura es importante, han dejado los palillos en casa y guardan un par de medias en el cajón por si acaso. Tienen amigos, incluso una buena red de contactos, y de sobra saben que la cooperación es indispensable, incluso han cambiado el orden de los apellidos para buscar alguna distinción. Pero como son listos, advierten que siguen en el camino equivocado y ven a sus coetáneos menos sagaces encumbrarse, ven como cuando caen, ellos se desangran y a los otros les basta con una tirita. Y les duele.
Y tiene que ser la suerte, porque cuando esos inadaptados con todas las vacunas sociales puestas se pasean, encuentran un mundo poblado de mediocres, en sus clientes, en sus proveedores, en sus colegas. Los ven entre los profesores de sus hijos, entre los médicos que les atienden, en sus jefes, en los periodistas que escriben los periódico que leen, en la persona –quizá en plural- con que les engaña su cónyuge, en el camarero que les sirve una copa, en sus dirigentes, en los fiscales que les acusan y los jueces que les condenan.
Y poco a poco empiezan a verse mediocres a sí mismos, empiezan realmente a serlo, y ya no son capaces de distinguirse de los demás y empiezan a creer de verdad en la suerte y ven que por la vía del tesón y del sudor, por el sendero de la capacidad y de la chispa no van a llegar a sitio alguno. Saben que su única posibilidad es una primitiva o un euromillón que para algo saben inglés. Y dejan de esforzarse y piensan en paraísos; ante la imposibilidad de quince días en la costa, sueñan con un trimestre en un crucero. Y dejarán de votar y de pensar, y trocarán el término merecimiento, lleno de causalidad, por el de fortuna, lleno de aleatoriedad. Y ya han empezado a morir. Y el futuro del mundo con ellos.
La película está basada en el libro escrito por una de las hijas. No tenemos modo de saber en que escalera estaba situada la señora Ryan, pero logró que su suerte pareciera una profesión exitosa, o bien que su dominio de lemas y pareados se amparara bajo el dosel de su buena estrella, que a efectos de distribución divina se compensa con un esposo alcohólico y una existencia miserable, que se percibe tras una frase hostil dirigida hacia el marido y que bien podría ser el motto de la próxima campaña de igualdad: no quiero que me hagas feliz, quiero que me dejes serlo.
Me imagino que de no ser por Julianne Moore sería cierto. Y lo sería más si nos ponemos las gafas de ver esas películas americanas basadas en un hecho real. Con esos hechos reales que solo les pasan a ellos.
Como saben estoy metido en la cabeza del pelma y muchas de sus cosas me hacen meterme los dedos en la boca sin pretensiones anorexígenas, pero domingo por la tarde, después de ser sobornado por un arroz enorme que ese mismo plasta ha cocinado y que me reconcilia diariamente con él, un calor africano y una paga ausente, no me deja muchas más escapatorias que verme lo que pone en la televisión.
Explicada la coartada, déjenme que les cuente brevemente de qué va.
La espléndida pelirroja –valga la redundancia- Julianne Moore (Evelyn Ryan) es una ama de casa que contribuye a la economía familiar con unos pocos dólares que gana en concursos de televisión, de supermercados o de radio. Woody Harrelson es su marido, borrachín, incapaz de aportar el salario completo, fracasa como padre y como marido y parece que su única habilidad es la procreativa: diez hijos.

Los años van pasando y ella descubre que tiene una rara pericia para ganar esos concursos de inventar letras para jingles o reclamos publicitarios, hasta el punto que pueden comprar una casa –no crean que es un poltergeist, piensen en aquellos años y en Estados Unidos- y llenarla de muebles y lograr sobrevivir con otros premios que les permiten a veces llenar el arcón frigorífico y otras dejar a deber la leche.
No les voy a contar la trama completa y romper esos finales-conclusiones con que los americanos construyen su moraleja vital y que se basa en el mientras más trabajo más suerte tengo y es en este punto donde quiero dejar la película para adentrarme en la esencia de la suerte como anestesia ante la desesperación y la pérdida de la fe en el trabajo como dinamizador social.
No, de verdad, el pelma no le ha puesto nada al arroz, ni yo lo he rematado con una absenta. Y no es por virtuoso, es que no queda absenta en esta casa postbodeleriana. Es que, tras ver la película, me asaltan algunas dudas al respecto.
Uno siempre creyó que el esfuerzo personal y cierta dotación intelectual, permitían labrarse un porvenir en la vida. Y hablo de un porvenir de necesidades básicas con este confort que el primer mundo anuncia, no crean que aspiro a yates, acciones de campo de golf o apartamentos de inversión. Hablo de que si uno estudia, alcanza ciertos niveles de excelencia académica, trabaja duro, es capaz de mantener la baba en su sitio y no comete tropelías penales, debería llegar el momento en el que ese conjunto de brío y luces, le permita disfrutar de tranquilidad personal, que las inquietudes juveniles tornen quietudes en la madurez.
De hecho no debo estar tan equivocado con esa vertebración espiritual de lo que hemos llamado ser un hombre/mujer de provecho, ignoro si se sigue diciendo, y es todavía la zanahoria que se pone delante de los infantiles ojos para que consuman asignaturas, calificaciones, títulos, entrevistas, ascensos y todos esos peldaños que hemos ido pisando con irregular garbo, pero firme confianza que en la insistencia estaba la recompensa, según el adagio cañí de que el mundo es de los pesados.
Pero hete aquí que cuando uno lleva tachados ya muchos peldaños, encuentra que esa escalera no conduce al bienestar soñado y ve, envidioso, que hay otras que llevan más lejos y más alto. Y no es el diplomado que divisa por delante el humo desvaneciéndose de la mejor moto del licenciado, no es el funcionario B que piensa por qué no prepararía las oposiciones del grupo A, ¡qué va! Entre esos las diferencias son minúsculas o inexistentes. Tampoco hablo de esos que han jugado con los límites legales, que han traficado con las normativas, ni, lógicamente, de aquellos que han infringido las leyes. Hablo de aquellos que siendo menos trabajadores, menos cultos, menos listos, menos imaginativos, menos todo, han logrado encaramase a posiciones de poder, de seguridad, que les permiten un horizonte mucho más en cuesta abajo que otros, que lo ven quebrado, difuso y cada vez más distante.
La suerte. Creer que sólo la suerte ha contribuido a esas diferencias no sería justo. Es cuando tiramos de hipótesis blandas como la inteligencia emocional, estilos cognitivos, habilidades sociales, carisma y todas esos constructos que han adelantado a las competencias clásicas, para que los logaritmos o los análisis sintácticos iniciales, la anatomía, el civil o el cálculo de estructuras dejen de ser relevantes y se enfatice aquello que no forma parte de nuestro currículo, como la capacidad de trabajar en equipo, las relaciones sociales, la simpatía o el don de gentes. Las ecuaciones de segundo grado o la segunda declinación hubo que aprobarlas, como también fue necesario demostrar suficiencia en estadística o en historia contemporánea. Pero nadie dijo que un nudo Windsor o unas gotas de perfume en las corvas fueran fundamentales. Siempre se sospechó que ayudarían, junto con un buen par de apellidos y unas cuantas recomendaciones, pero nada esencial.
Pero el caso es que los esforzados que miran desde la escalera equivocada, han logrado una enorme competencia también en eso. Saben que la pluma estilográfica no se cuelga en el bolsillo exterior de la chaqueta, saben que la manicura es importante, han dejado los palillos en casa y guardan un par de medias en el cajón por si acaso. Tienen amigos, incluso una buena red de contactos, y de sobra saben que la cooperación es indispensable, incluso han cambiado el orden de los apellidos para buscar alguna distinción. Pero como son listos, advierten que siguen en el camino equivocado y ven a sus coetáneos menos sagaces encumbrarse, ven como cuando caen, ellos se desangran y a los otros les basta con una tirita. Y les duele.
Y tiene que ser la suerte, porque cuando esos inadaptados con todas las vacunas sociales puestas se pasean, encuentran un mundo poblado de mediocres, en sus clientes, en sus proveedores, en sus colegas. Los ven entre los profesores de sus hijos, entre los médicos que les atienden, en sus jefes, en los periodistas que escriben los periódico que leen, en la persona –quizá en plural- con que les engaña su cónyuge, en el camarero que les sirve una copa, en sus dirigentes, en los fiscales que les acusan y los jueces que les condenan.
Y poco a poco empiezan a verse mediocres a sí mismos, empiezan realmente a serlo, y ya no son capaces de distinguirse de los demás y empiezan a creer de verdad en la suerte y ven que por la vía del tesón y del sudor, por el sendero de la capacidad y de la chispa no van a llegar a sitio alguno. Saben que su única posibilidad es una primitiva o un euromillón que para algo saben inglés. Y dejan de esforzarse y piensan en paraísos; ante la imposibilidad de quince días en la costa, sueñan con un trimestre en un crucero. Y dejarán de votar y de pensar, y trocarán el término merecimiento, lleno de causalidad, por el de fortuna, lleno de aleatoriedad. Y ya han empezado a morir. Y el futuro del mundo con ellos.
La película está basada en el libro escrito por una de las hijas. No tenemos modo de saber en que escalera estaba situada la señora Ryan, pero logró que su suerte pareciera una profesión exitosa, o bien que su dominio de lemas y pareados se amparara bajo el dosel de su buena estrella, que a efectos de distribución divina se compensa con un esposo alcohólico y una existencia miserable, que se percibe tras una frase hostil dirigida hacia el marido y que bien podría ser el motto de la próxima campaña de igualdad: no quiero que me hagas feliz, quiero que me dejes serlo.
sábado, 14 de marzo de 2009
Demagogia
Ya saben ustedes que el Audi 8 de Touriño costó casi medio millón de euros y a él, la presidencia de la Xunta, pero quizá no sepan que el Audi 6 de Gallardón nos costará a los madrileños casi seiscientos mil euros hasta el 2012 en régimen de alquiler. Camps tiene otro Audi 8 igual a los dos de Barberá e igual a su vez al de Fabra. ¿Es necesario un Audi 8 para desplazarse?
Debe ser que Touriño lo hizo fatal, porque si perdió las elecciones por el coche, que se prepare la oposición en Valencia y en Madrid que van a tocar pelo de inmediato.
Por lo visto Touriño se compraba también sillas carísimas, pero no dicen que Gallardón puso una lámpara Castiglione, cara entre las caras, en su despacho de 80 m2 para iluminar una mesa de tres metros y medio. ¿Es necesario un despacho con tamaño de VPO?
Feijóo prometió vender el Audi 8 como si ello supusiera la retirada de los soldados de Irak y la gente poco atenta, tan contenta. Aseguró hacerse con un coche fabricado en Vigo bajo el lema un Citroën es suficiente para el presidente de Galicia. Lástima que sólo lo hagan en Francia. ¿Es comparable un presidente autonómico al marido de Carla Bruni?
El recién electo Presidente de la Xunta disfruta de un coche que la marca francesa le lleva cediendo durante los últimos años ¿Algún periodista le ha preguntado, si ha pagado por esa remuneración en especie?
Bajo la seguridad se amparan muchos desmanes, es otra de las consecuencias de la amenaza del terrorismo. Por razones de seguridad se acondicionan residencias, se blindan coches o se eligen privadísimos lugares de veraneo. La respuesta de dejar sufrir un atentado por razones económicas es tramposa. Si los ministros están cubiertos, el siguiente nivel, los secretarios de Estado, ¿merecen sufrir ese riesgo? ¿descendemos a subsecretarios, a directores generales? ¿y el ordenanza?
Suarez ya acuñó hace muchos años la formula de normalidad política, quien bien pudiera exportarse al asunto que nos ocupa. Hacer que nuestros dirigentes promedien sus gastos con criterios de normalidad ciudadana. No es que un ministro lleve un Ibiza como los acosadores de los servidores civiles reclaman bajo el paraguas de la igualdad, es que lleve el coche que un individuo de su preparación, esfuerzo y relevancia llevaría. Y entonces las cosas empiezan a ser menos escandalosas. Quizá un Audi 4 o un Passat fueran coches suficientes, quizá con la excepción del presidente de Gobierno y el Rey. Despachos como el de Gallardón solo se ven entre los presidentes de los grandes bancos. ¿Pero por qué un general tiene chófer? ¿Por qué un concejal no se busca la vida para ir al trabajo en lugar de que le espere un chófer a la puerta? ¿Es un concejal más que un catedrático de La Complutense, o más que un jefe de servicio de La Fe?
Por supuesto que nadie es más que nadie, pero por el tiempo que pierden en el transporte público o aparcando ¿vale la pena que se paguen decenas de coches y un ejército de conductores?
Muchos se comportan al resultar elegidos o nombrados como si les hubiera tocado la lotería. Y se deberían corregir esos desmanes, pero, al menos, los Audis están en los garajes de los organismos públicos, perfectamente inventariados. Junto con las sillas y las lámparas.
Ahora nos salen, tipo Gila, con que alguien regalaba un Jaguar a alguien. Trajes de quita y pon, viajes exóticos, billetes calentitos y mujeres templadas. Ahora les denuestan y todos se los quieren quitar de encima, pero ahí estaban, haciendo negocios, moviendo dinero, y eran los alcaldes, los consejeros los que firmaban las facturas. Y se pagaba con dinero público para satisfacer intereses privados. En su momento fue el PSOE. Parece que ya pagaron. Ahora es el PP. Otro ex presidente acuñó otra igualdad: son la misma mierda.
Habrá que evitar que se parapeten detrás del Loden verde de Bermejo, o detrás de los peculiares emolumentos de Garzón. Porque por mucho que Rajoy ponga cara de bueno, en su partido roban, espían, mienten; los cínicos dicen que como en todas partes. Rajoy confundió presunto con premonitorio y dice que aunque no lo conoce lo echó de Génova. ¿No les recuerda al hermano de aquel tipo que se creía una gallina? ¡Pues llévelo a un psiquiatra, hombre!, le aconsejan. Lo haría si no fuera porque necesito los huevos.
Debe ser que Touriño lo hizo fatal, porque si perdió las elecciones por el coche, que se prepare la oposición en Valencia y en Madrid que van a tocar pelo de inmediato.
Por lo visto Touriño se compraba también sillas carísimas, pero no dicen que Gallardón puso una lámpara Castiglione, cara entre las caras, en su despacho de 80 m2 para iluminar una mesa de tres metros y medio. ¿Es necesario un despacho con tamaño de VPO?
Feijóo prometió vender el Audi 8 como si ello supusiera la retirada de los soldados de Irak y la gente poco atenta, tan contenta. Aseguró hacerse con un coche fabricado en Vigo bajo el lema un Citroën es suficiente para el presidente de Galicia. Lástima que sólo lo hagan en Francia. ¿Es comparable un presidente autonómico al marido de Carla Bruni?
El recién electo Presidente de la Xunta disfruta de un coche que la marca francesa le lleva cediendo durante los últimos años ¿Algún periodista le ha preguntado, si ha pagado por esa remuneración en especie?
Bajo la seguridad se amparan muchos desmanes, es otra de las consecuencias de la amenaza del terrorismo. Por razones de seguridad se acondicionan residencias, se blindan coches o se eligen privadísimos lugares de veraneo. La respuesta de dejar sufrir un atentado por razones económicas es tramposa. Si los ministros están cubiertos, el siguiente nivel, los secretarios de Estado, ¿merecen sufrir ese riesgo? ¿descendemos a subsecretarios, a directores generales? ¿y el ordenanza?
Suarez ya acuñó hace muchos años la formula de normalidad política, quien bien pudiera exportarse al asunto que nos ocupa. Hacer que nuestros dirigentes promedien sus gastos con criterios de normalidad ciudadana. No es que un ministro lleve un Ibiza como los acosadores de los servidores civiles reclaman bajo el paraguas de la igualdad, es que lleve el coche que un individuo de su preparación, esfuerzo y relevancia llevaría. Y entonces las cosas empiezan a ser menos escandalosas. Quizá un Audi 4 o un Passat fueran coches suficientes, quizá con la excepción del presidente de Gobierno y el Rey. Despachos como el de Gallardón solo se ven entre los presidentes de los grandes bancos. ¿Pero por qué un general tiene chófer? ¿Por qué un concejal no se busca la vida para ir al trabajo en lugar de que le espere un chófer a la puerta? ¿Es un concejal más que un catedrático de La Complutense, o más que un jefe de servicio de La Fe?
Por supuesto que nadie es más que nadie, pero por el tiempo que pierden en el transporte público o aparcando ¿vale la pena que se paguen decenas de coches y un ejército de conductores?
Muchos se comportan al resultar elegidos o nombrados como si les hubiera tocado la lotería. Y se deberían corregir esos desmanes, pero, al menos, los Audis están en los garajes de los organismos públicos, perfectamente inventariados. Junto con las sillas y las lámparas.
Ahora nos salen, tipo Gila, con que alguien regalaba un Jaguar a alguien. Trajes de quita y pon, viajes exóticos, billetes calentitos y mujeres templadas. Ahora les denuestan y todos se los quieren quitar de encima, pero ahí estaban, haciendo negocios, moviendo dinero, y eran los alcaldes, los consejeros los que firmaban las facturas. Y se pagaba con dinero público para satisfacer intereses privados. En su momento fue el PSOE. Parece que ya pagaron. Ahora es el PP. Otro ex presidente acuñó otra igualdad: son la misma mierda.
Habrá que evitar que se parapeten detrás del Loden verde de Bermejo, o detrás de los peculiares emolumentos de Garzón. Porque por mucho que Rajoy ponga cara de bueno, en su partido roban, espían, mienten; los cínicos dicen que como en todas partes. Rajoy confundió presunto con premonitorio y dice que aunque no lo conoce lo echó de Génova. ¿No les recuerda al hermano de aquel tipo que se creía una gallina? ¡Pues llévelo a un psiquiatra, hombre!, le aconsejan. Lo haría si no fuera porque necesito los huevos.
viernes, 13 de marzo de 2009
Salir o no salir
Ayer me fui con el pelma al teatro. Me dejó ir en moto. Me gusta que hagamos plan machotón, de cervezas y pinchos, mirando tías y quejándonos del tráfico de Madrid y del calor que hacía. Ayer tocaba Matadero, un fantástico espacio reconvertido, con regular aprovechamiento y que tiene en las Naves del Español su buque insignia, con una programación digna de Nueva York o Londres. Dentro de nada Sam Mendes. Tan anglosajón está el asunto que representaban Hamlet, que por muy danés que se ponga, es un britón que lo flipas.
Es un Hamlet peculiar, vestido de niño malo, un Hamlet explícitamente equívoco, que juega con las duplicidades tanto que hasta el escenario es un espejo de agua muchas veces más real que la imagen misma. Y es que la puesta en escena es la bomba, como si Salomé estuviera de tramoyista corriendo y descorriendo velos en sus meandros metálicos por todo el espacio disponible, con sus luces infernales y blancas de puro blancas señalando cada momento de la obra.

La música es otro elemento fundamental hasta el punto, que rota definitivamente la cuarta pared, se establece en el foyer la continuación con música de cabaret Berlín cantada por un hijo postrock de Tom Waits llamado Asier Etxeandia que asume el papel del espectro y que lo hace endiabladamente bien, mientras la panda andrógina, sexualmente subversiva, sigue trabajando para descansarnos. Ofelia es la hija de la Rota y hermanísima de los Botto y está muy bien.
Y queda Blanca Portillo. Eternamente Blanca. A pesar de la devoción última de todo el mundo, no es una de mis favoritas por esa tendencia suya al doble amperaje, no me gusta en la serie de televisión remake de Damages, aunque la culpa es más de guión, pero en este Hamlet femenino, promiscuo, bifronte y bisexual, que rompe los dichosos géneros y sus usurpaciones, para ser lo que a uno le pida el cuerpo sin etiquetas; decía que en este provocativo Hamlet, la Portillo está soberbia. Son cuatro horas de función. Así y todo, es altamente recomendable.
Me tomé una cerveza y un pincho de tortilla excelente. Cuatro euros. A las doce de la noche junto al río Manzanares 17 grados. Y a casa con mi señorito. ¿Es o no es un buen plan?
Es un Hamlet peculiar, vestido de niño malo, un Hamlet explícitamente equívoco, que juega con las duplicidades tanto que hasta el escenario es un espejo de agua muchas veces más real que la imagen misma. Y es que la puesta en escena es la bomba, como si Salomé estuviera de tramoyista corriendo y descorriendo velos en sus meandros metálicos por todo el espacio disponible, con sus luces infernales y blancas de puro blancas señalando cada momento de la obra.

La música es otro elemento fundamental hasta el punto, que rota definitivamente la cuarta pared, se establece en el foyer la continuación con música de cabaret Berlín cantada por un hijo postrock de Tom Waits llamado Asier Etxeandia que asume el papel del espectro y que lo hace endiabladamente bien, mientras la panda andrógina, sexualmente subversiva, sigue trabajando para descansarnos. Ofelia es la hija de la Rota y hermanísima de los Botto y está muy bien.
Y queda Blanca Portillo. Eternamente Blanca. A pesar de la devoción última de todo el mundo, no es una de mis favoritas por esa tendencia suya al doble amperaje, no me gusta en la serie de televisión remake de Damages, aunque la culpa es más de guión, pero en este Hamlet femenino, promiscuo, bifronte y bisexual, que rompe los dichosos géneros y sus usurpaciones, para ser lo que a uno le pida el cuerpo sin etiquetas; decía que en este provocativo Hamlet, la Portillo está soberbia. Son cuatro horas de función. Así y todo, es altamente recomendable.
Me tomé una cerveza y un pincho de tortilla excelente. Cuatro euros. A las doce de la noche junto al río Manzanares 17 grados. Y a casa con mi señorito. ¿Es o no es un buen plan?
lunes, 9 de marzo de 2009
Laureles
La bitácora de Melusina me ha dado un premio o dos, no sé muy bien, pero una de las condiciones para aceptarlo es compartirlo con otros 15 blogs que, en mi opinión, merezcan también el premio. Una especie de Madoff bloguero sin remuneración y beneficio. Pero yo no leo 15, sólo leo cuatro o cinco y
escribo el mío y respondo a los comentarios que tienen a bienadmiración. Así que no sé si de verdad me merezco el premio y puedo aceptarlo a pies juntillas, o soy un outsider de la blogosfera y necesito abrir más mis ojos. Leí las entradas de los blogs que proponía Melusina y seguro que son fantásticos en su conjunto pero imposibles de seguir para mí. Algunos los conocía por haberlos leído esporádicamente, otros me resultaron sorprendentes y amables, pero sería incapaz de pasear por sus senderos con asiduidad. Quizá me basten las reflexiones solidarias, los viajes, los relatos familiares de niños y gatos o las ingenuidades compartidas, pero para seguir tanto blog tendría que sacrificar otras cosas, porque mi sueño ya es casi agujero negro y no se puede comprimir más, y siempre preferiré cocinar a leer recetas y a veces leer es implic
arse y forzar la vida e inventar y congraciarse y los días se empeñan en no ampliar jornada y las aficiones no dejan de crecer, como las orejas. Poesía, ciencia, arte ¿cómo dejar de mirar, de ensimismarse y ver que el ocaso empieza a amanecer sin darte cuenta? Demasiado por leer, demasiado poco tiempo que ofrecer. No soy de trofeos, de medallas, de copas de plata ni de títulos enmarcados, ninguna cuerna de punta alguna decora nuestro salón, pero si me gusta acoger, merecer y compartir y mi agradecimiento a Melusina es máximo, pero mi misantropía es aún mayor y mi capacidad de fingimiento merma cada día, sin lograr hacerme más verdadero, pero sí más arisco. ¿La edad? ¿La autoindulgencia? Esparcir quince premios sin el cuidado con que ella los ha trasmitido sería traicionarla y engañaros, y convertir el dardo en aguja de jeringa y el oro en latón laminado.
escribo el mío y respondo a los comentarios que tienen a bienadmiración. Así que no sé si de verdad me merezco el premio y puedo aceptarlo a pies juntillas, o soy un outsider de la blogosfera y necesito abrir más mis ojos. Leí las entradas de los blogs que proponía Melusina y seguro que son fantásticos en su conjunto pero imposibles de seguir para mí. Algunos los conocía por haberlos leído esporádicamente, otros me resultaron sorprendentes y amables, pero sería incapaz de pasear por sus senderos con asiduidad. Quizá me basten las reflexiones solidarias, los viajes, los relatos familiares de niños y gatos o las ingenuidades compartidas, pero para seguir tanto blog tendría que sacrificar otras cosas, porque mi sueño ya es casi agujero negro y no se puede comprimir más, y siempre preferiré cocinar a leer recetas y a veces leer es implic
arse y forzar la vida e inventar y congraciarse y los días se empeñan en no ampliar jornada y las aficiones no dejan de crecer, como las orejas. Poesía, ciencia, arte ¿cómo dejar de mirar, de ensimismarse y ver que el ocaso empieza a amanecer sin darte cuenta? Demasiado por leer, demasiado poco tiempo que ofrecer. No soy de trofeos, de medallas, de copas de plata ni de títulos enmarcados, ninguna cuerna de punta alguna decora nuestro salón, pero si me gusta acoger, merecer y compartir y mi agradecimiento a Melusina es máximo, pero mi misantropía es aún mayor y mi capacidad de fingimiento merma cada día, sin lograr hacerme más verdadero, pero sí más arisco. ¿La edad? ¿La autoindulgencia? Esparcir quince premios sin el cuidado con que ella los ha trasmitido sería traicionarla y engañaros, y convertir el dardo en aguja de jeringa y el oro en latón laminado.
domingo, 8 de marzo de 2009
Voceras afónicos
Me han llamado de Blogspot, ya saben, la empresa que me permite comunicarme con ustedes, para decirme que no puedo poner tantas fotos, que ya iba por veinte. Todo empezó cuando quise ilustrar gráficamente la corrupción del PP. Me dicen de Blogspot que a ver si puedo hacerme con una foto de familia. ¡Ilusos! No saben que las cámaras que compran son para vigilancia aérea y que la palabra familia ni se menciona en estas fechas de conmemoración del 40º aniversario de El Padrino.
Y es que el asunto de las motos y las cámaras es de chiste. Y lo digo con cierto orgullo, que en época de Aznar dejaron de contarse. No sé si es que la derecha es más graciosa o la izquierda se pone tan intensa que es incapaz de soltarse, pero en épocas pasadas la chanzoteca estaba bastante más florida. Ahora, quizá porque este gobierno da risa, la cosa está más sembrada. A la Chacón la llamaban recluta con niño; con un inteligente uso de la incorrección ortográfica se desea destino final al ministro de Cultura, Cesar A Molina, y ya que Magdalena Álvarez se fue a investigar a Siberia por lo de las nevadas, se pide que se vaya a Gaza para los túneles. Simples y agudos. Como el mondadientes de un taxista.
Pero lo que no es un chiste, es que El Mundo editorialice exigiendo que Rajoy pida perdón a Aguirre por la trama montada contra ella y no tanto por la bizarra petición de un periódico independiente -de la verdad-, como que ejércitos de funcionarios que pagamos para hacer algo diferente a buscar contrapruebas, se gasten sus ajustadas jornadas examinando facturas, tickets y partes desjustificativos.

Tampoco fue un chiste que otros funcionarios dejaran las actividades por las que se les paga, por requerimiento de la señorita Cospedal. Las citas deberían ser fuera de horario laboral. Y mucho menos es un chiste que ese mismo periódico siga dando cancha a los conspiradores del 11M. De Pablo, abogado de la Asociación de Ayuda a las Víctimas del 11M publica un libro que insiste en la autoria intelectual. Dice que lo que sabemos a ciencia cierta es que la cuarta trama no tiene relación con Al Qaeda, que son españoles con influencia en las Fuerzas de Seguridad del Estado y que tenían gran interés en la victoria del PSOE. No olviden que es cosa juzgada. Viva la libertad de expresión y vivan las leyes contra la difamación y la intoxicación.
Tampoco es un chiste lo del asunto del aborto. Harto estoy de que salga un ginecólogo explicando sus teorías sobre la interrupción del embarazo, cuando, como es sabido, ésta nada tiene que ver con la medicina salvo la solución mecánica, algo así como si las explicaciones sobre política de emigración la diera un piloto de líneas aéreas. Y ante un problema social se dan explicaciones médicas vestidas de licencia de caza. Hasta aquí es cacho carne, a partir de aquí embrión humano, y desde Castilla La Mancha puedes, si tu próstata te lo permite, orinar en Andalucía. Más puertas al campo.
Y no sé muy bien por qué no se plantean las cosas de forma más adulta. Si hubiera que entrar en guerra no se diría que esos seres humanos que mataríamos en combate eran menos humanos ¿o sí? Por qué no reconocer que ese embarazo va a complicar la vida de esa mujer, de esa pareja y que desgraciadamente la única solución es eliminar el embrión. Pero no me digan que se puede hacer mientras no es viable fuera del útero, la hijoputez debería ser una agravante: si es chiquito le puedes pegar, incluso si lleva gafas o es manco. Ese hijo rompe el equilibrio, supone una carga no asumible, me acabo de separar, es del abuelo, cualquier razón es comprensible, al menos en su carga de verdad, pero no me digan que en la semana X esa masa informe sin destino en lo universal se convierte en ciudadano responsable, no me digan que en la semana Y se equilibran los derechos del embrión y de la madre. Digan, que únicamente los tiene la madre y que hasta que nazca y sea un individuo físicamente independiente, la madre decide –los derechos del padre secuestrados ya los trató el pelma en Indefensos- qué hacer con su cuerpo y que a la muerte del embrión la llamamos extirpación, sin consecuencias penales para madre y equipo médico. Pero no me pongan líneas rojas en la vida del feto, ni taxonomías arbitrarias de latido cardíaco o sistema nervioso sensible, interrupción es desde el mismo momento en que se para la posibilidad de multiplicación de esas células, porque desde ese mismo momento se actúa contra un proceso iniciado. Hacerlo a los quince días o a los sesenta es absolutamente baladí desde el punto de vista de la interrupción vital, aunque no lo es desde el punto de vista de la peligrosidad de la intervención para la mujer.
La vida podría ser de otra forma, pero quitar dramatismo a la situación del aborto edulcorando la muerte o falseando la realidad, no me parece el mejor sistema, ni tampoco tenemos por qué aguantar la demagogia del PP. Lo tuvieron fácil, con mayoría absoluta en el 2000 podían haber reformado la ley, y para el 2011 lo vuelven a tener fácil, que promuevan en su programa la derogación de la norma. Pero que dejen de implorar sistemas para explicar a la madre abortista el infierno en el que se mete. Tienen las competencias para ello en muchas autonomías y las tuvieron durante ocho años en la administración central. No lo hicieron. ¿Son más fuertes los intereses electorales que la vida de un niño que el día de mañana podría llegar a ser registrador de la propiedad, chorizo o sastre?
Igual de fácil lo tienen para la pena de muerte, que la pidan sin ambages, si a lo mejor ganan, que en España somos bastante bestias, pero que no lo digan con esa boca pequeña de jesuita besucón, ¡que lo reclamen a los cuatro vientos! Es lo honesto. Bárbaro pero honesto.
Y es que el asunto de las motos y las cámaras es de chiste. Y lo digo con cierto orgullo, que en época de Aznar dejaron de contarse. No sé si es que la derecha es más graciosa o la izquierda se pone tan intensa que es incapaz de soltarse, pero en épocas pasadas la chanzoteca estaba bastante más florida. Ahora, quizá porque este gobierno da risa, la cosa está más sembrada. A la Chacón la llamaban recluta con niño; con un inteligente uso de la incorrección ortográfica se desea destino final al ministro de Cultura, Cesar A Molina, y ya que Magdalena Álvarez se fue a investigar a Siberia por lo de las nevadas, se pide que se vaya a Gaza para los túneles. Simples y agudos. Como el mondadientes de un taxista.
Pero lo que no es un chiste, es que El Mundo editorialice exigiendo que Rajoy pida perdón a Aguirre por la trama montada contra ella y no tanto por la bizarra petición de un periódico independiente -de la verdad-, como que ejércitos de funcionarios que pagamos para hacer algo diferente a buscar contrapruebas, se gasten sus ajustadas jornadas examinando facturas, tickets y partes desjustificativos.

Tampoco fue un chiste que otros funcionarios dejaran las actividades por las que se les paga, por requerimiento de la señorita Cospedal. Las citas deberían ser fuera de horario laboral. Y mucho menos es un chiste que ese mismo periódico siga dando cancha a los conspiradores del 11M. De Pablo, abogado de la Asociación de Ayuda a las Víctimas del 11M publica un libro que insiste en la autoria intelectual. Dice que lo que sabemos a ciencia cierta es que la cuarta trama no tiene relación con Al Qaeda, que son españoles con influencia en las Fuerzas de Seguridad del Estado y que tenían gran interés en la victoria del PSOE. No olviden que es cosa juzgada. Viva la libertad de expresión y vivan las leyes contra la difamación y la intoxicación.
Tampoco es un chiste lo del asunto del aborto. Harto estoy de que salga un ginecólogo explicando sus teorías sobre la interrupción del embarazo, cuando, como es sabido, ésta nada tiene que ver con la medicina salvo la solución mecánica, algo así como si las explicaciones sobre política de emigración la diera un piloto de líneas aéreas. Y ante un problema social se dan explicaciones médicas vestidas de licencia de caza. Hasta aquí es cacho carne, a partir de aquí embrión humano, y desde Castilla La Mancha puedes, si tu próstata te lo permite, orinar en Andalucía. Más puertas al campo.
Y no sé muy bien por qué no se plantean las cosas de forma más adulta. Si hubiera que entrar en guerra no se diría que esos seres humanos que mataríamos en combate eran menos humanos ¿o sí? Por qué no reconocer que ese embarazo va a complicar la vida de esa mujer, de esa pareja y que desgraciadamente la única solución es eliminar el embrión. Pero no me digan que se puede hacer mientras no es viable fuera del útero, la hijoputez debería ser una agravante: si es chiquito le puedes pegar, incluso si lleva gafas o es manco. Ese hijo rompe el equilibrio, supone una carga no asumible, me acabo de separar, es del abuelo, cualquier razón es comprensible, al menos en su carga de verdad, pero no me digan que en la semana X esa masa informe sin destino en lo universal se convierte en ciudadano responsable, no me digan que en la semana Y se equilibran los derechos del embrión y de la madre. Digan, que únicamente los tiene la madre y que hasta que nazca y sea un individuo físicamente independiente, la madre decide –los derechos del padre secuestrados ya los trató el pelma en Indefensos- qué hacer con su cuerpo y que a la muerte del embrión la llamamos extirpación, sin consecuencias penales para madre y equipo médico. Pero no me pongan líneas rojas en la vida del feto, ni taxonomías arbitrarias de latido cardíaco o sistema nervioso sensible, interrupción es desde el mismo momento en que se para la posibilidad de multiplicación de esas células, porque desde ese mismo momento se actúa contra un proceso iniciado. Hacerlo a los quince días o a los sesenta es absolutamente baladí desde el punto de vista de la interrupción vital, aunque no lo es desde el punto de vista de la peligrosidad de la intervención para la mujer.
La vida podría ser de otra forma, pero quitar dramatismo a la situación del aborto edulcorando la muerte o falseando la realidad, no me parece el mejor sistema, ni tampoco tenemos por qué aguantar la demagogia del PP. Lo tuvieron fácil, con mayoría absoluta en el 2000 podían haber reformado la ley, y para el 2011 lo vuelven a tener fácil, que promuevan en su programa la derogación de la norma. Pero que dejen de implorar sistemas para explicar a la madre abortista el infierno en el que se mete. Tienen las competencias para ello en muchas autonomías y las tuvieron durante ocho años en la administración central. No lo hicieron. ¿Son más fuertes los intereses electorales que la vida de un niño que el día de mañana podría llegar a ser registrador de la propiedad, chorizo o sastre?
Igual de fácil lo tienen para la pena de muerte, que la pidan sin ambages, si a lo mejor ganan, que en España somos bastante bestias, pero que no lo digan con esa boca pequeña de jesuita besucón, ¡que lo reclamen a los cuatro vientos! Es lo honesto. Bárbaro pero honesto.
sábado, 7 de marzo de 2009
Adam Smith y Eva en el paraíso
Los paraísos fiscales mueven 200 billones de pesetas según los datos del FMI, ya saben, esa organización incapaz de predecir nada pero que siempre aconseja, a posteriori, lo peor para los pueblos. 1500 billones de pesetas, siete veces más, estima la consultora Tax Justice Network. Para que se hagan una idea: seis veces todo lo que produce España en un año de los buenos. Toda esa pastizara navega por el mundo sin remar.
Hay 44 territorios que se saltan la tributación fiscal, espacios libres de impuestos para que esa gente que pide la flexibilización del mercado laboral, pueda llevar sus ahorros de toda una vida. Sí, hombre, ¿no los conoce? Son esos que tienen una huchita muy graciosa con forma de ser humano, ya imaginarán por donde se meten las monedas, y que ellos son gorditos ¿cómo les diría yo? sonrosados, dicen que muy aprovechables, con bastante morro, son incapaces de esperar, lo quieren todo para oink. ¡Es que no me sale la palabra! pero seguro que suplen ustedes mi despiste.
Pues de esos 44 lugares, hay tres que son mejor todavía, son los paraísos mudos. Cuando se les requiere para pedirles algún dato se hacen los longuis. Oye, mira que tengo unos miles millones sin cuadrar de una venta de armas. ¿Los tienes tú? … / … /… ¿Oye, oye? Esto pasa en Mónaco, Liechtenstein y Andorra. Países que viven del cuento, que los soldaditos de plomo y cara de cemento, le cuentan a sus respectivas haciendas.
Como la cosa está jodida, -me imagino que están al tanto- los países europeos se aprestan a pedirles datos, sobre todo Alemania, Francia y Reino Unido. Con la que está cayendo, te voy a contestar. Y como ya saben ustedes, los ingleses mantienen las Islas del Canal o Gibraltar que tienen como única función ser sedes opacas para miles de chanchullos y Andorra ha sido durante años el refugio de los enterados con posibles de España que con la excusa de esquiar se llevaban los dineros por lo que pudiera pasar. Y ahora nos falta legitimación para ser tan exigentes. Todos estos países han crecido a expensas de los productivos, pero la duda se plantea cuando se considera la inepcia de los propios países para controlar su economía sumergida. Según recordaba Negocios el domingo pasado, el 24% de la economía española no paga impuestos. Dicho para economistas con barreras, en una partida de mus hay uno de los jugadores que está invitado a sanidad, a infraestructuras, a la defensa de su territorio. A ese tipo, los otros tres le convidan a salvar la banca, que hace mucho más por él que por los otros, le pagan las televisiones públicas, le invitan a que pueda manifestarse en inglés o en otra lengua vernácula contra la educación para la ciudadanía, más que nada para no sentir remordimientopor ser como es.
Los más listos dirán que esa cuarta parte es de dinero, no de ciudadanos, pero yo no soy de muchos amigos y me gusta hablar siempre per cápita para sentirme representado. Tómenlo como quieran, pero los amarracos de esa partida de mus son de 3,75.
En cualquier caso, la Comisión de Prevención de Blanqueo de Capitales detectó un 24% más de operaciones sospechosas que el año anterior. Como algunos de los ustedes sabrán hay multitud de despachos de abogados con sociedades listas para vender, conexiones offshore para sus negocios, y tinglados disponibles para esos patriotas de principios que se acaban cuando internacionalizan sus depósitos.
Ahora, junto con los paréntesis momentáneos al capitalismo, se alzan voces que piden la amnistía de esos fondos para que vuelvan. Lo piden los bancos de grandes fortunas. Y lo explican como si fuéramos esos gilipollas del culo que votan a la izquierda: “esto haría que ese dinero volviera al flujo productivo, sin riesgo penal para quienes hayan estado llevando su dinero a territorios offshore” ¿Se dan cuenta? ¡Nos lo explican! casi exigen que les roguemos ¡traed las pelas que tragamos con cualquier cosa! Seamos valeinets, demos un paso más allá, nada de multas y encarcelamientos, propongamos un premio, una placa, un hijo predilecto, qué menos.
De nuevo una aclaración para economistas borderline, que es la versión cazurra de Economistas con barreras: Mira chaval, de tu nómina te quito un pico para que este país pueda funcionar, que no hacéis nada más que poneros enfermos y estáis locos por salir todos los fines de semana por esas carreteras que nos cuestan un congo a los que producimos. Aprended de mi, que declaro muchos menos beneficios empresariales porque es una vergüenza cómo están los impuestos en este país para alimentar a esos vagos que llegan de no sé dónde. La pasta a buen recaudo por lo que pueda pasar, que no está uno trabajando toda la vida para nada. Pero si os olvidáis de lo que tenía que pagar, y pensando que después del desastre va a haber oportunidades a porrillo, podría traerlo, no voy a tener el dinero parado ¡Hay que hacer España hombre!
Algo así debieron pensar algunos socios de Price Waterhouse Coopers, la empresa de servicios profesionales más grande del mundo, ¿recuerdan Andersen, la de Enron? Pues lo mismo. Han dejado de declarar unos 200 millones de euros. Lo dice Interviú. Auditores y fiscalistas. No creo que puedan alegar desconocimiento.
Pero en esos lugares con palmeras y cocos -que sí que dan miedo- no solo van nuestros desalmados y poco solidarios compatriotas a colocar sus duros. Todos los grandes bancos lo hacen, Santander, BBVA, Popular, muchas grandes empresas, Telefónica, Repsol, Inditex. ¿Por dónde empezamos?
Dice Rajoy que va a coger el mocho y dejar niquelado el partido. Si es verdad que estamos en época de limpieza, deberíamos tomarnos en serio el asunto y cargarnos esos países que no tienen mucho sentido en este planeta globalizado. Por agresivo que parezca hablo de la estructura no de sus habitantes. Al menos no todos. Curiosamente estos países de atrezo dejan entrever su aristocrática impronta, Gran Ducado de Luxemburgo, Principado de Andorra, Principado de Mónaco, Principado de Liechtenstein. Este último tiene 35.000 habitantes de los cuales un tercio son extranjeros, pero tiene 75.000 fundaciones. ¡A que mola tocar a tres fundaciones por aborigen!
Ya puestos, investigaría al Vaticano que debe tener unas cuentas del copón y al fumigarnos Gibraltar, de rebote, el peñón volvería a ser nuestro. Más que nada yo lo digo por alcanzar la deseada integridad territorial.
Hay 44 territorios que se saltan la tributación fiscal, espacios libres de impuestos para que esa gente que pide la flexibilización del mercado laboral, pueda llevar sus ahorros de toda una vida. Sí, hombre, ¿no los conoce? Son esos que tienen una huchita muy graciosa con forma de ser humano, ya imaginarán por donde se meten las monedas, y que ellos son gorditos ¿cómo les diría yo? sonrosados, dicen que muy aprovechables, con bastante morro, son incapaces de esperar, lo quieren todo para oink. ¡Es que no me sale la palabra! pero seguro que suplen ustedes mi despiste.
Pues de esos 44 lugares, hay tres que son mejor todavía, son los paraísos mudos. Cuando se les requiere para pedirles algún dato se hacen los longuis. Oye, mira que tengo unos miles millones sin cuadrar de una venta de armas. ¿Los tienes tú? … / … /… ¿Oye, oye? Esto pasa en Mónaco, Liechtenstein y Andorra. Países que viven del cuento, que los soldaditos de plomo y cara de cemento, le cuentan a sus respectivas haciendas.
Como la cosa está jodida, -me imagino que están al tanto- los países europeos se aprestan a pedirles datos, sobre todo Alemania, Francia y Reino Unido. Con la que está cayendo, te voy a contestar. Y como ya saben ustedes, los ingleses mantienen las Islas del Canal o Gibraltar que tienen como única función ser sedes opacas para miles de chanchullos y Andorra ha sido durante años el refugio de los enterados con posibles de España que con la excusa de esquiar se llevaban los dineros por lo que pudiera pasar. Y ahora nos falta legitimación para ser tan exigentes. Todos estos países han crecido a expensas de los productivos, pero la duda se plantea cuando se considera la inepcia de los propios países para controlar su economía sumergida. Según recordaba Negocios el domingo pasado, el 24% de la economía española no paga impuestos. Dicho para economistas con barreras, en una partida de mus hay uno de los jugadores que está invitado a sanidad, a infraestructuras, a la defensa de su territorio. A ese tipo, los otros tres le convidan a salvar la banca, que hace mucho más por él que por los otros, le pagan las televisiones públicas, le invitan a que pueda manifestarse en inglés o en otra lengua vernácula contra la educación para la ciudadanía, más que nada para no sentir remordimientopor ser como es.
Los más listos dirán que esa cuarta parte es de dinero, no de ciudadanos, pero yo no soy de muchos amigos y me gusta hablar siempre per cápita para sentirme representado. Tómenlo como quieran, pero los amarracos de esa partida de mus son de 3,75.
En cualquier caso, la Comisión de Prevención de Blanqueo de Capitales detectó un 24% más de operaciones sospechosas que el año anterior. Como algunos de los ustedes sabrán hay multitud de despachos de abogados con sociedades listas para vender, conexiones offshore para sus negocios, y tinglados disponibles para esos patriotas de principios que se acaban cuando internacionalizan sus depósitos.
Ahora, junto con los paréntesis momentáneos al capitalismo, se alzan voces que piden la amnistía de esos fondos para que vuelvan. Lo piden los bancos de grandes fortunas. Y lo explican como si fuéramos esos gilipollas del culo que votan a la izquierda: “esto haría que ese dinero volviera al flujo productivo, sin riesgo penal para quienes hayan estado llevando su dinero a territorios offshore” ¿Se dan cuenta? ¡Nos lo explican! casi exigen que les roguemos ¡traed las pelas que tragamos con cualquier cosa! Seamos valeinets, demos un paso más allá, nada de multas y encarcelamientos, propongamos un premio, una placa, un hijo predilecto, qué menos.
De nuevo una aclaración para economistas borderline, que es la versión cazurra de Economistas con barreras: Mira chaval, de tu nómina te quito un pico para que este país pueda funcionar, que no hacéis nada más que poneros enfermos y estáis locos por salir todos los fines de semana por esas carreteras que nos cuestan un congo a los que producimos. Aprended de mi, que declaro muchos menos beneficios empresariales porque es una vergüenza cómo están los impuestos en este país para alimentar a esos vagos que llegan de no sé dónde. La pasta a buen recaudo por lo que pueda pasar, que no está uno trabajando toda la vida para nada. Pero si os olvidáis de lo que tenía que pagar, y pensando que después del desastre va a haber oportunidades a porrillo, podría traerlo, no voy a tener el dinero parado ¡Hay que hacer España hombre!
Algo así debieron pensar algunos socios de Price Waterhouse Coopers, la empresa de servicios profesionales más grande del mundo, ¿recuerdan Andersen, la de Enron? Pues lo mismo. Han dejado de declarar unos 200 millones de euros. Lo dice Interviú. Auditores y fiscalistas. No creo que puedan alegar desconocimiento.
Pero en esos lugares con palmeras y cocos -que sí que dan miedo- no solo van nuestros desalmados y poco solidarios compatriotas a colocar sus duros. Todos los grandes bancos lo hacen, Santander, BBVA, Popular, muchas grandes empresas, Telefónica, Repsol, Inditex. ¿Por dónde empezamos?
Dice Rajoy que va a coger el mocho y dejar niquelado el partido. Si es verdad que estamos en época de limpieza, deberíamos tomarnos en serio el asunto y cargarnos esos países que no tienen mucho sentido en este planeta globalizado. Por agresivo que parezca hablo de la estructura no de sus habitantes. Al menos no todos. Curiosamente estos países de atrezo dejan entrever su aristocrática impronta, Gran Ducado de Luxemburgo, Principado de Andorra, Principado de Mónaco, Principado de Liechtenstein. Este último tiene 35.000 habitantes de los cuales un tercio son extranjeros, pero tiene 75.000 fundaciones. ¡A que mola tocar a tres fundaciones por aborigen!
Ya puestos, investigaría al Vaticano que debe tener unas cuentas del copón y al fumigarnos Gibraltar, de rebote, el peñón volvería a ser nuestro. Más que nada yo lo digo por alcanzar la deseada integridad territorial.
lunes, 2 de marzo de 2009
As crisis goes by
Un tema que me resulta apasionante es el potlach. Ya saben ustedes que es el nombre en clave que le dan los antropólogos para que no nos enteremos cuando alguien tira la casa por la ventana. Como ya saben ustedes me gusta inventarme nombres cuando el pelma no me mira. Siempre hay quien cree que no es un invento y goza con google; pero acuñar conceptos es algo más que ponerles nombre. En este caso me quiero acercar al postpotlach, a lo que queda después de que nos lo hayamos comido todo, cuando ya no resta ni una gota en los barriles, cuando el sexo duele y el deseo se embota y da nauseas. Léanlo en clave financiera, inmobiliaria, o simplemente vivencial. Incluso en la estrictamente amatoria. Ahora cuando se busca un último empujón para salvarnos y Obama, torero, cita a los lobbies desde los medios con su acento andaluz de Honolulu: Yo eztoy preparao, dice mientras hace una revolera antes de que llegue siquiera el aliento del toro. Y empieza cierto tufo a carabela ardiendo regresando, tarde, de hacer las Américas. En ese momento, vemos el pecio desde arriba, menos borroso que de costumbre, acostumbrados a mirar la ruina desde las atalayas del confort, considerando los abismos como parques temáticos, y nos resulta cada vez más familiar la imagen del desastre y el naufragio, hasta que descubrimos que el derelicto somos nosotros, nuestro país, nuestra vida, nuestro futuro.
Dicen que el origen de quemar las naves se debe a la decisión de Alejandro para buscar la lealtad de sus fieles. No me refiero al de las tiritas para el corazón partío y su infiel mayordomo lenguaraz. Fue otro Alejandro, el Magno, que de esa forma, incendiando los barcos que habían transportado a los soldados, únicamente dejaba abierta la vía de la lucha contra el enemigo, abjurando de la huida cobarde.
Y en algo parecido parece que está todo el mundo. Tanta seguridad queremos dar a la ciudadanía que mandamos mensajes bravucones con fondo de música de Casablanca,
You must remember this
A kiss is just a kiss, a sigh is just a sigh.
The fundamental things apply
As time goes by.
Nos lo repiten una y otra vez, la crisis, como el tiempo, pasará. Y eluden subrayar la amenaza de que allí estaremos nosotros de nuevo, los mismos, hágannos caso, sigan confiando porque…
It's still the same old story
A fight for love and glory
A case of do or die
The world will always
Welcome lovers
As time goes by.
Nos han llevado a un punto sin escapatoria para que aceptemos la única solución. ¿La final? Todos esperanzados con el guía, el conductor que nos salve. ¿Lo traducimos al italiano? ¿Prefieren el alemán? Recordarán aquel chiste de la transición: “O nosotros o el caos” Y la masa enfebrecida gritaba, “el caos, el caos” “Da igual, también somos nosotros”
Y digo yo si será posible alguna otra salida. A lo mejor no hay nada que arreglar. Podemos aprovechar la semana fantástica de El Corte Inglés para ponerlo todo nuevo. ¡No es posible!, gritarán millones de voces. ¿Y si lo fuera?
Dediquen unos segundos al principio de la canción de Casablanca.
This day and age we're living in
Gives cause for apprehension
With speed and new invention
And things like fourth dimension.
Yet we get a trifle weary
With Mr. Einstein's theory.
So we must get down to earth at times
Relax relieve the tension
And no matter what the progress
Or what may yet be proved
The simple facts of life are such
They cannot be removed.
Son las estrofas que nunca les ponen ni les cantan, como si tuvieran algo que ocultar, ¿se imaginan que en realidad un beso fuera más que un beso? ¿Considerarán que nos oculten las cosas fundamentales? ¿Y si Ilsa se hubiera quedado con Rick?
Pero no, ellas se van siempre, los besos se envuelven en cartas de despedida y lo fundamental siempre cede ante lo posible. Por alguna razón, nos han enseñado a ser culpables y resignados y al final lo magno carece de importancia, pero, como no puede ser de otra forma, siempre nos quedará Alejandro, Alejandro Sanz: Vale, que a lo mejor me lo merezco, bueno…
Dicen que el origen de quemar las naves se debe a la decisión de Alejandro para buscar la lealtad de sus fieles. No me refiero al de las tiritas para el corazón partío y su infiel mayordomo lenguaraz. Fue otro Alejandro, el Magno, que de esa forma, incendiando los barcos que habían transportado a los soldados, únicamente dejaba abierta la vía de la lucha contra el enemigo, abjurando de la huida cobarde.
Y en algo parecido parece que está todo el mundo. Tanta seguridad queremos dar a la ciudadanía que mandamos mensajes bravucones con fondo de música de Casablanca,
You must remember this
A kiss is just a kiss, a sigh is just a sigh.
The fundamental things apply
As time goes by.
Nos lo repiten una y otra vez, la crisis, como el tiempo, pasará. Y eluden subrayar la amenaza de que allí estaremos nosotros de nuevo, los mismos, hágannos caso, sigan confiando porque…
It's still the same old story
A fight for love and glory
A case of do or die
The world will always
Welcome lovers
As time goes by.
Nos han llevado a un punto sin escapatoria para que aceptemos la única solución. ¿La final? Todos esperanzados con el guía, el conductor que nos salve. ¿Lo traducimos al italiano? ¿Prefieren el alemán? Recordarán aquel chiste de la transición: “O nosotros o el caos” Y la masa enfebrecida gritaba, “el caos, el caos” “Da igual, también somos nosotros”
Y digo yo si será posible alguna otra salida. A lo mejor no hay nada que arreglar. Podemos aprovechar la semana fantástica de El Corte Inglés para ponerlo todo nuevo. ¡No es posible!, gritarán millones de voces. ¿Y si lo fuera?
Dediquen unos segundos al principio de la canción de Casablanca.
This day and age we're living in
Gives cause for apprehension
With speed and new invention
And things like fourth dimension.
Yet we get a trifle weary
With Mr. Einstein's theory.
So we must get down to earth at times
Relax relieve the tension
And no matter what the progress
Or what may yet be proved
The simple facts of life are such
They cannot be removed.
Son las estrofas que nunca les ponen ni les cantan, como si tuvieran algo que ocultar, ¿se imaginan que en realidad un beso fuera más que un beso? ¿Considerarán que nos oculten las cosas fundamentales? ¿Y si Ilsa se hubiera quedado con Rick?
Pero no, ellas se van siempre, los besos se envuelven en cartas de despedida y lo fundamental siempre cede ante lo posible. Por alguna razón, nos han enseñado a ser culpables y resignados y al final lo magno carece de importancia, pero, como no puede ser de otra forma, siempre nos quedará Alejandro, Alejandro Sanz: Vale, que a lo mejor me lo merezco, bueno…
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
